

Se ha escrito extensamente en todo el mundo sobre el Premio Nobel de literatura concedido recientemente a Mario Vargas Llosa. A diferencia de los premios en las ciencias, no es frecuente que el Premio Nobel de literatura tenga una recepción unánime. Y así ha ocurrido con el premio a Vargas Llosa este año. Se ha aludido en particular a la dicotomía entre la obra del escritor y su trayectoria política como si existiera un divorcio entre ambas y las posiciones políticas del escritor pudieran disminuir su obra. En algunos medios intelectuales, se ha intentado cuestionar la justificación de un premio a una obra vasta y profunda que incursiona prácticamente todo el repertorio de la cultura del último medio siglo. Conviene, por tanto, precisar el significado y las ramificaciones culturales que el perfil intelectual y la obra de Vargas Llosa comportan.
En primer lugar, la obra de Vargas Llosa tiene una dimensión genuinamente internacional. En la pasada Feria del libro en Frankfurt hubo comentarios de algunos escritores en torno a la insuficiente incidencia del autor sobre la realidad latinoamericana actual. Según ese criterio, el hecho de que Vargas Llosa sea un escritor que reside habitualmente fuera del Perú y que está inmerso en un medio abiertamente europeo e internacional significaría supuestamente un parco compromiso con lo que se denomina lo local, las raíces espaciales e identitarias de su obra tanto de ficción como de ensayo. Pero es precisamente esa orientación la que convierte su obra en especialmente singular y valiosa. Como él mismo ha reconocido, sus novelas están ubicadas en un medio peruano y latinoamericano, pero están dirigidas a un público no solamente latinoamericano sino mundial. Su compromiso intelectual e ideológico es, además, no sólo con su propio país sino con la condición humana contemporánea en general. Vargas Llosa está atento, en particular, a los peligros a los que se ha visto sometido el individuo de las sociedades modernas bajo la presión de las causas absolutas y utópicas que generó el virulento siglo XX. En nombre de esos programas sistemáticos se cometieron algunos de los actos más atroces de toda la historia de la humanidad.
Esos son rasgos determinantes de la biografía intelectual del escritor. La literatura de Vargas Llosa no es una derivación o prolongación de programas políticos e ideológicos, que es una de las funciones que durante el siglo XX se ha adscrito a la imagen pública del intelectual. En nombre de esa subordinación de la ética individual a la moral coercitiva de una causa supuestamente incuestionable algunas de las voces más relevantes del pasado siglo -e incluso del actual- sojuzgaron su independencia personal al 'diktat' de la revolución, el partido o un futuro temiblemente perfecto.
De manera diferencial, Vargas Llosa optó por la independencia de principios y abandonó sus adhesiones ideológicas cuando consideró que esos vínculos dañaban su libertad personal. Lo hizo así con la revolución cubana mucho antes de que fueran obvios sus errores y excesos en todo el mundo y cuando esa decisión, entonces arriesgada, podía tener un precio muy elevado para su estatus como escritor en el mundo. En realidad, esa independencia es probablemente la razón de que el Premio Nobel se le haya resistido durante tantos años a pesar del nivel indiscutible de su obra. Esa es la primera lección de este premio Nobel: el intelectual y el escritor contemporáneo no deben ser el instrumento de una causa por grande e incontestable que esa causa pueda parecer coyunturalmente.
Más allá de su ubicación indisputable en la escena mundial, Vargas Llosa es un escritor que, aunque se identifica como ciudadano del mundo y alterna su residencia en países con lenguas diferentes, ha elegido identificarse de manera primordial con la cultura escrita en castellano. Esa es la lengua en la que escribe y se expresa mayoritariamente. Lo que no implica que no comparta su interés en otras lenguas y culturas. La literatura tiene una patria fundamental que es la lengua y el particular hábitat cultural que esa lengua configura y proyecta en la red de la comunicación y la cultura globales que es la nuestra. Esa es la otra lección esencial de este Nobel: el premio potencia y prestigia la cultura en español y le abre un espacio más amplio y privilegiado no en lo que Samuel Huntington ha llamado nefastamente el choque de las civilizaciones, sino en el crecientemente competitivo y complejo intercambio cultural global.
El último número de la prestigiosa revista 'The Economist' afirma que Vargas Llosa ha ido superando las oposiciones que su desacostumbrada postura intelectual ha generado hasta convertirse en la conciencia de Latinoamérica. Aunque halagadora, esa afirmación peca de imprecisión. Por su independencia intelectual y su identificación primordial con la literatura y el arte por encima de los prejuicios y falsas expectativas, Vargas Llosa es una de las voces realmente únicas del paradigma cultural actual. No sólo en Latinoamérica o España. En todo el mundo. El premio Nobel da un reconocimiento excepcional al escritor e indirectamente a la lengua y cultura que Vargas Llosa ha hecho propias. Frente a estos hechos, las críticas aparecen como meramente irrelevantes.
Nota del Editor
Publicado originalmente en Norte Castilla. Es, el 28 de octubre de 2010.
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Catedrático de la Universidad de California. Miembro de la Cátedra Miguel Delibes.