

Que a Vargas Llosa le hayan concedido el Premio Nobel de Literatura es un honor a la literatura en general y, en particular, a un hombre que ha creído toda su vida en ese oficio, el de escribir, contra Viento y Marea. En Vargas Llosa hemos aprendido varias cosas, entre una de ellas, es que es un hombre fiel tanto a su palabra como a su idiario de escritor. Y la pregunta, por otra parte, es si él estaría dispuesto a dar la vida por los ideales que defiende, por ejemplo, la libertad y la democracia. Supongo que no, si sigue la ética de Camus. Y aquí es lo que lo diferencia de otros que están convencidos de sus ideales, que están hasta dispuestos a matar y a ser matados, hasta hacer desaparecer a la humanidad y a desaparecer con ella ante un ataque atómico, por ejemplo, como en el caso de un Ché Guevara. Pero, además, valga la pena preguntar qué sería de la democracia y la libertad sin aquellos que arriesgaron, han arriesgado y arriesgan sus vidas como en Cuba, en Chile, en China, en Irak, en Rusia. Y en mi tierra. En efecto, la democracia y la libertad no se impone con las armas, pero se conquista a riesgo de perder la vida.
Vargas Llosa es un intelectual íntegro, crítico, beligerante. Un intelectual comprometido con la vida pública, un verdadero francés, el Voltaire de nuestra época. Es un intelectual que admiramos y respetamos, y, sin embargo, no leemos todo lo que escribe. Aquí también reside nuestra libertad. Él piensa lo que dice, y dice lo que piensa, un atributo personal, que verdaderamente es de admirar y que es difícil de seguir, y más en un mundo donde cada día vale menos el peso de la palabra y, en este sentido, es esto quizás su mayor crítica implícita a la clase política, especialmente, a los que sostienen las democracias. Desde que tengo memoria, es decir, desde que me acuerdo de mi interés por la literatura, Vargas Llosa ya era un nombre, un escritor que, desde la década del sesenta, ha marcado la literatura. Y no solo nos ha marcado literariamente, sino, además, políticamente. Lo hemos acompañado casi toda una vida, hemos sido testigos de sus polémicas, de sus aciertos y de sus desaciertos, y no siempre compartimos lo que a veces parece una defensa ciega del capitalismo de mercado. En efecto, después de la Guerra Fría, se ha comprobado muy bien que el capitalismo puede también dormir con regímenes totalitarios: China. Y parece ser que los hermanos Castro comienzan a admitir esta fórmula de éxito. Y las democracias, por cierto, se plantean con más seriedad cómo proteger y distribuir mejor las riquezas que produce ese capitalismo. En efecto, hoy día las ecuaciones son más complicadas y contradictorias.
Que Vargas Llosa haya recibido este premio nos alegra a todos, a quienes hemos creído y creemos que la literatura tiene un sentido, a quienes creemos en la libertad y en la democracia y a quienes creemos en la perseverancia. Nunca me olvidaré de que en Berlín, después de haber dado una de sus lecturas literarias, él concedió un momento para la firma de su libro recién publicado en alemán. Yo no había comprado su libro, pero llevaba uno mío debajo del brazo. Quería dárselo, aprovechar esa oportunidad, la única. Y al estar a su lado me disculpé por darle mi libro en su mano y, con una sonrisa, me preguntó: ¿Y de dónde vienes? De Panamá, le dije. !Ah!, conozco tu tierra, me dijo dándome un apretón de manos. Y muchos años después, leí en uno de sus artículos el espíritu de mi libro, sí, él escribió lo que yo había sentido y pensado como un joven que sale de su país al descubrir el mundo: no podemos ser esclavos de las culturas. Felicidades, Mario.
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(Ciudad de Panamá, 1961) Es licenciado en Sociología por la Universidad de Panamá y doctor en Sociología y Filosofía por la Universidad Libre de Berlín. Ha sido docente de sociología y culturas latinoamericanas en la Universidad de Panamá, en la Universidad Libre de Berlín, la Universidad de Potsdam y, actualmente, labora en la Universidad Europea de Viadrina Frankfurt/Oder. Ha sido becario del DAAD (Asociación Alemana de Intercambio Académico), del Senacyt (Senado Nacional de Ciencia e Investigación). Es investigador asociado del CELA (Centro de Estudios latinoamericanos Justo Arosemena), Panamá, y es miembro del consejo científico de la Revista Intercambio del CIICLA (Centro de Investigación en Identidad y Culturas Latinoamericanas), Costa Rica. Pertenece al grupo literario panameño Letras de Fuego. Con su trabajo de doctorado Los dioses del Caribe abandonan el museo (Panamá: 1997) estudió comparativamente la literatura cubana y haitiana entre los años veinte y treinta del siglo XX. Aparte de sus ensayos académicos, sus obras literarias incluyen poesía con Matamoscas (Berlín: 1997) y las novelas Recuerdo Panamá (Madrid: 1998, Panamá: 2005), Sueño Americano (Barcelona: 1999) y ¿De qué mundo vienes? (Panamá, 2009). Cuentos suyos han sido incluídos en antologías y traducidos en Panamá, Berlín, Buenos Aires y Londres. Obtuvo el Premio Ricardo Miró en la sección ensayo (2007) con la obra Filosofía de la Nación Romántica (1930-1960). Reside en Berlín.