

El flamante Premio Nobel de Literatura ha dicho siempre que tiene una gran deuda con Piura, porque aquí sintió su vocación por las letras y empezó su carrera literaria. En su libro autobiográfico El Pez en el Agua (Seix Barral-Biblioteca Breve) escribe" (...) que en Piura tuviera la alegría que fue ver una obra escrita por mí sobre las tablas de un teatro y que allí hiciera tan buenos amigos, no explica todo, porque los sentimientos no los explica nunca la razón, y el vínculo que uno establece con una ciudad es de la misma índole que el que lo ata de pronto a una mujer, una verdadera pasión, de raíces profundas y misteriosas". En tan poco tiempo que el escritor vivió en nuestra ciudad -sumando los dos periodos no hacen ni dos años- pudo saturar su alma y su imaginación de eso que nosotros llamamos "la piuranidad". La imagen del paisaje y de la gente de esta tierra, el modo de hablar nuestro y, especialmente, la desbordante imaginación de los piuranos se quedó, todo, con él y que, como lo afirma en la obra citada, lo ha llevado consigo por el mundo.
Aquello de que en Piura puede pasar cualquier cosa y los relatos tan imaginativos que cuentan las historias ocurridas en esta ciudad, le ayudan al novelista a descubrir un mundo mágico que raya en el realismo fantástico al punto que, una vez, escribiendo la dedicatoria en un ejemplar de Historia de Un Deicidio (Barral Editores) - que guardamos como un tesoro- puso: Cien Años de Soledad es una de las obras más imaginativas y originales de nuestra América (y que hubiera podido ocurrir en Piura)". Quiso decir que la fantástica vida de los Buendía y el mágico universo de Macondo, de la creación genial de Gabriel García Márquez, en su opinión fácilmente se podrían ubicar en alguna parte de nuestra geografía piurana.
Sus años juveniles están marcados por la amistad que compartió con un grupo de amigos piuranos en las aulas del viejo Colegio San Miguel y en la plazuela de Ignacio Merino a la que acudía con frecuencia. Por otro lado, el cariño de la familia de su tío Lucho Llosa, donde vive en una casa de la primera calle Tacna (que ya no existe), es narrada en un sabroso capítulo de su libro El pez en el agua y es, en este grupo familiar, donde tiene cercanía con sus primas Wanda y Patricia Llosa; la primera de ellas trágicamente fallecida en un accidente de aviación en Las Bahamas y la otra sería su esposa y la madre de sus hijos además de convertirse en un personaje decisivo en su azaroso paso por la política peruana.
Es en La Casa Verde, un innovador en la literatura iberoamericana y por lo mismo difícil para el lector en el que el escritor se deleita describiendo la vida y las costumbres de los piuranos que él había apreciado, así como personajes reales a los que les añade, fabulando, características que los transforman en personajes novelescos, como es el caso de don Anselmo y el Cura García (presbítero español que fuera profesor de religión en San Miguel y alguna vez Alcalde de Piura, recordado por su carácter enérgico e intolerante) que era capaz de combatir al diablo estuviere donde estuviere; y también, por allí, aparece Lituma como asiduo concurrente del más famoso lenocinio piurano. Militar al que más tarde volverá a trabajarlo, como personaje central, en su novela Lituma en los Andes. La historia de La Chunga también transcurre en Piura y es llevada a las tablas interpretada magistralmente por la actriz Mónica Sánchez; que sólo hace muy poco tiempo tuvimos, aquí, el placer de admirarla.
El crimen de un avionero que, misteriosamente apareció colgado de un árbol, en la cercanía del cementerio de Talara, le da a Vargas Llosa un nuevo tema para volver a la cantera de imágenes piuranas, fabulando y desarrollando una historia de amor, odio e intrigas en breve novela que titula: ¿Quién mató a Palomino Molero?, el sugestivo título que escoge para su novela. Desfilan en las páginas algunos personajes piuranos reales e imaginarios como, por ejemplo, el recordado poeta y recitador Joaquín Ramos Ríos entre otros.
Toda la breve, pero intensa trayectoria del laureado escritor en esta ciudad está narrada, con frases muy cariñosas para esta ciudad, en su libro autobiográfico ya citado; en el que narra, también, el desencanto que sufrió cuando, siendo candidato a la presidencia de la República, recibió aquí una reducida votación pese a que había sido el lugar que más visitó en su campaña electoral. Cosas del destino, pero que en nada mellaron, como él lo recordó en su última visita el año pasado, su amor sincero por Piura y su pasión por este pueblo de habla cantarina y fatigada, preñada de superlativos, que a él tanto le llamaron la atención. El popular barrio de la Mangachería con sus historias de negros y de "urristas" seguidores de Sánchez Cerro y de Luis A. Flores; el sol ardiente del verano y el desierto que cambia con el viento son sitios recurrentes en su novelística ahora consagrada con la más alta distinción internacional que se concede sólo a los hombres de letras más destacados del mundo.
Nota del Editor
Publicado en el periódico El tiempo, de Perú, el 28 de octubre de 2010.