Categoría: Librario

El maestro del terror moderno (o posmoderno)

El ángel Esmeralda, Don DeLilloPuede uno leer este libro de cuentos de DeLillo como si fuera un arqueólogo e intentar encontrar en todos ellos el germen, los ecos y las rimas de su obra posterior. Pero eso me parecería una falsificación de la lectura, una impostura y, sobre todo, la cansina repetición de ese aristocrático desprecio por el cuento, latente en esa forma de mirar los textos, frente a la tan exageradamente prestigiada novela (Esto, donde se ve más claramente, es en el cine, claro: “el corto entendido como una simpática “gracia” y el largo como el depósito de la verdadera creatividad. En fin.)

Prefiero, sin embargo, hacer otro gesto: aquél que el gran Sabino Méndez, compositor y guitarrista de Loquillo y los Trogloditas, en su magnífico libro Hotel Tierra, describía como el del interrogador, (que) es un explorador, un rastreador. Sale del campamento de la civilización con sus preguntas…Porque, si parece evidente que un autor genera en su obra los vínculos narrativos y temáticos necesarios para exigirnos esa lectura arqueológica, a la que antes me refería, me parece aún más claro que el posible valor de un libro reside en su singularidad, en sus particulares propuestas narrativas, tengan o no que ver con el resto de los libros del autor.

De lo que se trata, en definitiva, es de hablar de un libro de cuentos – El ángel Esmeralda – del célebre y reconocido Don DeLillo, y no de la trademark o marca registrada DeLillo.

Prácticamente desconocido como cuentista para el gran público, en este libro se reúnen una decena de cuentos –que no son todos los que ha escrito y publicado, aunque son los que él reconoce como dignos de ser recopilados en esta edición realizada por él mismo-, que abarcan desde 1979 hasta 2011 (aunque ya había publicado relatos, en revistas como Esquire, desde diez años antes de publicar su primera novela Americana en 1971).

Nos hemos empeñado en unir el concepto de postmodernidad a la obra de DeLillo, porque utiliza toda esa retórica que asociamos al término: la ironía, la metaficción, el género literario popular revisitado, etc. Y, quizás, no nos equivoquemos, pero hay que establecer la radical diferencia entre la postmodernidad de un Barth, por ejemplo, en el que la autoconciencia extrema del artefacto literario bloquea las conexiones con la realidad, y la narrativa de DeLillo que, con procedimientos similares, tiende puentes hacia la realidad que pretende registrar, haciendo visible (“siniestramente”, tendría que añadir ahora) lo que Fredric Jameson llamaba la lógica del capitalismo tardío, que consiste – básicamente – en mostrar la ruptura o el abismo que separa al individuo del mundo como consecuencia de la carencia de métodos o formas de hacer inteligible la realidad.

Un cuento ejemplar, en este sentido, sería Momentos humanos de la Tercera Guerra Mundial (1983), en el que dos astronautas, en una nave espacial, orbitan alrededor de la Tierra, observando y comentando el mundo. En esa nave aislada, lejana y sin vínculos, Vollmer, uno de los astronautas, comienza a recordar, mostrando a su compañero objetos traídos de la Tierra, y plantea reflexiones sobre el ser humano que confunden y asustan a su compañero: “(…) a veces me molestan sus percepciones no científicas, los destellos de madurez y juicio equilibrado. Empiezo a sentirme ligeramente desbancado. Quiero que se atenga a los sistemas, las guías de a bordo, los parámetros datales. Sus percepciones humanas me ponen nervioso.”

Como dice Martin Amis, en la portadilla del libro, DeLillo es el maestro del terror moderno (o posmoderno).

Los libros y los días

El amor es, de hecho, una dolencia del cerebro.
J. M. Barrie. Lady Nicotina.

 

Absolución, novela, de Luis Landero.Luis Landero (Alburquerque, Badajoz, 1948) es uno de los mejores novelistas españoles de nuestros días. Alejado de esa estirpe de escribidores que sólo saben producir novelas inanes y carentes de personalidad, Landero es dueño de un mundo propio, fraguado con una prosa delicada y personajes cervantinos, en donde los detalles tienen especial importancia. Después de seis novelas y una suerte de tratado acerca de la vida y la literatura, publica Absolución, un libro que ningún lector con buen gusto debería perderse. Leer más…

Cuando escribir era un ejercicio riguroso

Ronda de Madrid
José Manuel Benítez Ariza
Paréntesis Editorial, 2011

 

Ronda de Madrid, de José Manuel Benítez Ariza.Con Ronda de Madrid cierra José Manuel Benítez Ariza (Cádiz, 1963) esa trilogía vivencial que se inició con Vacaciones de invierno y Vida nueva en la que sigue a su protagonista en el devenir por la vida, asomando a ella, apenas, en una existencia que es un libro abierto en el que tendrá que escribir todas sus páginas. El colofón de este tríptico se centra en la ciudad de Madrid, aunque Benítez Ariza vuele también, con sus protagonistas, a Londres. Son los tiempos de la Transición, de los atentados más salvajes de ETA que sacudían la capital, de la Movida. Leer más…

Tantas lágrimas han corrido desde entonces

Tantas lágrimas han corrido desde entonces, de Alfons Cervera.

Tantas lágrimas han corrido desde entonces
Alfons Cervera
Editorial Montesinos, 2012

 

Ya nadie se acuerda de las ratas. Ni del miedo agazapado en las cajas de cartón atadas con cuerdas de esparto. Ni de cuando entrar en una estación de trenes era como llegar a un tiempo desconocido lleno de peligros.

Tantas lágrimas han corrido desde entonces es una novela sobre la memoria y sus estragos, el olvido y la distorsión histórica. La memoria se construye a saltos, dejamos en su relato huecos inmediatos, como si al final fuera posible una solución de continuidad entre lo que existió de verdad y lo que imaginamos. Sobre las heridas que dejan los exilios, las huidas, lo que se pierde en ellas y solo la mente es capaz de recuperar, temas queridos por el autor valenciano Alfons Cervera que tiene sobre sus espaldas una obra sólida y coherente. Leer más…

Ecos en la herrumbre

Como si al otro lado latiera
Juan Gracia Armendáriz

 

Juan Gracia Armendariz, poeta y narrador españolEncontrar el camino de vuelta partiendo de los poemas de Juan Gracia Armendáriz no es tarea fácil. No lo es, principalmente, porque tras su lectura el lector se queda varado en una sucesión de abismos y precipicios que no conocen de socorros. Saben de ahogos, ríos como son, y de dolor: de ese dolor que aprisiona las entrañas y con las que se divierte haciendo nudos; nudos de todo tipo; algunos, incluso, son similares a la magia negra: no hay forma de deshacerlos. “Como si al otro lado latiera” es un poemario lleno de puñetazos y moratones; desesperanzado; una herida que supura nuestro pus, que rebusca dentro de nosotros hasta dar con la tecla que hará tambalear toda nuestra vida. El poemario, en sí, es un bicho que camina entre nuestras piernas. No busca entorpecernos el camino; no busca hacer que nos caigamos; lo hace por protección: es un poemario asustado. Se resguarda entre nuestros escondites por dos motivos: vive del dolor y necesita sentir que sus palabras no son las únicas en la faz de la tierra abriendo agujeros, y porque busca, incansable, los hilos que nos unen a todos. Son esos hilos los que nos darán cierto respiro al final del día, cierta calidez tras una manifestación exaltada de frío.

En este poemario no hay nada, absolutamente nada, impostado. Todo viene de un río que fluye y que ahoga al mismo tiempo. Se trata de volver a las distintas casas que conforman nuestro castillo. “Vuelvo a casa con las lluvias / de haberte conocido desde siempre”. Se trata de encontrar, y vencer, la guerra a la que obliga la paz: “Hay días y noches en que el lenguaje / desearía hacerte el amor / con lentitud de ejército derrotado.” Se trata de desviarse del camino trazado en el mapa a sabiendas de que es un error: “He frecuentado las sombras, / su festín de temblores. / Regreso al lenguaje de tu regazo, / a su cónclave de agua dulce.” También, parece, se trata de vislumbrar las señales de humo en medio de un océano sin agua: “Confieso mi imprudencia. / Con palabras tomadas de un manual de magia / le he quemado las aves al otoño.” Se trata de decir «hola» con los últimos besos de amor: “Sabemos que toda locura / esconde la huella de una caricia.” Se trata de recuperar la infancia que éramos frente a un mar salado: “La memoria es una playa / y un niño que observa lentos naufragios.”

No es esta una historia que se cuenta sin que se nos erice la piel. No. Esta historia no es una navegación, como afirma Jaime Siles: es un hundimiento en toda regla. Son las palabras que surgen tras arrancarse los huesos y hervirlos en la olla a presión. Son las palabras del escaldado, la confesión del torturado, los restos incendiados del que está a punto de desvanecerse por sentir demasiado. «Sentir demasiado», esa es la clave, ese es el destrozo. Demasiado, demasiado, siempre demasiado. Es una historia que proclama a los cuatro vientos: señoras, señores, no hay salvación, olvídense: “Sé que el dolor es un tapiz sin mesura”, “No hay deseo en el aire. Hay un desmayo de fechas”, “Hoy sus manos maldicen desconocer el beso”, “Simula el cansancio de las estatuas. / Añora la piel”, “Sabe esta noche / que el demonio es aguja y enhebra / en la danza telar de sus cabellos.” Es la lucha del petrificado ante el miedo: “No sin temor, soñó estatuas amándose a grietas.”

Juan Gracia Armendáriz es un poeta absoluto: le ha hervido la piel, le ha desaparecido la sangre tras un abandono, le han ahogado los músculos de la ira y ha observado, largas horas, larguísimas, el cambio de un río en otro; y es que esa agua cristalina esconde piedras que nos tiran el castillo abajo; a veces, en cambio, nos construyen muros de protección infinitamente altos. También el poemario trata de eso: de las cuevas que compartimos sin saberlo. Seremos meros ensimismados en su lectura; tras ella, seremos guerreros que defienden sus ideales, ideales que terminarán por enterrarnos en esas mismas franjas que cavamos con la intención de salvarnos. Pero la salvación es de cobardes, y el poemario también lo sabe. La gloria está en el hundimiento, en la derrota, porque sólo así, entre luces y sombras, entre un pulmón y otro, el amor, como la vida, puede renacer de nuevo. “Como si al otro lado latiera” es también un reto, es una guerra en la trinchera. El que asoma la cabeza quedará cegado por la luz, por eso es mejor encerrarse sin ventanas, conteniendo el grito entre los dedos. La salvación es hilar los nudos más fuerte: así no nos desangraremos y, con suerte, lo malo se desprenderá solo. El hilo será el cuchillo que, curiosamente, ha de derrotar la inexistencia del vacío. Porque sólo así “perviven ecos en la herrumbre”.

Banderas sobre el polvo

Sartoris
William Faulkner
Alfaguara, 2010.

 

Sartoris, de William FaulknerTodos los lectores de Faulkner, así como todos aquellos que se acerquen a su obra por primera vez, están (estamos) de enhorabuena por la reedición en Alfaguara de gran parte de su producción literaria, con magníficas traducciones de José Luis López Muñoz. Inmejorables ediciones para adentrarse en el complejo universo –nimbado siempre de esa sangrienta y moribunda luz del atardecer- de uno de los mejores novelistas del siglo XX, de cuya muerte se cumplen cincuenta años. Leer más…

La mirada del observador

Medusa
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral, 2012

 

Medusa, de Ricardo Menéndez SalmónMe parece que fue Borges el que dijo aquello de que uno debería escribir las ficciones como si no conociera nada de lo que está contando. Como todas las boutades de los grandes tipos, ésta también encierra una trampa y un enigma: la trampa está en su valor reversible; el misterio anida, sin embargo, en proponer la idea de que los textos –para escribirlos o para leerlos- son tejidos de sentidos infinitos que, en definitiva, implican que también la realidad se inventa. Leer más…

Diario de un cuerpo

Diario de un cuerpo, Daniel Pennac

Diario de un cuerpo
Daniel Pennac
Mondadori, 2012

 

No cabe duda de que nuestra sociedad es la del culto al cuerpo por encima de casi todas las cosas. Ni siquiera el mens sana in corpore sano tiene vigencia hoy, pues las expectativas generadas por la parte física del ser humano han desbordado a las mentales. Sin duda. Y en esta sociedad de la adoración extrema de lo corporal, el escritor Daniel Pennac nos brinda su particular culto al cuerpo. Leer más…

La dama de las camelias

La dama de las camelias
Alexandre Dumas
Nocturna Editorial, España 2012

 

La dama de las camelias, de Alexandre Dumas«Libiamo ne’lieti calici che la bellezza infiora» («Bebamos alegremente de este cáliz resplandeciente de belleza»), se canta en la famosa escena del brindis en La Traviata, de Verdi (inspirada en La dama de las camelias, de Alexandre Dumas, hijo,  la novela que nos reúne esta tarde), en una melodía entonada por el tenor protagonista que rebosa alegría, pero la alegría del vals decadente. En esa frase, sin embargo, se concentra lo que a mi manera de ver es el asunto central de la novela —de Marguerite Gautier, el personaje principal de la novela, en realidad—: el carpe diem que viene de lejanos tiempos medievales; la alegría del que celebra antes de que se acaben las razones para celebrar. Leer más…

Aquí todo es mejor

Aquí todo es mejor, Justin TaylorAquí todo es mejor
Justin Taylor
Alpha Decay, España 2012

 

A pesar de la apariencia dura –de caparazón, a veces-, que nos empeñamos en mostrar los humanos, lo cierto es que vivimos cargados de inseguridades. La juventud, ese periodo de tiempo indeterminado que transita desde el fin de la adolescencia hasta la adultez, tal vez sea la etapa de más dudas por la que atravesamos. Leer más…