En el orbe de Rita Martín

Sobre Sobre su poesía

Ignacio T. Granados

cuerpodesuausenciaRita Martín pudiera ser sobre todo el rostro de una época marcada por la transición y el desgarramiento, también el final de una cultura; pero eso no la hace estoica y dramática sino alegre y vivaz, como quien sabe de qué va la cosa. Lo primero, lo de la época, se refiere a una formación sólida en el ámbito universitario cubano de los ochenta del pasado siglo; que todo el mundo recuerda como un ambiente encendido, culto y políticamente atrevido con la expectativa levantada por la perestroika y la glasnost soviéticas. Lo segundo, el final de una cultura, se refiere a esa tradición que ya culmina en su generación de grandes escritoras latinoamericanas; sobre todo poetas, pero ya y gracias al nuevo entorno político y educacional, con una apertura más renacentista que las universaliza y las prueba en todos los géneros. La línea que culmina en esa generación es la misma por la que transitaron Delmira Agostini y Dulce María Loinaz, por sólo poner un ejemplo; un modelo de cultura ciertamente informado y con un desarrollo ya profesional del arte, que ha ido perdiendo los aires libérrimos con que había arribado al siglo XX.

La revolución tecnológica que tuvo que enfrentar esa generación sería la que cambiara los parámetros de la cultura; haciendo de esta generación la que culmina una tradición de cultura libresca y sobre todo de comprensión de las formas. De ahí que en la poesía de Martín pesen tanto las formas clásicas, lo mismo como referencias que como materia misma de sus poemas; con un universo ilustrado y conceptual complejo y rico, que suele saltar las bardas de toda cultura local en su universalismo. No obstante, Martín es un ejemplar clásico ella misma, muestra de un árbol familiar que puede preciarse de ese clasicismo cubano; en el que no falta el dato pintoresco, pero que sobre todo se forma en una conciencia de lo nacional como posibilidad incluso si inconsciente.

De todo ello que su poesía, cuya característica principal parece ser la serenidad, resulte de continuo en formas deslumbrantes; matizadas casi siempre por un cierto halo místico, pero no de fervor popular sino de ese misticismo ilustrado que se bebe en primera instancia en Sor Juana Inés de la Cruz y en últimas de franco color teresiano. Eso también debe provenir de sus referencias familiares, que ella misma describe como un poco religiosa pero librepensadora; lo que en el ámbito hispano carece de la aridez del protestantismo europeo para encontrar sus propias fuentes en la tradición católica y sus imágenes imposibles; dígase la mística Santa Caterina de Siena, la misteriosa María Magdalena o la afortunada María a secas1, y ya se tiene todo un prontuario suficiente y sólido para el libre pensamiento femenino cubano. Los títulos de sus poemarios hablan de esto, y lo mejor es ese esplendor de la forma en que se logran

Su interés entonces, no menos intenso que el de la fe popular, es sin embargo intelectual y existencialista; puede que también por razones complejas, como la fuerza y el carácter de una persona que vive por encima de la media en muchos sentidos. En efecto, Rita Martín padeció en la adolescencia una afección que la condicionaría para siempre; lo que no fue suficiente —sin dudas hay cierta tozudez— para cambiarle los hábitos existenciales, ni siquiera en lo religioso. En cambio, mostró siempre una capacidad especial y algo frenética, aunque no desorganizada, para participar de aquel entorno de los años ochenta; y que aún mantiene, siempre sin desviarse, dentro de su profesión y sonriente, como tocada [ya] por el astro escribiría más adelante.

Notas del artículo

  1. María, la madre de Jesús, es conocida en tradiciones católicas como la Mater Teologiae, por su asombro y cuestionamiento al ángel acerca de su anunciado embarazo; en lo que no se trata del mito en sí, sino de su significación como arquetipo intelectual femenino dentro de la tradición mayor del catolicismo.

Del Autor

Ignacio T. Granados
Poeta, investigador literario, periodista cubano. Promotor cultural, es fundador y director de Ediciones Itinerantes Paradiso (EditPar). Su más reciente entrega: Diván de Lezama Lima (2010), un compendio de ensayos sobre la estética del gran escritor cubano José Lezama Lima. Conduce la bitácora Dirty City.