Una novela llamada a ser el libro del año

Sobre la novela Ángeles desamparados, de Rafael Vilches Proenza

Alain Martínez Ríos

Ángeles desamparados
Rafael Vilches Proenza
NeoClub Ediciones, Miami, 2016.

 

Ángeles desamparados es una novela del escritor cubano Rafael Vilches Proenza que está llamada a convertirse en una lectura obligatoria para los adolescentes y jóvenes del mundo, pero eso sí, tienen que ser muy osados para lograr avanzar en el horror de la trama que puede acabar con la virginidad del incauto que se adentre en sus páginas.

Es esta una obra que nos descubre el dolor que lacera por inhumano, por el desamparo de los niños que, sin ser aun adolescentes, por no tener dónde continuar los estudios y mantenerse cerca de sus progenitores, son alejados de sus hogares, becados en sitios, como cárceles, donde de una manera despiadada conocen qué es convertirse con un tiro de gracia, en hombres y mujeres, o sea, en El Hombre Nuevo que etiquetó y soñó el argentino Ernesto Che Guevara.

Internados, sin tener derecho a reclamar sus derechos, son obligados a crecer con el miedo inoculado en los tuétanos de los huesos, es por ello que el cubano después de 1959, y desde una edad muy temprana e inocente, se convierte en un esclavo fiel del Estado Totalitario que es La Revolución Cubana.

Son sus personajes, como ya dijo el crítico y literato Amir Valle, «seres atípicos». Es esta, una novela rara dentro de la novelística cubana, como lo siguen siendo las extraordinarias: Manimal son, Matarile y Cañón de retrocarga, la primera de Ana Luz García, la segunda de Guillermo Vidal, y la otra, de Alejandro Álvarez.

Está novela está llena de una magia inocente, que solo es dada por la infancia de sus personajes, esos niños que van aprendiendo a devorarse entre ellos porque las circunstancias así se lo exigen para lograr sobrevivir.

Ángeles desamparados, se lo advierto, es una obra coléricamente triste y verídica, que duele desde la primera hasta la última línea, y el que tenga el valor de aventurarse en su lectura, jamás volverá a ser el mismo.

Es un libro que, de seguro, le hubiera gustado leer a Frank Kafka, T.S. Eliot, Jorge Enrique Adoum, Julio Cortázar…

De esta novela ha dicho el escritor cubano Eduard Encina: «Disfruté nuevamente de una de las mejores novelas que me he leído con el tema. Nunca me agotó, ni encontré repetitivo ninguno de los hechos, que comúnmente suceden en estos espacios, porque Vilches lo narra de una manera muy personal. Otros han escrito sobre eso de oídas, pero sin vivencias, sin credibilidad. Rafael Vilches Proenza ha escrito una joyita con un lenguaje dinámico, y con esa cierta velocidad que pasan nuestros primeros años. Ángeles desamparados es una novela excelente. Vilches Proenza ha escrito un libro hondo y hermoso».

Es un libro desgarrador, escrito con honestidad y valentía, el que, si corre con la suerte que debe acompañarle, que solo le deparará la mano siempre certera de los lectores, y logra contar con la difusión que merece y cuenta con el márquetin necesario, se convertirá en breve, lo sé, en un Best Seller, después de leerlo no me cabe la menor duda.

Tampoco equivoco mi intuición al aseverar que este puede ser el libro del año en América, a pesar de ser publicado por una editorial pequeña, humilde, con pretensiones de grandeza al promover la literatura de los escritores cubanos que permanecen en ostracismo y censurados en la Isla por el gobierno y la policía política, solo por pensar diferente. Neo Club Ediciones, editorial ésta, casi invisible ante los grandes monopolios que mueven y promueven el negocio del libro y la literatura en el mundo, que cuenta con el empuje de dos seres geniales como: Idabell Rosales Cao y el escritor Armando Añel.

Será difícil olvidar la lectura de esta novela, por su denuncia de los campos de concentración para menores, tema este terrible, pero necesario. Ya lo ha dicho la crítica especializada: «es este, a pesar del horro, un libro hermoso». Aquí las historias se hilvanan con maestría, y cuando crees que el autor se va a explayar en la depravación de los hechos, suelta la historia y toma o retoma otra, sin abandonar jamás el hilo de su narración. En ella se verán reflejados todos los adolescentes que tengan la suerte y el arrojo suficiente para enfrentarse a su lectura.

Aun no me explico, cómo tuve la valentía de leerla hasta el punto final, aún más, el atrevimiento de tan siquiera detenerme a beber un trago; ni de agua, o un respiro para sollozar. Logré terminarla de una sola lectura, como una bocanada de oxígeno. No sé cómo no he llorado. Tal vez es cierto que los hombres no lloran, pero entonces no comprendo cómo aun no me siento culpable. Hay en este libro, una culpa de esas que nos han de acompañar desde ahora y hasta el instante de la muerte.

Me movió a hacerlo, la excelencia, la autenticidad de la escritura y las historias conmovedoras. Es como si hubiese estado delante de un ente abatido, que para que no se desangrara, suturé toda la herida hasta que dejó de manar el líquido oscuro del afligido.

Adquirir Ángeles desamparados de Rafael Vilches, en esta edición de Neo Club, me hizo sentir el éxtasis de consumir el pan, beber el vino, ambos de la mano de Cristo, y absolver así mis pecados. Y eso me salvó de sentirme miserable ante un libro-verdadero.

Mis padres me enseñaron a no mentir, y no miento ni exagero. Si acaso no creen lo que les digo; el libro está en Amazon y habla por si mismo; pero les advierto: vayan con cuidado, porque aunque no les brote de los ojos ni una sola lágrima, es muy probable que nunca vuelvan a ser los mismos.