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J. L. Serrano (Estancia Lejos, Holguín, Cuba, 1971). Ingeniero eléctrico. Ha obtenido Premio Nacional de Décima Cucalambé (1995), Premio Buscando Nuevas Voces de la Poesía Holguinera (1995), Premio en Décima en el XX Encuentro-Debate Nacional de Talleres Literarios (1996), Premio Nacional Fiesta de la Joven Décima (1996), Premio Especial de la AHS en el Concurso Nacional Décima Joven de Cuba (1996), Premio Nacional de Décima Fundación de la Ciudad de Santa Clara (1998), Premio Nacional de Décima Enrique Hart Dávalos del Sindicato de la Administración Pública (1999), Premio Venga la Esperanza de la AHS (1999, 2002, 2004), Premio Iberoamericano Cucalambé (2001), Premio Nacional Fundación de la Ciudad de Santa Clara (2002), Premio Nacional en el Primer Taller de la Joven Poesía (Sibanicú, Camagüey, 2004), Premio Oriente de Poesía “José Manuel Poveda” (2015), Premio “Adelaida del Mármol” (2015). Es autor de El mundo tiene la razón (En coautoría con Ronel González). Editorial Sanlope, Las Tunas, 1996; Bufón de Dios, Reina del Mar Editores y Ediciones La Luz, Cienfuegos, 1997; 2da edición Ediciones La Luz, Holguín, 2012; Aneurisma, Editorial Capiro, Santa Clara, 1999; Examen de fe, Editorial Sanlope, Las Tunas, 2002; La resaca de todo lo sufrido. (En coautoría con Ronel González) Editorial Capiro, Santa Clara, 2003; Los Inquilinos de la Casa Usher. Ediciones Holguín, Holguín, 2005; El baile extraño. Cuadernos Dédalo, Asociación Hermanos Saíz, 2005; El yo profundo. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005; El Gran Vidrio: Último Discurso de Zaratustra. Editorial Cuadernos Papiro, Holguín, 2006; Tráfico de influencias, Ediciones Unión, La Habana, 2012; Más allá de Nietzsche y de Marx, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2015; Geometría de Lovachevski, Ediciones Holguín, Holguín, 2016.
–***–
Piedra negra sobre una piedra blanca
Yo moriré cualquier jueves.
Sin París, sin aguacero.
Todo será como espero.
Ya tengo el recuerdo. Breves,
mis días se marchan. Leves,
pero con paso seguro.
¿Por qué, por qué si yo juro
ante Dios no ser el malo
me dan duro con un palo
y con una soga, duro?
Nadie me dice no mueras,
te amo tanto. Nadie busca
en mí la senda más brusca.
Todos saben mil maneras
de encontrarme y ni siquiera
tratan de probar la llave
en una puerta o quién sabe
tal vez lo hicieron un día
en que Dios permanecía
demasiado enfermo, grave.
Hoy que me pongo algún hueso
por las malas. Hoy que lloro
desenterrando el tesoro
de no tener nada. Ileso,
caminando bajo el peso
de una cruz, pierdo mi fe.
Luego digo sólo fue
un mal sueño, y se me olvida.
Pero hay golpes en la vida
tan violentos… Yo no sé!
Para Don Antonio Machado
Caminante es un oficio
de locos. Siempre el final
es un punto cardinal
al borde del precipicio.
Caminar es un suplicio
de Sísifo que nos toma
por sorpresa. Vaya broma
de quien coloca las flechas
indicarnos tantas brechas
que no siempre van a Roma.
Hacia país inaccesible
Comprobar unas muletas.
Desentrañar un detalle.
Olvidarse de la calle
principal. Hacer maletas
(por supuesto, bien repletas)
y volver, siempre volver
de cualquier sitio. Temer
al camino equivocado
y llegar a cualquier lado
presumiendo conocer.
Al más cercano amigo
Da Capo. Vuelve Caronte
pero el enigma es mayor
en la Estigia. Embajador,
regresa del horizonte.
No basta viajar, proponte
cambiar de sitio el final.
Recuerda que tu animal
civil nos ronda. Termina
de regresar. Gelsomina
sufre de un modo brutal.
El barco sobrio
Quién iba a pensar, Rimbaud,
que tu barco regresara
de nuevo al puerto y echara
un ancla líquida. Yo
dejó de ser Otro. No
importa qué sirgadores
devolvieron tus licores
a la sobriedad. No importa
tu regreso, pero corta
los cabos. No te demores.
Brevísimo canto
Querido Walt: Te celebro
y te canto, pero nada
puedes hacer por mí. Cada
molécula es un requiebro
que no entiende mi cerebro
enfermizo. Tu optimismo
me desconcierta. ¿Egoísmo?
Tal vez, pero quién se alegra
de estar en noche tan negra
cantando para sí mismo.
Hamlet
Llevado con frenesí
por un hermoso papel
dejaba de ser en él
siendo en su doble y así,
gozando de su to be
or not to be, regresaba
al camerino, rezaba
unos segundos, volvía,
y una platea vacía
de nuevo lo acompañaba.
The raven
Rozas mi ventana, llegas
turbio visitante, en vilo,
estremeciendo el gran hilo
de la noche, solo, a ciegas.
Nevermore —dices— y pliegas
tus alas como un escudo.
No respondes mi saludo.
No hay sorpresa. No hay rencor.
Only this and nothing more.
Sólo este diálogo mudo.
Ay de nosotros, felices
polizones de linaje,
engañados por un viaje
de retorno. ¿Qué aprendices
me veneran cuando dices
nevermore en tono acerbo?
Ay de nosotros. Protervo
amigo, déjame en paz.
No repitas nunca más
nevermore, querido cuervo.
Conversación con Johnny Carter
—Sobre todo no acepto
a tu Dios —murmura Johnny—
No me vengas con eso, no
lo permito. Y si realmente
está del otro lado de la puerta,
maldito si me importa. No tiene
ningún mérito pasar al otro lado
porque él te abra la puerta.
Desfondarla a patadas, eso sí.
Romperla a puñetazos…*
Julio Cortázar, El perseguidor
—Del otro lado Dios sabe
qué hallaremos, Johnny. Nada
tal vez. Está condenada
la puerta. Tener la llave
es un absurdo (y no cabe
preguntar por qué razón).
Sigamos con la ilusión
de comprender al respecto
que no es la vida, en efecto,
un solo de saxofón.
Si vivir es una broma
carente de todo asunto,
Johnny, morir es un punto
y aparte. No es una coma
miserable, no. Quien toma
en serio cruzar la puerta
nunca sabrá si despierta
del otro lado. Un remedio
infalible contra el tedio
es morir. Música incierta.
Todo tiene su revés,
perseguidor—perseguido.
Todo (menos el olvido)
tiene su inútil envés.
Pierdes por última vez
tu saxofón en un coche
del metro. Pobre fantoche.
Rompes la puerta y te vas
lentísimo, como un jazz
que se diluye en la noche.
Blues
para Zulema Aguilera
1
Te despides con la holgura
reticente de quien sabe
escamotear una llave
y sonreír. La espesura
del adiós cierra su oscura
cifra. Quedan las orillas
desiertas, como semillas
insepultas. Sólo algunos
vaticinan oportunos
ella existe (entre comillas
me lo repiten) y brillas
por tu ausencia. Eres el fondo.
La pregunta que respondo
y olvido en mis pesadillas.
Dicen que vendrá a hurtadillas.
Pero todo es una historia
que yo me invento. Tu noria
va a girar en otras aguas.
No sé para qué me fraguas
un isla promisoria.
2
Ella no existe. Su lema
no es existir. Cuando abras
el vientre de mis palabras
verás que al fondo se quema.
Que no existe, que es un tema
de tu soledad, un lago
que preservas del estrago
no sabes por qué. Desiste.
¿A quién desapareciste
que no te aplauden? Buen mago,
el truco falló. ¿Qué hago
para convencerte? Pobre
de ti que navegas sobre
las tablas de un barco aciago.
Quieres beberte de un trago
todo el mar que te circunda
y yo lo impido. Profunda
es mi insolencia. ¿Soy yo
o eres tú quien naufragó?
Dios quiera que me confunda.
¿Hubo un jardín o fue el jardín un sueño?
para Ania Tamayo Reyes,
porque no soy el caballero
sino el ciego cantor que lo acompaña
1
Alguien mira su manzana
podrirse en una vitrina
del museo. Otro camina
viendo la fruta lejana
de sus nubes. La ventana
de unos pocos la presiente
madurar indiferente
en la huerta del vecino.
Son felices. Yo termino
de comerme mi serpiente.
2
Divina comedia. Estoy
en un tranquilo costado
del infierno. Mi pecado
es haber sido quien soy
sin hallar círculo. Voy
a blasfemar, porque un cuerno
me importa el dolor eterno
y su abierta cicatriz.
Sólo me importa, Beatriz,
partir contigo el infierno.
3
¿Qué fuera de ti, Pompeya,
sin el Vesubio? ¿Se acaba
tu prosapia en esa lava
nocturna que te atropella?
¿Eres alguien sin aquella
mueca de horror? ¿Te imaginas
existiendo? ¿Me adivinas
soñándote? Desarrolla
tu sexto sentido. Troya
arde quizás en tus ruinas.
4
Permanezco en mi ciudad
de siete puertas. Tiresias
ha repetido sus necias
palabras. Tened piedad,
oh dioses. ¿Será verdad
lo que el oráculo dijo?
Vivir es un acertijo
que nadie resuelve. Madre,
hay que construir un padre
que sea su propio hijo.
5
Abrázame, Venus. Milo
no te comprende. No sabe
discernir cuál es la clave
de tu belleza (un estilo
donde se vislumbra el hilo
que fluye después de un trazo
inconcluso). ¿Pero acaso
te comprendo yo? ¿Es que nunca
podré fundirme a la trunca
inmensidad de tu abrazo?
6
Belladurmiente, perdona
a este príncipe que llega
sin querer y te despega
los ojos. En esta zona
del bosque descorazona
dudar del Hada. ¿Ella quiso
que cruzara sin permiso
el espinoso sendero?
Belladurmiente, no quiero
hacer pedazos tu hechizo.
7
No puedo ser Don Quijote.
Compréndeme, Dulcinea.
Ya no asombra mi pelea
con los molinos. Al trote
del rocín voy sin que note
nadie el rumbo de mi lanza.
He perdido la esperanza
de ser Alonso Quijano.
Falló el plan. Todo fue en vano.
Adiós. Tuyo,
Sancho Panza
