La intertextualidad en el poema hipermedial The Sweet Old Etcetera

Edward Estlin Cummings (Estados Unidos, 1894 – 1962).

Edward Estlin Cummings (Estados Unidos, 1894 – 1962).

Estos poemas son para ti y para
 mí y no para todoelmundo
                          E.E. CUMINGS

 

Introducción

La intertextualidad

La intertextualidad  ha existido desde siempre. La retórica y la poética clásicas las denominaron respectivamente  “oratio” e “imitatio” y la  literatura comparada (nacida en Francia en el s. XIX)  “influencia”. El teórico ruso Mijail Baijtín  analizó el fenómeno a fondo por primera vez denominándolo “dialogismo” en sus trabajos sobre narrativa y narradores decimonónicos; Julia Kristeva (1969) le dio al concepto bajtiano más concreción y especificidad (y sin duda lo actualizó) designándolo como intertextualidad; Tzvetan Todorov  (1981) asume el término de Kristeva con matices  y posteriormente lo trabajan y profundizan otros autores que tratan el fenómeno dándole diferentes denominaciones y enfoques. Así  Derrida (1975) –la diseminación y el injerto–,  Gérard Genette (que la entiende como un tipo de  transtextualidad de la que a su vez establece cinco tipos),  Harold Bloom (1991) –la influencia, de la que propone seis lecturas, una de ellas como “mala lectura” o  “mala interpretación–, Umberto Eco (1981), que entiende el texto un gran diccionario de referencias cruzadas,  claves, remisiones y  variables posibilidades  de lecturas cruzadas; Roland Barthes (el texto como un tejido de múltiples citas de diversas procedencias). Leer más…

20 razones para leer El año del sol negro, novela de Daniel Ferreira

1.- Se trata de una novela épica, romántica y con trasfondo histórico. Donde lo importante no es la Historia con mayúscula. Sino los efectos que esa guerra tiene sobre los personajes. Dos temas arquetípicos de fondo: Primer tema: el protagonista, José Celestino Sal, que sale de su pueblo, como Ulises, y se separa de la mujer que lo ama o por lo menos lo necesita.  Sale en busca de su padre (como Pedro Páramo), un mítico guerrillero,   Rosario Díaz, uno de los jefes de la Revolución contra el presidente Sanclemente, al inicio de la Guerra de los mil días en la Colombia de los años. Segundo tema: La mujer abandonada, Julia Valserra, como Penélope, que se queda en su casa a la espera del regreso de su hombre. Se dedica a escribir un diario personal, que la salva de la inmovilidad de su vida. Encuentra una especie de heroísmo en la escritura. Leer más…

Uribe: el gran burlador

Patético 1: No sé qué más hace falta para que los colombianos acaben de convencerse de que Uribe es el más grande burlador de la justicia en la historia del país, tal vez sólo superado, por ahora, por su coterráneo Pablo Escobar, igualmente idolatrado por las rugientes masas de Antioquia. Y es que decir que se burla es poco. Como dirían los españoles, más bien se caga en ella. La indagatoria ante la Corte Suprema se ha vuelto una montaña rusa: primero Uribe renunció al Senado; luego se arrepintió de esa renuncia y recusó a los jueces; después, cuando ya había ganado un mes para cuadrar mejor sus fichas, negó su recusación, y ahora, cuando la Corte ya estaba por dar una nueva fecha, sus defensores piden la nulidad, lo que le permitirá rascar otro tiempito… ¿Qué más podrán inventarse sus costosísimos abogados? ¿Qué nos tendrá preparado este increíble clown y su elefantiásico cinismo para seguir ganando tiempo? ¿Espera la reforma de la justicia para salvar el pellejo? Uribe se siente poderoso, pero la Corte Suprema es de las pocas cosas a las que, por su modo de actuar, teme. No así a la Fiscalía, que le puso todo en el congelador, incluido lo de su hermano Santiago, de lo que, pronostico, sólo tendremos noticia cuando se logre el ansiado vencimiento de términos, regalo con moño de su fiel Nestícor. La Corte es lo que lo desvela, al parecer, pues dio orden a sus combatientes del CD de hacer campaña de desprestigio contra los magistrados. ¡Cuánto extrañará su DAS de María del Pilar, que le funcionaba tan bien para estas cosas!

Patético 2: Los abogados de Uribe, entre los más caros de Colombia y, por eso mismo, con clientes que suelen aparecer en las páginas de Judiciales de los periódicos, ¿no habrán hecho algún cursillo de ética durante su formación? Me pregunto esto porque, a decir verdad, es asombroso que juristas tan emperifollados dediquen su experiencia y talento no para que la justicia brille y prevalezca, sino todo lo contrario: para entorpecer, ocultar, tergiversar y dilatar su curso. ¿No es una increíble vergüenza profesional? ¿Se mirarán al espejo estos polémicos abogados? ¿Y qué verán? Supongo que los honorarios deben de ser más que golosos, pero me pregunto, ¿será esa platica suficiente para enlodar de ese modo la profesión que practican y enlodarse a sí mismos como campeones de la dilación? ¿O lo defenderán gratis, sólo por aparecer todos los días en la prensa y, así, subir la tarifa a los demás? ¿O será que ellos en verdad piensan que Uribe es inocente? No lo creo, pues si así lo creyeran, ¿para qué dilatan la indagatoria? Con el poder y los medios de su defendido, más su experiencia en casos así, ¿no sería sencillo absolverlo si de verdad fuera inocente? Quien tanto teme, tanto debe.

Patético 3: Mi hipótesis es que Uribe no sólo no es inocente de esto que le imputan, sino que es culpable de otro centenar de delitos que pueden caerle, cual avalancha de nieve, si se deja agarrar por uno solo. Uribe lo sabe y por eso teme que, si llega a estar en posición de fragilidad aunque sea por un segundo, sus propios perros de presa acabarán con él a dentelladas. Ya lo he dicho acá: terminará igual que Julio César, apuñalado por los mismos senadores lambones y lisonjeros que antes comían de su mano.

Cortesía de El Espectador, de Bogotá.

 

 

 

La verdad no se ensaya. Revolución, ideología y política en Cuba

(Fragmento)

Premio UNEAC de novela, 2000.

Jorge Ángel Pérez – Dossier – 5

El paseante Cándido, novela de Jorge Ángel Pérez,24 enuncia una primera versión del individualismo. El texto formula una disidencia conceptual hacia la norma colectivista establecida. El Cándido habanero es un moderno buscón, cínico y hedonista. La tradición axiológica que colocó en algún otro la instancia verificadora de lo justo — fuese Dios o el resto de los hombres—, para no dejar solo al ser humano como juez de sí mismo, sucumbe ante la ética de Cándido. «La ética soy yo», parece remedar este nuevo ser que se ha hecho a sí mismo. No importa cuánta gravedad encierre el ámbito que lo circunda: todos sus caminos conducen al impulso infinito de la carne. Luis XVIII decía «amigos, he perdido el día», para calificar una jornada transcurrida sin otorgar prebendas a sus favoritos. El Cándido ha perdido el día cuando no disfruta. Respecto a la moral oficial, la subversión del Cándido es múltiple: su apuesta esencial por sí mismo, pero también por la lujuria, por la impúdica afirmación del deseo. El culto al cuerpo, la osadía del sexo, la sublimación del comer y el beber, el desconocimiento de alguna entidad transindividual, la «inconciencia» y la «despreocupación», la ausencia de valores como la «corrección», la «buena educación» y el «altruismo» colocan al Cándido en las antípodas de la moral colectivista. Leer más…

El poder de la representación: la identidad cultural en la narrativa del Caribe (Siglos XX y XXI)

(Fragmento)

Las dos novelas de Jorge Ángel Pérez, Cándido habanero (2001) y Fumando espero (2003), apelan a los juegos intertextuales de las citas. Estas se imbrican en el tejido narrativo y le otorgan una densidad semántica particular, aquella en la que las citas, al entrar en una nueva realidad semiótica, cambian su sentido, se refuncionalizan. El humor y el sarcasmo carnavalizan a la alta cultura al tiempo que se sirven de ella para resemantizarla. La vecindad (rabelaisiana) de la filosofía y/o la religión con la escatología, con las zonas últimas del aparato digestivo, producen un efecto degradante y humorístico. En la primera novela, Cándido, el protagonista (narrador en primera persona), está desprovisto de los instrumentos para reconocer a los referentes culturales y esta ignorancia cándida desacraliza la “alta” cultura. En la segunda, el protagonista (también un narrador en primera), es el escritor cubano Virgilio Piñera, y el punto de vista asumido es el del auto-escarnio, desde la realidad degradada de un cuerpo y rostro faltos de atractivo y los padecimientos fisiológicos, estomacales. La importancia del cuerpo en ambas novelas, la fuerte carga erótica (heterosexual y homosexual en la primera y homo en la segunda), constituyen una exaltación de destinos individuales que se definen por su sexualidad. La apología de las vidas privadas, del hombre público (Virgilio Piñera) convertido en hombre privado, la tematización del cuerpo, a partir de una visión anatómica, médica, (que remite a Rabelais y va más allá de él), participa de esa zona de la narrativa de la posmodernidad que cancela los discursos épicos, sociologizantes, buscadores de proyectos identitarios nacionales o totalizadores, y que se detiene más bien en las historias particulares, privadas, de lo local y lo cotidiano: el petit récit sustituye al grand récit. El curso rocambolesco de las anécdotas en estas novelas, la hipérbole y el grotesco, la parodia y el sarcasmo, son visiones lúdicas en que la Historia es telón de fondo y prevalece la historia con la intensa narratividad de episodios desopilantes, excepcionales, en que las consignas son “domar lo horrible” y “convertir lo trágico en cómico”, como le recomienda el jefe de la galera en la cárcel al Cándido habanero de los años 90. Como en las novelas de Ena Lucía Portela, los sujetos en las novelas de Jorge Ángel Pérez tienen identidades escindidas, polimorfas y sus historias se resuelven en la búsqueda de una sexualidad definitoria pero sin fronteras. Incluso en algunas de las prácticas homosexuales de sus personajes, gay o lésbicas, se atraviesan los roles de lo masculino y lo femenino, o estos roles se confunden, se alternan, se traslapan, yendo más allá de las esencialidades definitorias. El cuerpo es un lugar de enunciación y su singularidad se construye a partir de la presencia, al interior de ese lugar, de todo aquello que es exterior, de las interrelaciones de ese lugar con otros lugares. El sujeto ex/céntrico es el resultado de más de un proceso y ocupa más de un lugar simultáneamente en un incesante movimiento a través de las fronteras de su identidad. Esa traslación a nivel del sujeto es metonimia de la traslación en los discursos definitorios de identidades nacionales o regionales, que se construyen en ese movimiento rizomático.

Revista Brasileira do Caribe, Goiânia, vol. VI, nº 11, p. 145-168, 2005

Fumando espero

Virgilio Piñera fue un poeta y dramaturgo cubano cuya obra le valió un gran prestigio (pasa por ser el primer representante del teatro del absurdo) pero cuya nunca negada homosexualidad le costó ser condenado al ostracismo por las autoridades castristas. Fumando espero narra el inicio del exilio bonaerense de Virgilio Piñera, donde convivirá con personajes públicos tan variados como Perón y Evita, Jorge Luis Borges, las Ocampo, Josephine Baker o un Witold Gombrowicz realmente insólito y casi irreconocible para el lector normal. Leer más…

De su vida y obra – Instantes

El paseante Cándido

Jorge Ángel Pérez es uno de los escritores cubanos contemporáneos perteneciente a una generación joven  que entró con pie derecho en la literatura, a pesar de la crisis económica.

Con su novela El Paseante Cándido, obtuvo a finales del 2002 el prestigioso premio italiano Grinzane Cavour  -instituido desde 1982-  para libros publicados y en el que Cuba participaba por primera vez. Un certamen con una tradición lograda en creadores de mucha valía: Gunther Grass, José Saramago, Alfredo Bioy Casares, René Depestre, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros, quienes ganaron  por toda una obra.

Jorge Ángel admite que esto lo halaga. “De todas formas no creo que mi obra esté a ese nivel, aunque es cierto que a los clásicos les fue otorgado este  premio mucho antes de conseguir el Nobel.

El Paseante Cándido había ganado el premio de novela UNEAC en el 2000, fue publicado al año siguiente y  en México salió también, pero con el título de Cándido Habanero para hacer más evidente la relación del Cándido Volteriano con un personaje que transcurre en La Habana.

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Aquí no hay ningún tema tabú

Desde la isla y desde el exilio, 15 escritores trazan un panorama de la literatura cubana. Todos responden a tres preguntas: 1. ¿La situación de Cuba en las últimas cuatro décadas ha favorecido o perjudicado la creación literaria? 2. ¿Cuál sería la principal diferencia o característica entre los autores que viven en la isla y los que no? Y una tercera, individual.

Desde la misma isla, Jorge Ángel Pérez es uno de los escritores homosexuales que dice continuar la tradición de literatura gay de autores como José Lezama Lima.

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Jorge Ángel Pérez y su Habana no tan elegante

De amar y sufrir, porque parece que sin uno no hay lo otro, en una cuartería de la calle Aguiar, trata En La Habana no son tan elegantes, el más reciente libro de Jorge Ángel Pérez (Encrucijada, Villa Clara, 1963) que acaba de obtener el Premio de Cuento Alejo Carpentier.

Son las vidas desbordadas de tristezas, y en ese orden, de Esteban, Ramón, Gloria, Victoria, Ovidio y del propio autor que se presenta a sí mismo como uno de los protagonistas de este texto que, de seguro, hará época, como antes lo hicieron sus dos novelas hasta el presente: El paseante Cándido, Premio Nacional Cirilo Villaverde 2000 —con ediciones en México, Italia, Cuba—, que también recibió el importante premio italiano Grinzane Cavour, y Fumando espero, primera finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, cinco años más tarde.

Todo transcurre hoy, ahora mismo, y el autor ha aceptado el reto de penar con los suyos al presentar estos testimonios, digamos que de ficción.

Antes que este volumen, Jorge Ángel escribió Lapsus calami, que en 1995 ganó el Premio David de Cuento convocado por la UNEAC y que también recibiera el Premio Dador, en su primera edición, que entrega el Instituto Cubano del Libro. Luego…

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