Sombra de Paraíso.

Del poemario homónimo

Poesía

Claudia Sierich

Claudia Sierich (Caracas, 1963) es poeta, traductora e intérprete de conferencia diplomada en libre ejercicio. Como traductora tiene publicaciones en alemán y español de poesía, narrativa, ensayo y dramaturgia. Creó el Festival traficantesdepalabras (Caracas), que explora radicalmente el hecho de la traducción. Es colaboradora libre como traductora lírica y con aportes de su autoría de la revista literaria berlinesa alba.lateinamerika lesen. Hasta la fecha publica tres poemarios: Imposible de lugar (Monte Ávila Ed. Caracas 2008),  dicha la dádiva (Ed. Equinoccio, Caracas 2012) y Sombra de Paraíso (Oscar Todtmann ed. Caracas 2015); su poesía mereció premios en Venezuela y forma parte de varias antologías en Caracas, Bogotá y Madrid. Vive entre Berlin y Caracas. www.claudiasierich.com / autora   | traficantesdepalabras@gmail.com

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(Hybris I.) Sentada sobre el banco de madera del balcón, la niña fija la mirada. Ha dispuesto una serie de copas de Rosenthal sobre la baranda. Las extrajo del vajillero, de donde no ha debido. Está sola. Se difuminan en sus pupilas las lomas lejanas de Oripoto al frente, cortadas por el antepecho. Desplazar sin tocar. Es buena hora para el ensayo. Nadie interrumpirá. Las formas acristaladas estallan en la retina, rotan los grabados. Arde la mirada en su fijeza. Mira donde ya no tiene ojos. Las copas se animan bajo el concentrado impulso, esplenden de deseo. Luz pulveriza la imagen. El sol repasa el borde de la baranda, pasa la tarde. Se apaga la fila de cristales repetidos. Se ha consumado el ensayo. No se han movido las copas. ¿O sí? Mañana repetirá el designio.

Cada forma ofrece
su propia distorsión.
Abundarla, mi Zeitgeist,
fantasma con donaire.

 

Cuando el tiempo pendía de una imagen sonora como la gota pende de la rama en la helada mañana, se formaron las primeras nociones.

El tiempo mayor, el más antiguo, es sonoro. Cierro los ojos y siento el trino del pájaro. El llamado del cristofué, el graznido de la guacamaya, las risas guacharaqueñas. Insondable, eclosiona un tiempo interno. Llegan viajados los sonoros a mi oído desde una era anterior a la mía pequeña en esta Tierra. También resuena el soplido del amolador, tal vez la escoba rasga la acera, crujen los jabillos. Ya viene la armónica de mi padre a despertarme, es hora de levantarse, de ir al cole.

Vivir al amparo de la fermata, de un intervalo bien diseñado.

Las Invenciones de Bach aún suenan en silencio en la sala de Sebucán. Entro en casa. Como luz de estrellas extinguidas hace milenios aparecen las melodías del piano que hoy callan como la infancia en el salón.

Me hallo: finita, ilimitada.

(Hybris II) Medianoche, es luna llena. No se lo han prestado, la madre aún no lo ha leído. Tiene en manos un libro prohibido. Usa su linterna bajo las sábanas. La cabaña está plantada frente al mar de Santa Marta. Interrumpe la lectura. Sin moverse de la cama, corre la cortina que la separa del cristal del ventanal y de la playa. A escasos pasos baila en silencio una pareja descalza sobre la arena, sin tocarse. Todo es luz, todo es delicado abigarrarse en correspondencia. No estaban solos a la orilla de su primera noche. Y era la tierra … en ellos, el oro nocturno de sus vueltas, la galaxia. Nada sabe la niña de estos versos. Olvidada de sí misma observa a los olvidados. El temblor de la queda conversa entrelaza los designios. Nace una noción de amor.

Llueve tras los párpados cerrados.

 

El juego se sostiene sobre el montón de momentos en los que hago nada. Es curioso, los recuerdo con mayor nitidez que la acción. Vuela el cielo arúspice (tal vez las golondrinas indican lluvia que ya viene). El cernícalo dibuja la Loma de los Capuchinos, el zamuro aprende espirales sobre el Ávila, ninguna arpía se solea ahora en el yagrumo de Solares. Se detiene el chorro verbal. Sobre nada me sostengo sin lengua entre trazos, en un diferimiento. No necesito discernir, no discurrir. No sucede nada en particular, el intervalo procura cobijo. No tengo frío, amalhaya. Habrá mínimos amaneceres. Y parece es asegurado un porvenir.

 

© Claudia Sierich.
Sombra de Paraíso. Astillas en tres cuerpos de lenta lectura
Oscar Todtmann ed., Caracas 2015.
Fragmentos de sus tres cuerpos: Serie del tiempo, serie del adentro y serie de las relaciones.

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