"Creo que en alguna reencarnación anterior ya debí ser escritor"

Entrevista con el escritor español Juan Calderón Matador

Por Amir Valle

Foto: Cortesía de "El Puntal de Guardamar".

Foto: Cortesía de «El Puntal de Guardamar».

Un juglar moderno, eso es Juan Calderón Matador. Y, desde esa asunción del alma de un juglar, canta, reflexiona, cuenta, hace pensar, concentrando su acuciosa mirada en esos elementos de la cotidianidad que suelen pasar por alto quienes no tienen el don de los juglares: revivir la realidad ante los ojos de un lector que asiste, asombrado, cautivado, al milagro del renacimiento de situaciones, anécdotas, historias, que sólo se produce cuando se escucha o se lee buena literatura.

Del prólogo escrito por Amir Valle.

 

Comencemos por lo más sencillo: escribir, ¿cuándo lo descubriste? ¿Podrías contar alguna anécdota que explique a los lectores tus orígenes?

Creo que ya debí nacer con la inquietud creativa en mis genes. Si es cierto que nos reencarnamos una vez tras otra, seguramente ya fui escritor en otra vida anterior. Desde muy niño supe expresarme bien y siempre me sacaban en el colegio para leer o recitar poemas. A los nueve años, alentado por el sacerdote de mi pueblo natal, Alburquerque (Badajoz), hice una adaptación de los cuentos “Caperucita roja” y “La Cenicienta” para ser representados en teatro, otra de mis vocaciones ancestrales, y, con la ayuda de los chicos y de nuestras madres, conseguimos ofrecer el espectáculo al público. Ahora, con la perspectiva de los años, no puedo imaginar qué fue lo que escribí, aunque sigo teniendo en la memoria algunas imágenes de la representación.

 

Otra pregunta de ubicación: de un histórico Alburquerque a una populosa y moderna Madrid. ¿Qué ha cambiado y que permanece entre aquel Juan Calderón Matador, aspirante a escritor y este de El cuentista bajo la encina blanca?

Alburquerque es el lugar que amo, pero para un soñador de mente amplia, que vivía como un ave con las alas de la inquietud permanentemente desplegadas, era previsible que en cualquier momento tendría que volar en busca de otros nidos donde poder incubar los huevos del saber. Ese día llegó cuando, con veintiún años, tras cumplir el servicio militar, obligatorio por entonces en España, acepté un ascenso en la entidad bancaria donde prestaba mis servicios desde los 14 años. Aquella decisión imponía el viajar a Madrid. El ascenso laboral no tenía ninguna importancia para mí, lo que realmente me importaba era llegar al sitio donde la vida bullía paralelamente con el arte, la música, la creación literaria, puertas que yo necesitaba abrir para adquirir los conocimientos necesarios que en un pueblo, en la Extremadura de aquella época, era difícil tener a mano. El paso no fue fácil pero, después de tanto tiempo, sigo sin arrepentirme de haberlo dado. Pocas cosas han cambiado entre el joven que era entonces y el hombre maduro que soy ahora, la inquietud creativa sigue intacta, mis ganas de aprender no se agotan nunca, y, gracias a Dios, mi corazón y mi mente siguen siendo fuente de sueños, no obstante sí que hay algunos matices existenciales, si no los hubiera sería un necio que no habría aprendido nada. Por entonces yo aspiraba a triunfar, de forma honesta, pero anhelaba obtener el reconocimiento, hoy ya no le doy valor a eso, y soy feliz realizando mi obra, tanto literaria como musical o pictórica, lo importante es gozar de ella y si, por añadidura, sirve para despertar en algunas personas admiración o les sirve para sentirse bien y disfrutar con lo que he hecho, ahí está la mejor recompensa.

 

Una tercera clave de ubicación que quiero dividir en dos partes: la primera, ¿te animarías a resumir tu trayectoria como artista en otras manifestaciones del arte? Y la segunda, ¿qué le aportaron esas otras singulares circunstancias creativas al escritor que hoy eres?
Juan Calderón Matador en la televisión española.

Juan Calderón Matador en la televisión española.

Tras acabar mis estudios de arte dramático y música me dediqué a hacer teatro de calle como componente de “Keka y Teo”, más tarde formé compañía con Sagrario Sáez, bajo el nombre de Mario & Neta. Durante cinco años nos dedicamos a hacer teatro musical para niños, representando obras como: Los muñecos gigantes; Jarabe para el sol; La cometa de color violeta; La estrella Mirada Bella; todas ellas llevaban mi firma como autor. Grabamos algunos discos, con composiciones de mi autoría, e hicimos programas de televisión y radio. Tras disolverse la compañía hice algunas campañas publicitarias y apariciones en teatro y televisión para adultos. Grabé algunos discos más, también con repertorio compuesto por mí, e incluso fui aspirante a representar a España en el Festival de la OTI, con la canción “No estáis solos”, y años después en el de Eurovisión, interpretando “Tríptico de amor”. Tengo cerca de trescientas canciones compuestas. La faceta a la que menos tiempo le he dedicado ha sido la pintura, siendo escasa la obra realizada, aunque el arte siempre me ha gustado mucho, llegando, incluso, a regentar durante algunos años, junto a Javier Bueno, una galería de arte. Todo sin dejar de acudir puntualmente a mi puesto de trabajo en el Banco cada día a las 8 de la mañana, hasta que cumplí 51 años, cuando acepté una prejubilación. Todas estas facetas me gustan y las he saboreado con deleite, pero si tuviese que quedarme con una sola no dudaría en elegir la de poeta, que es lo que realmente me siento.

Estas actividades, paralelas a mi aprendizaje como escritor, me han aportado la experiencia y el conocimiento suficiente para poder adentrarme en los personajes de mis cuentos, por eso muchas de las tramas que creo tienen tan bien ambientados sus escenarios, tan certeramente creados los caracteres de los protagonistas y los secundarios. Tengo esa visión interna del que ha vivido el teatro de la vida desde todos los ángulos, el ritmo del que sabe jugar con la música y el punto de vista del trabajador de oficina. La persona, el escritor que soy actualmente, es el resumen de todos los juanes que he ido siendo en el pasado.

 

El cuentista bajo la encina blanca

Para quien no ha leído el libro, ¿qué dirías si quisiera que lo comprara?

Cuando el autor lanza un producto salido de su pluma es porque está convencido de que es un buen material y lo que quiere es agradar al público, a sus lectores. Yo creo en esta obra y por eso me atrevo a ofrecerla. Es el resultado de cincuenta años de trabajo, un resumen amplio, donde los lectores que ya me conocían van a reencontrarse con argumentos ya leídos en otros de mis libros anteriores, pues no en vano se trata de una antología, pero también algunos nuevos, incluso aquellos primeros trabajos fechados en 1968 que hasta ahora no se habían visto impresos, pero que he creído indispensables para hacerse una idea clara de mi trayectoria. En sus páginas van a disfrutar de una gran variedad de situaciones. Son obras cortas muy oportunas para ser leídas en el transporte público, junto al mar entre chapuzón y chapuzón, en un rincón cómodo de su vivienda, en una sala de espera… En sus páginas van a encontrar muchas fotografías literarias de la España en la que me ha tocado vivir, una España romántica, a veces, truculenta, otras, nacional, según algunos personajes, roja en el sentir de otros, una España llena de contradicciones que con frecuencia nos hará sonreír y reconocernos a nosotros mismos.

 

Debo decir a los lectores que la idea de esta antología fue una propuesta mía, en 2017, mientras estábamos sentados en la arena de una de las playas de Guardamar. Pero te animo ahora a que pienses qué sentiste ante mi propuesta y qué vino después.

Cuando me propuso publicar con Iliada Ediciones sentí una gran responsabilidad. En principio pensé ofrecerle una antología poética porque en 2017 se conmemoraba el 40 aniversario de la aparición de mi primer poemario “Camino ancho, paso desolado”, luego descartamos la idea poética por no ser un género que, en principio, tenga cabida en la editorial. En realidad lo que se esperaba de mí era una novela, género que aún no he abordado, por lo que finalmente llegamos a la conclusión de que lo mejor era publicar una antología de cuentos. Mi sorpresa fue mayúscula cuando al hacer la selección me di cuenta de que mi primer cuento premiado estaba fechado en 1968 y caí en la cuenta de que en 2018 se celebrarían sus bodas de oro. Entonces ya no me cupo duda de que había que hacer esta antología. Todo el proceso ha sido emocionante, muy emotivo, me ha obligado a viajar al pasado y encontrarme con aquel muchachito que soñaba con convertirse algún día en escritor. Me parece imposible que el tiempo haya pasado tan deprisa, sobre todo por lo que aún conservo en mi interior de aquel muchacho soñador.

 

Es un libro donde lo español costumbrista se respira. ¿Por qué esa fijación, casi obsesión, en hurgar en una cara de «lo español»:, las costumbres, sus esencias más populares, que hoy parece ser relegada por la literatura?

Es cierto que muchos de nuestros autores del pasado, como Miguel Delibes, Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, por citar a algunos, fueron magníficos fotógrafos de la realidad española, y que en la actualidad se hace una narrativa menos costumbrista, pero a mí siempre me ha resultado interesante esa ventana desde la que poder observar el acontecer diario. Con frecuencia, la autenticidad se encuentra en un texto porque el autor conoce muy bien aquello de lo que habla, quizás por eso yo hablo de lo que más cerca tengo, España.

 

Quienes hemos estado cerca de ti en estos recientes años reconocemos en ese libro muchas claves personales. ¿En qué sentido podría considerarse un exorcismo de esos fantasmas que desde niño te vienen siguiendo?

La espalda muchas veces se nos dobla por el peso del lastre que acarreamos desde la infancia, por eso es bueno ir arrojando algunos de esos fardos, según la vida, la sociedad o tus propias convicciones te lo van permitiendo. La España que me tocó vivir en la infancia estaba repleta de tabúes, de prohibiciones, y cuando en un núcleo pequeño, donde todo el mundo se conoce, hay alguien raro, distinto, es una presa fácil a la que abatir, aunque solo sea con la maldad de la mirada, la humillación de una palabra desde las sombras, el desdén disimulado… y sí, mis obras me han servido en muchos casos para ahuyentar fantasmas, para decir: Ya basta. Hasta aquí ha llegado la broma.

 

Tu libro, además, habla de problemáticas que suelen resultar «incómodas» para algunas mentalidades de esta modernidad en que vivimos: unos criticarían la mirada tradicionalista que haces de sucesos pueblerinos, pero siento que te sientes muy ligado a la estética de Cervantes en su mirada hacia lo cotidiano pueblerino español; y otros se escandalizarían hacia el tratamiento que en tus cuentos le ofreces a temas como la criminalidad en los pueblos, la violencia doméstica como un fenómeno que parece haber existido siempre, o la discriminación hacia la homosexualidad.. ¿Crees que la España profunda, esa otra España, es tan violenta, conservadora e intolerante como muestran algunos cuentos de este libro?

Ojalá me acercara, aunque solo fuese un poquito, a nuestro gran Cervantes. Afortunadamente, creo que ya no existe esa España profunda. Hace años que en los pueblos  no se mira con complejo de inferioridad a las grandes metrópolis. Gran parte de esa evolución se debe en primer lugar a la democracia, que nos alejó de aquellos tiempos oscurantistas, domeñados por el poder y la mojigatería religiosa, y sobre todo gracias a los medios de comunicación. En primer lugar fue la radio la que abrió las puertas del mundo a muchos españoles, después se unieron la prensa escrita y la televisión, por donde nos llega ese conocimiento universal que nos ha hecho ser un poco ciudadanos del mundo. También es cierto que últimamente estamos siendo testigos de un retroceso social y que hay países donde se pretende volver al pasado con políticas ultra conservadoras y represivas, incluso vemos una involución del ser humano, que está regresando a sus gestos más primitivos como la violación, la xenofobia, la homofobia… pero creo que en general esa España profunda de la que me habla ha desaparecido, gracias a ello yo puedo mostrar en mis textos esas caras “incómodas” en otros tiempos. Creo que no está mal dejar testimonio de aquella forma de vivir.

 

La magia, lo onírico, el absurdo conforman en el libro un buen telón de fondo, uniéndose muchas veces a una jocosa recurrencia al humor. Esa combinación hace de este libro un amplio abanico de propuestas que van desde cuentos muy realistas a otros marcados por una fantasía desbordante. Sé que es una antología de 50 años, pero sería interesante si echaras la mente atrás y recuerdes si alguna vez fuiste más fantasioso que realista, si hubo etapas creativas de total realismo… en fin, que intentes explicar por qué ese mano a mano entre cuentos de atmósferas tan distintas.

Durante muchos años estuve muy influenciado por el realismo mágico; García Márquez o Juan Rulfo formaban parte de mis propios universos, de mi onirismo, también la Isabel  Allende  de sus primeros tiempos. De ellos me nació el gusto por lo sobrenatural, los fenómenos paranormales, la fantasía era primordial para un niño, un joven, que vivía de puertas para adentro de su pecho  porque abrir sus ventanas le hubiese acarreado más de un problema. En la actualidad soy más pragmático, tengo los pies más asentados en  las baldosas. Quizás por eso haya observado esa dualidad en mi forma de escribir.

Algunos otros libros de Juan Calderón Matador.

Algunos otros libros de Juan Calderón Matador.

 

Coda

En una entrevista reciente hablaste de una posible antología, pero esta vez de poesía. Si tuvieras que definir una diferencia entre el Juan Calderón Matador poeta y el Juan Calderón Matador narrador, ¿qué dirías?

En muchos casos se funden y se confunden. A veces mi prosa resulta muy poética y en otras ocasiones mi poesía puede parecer excesivamente descriptiva. Aunque  he cultivado la poesía clásica, sobre todo el soneto y el romance, mi obra poética, aun teniendo muy presente la disciplina de la métrica, el ritmo y la musicalidad, suele ser sin rima, lo que en un momento dado, si en lugar de escandirla la pusiésemos en renglones largos, quizás conseguiríamos que pareciera prosa.

 

Resulta raro que alguien como tú, que ha cultivado casi todos los géneros artísticos, no te hayas decidido por la novela ¿Puedes explicar el por qué?

La novela me merece demasiado respeto. Muchas veces he tenido el deseo de afrontarla como autor, incluso he preparado la urdimbre para poner en pie alguna obra, pero al final siempre me ha hecho desistir la falta de tiempo. Me parece un género extremadamente difícil que requiere dedicación exclusiva, cómo hubiese podido yo abordarla con el plan de vida que he llevado durante tantos años. Imagínese que me levantaba las seis de la mañana para poder estar a las ocho trabajando en la Banca hasta las 15 horas, a las 16 tenía que estar en la otra punta de Madrid, concretamente en el Parque de Atracciones, para levantar el telón con mis comedias musicales para niños. Cuando regresaba a casa a las 19 horas me marchaba a una academia de baile para poder hacer las coreografías. Entre las noches del  lunes al viernes escribía el guion para nuestro programa radiofónico, el sábado lo ensayábamos y el domingo lo hacíamos cara al público, en directo. A todo eso había que unirle la escritura de las obras de teatro, las canciones, la dirección del espectáculo y la promoción del disco. Esa, con algunas variantes, según el momento, ha sido mi vida durante muchos años, ¿cree que hubiese podido ser novelista en esas condiciones? Ahora dispongo de más tiempo, pero no tengo hábito, aunque nunca se sabe…

 

Pregunta necesaria, aunque algo gastada. ¿Algún nuevo proyecto en preparación?, ¿próximamente, otro libro?

Por ahora toca promocionar “El cuentista bajo la encina blanca”, hacer presentaciones, firma de ejemplares, etc., pero siempre hay algún proyecto guardado en el cajón, en este caso un poemario inédito, ya terminado, y otro en el que estoy trabajando, en el que miro la vida y todos sus vericuetos desde la perspectiva de mis 66 años. Y claro, no quiero abandonar la idea de esa antología poética, que después de tantos libros publicados, creo que ya merece la pena poner en marcha.