La colección de piezas narrativas Sin perro y sin Penélope (Miami: Universal, 2003) de Rita Martín se inserta, por una parte, dentro de las propuestas estéticas llevadas a cabo por los autores cubanos –llamados novísimos por el crítico Salvador Redonet– que se dieron a conocer fundamentalmente en la década de los ochenta, y que son hoy en día los intelectuales más jóvenes y maduros de la Isla –muchos de estos se encuentra alrededor de los cuarenta años. Intelectuales críticos y reflexivos que, como R.M., en su mayoría cultivan la ficción y el ensayo. Por otra parte, el de Rita Martin, a la par de ser un libro de fuertes y duras narraciones es un libro lírico, que de alguna manera se suma a la labor poética desarrollada por la autora desde sus poemarios El cuerpo de su ausencia (Letras Cubanas, 1991), Estación en el mar (Ediciones Extramuros, 1992) y Tocada por el astro –un poemario escrito en 1992 pero impreso posteriormente, en el año 2006 por la Editorial La Torre de Papel.
Algunos de los cuentos aquí reunidos han aparecido en revistas y antologías literarias, pero ésta es la primera vez que Rita Martin decide unirlos y hacerlos parte de un solo conjunto que, por demás, se une a la publicación de voces latinas en Estados Unidos. En este volumen se agrupan veinte piezas narrativas en las que predomina la brevedad –algunas de ellas ocupan solamente una página como “La idiota en primavera” y “Ana” –aunque existe también un trabajo sobre textos de mayor extensión– un gran número de textos se extiende entre cuatro y seis páginas y, uno en especial, “Kraustlo”, cubre veintitrés páginas situadas en el centro del libro como si fuera la capital de éste. La brevedad narrativa permite la condensación de múltiples significados en pocas líneas, las más de las veces líricas y simbólicas que dan tratamiento a temas como el sueño, la muerte, la maternidad, la procreación, la creación literaria, el exilio, la resistencia de la memoria, la ciudad, la presencia de lo raro, y las relaciones de rebeldía del artista con cualquier control y/o poder.
Todas estas narraciones descansan dentro de una estructura en la que es interesante comprobar, en cada texto, la incesante ruptura de las convencionales partes de un cuento tradicional, lo cual permite a R.M. discutir la materia narrativa en sí. La propia autora, en el “Epílogo introductorio” desconstruye la definición de cuento al comentar que sus narraciones son “unidades interdependientes que presentan una determinada autonomía y cierta relación con los motivos que integran los relatos” (83). Parece, por tanto, más adecuado utilizar la palabra relato en vez de cuento, pero en realidad, también la definición de relato es desconstruida entre los géneros testimonio y poesía. Rita Martin consigue en estas páginas llevar al lector a otro mundo fuera de la convención y de los tabúes, donde el sueño, la realidad y la irrealidad se entremezclan entre sí.
Los cambios o rupturas estructurales de este libro están relacionados tanto con la dialéctica interna y externa de la forma. Dentro de la estructura externa aparecen el orden inverso de la fecha (2002-1981) en la que fueron escritos así como la ordenación invertida de algunos de los relatos; el entendimiento de que las palabras de agradecimiento son un epílogo y la comprensión de que el epílogo mismo puede ser dispuesto no solo antes del final de un texto (“Kraustlo”) sino ser él mismo una pieza narrativa (“Epílogo introductorio”); y la permanente fusión de géneros literarios como la presencia del teatro dentro de las narraciones y/o relatos. Si el orden inverso de fechas y títulos (comienza con “Salvamento. Tarea III,” luego no titula por coincidencia numérica al segundo “Salvamento. Tarea II,” mientras, en cambio, el tercero salta el orden inversa y reza “Salvamento Tarea Cero”) pone en sobre aviso al lector del carácter de ruptura que se observará más tarde en los relatos, la presencia de las fechas mismas resulta una paradoja, ya que la historia de estos textos transcurre sin marcas de tiempo o espacio, perteneciendo más bien a un universo extra-temporal.
Varios son los motivos que unifican estos relatos. Es interesante comprobar cómo muchos de estos –no todos, como comentaré más adelante– aparecen en la pieza “Epílogo introductorio”. Desde éste –situado casi hacia el final del conjunto– se observa la reiterada presencia de lo lírico así como la teatralidad de las voces de esta narración; no menos evidente el tratamiento de las parejas antitéticas realidad /irrealidad; muerte/vida, y a asuntos tales como el sueño, la maternidad, la creación literaria y la fragmentación de la escritura. La diferente disposición formal de las líneas y la voz femenina de la mujer como personaje protagónico son, en mi opinión, también importantes características que unifican estos relatos.
No cabe duda de que estos relatos son duros (piénsese en imágenes como “La mujer, sin manos, sabe que esta noche puede ser su gran día”) al tiempo que líricos en la descripción de objetos, paisajes, personajes y acontecimientos. En “Epílogo introductorio”, la figura del narrador-personaje reflexiona sobre ello al preguntar si sus relatos son poemas narrativos o narración poemática (84). Pregunta que nuevamente dilucida el género narrativo, donde hay mucho de prosa, pero también de poesía y/o prosa poemática.
El sueño y la actividad de la mente son cruciales en Sin perro y sin Penélope, diríamos que ambos, unidos, conducen de alguna manera el conjunto. El sueño está directamente relacionado con la antítesis de lo real e irreal. La voz protagónica de “Epílogo introductorio” se pregunta quién es ella, si es real o no (84), subrayando la dicotomía entre arte y vida. En “Kraustlo” la voz avanza un poco más dentro de la percepción de la sociedad al afirmar: “Lo irreal es la única realidad en estos días” (39), y relacionarse, inversamente, a través del delirio de la mente con la noción de que: “Dios, es decir, el hombre, es decir, yo, soy un sueño” (45).
La mayoría de estos relatos actúan dentro de la actividad de la mente y del sueño y, a través de éstas se pone en duda la existencia del sujeto, de lo que los protagonistas ven e, incluso, de lo que piensan. En “Salvamento Tarea II”, el lector –al que se le requiere ser muy activo– se queda con la duda de si realmente en éste hay dos protagonistas, o sólo una, como también qué es lo que ha sucedido en el sueño –o mente– de la misma. Esta sensación se tiene también al leer el relato “Ciudad de perros muertos y patos caminantes” en el que, después de toda una acción basada en el diálogo de dos discutibles chicas en un coche (pudiera percibirse cuatro voces e, incluso, una sólo voz monologante), se concluye que las últimas palabras las “dijo la otra tocando a su lado el asiento vacío” (23). Esta duda existencial de la protagonista y su multiplicidad/unicidad dialógica es sólo un ejemplo de la dualidad realidad/ irrealidad y realidad/sueño que se da en la mayoría de estos textos. Todo ello, relacionado además, con la fantasía, por lo que es interesante señalar que esta última aparece diversamente en forma de duendes y fantasmas (“Viviendo con extraños”), en las voces de un mago y un brujo (“El amigo”), y a través de acontecimientos fantásticos (“Elisa o el precio del sueño”). Todas estas correspondencias entre realidad e irrealidad, pasando por el sueño y la fantasía, subrayan el contenido anticonvencional y diferente relacionado no sólo con la estructura literaria sino social, ya que la voz femenina, a través del espacio limitado de una sociedad hegemónica, la desconstruye al situarse dentro del infinito espacio de la mente y del sueño.
El juego antitético no solo se encuentra en ejemplos como los que acabamos de mencionar, sino como contraste y motivo en sí mismo en todo el conjunto. Se encuentran diferentes antítesis desmontando creencias sociales tales por medio de “nada es verdad como tampoco nada es mentira” (41), juegos sintácticos como “no nos interesa –digo, sí que nos interesa” (“Salvamento Tarea II”) y el uso de la ironía al describir a un gobernante autocrático como un rey: “sentado a la diestra de Dios Padre que, como siempre, solo ve de los humanos el reflejo anverso (“Kraustlo” 49). De la misma manera antitética se contrapone el tipo de ciudad moderna estadounidense con el de la ciudad latinoamericana o europea, más antigua y en la que se concentran, por ejemplo, su plazas y paseantes (“Ciudad de perros muertos y patos caminantes” y “Ciudad albina”). No solo la ciudad, sino los países son contrapuestos a través del contraste entre Miami y La Habana (“Ciudad albina”). En estas oposiciones pierde y/o gana una u otra ciudad –tampoco se define–, al tiempo que entran en contraste también la lucha entre un idioma y otro al incluir palabras en inglés. El contraste u oposición es una característica tanto formal como de contenido para comprender Sin perro y sin Penélope.
La muerte es otro motivo unificador en estos relatos, y que también se encuentra en el “Epílogo introductorio”, donde la protagonista narra su vida para no morir. La muerte aparece en estos relatos de diferentes formas, en forma de asesinato en “Kraustlo”, como parte del título “Ciudad de perros muertos y patos caminantes”, como mera descripciones de ambiente: “las hojas muertas” que pudieran significar personas muertas; como suicidio, o en la vida misma en personas que se sienten muertas (“Ana”), y siempre desde cierto pesimismo, como cuando se afirma “Uno siempre está muriendo, preparándose para ello” (“Ciudad albina” 26).
El ser madre, el nacimiento, el feto, el hijo todo ello aparece reiteradamente en los relatos de Rita Martin. En algunas ocasiones se contrapone el nacer con el morir y se desplaza a dar voz a los no nacidos: “… X., fantasma prenacido” (“Vencida Electra”), lo que pone en duda si ha habido un nacimiento. Ello está relacionado con la duda existencial, la dualidad realidad/irrealidad así como con profundas cuestiones filosóficas sobre el nacer y el despertar del sujeto. El hijo no es solo el infante sino que se refiere a las creaciones literarias, analogía típica en la literatura que se puede observar en “La idiota en primavera,” y que insiste en cuestionar el concepto de la esterilidad al preguntar en “Epílogo introductorio” si la voz y/o protagonista, madre, parió. Hecho que avisa del milagro de la presencia del hijo de una mujer estéril.
La disposición de las líneas o el uso de mayúsculas que se usa en algunos de los relatos sugieren cierta experimentación que se constituye más bien en rareza. Esto ocurre de “Epílogo introductorio” a “Elisa o el precio del sueño”, “Vencida Electra” y “Kraustlo”. Tal peculiar disposición de las líneas hace notar cierto acercamiento al surrealismo. No obstante, todo vuelve a integrarse dentro del propio contenido cuando este efecto visual permite ver en “Kraustlo” una cierta semejanza con una cruz cristiana. Y “Kraustlo” es el texto, justamente, de mayor debate religioso y filosófico de la colección.
Para terminar con los motivos que aparecen en el “Epílogo introductorio,” cabe destacar el hecho de que estas líneas son una creación de la protagonista Elisa, y que la importancia de la mujer, su cuerpo, sus preocupaciones, su sexualidad (homo, hetero y aún bi, afirmada al modo creacionista de Walt Whitman) y sus dudas es clave en estos relatos en los que ella parece ser la protagonista, pero bien podría ser su doble y aún su triple.
Un tema ya anunciado –no anunciado en “Epílogo introductorio”– es el debate religioso y el cuestionamiento de la existencia de Dios. Desde el primer texto se encuentra cierto rechazo a estas ideas (“la nada es Dios”). Además en el relato “Vencida Electra” se puede releer el Génesis, específicamente los papeles de Adán y Eva: “Adán es un niño de tetas que sólo supo culparla a ella” que se comunica con otra afirmación transgresora presente en la misma pieza narrativa comenta: “Cristo falta de orgasmos y de sueños” (17). En varios relatos hay asimismo una identificación de la persona y/o creador con Dios como en “Ciudad albina:” “Dios y yo éramos la misma persona”. Trasgresión e identificación son fuerte crítica que construyen un Dios, ora vacío, ora un igual y erótico sujeto que hace de Sin perro y sin Penélope un libro diferente.
A pesar de la extratemporalidad y extraespacialidad de las narraciones, la nacionalidad de la poeta se destaca sutil en diversos relatos de este libro como “Salvamento.Tarea III”, “Ciudad de perros muertos y patos caminantes”, “Ciudad albina” y “Kraustlo”. En el primer relato/pieza narrativa, “Salvamento. Tarea III”, la autora comenta la existencia de una Isla que gira sujeta “a los cuatro puntos cardinales”. Sujeción ésta que habla mucho de los contrarios y el conflicto en que se encuentra el cuerpo/isla. Este relato se destaca por una gran cantidad de vocabulario del campo semántico de la muerte como putrefacto, calavera, cráneo, hojas muertas. Esto podría relacionarse con la visión de la poeta hacia la muerte en vida que se vive bajo sistemas dictatoriales y opresivos, e igualmente, aquellas que vivas o muertas no lograron un vivir. Más adelante, el viajero/a de estas páginas arriba a Ítaca “sin perro y sin Penélope,” solo con su “memoria perfecta”, como capacidad de resistencia, de reinvención de la tierra y/o reescritura de una nación.
Siguiendo con esta lectura, el gramófono es una metáfora cuyo aparente anacronismo recuerda la parálisis de una sociedad. Este aparato que ha sido sustituido por la cadena de música, bien podría aún utilizarse en Cuba del mismo modo que en este país aún circulan los coches norteamericanos Ford, Buick y Chevrolet de los años 30, 40 y 50. El mar al que se refiere este relato sería el océano Atlántico que separa Cuba de Estados Unidos, y por ello la autora dice que el mar es el principio y el fin de todo y uno está a salvo –o no– cuando llega a la orilla de lo que pudiera ser Key West u otra vez, La Habana. Principio y fin que recuerda el mar de Valery. En contra de esta lectura se puede argumentar que la voz narrativa habla de una raza judía, pero esta misma es símbolo que señala la diáspora cubana anterior a 1868 (piénsese en J. M. Heredia, Gómez de Avellaneda o José Martí) a nuestros días.
Ya se ha comentado el relato “Ciudad de perros muertos y patos caminantes” y su clara contraposición entre la ciudad norteamericana, en este caso Miami, versus las ciudades latinoamericanas o europeas que se caracterizan por sus plazas y sus paseantes. La protagonista de este relato expresa su nostalgia por su ciudad como la protagonista de “Ciudad albina” la expresa por el vino, por la falta de tiempo ya que se comenta como en Estados Unidos la prisa y el estrés están a la orden del día. La protagonista de ese relato menciona las obras prohibidas por la censura que leía en Cuba y la añoranza por un estilo de vida nocturno al señalar la escasez de luces y el temprano cierre del metro a las diez de la noche, mientras en La Habana la noche empieza a esa hora. A la nostalgia, sin embargo, sucede la conciencia reflexiva de la vida cubana mencionando las ruinas de la Ciudad de La Habana y la vida de sobrevivencia, marcada por el racionamiento de alimentos, el hambre y el mercado negro que caracterizan la Cuba actual.
A vuelo de pájaro, concluimos varios asuntos entre los que se ha podido observar cómo la autora compendia una serie de motivos en su “Epílogo introductorio” y otros que no aparecen ahí, y como todos ellos son de alguna manera anticonvencionales en la forma en la que son presentados. Todo ello está estrechamente relacionado con lo anticonvencional de la estructura según se ha demostrado. La misma autora en sus “Palabras epigonales” comenta que ha publicado estos cuentos “no habiendo encontrado nada parecido”. Así es, ya que este libro es único en su dureza de belleza lírica, en la cantidad de motivos descritos desde distintas perspectivas y hará disfrutar al lector con sus maravillosos relatos/piezas/cuentos. Este disfrute se duplica o triplica en una segunda lectura de Sin perro y sin Penélope.