Categoría: Unos escriben

La obra de Antonio Álvarez Gil

antonio-alvarez-gil-entrevista8Muy pocas veces extraño tanto a Cuba como en los ratos en que me siento a leer o releer las novelas de Antonio Álvarez Gil. No es fácil explicarlo por alguien como yo, que no es cubano aunque haya pasado largas temporadas en la isla, la haya querido con toda su alma y la lleve dentro a pesar de una ausencia que ya se está haciendo demasiado larga.

Pero lo que yo me llevé de Cuba, por mucho o poco que sea, y que guardo como si fuera un tesoro, vuelvo a sacarlo de la caja de los recuerdos cada vez que me acerco a un libro de este escritor habanero, afincado en Suecia. Leer más…

En la bruma de un futuro incierto

Ningún hierro puede despedazar el corazón humano
como un punto puesto en el lugar que le corresponde
”.
Isaac Babel

 

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

Terranova Editores, Puerto Rico, 2012.

La cita anterior, plena de fuerza y de emotividad, estaba pegada en un ficha de tres por cinco sobre el escritorio de Raymond Carver, el famoso escritor de cuentos norteamericano, padre del llamado realismo sucio y  autor de algunos cuentos magistrales como “Catedral”, “El elefante” o “Tres rosas amarillas”.

Traigo a colación las palabras del autor de Caballería Roja porque creo que son el punto de partida adecuado para pensar el libro de Antonio Álvarez Gil Callejones de Arbat, que he tenido el gusto de leer y ahora la oportunidad, y el placer, de comentar.

Si como decía Babel un punto bien colocado puede devastar un corazón humano, podemos preguntarnos qué no hará entonces la cadencia evocadora de un poema o la fuerza expresiva de un relato  cuando alcanzan a conmover a quien lo lee, a despertar al que está dormido o a iluminar a quien se encuentra en tinieblas.

Este es el núcleo del núcleo sobre el que gravita la novela de Álvarez Gil. La inmensa fuerza de la palabra escrita en libertad y el recelo que ésta provoca en el poder, pues  siguiendo en paralelo el famoso adagio de Lord Acton; el poder (cualquier poder, todo poder) tiende a desconfiar  del que piensa (y escribe) en libertad, y el poder absoluto a desconfiar absolutamente.

En Callejones de Arbat, el autor, con un pulso narrativo ágil y solvente nos va desvelando el gradual proceso de toma de conciencia que de todo esto hace el protagonista principal, Mario, un periodista cubano que trabaja para un organismo multilateral de los países del antiguo orden comunista.  En el Moscú turbulento y en ebullición, a la vez que desconcertado y ansioso, de la Perestroika y de la Glasnost,  el Azar (así, con mayúsculas)  conducirá a Mario hacia Dolores y a través de ésta hacia su padre, uno de aquellos “niños de la guerra” enviados a la Unión Soviética durante la Guerra Civil Española. De ese encuentro fortuito (si lo pensamos bien ¿qué no lo es en esta vida?) Mario aprenderá el dolor que provocan las lealtades compartidas y el desasosiego que conlleva, siempre, la pérdida de la fe. Pues fe es lo que se nos exige cuando se nos niega la libertad de pensar por nosotros mismos.

El descubrimiento, a través del viejo exiliado español, de la vida y obra de los escritores maldecidos por el poder estalinista (Ajmátova, Pasternak, Babel, Tsvetayeva, Mandhelstan…), hombres y mujeres cuyo único delito había sido escribir lo que llevaban dentro con honestidad personal, sumirá al protagonista en la angustia que genera la duda.

Un poder como el soviético que no sólo era todopoderoso en lo material sino que se sentía absolutamente legitimado por su visión dialéctica de la historia y que estaba inoculado de una conciencia de superioridad moral no podía tolerar al que pensando en libertad disentía, al que era crítico con aquello que tenía ante sus ojos, a quien no aceptaba las verdades oficiales, a aquel que veía al rey pasearse desnudo cuando los demás ensalzaban sus costosos vestido  o se resistía a creer en los paraísos prometidos, siempre luminosos y a la vez sumidos en la bruma de un futuro incierto y que nunca terminaba de llegar. Por muy velada que fuera la crítica, por muy tenue que fuese la resistencia, su monopolio de la verdad absoluta no admitía ningún tipo de competencia. Además, y ahí creo que radica el quid de la cuestión, el que escribe aspira a ser leído y comprendido y aceptado por sus lectores, lo que lo hacía, a los ojos de un poder como el soviético, enemigo de la peor especie. Saber colocar un punto en el lugar adecuado se entendía como más peligroso, mucho más, que ser, pongamos por caso, uno de aquellos saboteadores que según parece se obstinaban en boicotear los planes quinquenales.

Mientras va adentrándose, cada vez más, en las vicisitudes personales de aquellos intelectuales que habían sido triturados y vilipendiados por el poder soviético, que habían padecido humillaciones incontables, torturas y vejaciones sin límite y sobre los que se había dejado caer encima todo el poder del estado totalitario –¿Sabes cuánto pesa el estado? que preguntó una vez Stalin a uno de sus colaboradores, en los tiempos de lo de Kírov-  Mario se va enfrentando a su propia realidad, la suya y la de su propio país, con la que había aprendido a convivir y por ello a aceptar como algo natural e inevitable.

Pero la duda genera desconfianza y la desconfianza deviene en desapego y éste a su vez anula el infantil entusiasmo  que reclaman para sí los que exigen fe y adhesiones inquebrantables. Y eso, por mucho que se intente disimular, nunca deja de pasar desapercibido para el ojo siempre atento e insomne de los  guardianes de las esencias revolucionarias. Ahí será cuando en cierto modo los caminos de Mario y los de aquellos otros se entrecruzarán.  Por suerte para él los tiempos no eran exactamente los mismos.

A la virtud de un trasfondo profundo se une en Callejones de Arbat una acción que se deja leer con soltura, cosa que es muy de agradecer, con esos toques de “mágica realidad” que diría otro cubano universal como Alejo Carpentier, y que sazonan, en su justa medida, el relato. Los personajes femeninos que comparten protagonismo con Mario, Dolores y Vera, son, cada una a su manera, dos de esas mujeres fuertes y bellas, inteligentes y sensibles, que hacen que uno entienda el crudo debate que se libra en el interior del protagonista. Cierto es que en obligar a elegir se complace el diablo.

Las conversaciones de Mario con diversos miembros de la “nomenklatura” cubana, en especial la que mantiene con Pedroso, agente encubierto de los servicios de seguridad, son, a mi juicio, tan interesantes como ilustrativas de como se juega en una dictadura como la cubana, que por cierto, tantos y tan fervorosos aduladores tiene en todo el mundo libre.

En resumen, Callejones de Arbat es una novela lúcida y bien escrita que casi seguro no defraudará al que se aproxime a ella con espíritu abierto y tolerante.

Enigma de una derrota histórica

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

¿Es todavía la derrota de Capablanca ante Alekhine en el memorable match de ajedrez de 1927 un trauma nacional para los cubanos?

Tal parece que sí puesto que un narrador que nunca antes había incursionado en el ajedrez en tanto que tema literario trata de explicar lo sucedido en Perdido en Buenos Aires una novela histórica que fue premiada por la Universidad de Murcia en su concurso “Vargas Llosa” 2009. Leer más…

Naufragios

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Algaida Editores, Sevilla, 2002.

Antonio Álvarez Gil nació en La Habana (Cuba) en 1947. Obtuvo en 1983 el premio ‘David’ de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) por Una muchacha en el andén (1993), un volumen de cuentos muy interesante y, más tarde, con Naufragios (2002) obtiene el V Premio de Novela ‘Ciudad de Badajoz’. El escritor, aunque en gran medida es desconocido para el público en general, posee el suficiente talento literario como para ganarse un puesto de referencia en el panorama cultural en lengua española; de hecho, muchas de sus narraciones ya han sido antologadas en varias recopilaciones sobre el cuento cubano del siglo XX. Igualmente, se han traducido sus relatos a varias lenguas, entre ellas el inglés o el sueco. En la actualidad y, desde 1994, reside en la ciudad de Estocolmo. Otras obras del autor son: Del tiempo y las cosas (1993), Fin del capítulo ruso (1997) o Las largas horas de la noche(2000). Leer más…

Unas palabras sobre el autor Antonio Alvarez Gil

antonio-alvarez-gil-foto-fragmentos-de-sus-obrasAmir Valle es un autor entrañable que dirige la revista OtroLunes, y qué decir de Antonio Alvarez Gil. Me alegra poder escribir en OtroLunes unas palabras sobre este autor cubano que reside en un país tan helado como Suecia.

Antonio Alvarez Gil es un autor contemporáneo, un hombre culto cuya fuente de inspiración es su tierra, vista desde una distancia fría. A veces he creído que para hacer una interpretación subjetiva y a la vez comprender la historia que expone Antonio Alvarez Gil en sus libros  necesitaba saber la historia del narrador. Pero no es cierto. Puedo escribir sobre este autor porque lo que le he leído me ha llevado al presente, y también a oscuros y tristes acontecimientos del pasado. Leer más…

Una pura, trágica, bella historia de amor

Edición de Costa Rica de su novela "Las largas horas de la noche", 2000.

Edición de Costa Rica de su novela “Las largas horas de la noche”, 2000.

Los escritores, particularmente los novelistas y los poetas, vivimos una terrible paradoja. Con toda seguridad, cuando alguien se propone iniciar la aventura de escribir, casi siempre en la adolescencia, lo hace por simple mimetismo, por el recuerdo del placer que le procuraron sus primeras lecturas.

Sin embargo, en cuanto adquiere conciencia de que, enmarcando la belleza notoria con la que nos arroba todo buen libro, existe un complejo y delicado bastidor técnico, el escritor incipiente comienza a leer de una forma nueva, intentando ahora levantarle las faldas a la historia para examinar con mayor cuidado el miriñaque que le da forma. Leer más…

“La niña de Guatemala”: del verso a la prosa

Edición puertorriqueña de la novela "Las largas horas de la noche", 2003.

Edición puertorriqueña de la novela “Las largas horas de la noche”, 2003.

En los límites entre la realidad y la fantasía un poema regresa convertido en novela: “Quiero, a la sombra de un ala / Contar este cuento en flor: / La niña de Guatemala, / La que se murió de amor /.” Los tan citados octosílabos de José Martí cobran vida en una narrativa de amor y destierro, escrita por otro cubano, también lejos de su Patria. Desde Suecia, Antonio Álvarez Gil, bajo el sello editorial de Plaza Mayor, 2003, nos entrega Las largas horas de la noche, un relato sobre la época guatemalteca de Martí y su idilio con María García Granados. Leer más…

Delirio en Estocolmo

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Algaida Editores, Sevilla, 2004.

Testigo viviente de otra crónica del desespero, el narrador Antonio Álvarez Gil acaba de publicar una novela sobre la emigración de cubanos a Suecia a principios de los noventa.

Toda invasión bárbara deviene colapso, se vuelca en salvajes zarandeos de terremoto. Trauma doble: social para los receptores de la avalancha (los lugareños y sus jefes) y psicológico, de vísceras, para los forasteros, quienes sabrán muy de cerca el dolor de la pérdida y la inconsistencia de lo nuevo. Leer más…

Historia de un fracaso

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

En el primer número de la revista Clarín de este año (enero-febrero 2011) aparece la reseña literaria que he escrito sobre la nueva novela del amigo cubano Antonio Álvarez Gil, Perdido en Buenos Aires, y que el año pasado se alzó con el Premio de Novela Mario Vargas Llosa que convoca la Universidad de Murcia junto con la CAM. Espero que os guste la reseña y, por supuesto, os recomiendo fervientemente la lectura de esta vibrante novela. Leer más…

El via crucis particular de un hombre

Editum, Murcia, 2010.

Editum, Murcia, 2010.

Como ajedrecista, psicólogo y escritor ocasional, la obra que más me interesa de Álvarez Gil y a la que me referiré es Perdido en Buenos Aires, donde recrea un legendario match por el título mundial de ajedrez que se disputó en la década de los años veinte, en la capital argentina. La novela es densa, el lenguaje que emplea el escritor no se anda con concesiones, la recreación del ambiente es excelente, y la descripción ajedrecística se me antoja muy exacta y completa. Leer más…