
Fila superior: Osmany Oduardo, José Luis Serrano, Frank Castell. Fila inferior: Ray Faxas, J.A. Velázquez y Carlos esquiver Guerra.
Ahondar sobre autores literarios que escriben ahora mismo desde la Isla, donde cada día la literatura patria se va enfermando, y se dejan de leer a los “Premios Nacionales de Literatura”, con excepción de tres o cuatro, donde los más jóvenes creen escribir mejor que sus maestros o antecesores, y en ocasiones lo logran, es cruzar por la cuerda tensándose a mil kilómetros de altura.
El Círculo de Las Parras está conformado por Carlos Esquivel Guerra (Elia, Camagüey, 1968), José Luís Serrano (Estancia Lejos, Holguín, 1971), José Alberto Velázquez López (Las Parras, Las Tunas, 1978), y Frank Castell, (Las Tunas, 1976). Cuatro poetas que comandan ahora mismo la poesía que se escribe dentro de la Isla, deudores de escritores que fueron a hacer su vida y obra en el exilio, a los que Cuba no olvida. Cuba no es un gobierno.
Carlos Esquivel en algún momento lideró otro grupo de jóvenes que escribían en su terruño, también se encontraban Frank Castell, J.A. Velázquez y los, hoy exiliados Osmany Oduardo (Colombia, Las Tunas, 1975) y Ray Faxas (Guáimaro, Camagüey, 1975).
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Alguien
Para Frank Castell
Alguien escombra mi pecho
cierto latido profano
Alguien se lava una mano
con mi verdad
Yo deshecho
escribo un sermón maltrecho
sobre la piel de mujeres
que adulteran sus placeres
contra mi cuerpo
Alguien castra
mis emociones y arrastra
sus ojos y amaneceres
sin luces
Alguien me tienta
a convertir piedra en pan
Todos saben que no hay pan
para mi vientre ni venta
de miseria
Alguien inventa
una tribu de corderos
Esperanzas de luz
Para Carlos Esquivel
Y otra vez la oscuridad
cegándome tanta risa
en las ventanas hechiza
vestigios de soledad
Otra vez esta ciudad
mendigando algún recuerdo
desgarbado puente cuerdo
lanzándose a mis rincones
Otra vez las oraciones
son el silencio que muerdo
Otra vez estas tijeras
durmiéndose sobre un tul
Otra vez olor azul
mi piel podrida de aceras
Nadie me brinda escaleras
para tragar estertores
en la mesa
Qué dolores
acechando una mirada
Otra vez soy estocada
en un de amores
Afuera tantas siluetas
desnutridas sin perdón
Afuera huele a canción
lluvia mordaz y ruletas
Afuera sobran profetas
cifrándome la desgracia
Afuera todo se espacia
en universos y voces
en pensamientos atroces
disparos sin cruz ni gracia
Rompo este pecho y me incrusto
una puerta que me absuelva
Rompo todo lo que vuelva
a encarnarme tanto susto
en las paredes
Me asusto
por sueños decapitados
Me asusto por abismados
absurdos
Dulce veneno
esta puerta que condeno
contra monstruos iletrados
Otra vez mi mano alberga
esperanzas de una luz
Todo atraviesa a trasluz
mi cuerpo
Esta mano alberga
improperios en la jerga
de mis calles sin ciudad
acertijos mortandad
sueño descalzo y absorto
Mi país es un aborto
que tiende a la eternidad
La noche es un amuleto
fatídico verbos rotos
es un camino de fotos
desnudas
Noche es secreto
en cuencas del esqueleto
que llora luz
Qué cuchillo
rasgará a la noche un trillo
para escaparnos al día
La noche es monotonía
donde morir es sencillo
Mis ojos se tornan grises
de dolor
Voy tropezando
todos los muertos fechando
la distancia en días grises
meses y años infelices
ignorando que presencio
miseria
Cuánto silencio
esboza vida el revés
La oscuridad otra vez
encuadernando el silencio
(Osmany Oduardo, de Cantigas de escarnio, 2000).
Los inspectores de vivienda preguntan si hay café del bueno
Por mi novia que conoció este negro amargor
para Frank Castell
“Mi jefe cobra trescientos dólares”,
ha dicho la mujer del pelo plástico.
Yo miro y sólo veo un fuego, un enorme fuego.
Cuando la paz te quema ya no hay nada que hacer.
Trescientos dólares para continuar,
para estar en el límite y tener orgullo.
Trescientos y la tabla no te dejará hundirte.
Me quedo pequeña y mi mano izquierda es un basural
donde las hormigas duerme.
No quiero estar en el límite,
ni tener esa sensación de caída;
mucho menos ver el rinoceronte de mi alma
caerse de costado.
Vengan inspectores (impostores)
yo me alquilo los domingos a los turistas
y mi hijo hace después las compras.
Vengan ahora que no tengo otro dolor
que este susto de perder mi mano izquierda.
No quiero estar en la hondura,
justo en el límite.
Pongo mi silencio en remojo
y nadie sabrá si lo que digo es bueno.
Los impostores vienen a fin de mes cuando
el arroz es casi musical y triste.
“A fin de mes el silencio vale un poco más”,
ha dicho la mujer y se acomoda el pelo.
A fin de mes el jefe sale él mismo a hacer las compras.
Son trescientos dólares para estar en el límite.
Inténtalo, le digo.
Si no puedes no podrás regalarle a tu hijo
el futuro que le prometiste;
si no puedes perderás el desayuno nacional,
los camarones y el café de lujo.
Son trescientos dólares para mantener tu orgullo.
Yo solo quiero un buchito de café
y si es del bueno,
entonces, mucho mejor.
Sangre negra
Carlos Esquivel y yo
No mires a los arrecifes.
Tu padre puede decir; “Miami Center,
Yanquis de New York entrando sin promoción,
sin cartapacios o tarjetas postales desde la memoria de ser
profesional”.
Estamos demasiado lejos de todo.
El dolor en este país es más pálido y hará enrojecernos.
Diremos a la madre que nos sueñe más lento,
más posible.
El sur donde vivimos es largo como esta isla de feria.
Vamos a vendernos a bajo precio,
de todas formas seremos libres aunque nos critiquen,
aunque alguien alise su slider y nos sorprenda.
¿Cuánto cabe en esta terquedad que nos impone el destino?
Contreras ahora es de bronce
y quizá todo sea demasiado para el ofrecimiento.
Mi padre quiso decir: “como Palmeiro llegando a segunda
y deslizándose”.
Yo no comprendo esta pasión por lo que no es nuestro.
Tú no comprendes que alguien desde el dogout nos dirija.
Estoy libre y me vendo sin nostalgia.
Nadie hará que me sacrifique con fly.
Nadie hará que me quite este aire, esta quietud
de esperar un sueño.
Todos tenemos el mismo trozo de gloria y Dios lo sabe.
Todos no tenemos que ser tan grises o necesariamente azules.
Tu padre dice: “este dolor que llevo en mi rodilla izquierda
es la muerte”.
Mi padre sueña con un lugar que nunca nos perteneció.
Ahora que llegamos a segunda
tenemos el orgullo a mitad como una bandera en duelo.
Tu padre mira y el estadio grita una apuesta que no
necesitamos.
“Espera una buena”, te dicen desde el banco.
“Ahora tienes el poder de ser más libre y decirle a tu chica:
nos iremos a Hawai,
soñaremos con un duende y con máscaras de China”.
2 strikes sin bolas.
El estadio calla y todos tienen el grito
un poco más cerca.
Haz un swing largo como esta isla de feria
a la que ya no pertenecemos,
a la que no podemos regresar cuando finalice
la temporada.
La patria vale lo que seamos capaces de ofrecerle.
La patria es todo esto y más: “nuestra sangre,
la parte enferma con la que moriremos lejos”.
No mires a los arrecifes.
Tu padre, como yo, dobla todavía por tercera.
Mi padre, como tú, espera en home.
La otra bestia
a Luisfe (Luis Felipe Rojas)…
Yo no puedo ser un negro equivocado.
Mis padres nunca escaparon del atardecer,
del odio inicial y recurrente que era la noche larga.
Yo no pude entrar en la cantina
para arrojarme en el alcohol caliente de mis ancestros
y ser más.
Yo no quiero ser un negro.
Tengo dedos que cuentan números.
granos de arroz,
los días que mi novia estará ausente.
Tengo dientes blanquísimos como el día
pero mis piernas escapan por la ventana.
Del otro lado no habrá nadie esperándome.
Nada.
Nada.
Nadie.
Del otro lado no hay nada.
Ni la hambrienta noche.
Del otro lado tampoco estará Dios.
Yo no quiero ser un negro.
Yo soy solo el canario de Martí.
Por eso mis padres me entregaron al negror del día.
Yo no tengo el pecho de ningún tamaño,
los negros, como yo, no tenemos pecho,
no conocemos el caballo blanco, la bala de Dos Ríos
abriendo el corazón o las manos.
Tampoco eso que contagia y purifica.
Yo solo soy el canario.
Solitario y ancho.
Soy orgulloso y canto para que no me abran la jaula.
Es mejor ser un canario que canta hacia adentro
a un negro fuera, matándose a sí mismo.
Me he pintado de amarillo
para que no me reconozcan mis enemigos,
pero mi ojo negro me delata.
Soy el canario de Escobar,
el odio que lo acompañó antes del salto,
el verbo martillándole la cara.
Soy el canario.
Escobar o Martí, da igual.
Soy negro y canario y por eso no tengo amigos.
Solo la noche breve me salva un poco.
¿O es que acaso nada puede salvarme?
Yo no puedo ser un negro.
Yo no puedo morir despedazado por la jauría hambrienta,
porque después quién le contará a mi hija.
Mi hija que aún no conoce el color de la libertad.
¿Qué es la libertad?, me pregunta,
pero yo soy un negro, joven y nocturno, tocando un jazz
en Alabama, sin saber qué hacer.
Mis uñas tienen ansias de escribir en una espalda blanca
de mujer,
de carcomer el destino.
Yo no soy un negro, me digo, le digo a mi hija.
No.
Si yo fuera un negro caminara con los ojos hacia el estío,
me robaría un cepillo de dientes,
y una rubia sexy abriría sus piernas con dolor,
con desafuero.
La noche me espanta,
y por eso me refugio en el negror del día.
Puedo ser un cuervo.
Cucarachón moribundo al que todos temen.
Pero soy un negro.
Soy peor.
Yo no puedo entonar estas notas
porque ni siquiera tengo pecho.
Los cuervos sólo roban cosas brillantes.
Yo no puedo quedarme con mi costado reluciente,
con la noche blanca desvelándome.
Yo no soy un negro.
¿No ven mis dientes,
el color de mis ojos?
Yo no soy un negro.
Le diré a los policías de Obispo que ando sin tropiezos.
Aunque lo parezca,
no soy un negro.
¿No ven mis dientes,
el color de mis ojos?
(Ray Faxas, de Las dulces Bestias, 2010, Premio José María Heredia, 2006).
Cinco paladines, dieron mucho qué hablar en su momento, aún, aunque distanciados en todos los órdenes, siguen en las lenguas de las lides literarias nacionales. Ahora con las filas diezmadas y como buenos mosqueteros, han sumado al círculo sedicioso al no menos renombrado J.L Serrano, Premio Nacional de la Crítica.
Fuera de Cuba es difícil que un escritor que haga su obra dentro del encierro que es la Isla sea conocido, mucho menos, reconocido, con muy pocas excepciones, por eso en una breve panorámica les presentaré a estos cuatro gatos tristes-felices de la literatura cubana de estos tiempos.
La obra publicada por Esquivel es vasta, poesía, ensayo, crítica, cuento, novela, se mueve por muchos registros y en todos alcanza una maestría envidiable, lector incansable, furibundo seguidor del Barça, enemigo acérrimo del Real Madrid y sobre todo de Cristiano Ronaldo aunque éste se haya marchado para la Juve. Bebedor inagotable de café y alcoholes, amante empedernido. Algún vicio tenía que tener. Ya lo dijo un poeta, no soy un hombre puro. Carlos no lo es, pero sí un amigo contra todas las banderas y todas las políticas, aquí cabe poéticas. Libros memorables como: Perros ladrándole a Dios (1999, Premio a la mejor Opera Prima en el año en el país), Tren de oriente (México, 2001), Los animales del cuerpo, (2001), El boulevard de los Capuchinos (2003), Bala de cañón (2006), Matando a los pieles rojas (2008), Los hijos del kamikaze (2008), Un lobo, una colina (novela, 2010), Cuarteaduras (2013), Los ciclos de nadie (2013), Hablando mal de los otros (2013), Once (2014), La autopista cero (2016), Los epigramas malditos (2017), Diario de Caín (novela, Madrid). Con la tumba del erizo fue finalista del premio Herralde (2014), convocado por la editorial Anagrama. Escucha al pájaro mosca (2018, Premio Guillermo Vidal, 2016, con cuentos como «Agujeros negros», «Adiós a las almas», uno con título tan sugerente: «Cómo matar de una vez y para siempre la literatura cubana»). Carlos un mal o buen año retornó de las contiendas bélicas de África, específicamente de Angola, joven y veterano de una guerra alimentada por el gobierno cubano. ¿Quién lo salvó de los desvaríos y desmanes vividos y padecidos?, ¿el café, alcoholes, mujeres, la familia, los amigos?, definitivamente fue la literatura, de quien ha logrado tener un gran dominio en todos los géneros sin desdeñar ninguno, se ha vuelto un maestro en la poesía y la narrativa por igual, los mismo en el poema con métrica que, en el verso libre, así como en el cuento y la novela. Recientemente ganó un premio con un proyecto de libro para niños. Después de todo es un afortunado, tener a la poesía como fiel reflejo y compañera.
Guardarropía del cuervo
A Carlos Téllez
No sé si de lo que soy
soy yo o soy al fin más
sé de mí si sé que tras
lo que fui va quien no voy
Por ser yo por lo que doy
a mi voz ya soy y fui
Mal o bien fue lo que di
sin ir sin ser lo que va
No sé si soy o es que ya
no soy el que voy en mí
(de Perros ladrándole a Dios,1999, Premio Cucalambé 1998).
Informe de meteorología
Hoy habrá un ciclón de carne, arroz,
jamones y cervezas por doquier.
Pero no se preocupen, no ofrece peligro para Cuba.
(de Los Epigramas Malditos, 2017).
Hablándole al conductor del taxi mientras perseguimos a un turista español (27-6-2001)
Para Luis Felipe Rojas
Dispara a la cabeza del sheriff a la cabeza de bob
marley mi cabeza bajo el fango de tu ciudad un round
de paz donde froto las semillas
del viaje unos culpables por derramar dispara a la
cabeza del sheriff a la cabeza de bob mi cabeza
crucificada entre moscas de otro país o el mío en
fin nadie sabe lo que tiene hasta el disparo los
adversarios excluidos
como si cruzaran por el ojo áspero de la ablación
un borboteo de viajes lo que tú quieres saquear de
esta
jaulas de pedros sin su casa lo que deja una frontera
si la sangre pesa la sangre en una mentira
que corre o desciende y no sirve para envilecer ese
es el riesgo solo la paz atrae angustias envilecer desde
la ventana de un istriano
que pasaba frente a los autos preferidos por Werther
y si no era así nunca fue un pulpo de patria
absolutamente convencido de que esa es otra historia
mi cabeza en la cabeza del sheriff en la cabeza de
bob lo cual es legal si bob es negro amigo desnaturalizado
por aborrecer canciones de cuna dispara-me una bala
tan solo una bala tan sola
una cabeza en tantos y tantos cuerpos con deseos de
aullar.
(de Cuarteaduras, 2013).
J.L. Serrano, no nació en Granada, no es catedrático, por lo menos no de filosofía del derecho, no es autor de ninguna monografía ni de artículos en los campos de la teoría general del derecho y el estado, del derecho ambiental y de la ecología política, no ha ejercido como columnista en la Opinión de Granada y todavía no es autor de novelas negras ni de ningún otro color, es Ingeniero eléctrico, incomoda que sea abstemio, que ya no comparta los alcoholes de la brevedad o la eterna dislocación del estar y ser muchos seres a la vez y no perder el hilo de la vida, la genialidad, porque eso es J.L. Serrano, un genio que se mueve por los entramados del lenguaje llevándonos a su antojo con los hilos que fabrica para convertirnos en marionetas del espectáculo de la palabra. Es un alquimista, un nigromante, el gurú de la enciclopedia de la lengua. Es difícil seguirlo por el mundo poético que ha ido creando, no hay poeta de fondo que pueda correr a la par de este cantor de mil modos, que va implantando una escuela, con un país siguiendo le pista, ahí va dejándonos sus libros como marcas de su paso por un tiempo y varias generaciones. Sus charlas, salvando las distancias posibles o imposibles, me recuerdan en esta hora de dolor, por la pérdida, al gran poeta y al extraordinario hombre, Rafael Alcides, ser a reverenciar en todos los órdenes de la vida en, y fuera de la Isla. Es que la poesía de ambos y sus conversaciones, son centrífugas en la que caes y no deseas salir.
Cadáveres
Fragmento
Conversación en tiempo de bolero.
¿Hasta cuándo serás el que no cupo
en la matrícula, el del otro grupo,
el observado por el agujero?
¿Ha llegado el horrible mensajero?
¿El aguijón que mencionara Pablo
en la Segunda Epístola? ¿El establo
es atendido por un cancerbero?
Entras al baile. Palpas sus gangarrias
y disfrutas (es cierto) las fanfarrias
que en tu honor se propagan por el éter.
Entras (eres un príncipe) al jolgorio
donde te obsequiarán el abalorio.
Conversas con Perséfone y Deméter.
(de Geometría de Lobachevski).
Ha publicado los libros: Bufón de Dios (1997 y 2012), Aneurisma (1999), Examen de fe (2001), El Yo profundo (2005), Los inquilinos de la Casa Usher (2005), Tráfico de influencias (2012), Más allá de Nietzsche y de Marx (Premio de Poesía José María Heredia 2015), Geometría de Lobachevski (2016, Premio Adelaida del Mármol 2015), Los perros de Amundsen (inédito) estos últimos volúmenes conforman su Trilogía Acéfala. Es un maestro en la décima y el soneto. Deudor de los poetas Carlos Téllez y Daniel Laguna quienes desde Las Tunas fundaron escuela revolucionando la estrofa de Espinel, aunque no se diga en ningún estudio sobre el poema en diez versos. Serrano es un escritor que inquieta, ha hecho de su mundo espiritual y profano, un oasis para desarticular el camino por donde venía transitando la poesía de la Isla, para renovar las estructuras, algo que parecía imposible después de tantas experimentaciones con la métrica. Su arsenal de herramientas es único en Cuba. Desde que comenzó a asistir a la biblioteca pública en Moa donde cursaba estudios universitarios se armó de saberes universales que hoy son un sólido soporte dentro de su filosofía de vida y su literatura, culta, irónica, sentenciosa.
Una cabeza de caballo
Fragmentos
Para José Kozer
Empieza el carnaval. Quedan esquirlas
de la luna en los charcos. En un claro
del bosque entra el jinete. Hay un disparo
(un destello) que logra confundir las
ecuaciones del bosque. Bajo el limo
se establecen los ángeles. Promete
que seguirás los pasos del jinete
sin desprender un fruto del racimo.
Hay la mano de un ángel en la aldaba.
¿Captar el esplendor de la guayaba
o envilecerse en el aprendizaje
de su terrible redondez? Obesas
contradicciones. Frágiles certezas
que te conminan a emprender el viaje.
Señor, ¿los animales prematuros
serán los destinados a la ceba?
Muy pocos logran soportar la prueba.
El periodo especial. Los años duros.
De piedra construimos una balsa.
Un territorio inexpugnable. Extenso
y desafortunado como un censo
poblacional. Una doctrina falsa
nos puso de algún modo en el pellejo
de los que observan por el catalejo.
Olvidamos el uso del sextante
y el astrolabio. Como a simples niños
nos hacen unas muecas, unos guiños.
Nos mandan a buscar otro elefante.
Nos obligan a entrar (estupefactos)
en el prostíbulo. Maldita aldea.
Nos exigen bailar con la más fea.
La más enferma, para ser exactos.
Hemos perdido todos los contactos.
Un ejército, un cáncer, nos rodea.
¿Cruzar la trocha sea lo que sea?
Las plegarias. Las pinzas. Los impactos.
Los anatemas y las alabanzas.
Sucumben los soberbios a las danzas
de la gran meretriz. Sus lentas ropas
bajo el foco descienden. Un engendro
se agazapa debajo del almendro.
Hacia allí marchas. Hacia allí galopas.
(de Más allá de Nietzsche y de Marx, 2015).
José Alberto Velázquez: Los géneros que explora, narrativa, poesía, crítica, salen con un toque personal, para inquietar al lector más acucioso. Arrastra un sedimento difícil de encontrar en otros de sus contemporáneos, textos envueltos en un halo lúcido, lúdico y alcohólico, una nube enrarecida que quema con ironía el mundo que, como un perfecto canalla, intenta hundirlo en la letrina al fondo de su patio. Cada texto sale iluminando después de sobrevivir, junto al autor, las turbulencias de la cotidianidad. Sus libros publicados:
Ha obtenido varios premios en cuento y poesía, tales como “Portus Patris” (2005, 2009), Beca de creación “Incurable” (2017), “Poesía del Sur” (2006, 2007), “El árbol que silba y canta” (2008), “Celestino” de cuentos (2011), Premio Adelaida del Mármol (2016), Premio De la Ciudad de Holguín (2018), Premio La Puerta de Papel (2014). Ha publicado los libros de poesía Yo desierto (2006), En busca del cielo perdido (2006), La burbuja heroica (2012), Ghetto (Neo Club Ediciones, Miami, 2016), La máquina de fallar (2018), así como los de cuentos Fracturas y extrañezas (2012) y Gestos Brutales (2015 y 2017). Su último libro en librerías cubanas es: La máquina de fallar, Premio Adelaida del Mármol, 2016.
Jose, ¿qué es El Círculo de Las Parras?
J.A.V: Bueno, El Círculo de Las Parras es un grupo filial y literario. Ya existía antes de su bautismo. Resulta que mi humilde barraca parece tener buena onda y amigos literarios y extraliterarios, humildes que son, no hacen ascos al visitarme. Lo componen tú mismo, una especie de pionero, y, en fin, los consabidos Esquivel, Castell, Serrano, y un etcétera de lectores a medias y bebedores totales… La última adquisición parece ser la actriz, poeta y novelista Ana Rosa Díaz Naranjo, de quien sospecho ya habrás oído hablar. (J.A. Velázquez, fragmento de entrevista concedida este año para la revista Puente de Letras).
Boiling
Soy una rata burguesa. Debieron
extirparme los ojos la noche en que nací.
Sueño desesperadamente con cruceros.
Una procesión de lujo junto al mar me obceca.
Oscuridad. Que la tormenta deshaga el festín.
Lentas cortinas de lluvia se abaten sobre la costanera.
Yo, rata simbolista, en sólo seis risibles versos
he roto con mi pasado de limosnas.
En sólo seis (o nueve, o mil) versos
he gozado de un futuro próspero
en puñaladas y listillas negras.
Vaya: te ofrezco este lirismo núbil aunque podrido-
Es necesario el beso: daré con mi soledad en la costa-
Pero antes –antes verá cómo escapas con un niño bien.
Soy una rata débilmente burguesa.
Debieron extirparme los ojos –verdes, nada menos-
La madrugada en que traicioné a Dios, a mi madre
y al silencio.
Oración de la tarde
Para Carlos Téllez
Abre tu paraguas en la selva.
Camina con cuidado: hay un temible silencio
que escapará al menor ruido;
espejismos suicidas,
y, por sobre todas las cosas, ángeles.
Abre tu paraguas en la selva: al verlo
tal vez Dios se acuerde de la lluvia.
(de Yo desierto, 2006)
Frank Castell, poeta y realizador audiovisual. Tiene publicados los libros: El suave ruido de las sombras (2000), Confesiones a la Eternidad (2002), Corazón de Barco (2006), Final del Día (2012), Salmos oscuros (2013), Fragmentos de Isla (2015). Se ha declarado escritor independiente, por esa causa no lo querían dejar salir de Cuba. Con El solitario oficio de la resistencia acaba de ganar en su 3ra. edición el Premio Hispanoamericano de Poesía de San Salvador, por un jurado compuesto por: Raquel Martínez, Antonio Praena y Fernando Valverde, el cual en la 1ra y 2da fue obtenido por la argentina Luciana Jazmín Coronado y Javier Alvarado, respectivamente. Este último llegó a Holguín años atrás en busca de Delfín Prats y junto a Luis Yuseff le hicimos una visita al poeta.
Frank ha resistido todos los embates de la vida y la burro(cracia) en el país natal. Apostó a las letras y no ha desistido de su empeño de denunciar la miseria, el amor, el desatino, la demencia con que vivimos los cubanos que no pudimos o apostamos no irnos de la Isla hacia sueños y suelos prósperos.
Mi amigo abre un pozo y encuentra un país
Fragmento
a José Alberto Velázquez,
Es mejor cavar un pozo
que sonreír sobre los puentes…
Cavar un pozo me hace libre
y hasta sueño la continuidad
de mi esperanza.
Cavar y resistir,
cavar y ser el único,
cavar y ver el cielo
desde el dolor profundo.
(de El solitario oficio de la resistencia).
Castell es un poeta incómodo para la oficialidad, sin ser un disidente confeso, el que no lo sea que levante la mano, aunque lame botas, platos, en cenas gubernamentales.
Estos poetas conocen el hambre, el bolsillo vacío, la mesa en vilo, el sufrimiento de los hijos, y todo ello se lee en sus libros, y peor, en sus rostros, y se vive en sus hogares, los que he tenido el honor de visitar.
Habitante de la noche,
fragmento
El corazón,
las razones,
los enigmas,
ya no me representan.
Soy el resultado del silencio,
bajo perfil en un lugar agreste
donde se lanzan los cuchillos
por azar.
(de El solitario oficio de la resistencia).
Tengo su libro El solitario oficio de la resistencia subrayado de pe a pa, pero preferiría que lo buscara en El Salvador o en Madrid y compartiera su lectura conmigo, y con otros amantes de la poesía y la denuncia.
Aquí van quedando cuatro paladines, cuatro escritores cubanos de primera línea, cuatro casi desconocidos para el mundo exterior. Cuatro fuera de Liga.
De la poesía de estos cuatro autores ha dicho uno de los poetas más grandes en cualquier lengua, José Kozer al leer un manojo de poemas de los susodichos: JOSÉ ALBERTO VELÁZQUEZ: sorprende el flujo, ritmo contenido hacia lo incontenible, ídem dolor (angst) que se revela y manifiesta, pero con comedimiento que evita caer en el aspaviento, el mírame y no me toques, la sensiblería ad usum et ad abusum tan corriente en la poesía en lengua castellana, no es la única. Se podría a mi juicio, pegar tijera aquí y acullá eliminando alguna que otra exaltación que empobrece y cierta epatante necesidad (no se abusa) que por igual a mí me molesta. Por lo demás, qué duda (me) cabe, un poeta. FRANK CASTELL: evidencia una pugna interior y verdadera, a un lado lo actual y presente, lo visible, y como aparente contrincante (no creo lo sea) la necesidad de hurgar en asunción rumbo a trascendentes posibilidades intuidas, imposible (el poeta lo sabe) de corroborar. Los versos se suceden más bien tranquilos en su estado de rispidez y de angustia, en soledad que se desea solidaria, en la desconfianza dolorosa ante la experiencia propia del propio contexto (cubano) y el momento actual (global) desesperanzador. Sentir que se le está echando guindas a la tarasca. El lenguaje fluye bien, bien los ritmos, es normativo y podría enriquecerse desde la riqueza de la propia experiencia y necesidad poéticas. J.L. SERRANO: muy interesante, con un lenguaje complejo que da frutos reales y traslaticios, con posibilidades de escritura en estado continuo de crecimiento, auguro. Un poeta a tener muy en cuenta, ya y en adelante. CARLOS ESQUIVEL: me alegra leer esta poesía que siendo cubana remueve lo cubano y se mueve en direcciones que van volviendo la poesía cubana en una poesía abierta, tumultuosamente tranquila, no señera y soberana, sino rala e inmensa. Poeta referencial, estructuras ortodoxas en las que incrusta la propia desazón arraigada en la desazón de la patria devastación, la construcción en la ruina y con las ruinas ir trazando desde el polvo y la caída (el gordo Lezama cae, qué no habrá desfondado) y mediante la ironía una continuación discontinua, una poesía que con otros poetas de su generación van desbrozando calidad en caminos más inéditos que se acercan a la necesidad de lo ulterior, que está a la mano, intuyen.
Escribir sobre amigos puede tornarse terreno movedizo.
Llegué a la vida y obra de los cuatro por la maldita circunstancia de la poesía, es por ello que los dejo a su criterio.
Posibles e impasibles lectores busquen sus libros en Amazon, encárguenselos a alguien en Cuba.
Estos tristes-felices gatos cubanos son escritores de linaje, de primera línea, referentes de la literatura escrita en la Isla. Cuatro incomprendidos, no pierda la oportunidad de conocer la obra de cada uno de ellos. Miembros de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba y el Registro del Creador Literario.
Las Parras, aldea perdida en la geografía cubana, terruño donde el gordo José Alberto Velázquez, finge ser escritor, es, más que nada, esposo, padre de familia, y un gran amigo.
P.D: No viven en Budapest, Berlín o Buenos Aires, son cubanos condenados “a la maldita circunstancia del agua por todas partes”, busquen en Amazon Ghetto, uno de los mejores libros de poesía en lo que va de este siglo, de José Alberto Velázquez, y la antología: Tres tristes cubanos y un gato feliz ambos por Neo Club Ediciones, en este último encontrarán textos de estos cuatro integrantes de “El Círculo de Las Parras”.