Nostalgia

Jorge Chavarro

No soy un gran radioescucha, sé que aún existen y que la radio acompaña a muchos en su diario vivir, aunque en ocasiones hago fugas al dial, al comienzo o al final de la jornada laboral, generalmente para escuchar noticias.

Hace unos días escapé de la música que me compensa de la monotonía de la autopista y me pasé a la radio. Caí en una emisora hispana que emite desde Los Ángeles y no desde Houston. No me extrañó, las ondas Hertzianas también se globalizaron, me quede escuchándola quizá por el imán de la seductora voz de la conductora del programa. Femenina, dulce, firme y segura.

En pocos minutos el contenido de los discursos me sacó de “onda” y decidí retornar a mi archivo musical. En el lapso mínimo en que el índice se disparó a buscar los iconos del tablero sin descuidar la vista del camino, ocurrió el milagro. Aquella voz le sugirió a la audiencia que llamaran para contar que canción los transportaba a los mejores recuerdos de sus infancias, y remató con ejemplos.

Por eso me quedé anclado ahí el resto del camino, a pesar de no haber sido capaz de identificar la mayoría de las canciones propuestas por la audiencia y de no entender cómo canciones de muerte pueden asociarse con bellos recuerdos, pero, en fin.

Y no pude irme porque yo tampoco tuve dudas acerca de cuál ha sido mi canción de la nostalgia en al menos las últimas dos décadas.  Me transporta a algunos de los mas felices recuerdos de infancia y adolescencia. Claro, entiendo que en la audiencia angelina debe ser una rareza una canción suramericana, y lo mas cercano a nosotros que se propuso pero no sonó, fue la canción de Gloria Estefan: Mi tierra. Ese, claro está, es un himno que abarca todas las diásporas del mundo y no solo al pueblo cubano o los hispanos: https://www.youtube.com/watch?v=WWAWQmhqWGo.

No fue la proximidad de nombre de la canción de la Estefan con la mía lo que me condujo a ella. Cuando la voz ratificó la propuesta, recordé al instante una con extrema vecindad entre su mensaje y mi nostalgia.

Tenía cinco años, seis a lo sumo, la primera vez que mis padres me enviaron “encargado” con un amigo suyo a visitar a mi abuelo. El único que conocí, los otros murieron antes de nacer mis hermanos y yo. De ahí nace la imagen imborrable; la que me golpea cada vez que la nostalgia embiste es la de ese pueblito, sumido en un valle entre las montañas de Santander, Colombia. Rural aún hoy que produce el mejor café del mundo, el Bucaramanga Supremo, que la federación nacional de cafeteros empaca aparte cuidadosamente etiquetado, casi todo para consumo foráneo, así son ahora las cosas.

Entonces el viaje desde Bogotá era largo, duraba todo el día, no las siete horas de ahora. El bus salía de madrugada y llegaba al pueblo cuando ya la noche borraba el paisaje. Entonces, al filo de la montaña aparecía el pueblo. Allá en el fondo del valle, un montón de “luces chiquiticas” alertaba que estábamos llegando. Al sol de hoy si oigo la canción, esa pequeña joya del grupo Niche: Mi pueblo natal, “no puedo evitar que los ojos se me agüen”. Óiganla ustedes y juzguen no más, y si no les hace sentir nada, que pena. https://www.youtube.com/watch?v=yyA4W_vhdHU&start_radio=1&list=RDyyA4W_vhdHU&t=175

Después los viajes fueron con mamá y mi hermana, más tarde ya habíamos nacido todos y éramos una pequeña tropilla que viajaba sola.  Además con los años y la nueva carretera, se llegaba al pueblo todavía con el sol vespertino. Mi madre, mujer pragmática y enérgica forjada por los golpes de la vida, no parecía hija de aquel anciano dulce y consentidor que me arrebató un pedazo del corazón.

Hoy día, el paisaje se habrá vuelto urbano, y los paseos a los fondeaderos del rio, no serán ya cosa de largas caminatas llevando de la mano a la noviecita de esas vacaciones, pero sus imágenes siguen intactas en la nostalgia que se acrecienta en esta tierra norteamericana, que hemos aprendido a amar, y que es tan distinta.

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.