

«En Langenbroich la soledad es, tambiÉn, un don de la naturaleza. QuizÁs por eso, el premio Nobel alemÁn Heinrich Böll eligiÓ este pueblito cercano a las montaÑas Eiffel, en Alemania, para establecer su casa de campo, el sitio donde escribiÓ una buena parte de su obra. Y esa tranquilidad espesa, apacible, que sÓlo puede dar la soledad cuando es bien recibida y aprovechada, estaba ya en los ojos de ese Alexander Solzhenitzin que reÍa mientras caminaba por el campo junto a su anfitriÓn alemÁn, en la fotografía que nos acompaÑÓ durante varios meses en la inmensa baranda de la casa situada en la calle Heinrich Böll 22.
Arian Leka llegó a Langenbroich cuando el invierno se habÍa ido y la primavera llenaba de bullicio lo que apenas días atrÁs había estado en un casi absoluto silencio, exceptuando las ventiscas, y el graznido de algÚn cuervo solitario.
Fue mi amigo primero, luego de compartir largas conversaciones en inglÉs donde los temas giraban sobre Cuba y Albania, las similitudes entre la dictadura comunista en su paÍs y lo que Él seguÍa llamando "la toma del poder por Fidel Castro", aÚn cuando yo le insistía en que una vez se llamÓ "Revolución Cubana" y fue un proceso que muchos vimos esperanzador y hermoso. HablÁbamos de mis hijos en Cuba (el menor se unirÍa a nosotros, allÍ en Langenbroich, dos meses despuÉs), de la inteligencia casi sobrenatural de sus hijos Xhoel y Xhoan (gemelos), de las comidas cubana y albanesa. En esos primeros momentos no hablamos de sus libros, ni de los mÍos. Luego vino el asombro cuando nuestra anfitriona, Sigrun Reckhaus, Gerente de la Casa Heinrich Böll, me enseÑÓ la revista Poetheka, que Él dirige, me comentÓ que era un muy reconocido editor y me dijo en su perfecto inglÉs: "At present, he is the most important writer in Albania".
Entonces nuestra amistad adquiriÓ una dimensiÓn distinta: empezamos a compartir nuestros sueÑos literarios, los retos que tenÍamos que enfrentar en nuestros paÍses para ser escritores, el impacto de los oportunismos y los totalitarismos en las literaturas nacionales, las similitudes entre el bloqueo cultural que, por razones distintas, sufre Cuba como isla y Albania como pequeÑa naciÓn adonde, segÚn sus palabras, "casi todo llega tarde".
Una tarde le dije: "dame la que creas tu mejor novela y se la presento a mi editora en EspaÑa, quizÁs así podamos romper un poco ese bloqueo de la literatura en Albania". Me enviÓ por email unas cuantas hojas, traducidas, por supuesto, al inglÉs, con mÁs de doce importantes crÍticas a la mÁs reciente de sus novelas. Y me asombrÉ de cÓmo periÓdicos y crÍticos de diversas tendencias y polÍticas coincidÍan en seÑalarle como "la gran revelaciÓn de las letras albanesas".
AsÍ, para seguir rompiendo ese bloqueo absurdo que impide el conocimiento de una tierra de grandes poetas y grandes narradores, naciÓ esta entrevista.»
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Cuando cayó la dictadura en 1990 -un año después de que lo hiciera el muro de Berlín-, frente a nuestra literatura se alzaron numerosos muros invisibles, más aún que durante la dictadura comunista. El primer problema era la relación entre nuestra herencia cultural y el realismo socialista, constituido modo de escritura habitual en nuestro pasado cercano. Omitiendo unos pocos casos, nuestra literatura era esquemática, antiartística, en resumen, antiliteraria; la mayoría de los libros de este período eran, sencillamente, una vistosa forma de propaganda. Es muy difícil comenzar sin un precursor, sin un padrino artístico: es ni más ni menos como andar a tientas. Nuestros precursores -o más bien aquellos en quienes nos fijábamos-, no eran los escritores tradicionales sino los de fuera del país. La experiencia fue nociva para quienes intentaron encontrar en otro autor lo que debían hallar en sí mismos; era una especie de imitación tardía y todos terminaban siendo epígonos en tema y estilo. Muchos escritores, experimentados o no, comenzaron a escribir como Hemingway, Kafka, Dino Buzzati, Cortázar, Wislawa Szymborska, García Márquez, Silvia Plath, Milán Kundera, Emily Dickinson, etc., sólo porque era "seguro, exitoso y moderno", pero también una manera de vivir en los muertos, un teatro de sombras. Fue un virus, una infección hasta 1996 o 1997. Soplaban vientos de libertad y cada literatura experimentaría la apertura a su manera.
Otros escritores viajaron hasta los comienzos de la literatura moderna albanesa, a comienzos del siglo XX, para intentar hallar su propia cuerda. Buscaron allí la conexión y así poder beneficiarse de las nuevas experiencias escriturarias. Primero tocaba liberar al lenguaje artístico albanés de la petrificación, la santurronería y de la idea artificial de "los grandes temas". A partir de aquí comenzó a usarse la diversidad como herramienta de expresión. Esto fue -y lo es aún- muy difícil, porque no se debe olvidar que nuestra literatura no proviene directamente de ningún movimiento literario del siglo XX. Sobre todo, se debe tener en cuenta que ni los escritores ni los lectores estaban al tanto de los nuevos estilos, la nueva literatura. Todos éramos extemporáneos. Todos éramos clásicos que daban sus primeros pasos.
Actualmente, gracias a un pequeño grupo de escritores talentosos y de excelente preparación, creo que estamos en una situación mejor. Y no sólo teniendo en cuenta a la nueva generación, sino también a los mejores autores de la "generación vieja". Hay excelentes narradores con varias novelas y otros libros de prosa; hay buena poesía. Se ha logrado contar, aunque no de manera extensiva, con buenos editores, con lectores más atentos, con revistas y algunos eventos internacionales o concursos literarios de cierta importancia. Sin embargo, no creo que sea para mostrarnos eufóricos -como usualmente nos sucede a la gente de los Balcanes y del Mediterráneo-: hasta este momento no tenemos una literatura completa sino algunos buenos narradores y algunos buenos poetas.
No es sólo uno.
Tenemos un destino, un sino que es al mismo tiempo una fatalidad. Me refiero a nuestro idioma. Se dice, de manera estereotipada, que el nuestro es un bello idioma; se cuentan las vocales, las consonantes y los sinónimos. Esto suele ser sencillo y común. Sin embargo, el idioma albano es muy antiguo y fuerte, con muchas expresiones directas y con temporalidad gramática. Y esto es para el escritor una oportunidad por las facilidades de estilo y maneras de narración que ofrece. Insisto en el idioma porque, como escritor, lo reconozco como nuestra materia prima, la muestra de un modo de pensar, de nuestra memoria histórica y prehistórica. No estoy seguro de si fueron los albaneses quienes hicieron el idioma como es actualmente o fue el idioma quien moldeó a los albanos a su semejanza. Nosotros y nuestra lengua somos una misma cosa, el mismo sino, la misma suerte, la misma fatalidad. Deberían oír nuestras canciones antiguas, nuestros cumplidos, nuestras "malas palabras" para comprender esta relación. Somos diferentes.
Otro asunto es que nuestro idioma tiene un pequeño número de hablantes y existe y ha existido bajo la presión de los "grandes idiomas" de nuestra región, una región donde nacieron dos grandes mitologías o culturas como lo son la helénica y la latina. Nuestra cultura y nuestra lengua vivieron cerca de estas grandes culturas y les fue muy difícil sobrevivir. Más tarde hubo un período inmensamente largo de ocupación otomana, y todo esto ha dejado huella tanto en el idioma como en la mentalidad: mezcla de oriente con occidente y a la vez no ser una cosa ni la otra. Fue difícil y lo es aún hoy. No ser una cosa ni la otra es peligroso para una cultura.
Volvemos al idioma para abrir otra puerta. Sé que nuestro idioma es difícil de aprender y sé también que nuestro país estuvo aislado por muchos años. Y esto provoca otro gran problema: la traducción, el intermediario. Ni anteriormente ni ahora, ni dentro de Albania ni en otros países, hemos contado con traductores que trabajaran a favor de nuestra cultura o nuestra literatura. No tenemos almas libres y desinteresadas que se preocupen por la promoción y el desarrollo de la literatura en Albania. Tampoco es habitual que un escritor de gran reconocimiento recomiende a otro escritor joven, ni lo es fungir de padrino o mecenas. El estado, u otros organismos, no ven el interés, ni se sienten capaces de "exportar este producto", como se suele decir en estos tiempos de capitalización de la cultura. Tenemos un agregado cultural en cada país, pero ¿para qué? En cualquier caso, la promoción de la literatura albana en el exterior no es lo más importante, es la segunda parte del problema. Lo principal es tener una buena literatura albana para los lectores albanos, promover dentro del país, crear un buen clima y, sobre todo, aprender dos cosas: trabajar y tener paciencia. Las dictaduras y los despotismos, no sólo los comunistas, nos han hecho desdeñar el trabajo, el aprendizaje a través de los errores propios y ajenos. Anteriormente se tenía éxito, se era famoso o se tenía una buena posición no por mérito propio sino, porque alguien tenía la voluntad de que así fuese, porque alguien lo decidía. Ahora la situación está completamente al revés. Algunos pocos pueden pagar con dinero o servicios su parcela de fama. Pero esto es apenas una ilusión, una frivolidad. Ahora el prestigio lo da el trabajo.
Es doloroso escuchar decir a los autores albaneses a quienes les gusta ser traducidos fuera del país: "nos traducen en otros sitios, ustedes no me conocían, pero el mundo...". Y esto sólo para pretender dar la imagen de su poca fortuna con los lectores nacionales y con nuestro pequeño idioma. No creo, además, que los escritores se puedan plantear como objetivo ser reconocidos internacionalmente primero, para que ese reconocimiento se manifieste, después, en su propio país. El caso de Constantino Kavafi, quien fue muy famoso en Grecia sin vivir por mucho tiempo allí, no es muy usual. Ser publicado en revistas literarias foráneas no significa el triunfo de una literatura, cuando más un regocijo personal. Es como tener una licencia falsa, una licencia importada que nadie reconoce, como el hijo bastardo de un rey: no puede reinar.
Detrás de estos se parapetan el resto de los problemas, quizás de corte más institucional: crítica, premios literarios serios, promoción, asociaciones de escritores, traductores, editores y libreros. Lamento mucho tener que reconocer que después de 16 años de libertad no hemos sido capaces de lograr estas cosas, que no formemos parte de los grandes sucesos del mundo cultural. De modo metafórico suelo decir que Albania está cercada de vías ferroviarias que los otros países han construido hasta nuestra frontera. Para estar conectados a estas vías, para estar en la misma senda que el resto de los países, estamos obligados a construir nuestra parte de la línea. Es decir, estamos obligados a trabajar. Desafortunadamente, no siento un optimismo ciego sobre el tema, sencillamente tengo esperanzas. Nuestra cultura ha estado en situaciones mucho peores que la actual, por tanto, creo que queda sitio para la ilusión.
Por
Rafael
Alcides
Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
Por
Amir
Valle
Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...
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Alejandra
Costamagna
"Hay hijos que nunca vieron a su padre, ni en fotos. Y hay otros que probablemente estén llenos de fotos de su padre, y sin embargo nunca lo hayan visto bien, o nunca se hayan tocado el alma"...
Por
Armando
de Armas
Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...
Por
Edmundo
Paz Soldán
Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.
Por
Ladislao
Aguado
Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...
Imagen de portada:
"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005