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Trabajo como editor hace más de diez años. Dirijo una rama de publicaciones sobre literatura moderna, tanto de Albania como extranjera. Es una mezcla de pasión y profesión en una misma cosa. Publicar es tener la oportunidad de dar a los autores una segunda vida en forma de libro, de brindar la coyuntura para vivir en otra lengua, conocer a una mayor cantidad de personas y ayudar a alguien que ni siquiera conoces o conociste. Más allá del imaginario, es un trabajo muy duro y quizás para un escritor sea incluso un empleo peligroso porque te crea una evocación artificial de la vida a través de los libros. Estás amenazado por la saciedad y la posibilidad de que un placer se transforme en un simple oficio. Sin embargo, es muy reconfortante encontrar un talento y darle la posibilidad de una nueva senda. De todas maneras debo reconocer que me siento mucho más próximo al trabajo creativo, a la prosa y la poesía de mi generación, la literatura escrita después de los 90.
No soy un traductor en sí. Me gusta traducir, en primer lugar lo que me gusta, después aquello de lo que estamos desprovistos, lo que no está en las librerías. Para mí, el traductor y la traducción tienen la misma relación que un misionero y su misión. He traducido poemas de Borges, de Manuel Vázquez Moltalbán, algunos de Whitman, otros de Hemingway; a grandes poetas italianos como Eugenio Montale, Salvatore Quasimodo, Dino Campana, Cesare Pavese; ensayos de Italo Calvino y cuentos de Andrea Camilleri y Tommaso Landolfi.
Poeteka ha tenido dos ediciones hasta ahora y ambas se han efectuado en Durrës, la ciudad cultural más antigua e importante. Son siete días durante los cuales poetas de 13 países de Europa como Portugal, Italia, Eslovenia, Croacia, Rumanía, Austria, Holanda, Grecia, Macedonia, Albania, Kosovo, etc., leen, debaten y comentan sus poemas en este paraje antiquísimo. Mi impresión es que Poeteka, como festival internacional de poesía, no es un simple festival, sino un movimiento espiritual que demuestra lo que somos y que es nuestra obligación expresar lo mejor de cada uno de nosotros. En cada cultura ha habido un neoiluminismo, ¿por qué no en la nuestra? Lo necesitamos, incluso si llega un poco tarde.
He reconocido influencias principalmente cuando he visto la posibilidad de mostrar nuestra literatura o a algún buen escritor albanés a través de mi referencia. Cuando alguien me pregunta sobre el tema en festivales internacionales usualmente nombro albaneses representativos de nuestra literatura. Una manera de reconocerlos y también de que se publique algo de ellos. En este sentido, se han publicado algunos buenos poetas albaneses en revistas importantes de Europa. Y estoy seguro de que sus obra han sido de muy buena calidad.
El último, aún sin publicar, una nueva novela dedicada a los extranjeros, los raros, los forasteros, como lo hemos sido nosotros los albaneses una y otra vez tanto en nuestro país como fuera de él. Este libro no es para contarle a los albanos sobre el mundo, sino para contarles al resto del mundo acerca de nuestro pequeño y extraño pueblo.
Para mí es importante la vida, sus sensibilidades y no vistas como un simple cuento que se repite a través de la escritura. Me siento cercano a temas como la relación entre generaciones, especialmente en estos años. En este momento nos encontramos en un punto de la historia de la humanidad donde parece que las generaciones no pueden aportarse nada unas a las otras. El mundo se mueve demasiado aprisa y es difícil transmitir la experiencia o los errores -o sea, tanto éxitos como fracasos. Todo parece volverse antiguo demasiado rápido, tanto los objetos como las ideas. Tenemos viejas enfermedades con nuevos nombres, en nuestro cuerpo, en la vida, en la sociedad, en las instituciones. La paradoja es que desde todos los sitios se proyecta la idea de "joven para siempre", del éxito, de ser siempre firme, irrompible; lo mismo y lo opuesto del "hombre nuevo" socialista. La gente vive cada vez mayor cantidad de años gracias al bienestar. Se puede crear cualquier cosa, se puede por radio controlar todo y a muy vastas distancias, como vía satélite. Pero no se puede crear una vida personal, pequeña y adorable, colmada de tiempo y detalles. Es nuestro Paraíso Perdido moderno. La vida es más colectiva que nunca y sin embargo el sistema social es el más personal y egoísta. Para mí hacer una revisión de todo ello de manera literaria resulta lo más interesante. El tiempo -ese oro de ley de 24 quilates- lo es también. Y el asunto de la fe, no sólo visto desde la religión. Todos nosotros, la humanidad, nuestra civilización de Oriente y de Occidente, todos, tenemos un contrato tácito. La distancia entre nosotros es inmensa, pero no podemos olvidar ese contrato. Y es porque es un contrato de fe. Sin él, nada es posible. Desde mi punto de vista todo se reduce a la fe, desde una gota de agua que bebemos hasta la idea más abstracta acerca de Dios o la Creación.
Traducido por Yomar González
Por
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Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
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Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...
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Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...
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Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...
Imagen de portada:
"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005