

La Habana, 4 de abril de 2007
Sr. Naín Nómez
Santiago de Chile
He solicitado a la Consejera de Asuntos Académicos de nuestra Embajada en Santiago que le haga entrega de esta carta personal ante su reiterado silencio, lo cual hace sumamente sospechosa su actitud, tanto más cuando según palabras textuales que me comunicó el Sr. Roberto Fernández Retamar usted le prometió escribirme.
Usted sabe bien que desde que descubrí por azar el bochornoso asunto en el que usted está involucrado, le escribí una misiva de extrema cortesía dándole la oportunidad de esclarecer con rapidez ante mí su insólito acto; quería resolver el problema de la mejor manera, incluso así se lo hice saber también de inmediato a varios funcionarios de Casa de las Américas y en especial al propio Retamar dada su implicación en este asunto. Sin embargo, usted optó por callar; no obstante, queriendo disuadirlo, le reenvié tal mensaje en días sucesivos: los resultados fueron idénticos: silencio total de su parte (y de la Editorial, pues la carta iba también dirigida a la directora de la misma).
Su postura me confirmó que desde el primer momento usted era consciente de estar perpetrando un hecho ilegal, de no ser así ¿por qué eludió la confrontación? La única persona autorizada para permitirle aparecer a mi lado en coautoría era yo, el autor real del libro. Sin embargo, usted prefirió operar en las sombras, a mis espaldas, pues nunca se comunicó conmigo ni quiso hacerlo, a pesar de conocer de sobra que eso era fácil lograrlo. Mas usted sabía bien que de haberme consultado, y en el supuesto caso de que lo hubiera aceptado como coautor, le habría puesto ciertas condiciones legales y otras de perfil editorial que son elementales hasta para un novato en estos menesteres. Pero como eso no le convenía porque le habría restado protagonismo (cosa que tampoco le era ajeno), optó por lo más bajo: la apropiación indebida del derecho de autor.
Usted no es ni incrédulo ni desajustado mental. Por ello, y ya puesto en claro que usted cometió ese delito, resultan en verdad ridículas sus excusas ante Retamar en cuanto a que lo hizo porque "actualizó" la obra, y en lo relativo a lo de su nombre en primer lugar en el libro Manuel Rojas. Estudios críticos, que se colocó así debido a una cuestión de "orden alfabético". Mire, desde que usted salió de La Habana con mi libro ya usted había proyectado muy bien lo que se quería llevar a costa de mi esfuerzo.
En algún momento de su conversación con Retamar en La Habana, probablemente usted se aprovechó de alguna ambigüedad para "entender" lo que le convenía. No creo que Retamar de manera consciente fuera a provocar una grieta que sería muy peligrosa para la Casa de las Américas. Usted seguramente manipuló sus palabras y como fueron solo palabras basadas en principios de eticidad y solidaridad, sin mediar un documento, pensó que el tiempo haría el resto. Pero usted no puede engañar a nadie con su acto, usted sabe que no hay excusa alguna para lo que ha hecho.
Primero: porque si usted respetara de verdad la memoria de Manuel Rojas y la decencia intelectual, y si en verdad usted hubiera sido solidario con la Casa y lo que esta representa para América Latina, hubiera hecho los esfuerzos necesarios para que ese libro (que la crisis de nuestro país puso confiado en sus manos a través de Retamar) se hubiera publicado sin usted pedir nada a cambio y mucho menos sin lesionar mi autoría, eso lo hubiera mostrado en una imagen distinta a la de hoy.
Segundo: usted sabe que su "actualización" fue mínima. Añadir cuatro trabajos y escribir unas palabras introductorias ¿son razones suficientes ante mi compleja y fatigosa labor de más de 480 carillas mecanuscritas, las que usted llevó y de la cual conservo una copia en mi poder? Además, una simple ojeada a las fichas de autores que preparé, confirma que su labor de "actualización" fue sumamente ligera. ¿Cómo es posible que autores que fallecieron en estos últimos años como los bien conocidos Enrique Anderson Imbert y Fernando Alegría aparezcan sin el dato de la fecha de muerte?
Tercero: ¿No sabía usted que las hijas de Rojas y una solidaria amistad de la Biblioteca Nacional de Chile me ayudaron cuando hacía esa obra? ¿No sabía que las hijas de Rojas me enviaron fotos de su padre que aún conservo, que además revisé la iconografía del autor atesorada en la Casa y materiales inéditos escritos por él en Cuba? ¿No sabía que Isidora Aguirre en los años 80 me dio valiosos testimonios personales de su amistad con Rojas y que a petición mía preparó de manera exclusiva su testimonio para esta obra? ¿No sabía que conservo hermosa carta de Carlos Droguett desde su estancia europea de cuando lo invité a participar en la Valoración? ¿No sabía que la foto de la cubierta del libro la seleccioné yo con la aprobación de Chiki Salsamendi, por entonces directora de Prensa de la Casa de las Américas? ¿No sabía que hablé con muchos escritores de Cuba y América Latina que conocieron a Rojas y que en no pocos casos fueron sus amigos? ¿No sabe que en mi investigación encontré materiales de la primera visita a Cuba de Rojas antes del triunfo de la Revolución en la Biblioteca Nacional José Martí? Y para no hacerle tan extensa la historia de cómo hice ese libro, sólo me resta recordarle algo que le puse en la carta que le remití el día 7 de febrero: ese libro lo revisó todo aquí en La Habana, en 1988, Fernando Alegría, quien fue amigo de Rojas y quien me hizo el honor de brindarme su amistad y confianza y de decirme la noche en que lo analizó en el Hotel Presidente: "Mi estimado Emmanuel, esta obra es el mejor homenaje a Rojas, has hecho un excelente trabajo, ahí está todo lo más importante sobre él, te felicito, hace falta que se publique pronto."
A esta altura de las cosas, concluyo:
- Por su triste actitud, desautorizo que su nombre aparezca a mi lado en próximas reediciones de la obra.
- Cualquier interés de reedición del libro por la Editorial Universidad que lo publicó, u otra, deberá verse conmigo cualquier detalle para su autorización.
- Deberá reescribirse la nota de contracubierta, texto evidentemente confusionista, dirigido a darle a usted un papel que no merecía, lo que evidencia su mano oculta en la redacción de dicho texto.
- La Editorial Universidad deberá publicar en un diario chileno de gran circulación una nota aclaratoria donde hagan saber mi papel decisivo como autor principal del libro Manuel Rojas. Estudios críticos.
- La Editorial Universidad debe enviarme, a través de la Embajada cubana en Santiago, los libros que me corresponden como autor real de la obra.
Por último, Sr. Naín, le reitero que usted incurrió en al menos dos delitos: apropiación ilegal de derecho de autor y afectación intencional de prestigio intelectual hacia mi persona al manipular mi nombre en la cubierta del libro, notas de solapa y copyright, amén de desvirtuar en la nota de contracubierta mi papel de autor principal para insuflarle aliento protagónico a su figura.
Le informo además que amigos escritores de Cuba y de otros países que se enteraron por Internet de su acción, han estado brindándome su apoyo solidario y preguntándome por su actitud en todo este proceso, dado su silencio me veo precisado a informarles sobre su violación y la seriedad de la misma.
Dr. Emmanuel Tornés Reyes. Investigador, crítico y ensayista Investigador del Instituto de Literatura y Lingüística Profesor Titular de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Miembro del Ateneo de Teoría y Crítica del Instituto Cubano del Libro. Miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País
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