

Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales que hasta entonces habían trabajado por el mantenimiento de los regímenes de poder, se encontraron enfrentados a una realidad que los expelía. "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad", ha contado Imre Kertész, el escritor húngaro.
Los países comenzaban a cambiar, las principales preocupaciones nacionales se centraban en el desarrollo económico, las medidas sociales de compensación y en la instauración de formas democráticas de convivencia en unas sociedades diezmadas en su esencia cívica. Las antiguas bestias negras de la cultura comunista miraban con ojos estrábicos hacia la especie de futuro sin sentido que la Historia les ofrecía a cambio de tantos años de servicio.
Pero los intelectuales, ya se sabe, gustan de los mecenazgos. Tiran de sus vestimentas, entonan una culpa agria y luego del arrepentimiento inicial, bendicen la mesa que los alimenta, aprenden las razones de las nuevas consignas, alzan la copa y comen en paz. Son camaleónicos los intelectuales en el poder. Feos animales que recuerdan las hienas, y sus chillidos de miedo. Y muchos entonaron aparatosos actos de contrición, otros se desbarrancaron en las nuevas estructuras de la política o los negocios, o simplemente, los hundió el peso de su propia anonimia.
Para el día que Fidel Castro no esté en el poder, y el país comience su reconstrucción económica, ¿dónde esconderemos esas mentalidades acostumbradas a los medios silencios, las ningunas verdades y a la autocensura como un eficaz seguro de vida? ¿Cuánta necesidad tendrán de ellos y sus arrepentimientos los nuevos líderes? ¿Qué glorias cantarán entonces, cuáles héroes recibirán las loas de sus versos? ¿A cuál enemigo culparán de sus escasas y mediocres producciones? ¿Cómo azuzar nuevamente los lobos contra las débiles presas?
A lo lejos comienzan a escucharse los primeros lamentos, algunas manos apresan las telas de sus vestiduras y pareciera que sólo esperaran el momento adecuado para tirar de ellas.
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Rafael
Alcides
Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
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Amir
Valle
Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...
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Alejandra
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"Hay hijos que nunca vieron a su padre, ni en fotos. Y hay otros que probablemente estén llenos de fotos de su padre, y sin embargo nunca lo hayan visto bien, o nunca se hayan tocado el alma"...
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Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...
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Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.
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Ladislao
Aguado
Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...
Imagen de portada:
"Martí"
Damaris Betancourt. 2006