

Guillermo Vidal moría un sábado 15 de mayo de 2004 en la plenitud de su carrera, en el momento en que todos los ojos estaban puestos en él y cuando un notable crítico había asegurado que era el más importante novelista cubano después de Alejo Carpentier y José Lezama Lima. Ese mismo día pero siete años atrás había muerto otro de los grandes, Gastón Baquero, con quien quizá podría iniciar una conversación en otro lugar sobre temas que ambos apreciaban.
El mismo hombre que escribiera en uno de sus pocos artículos "aunque uno sabe que la gente se muere y uno desaparecerá cualquier día aún escucho el absurdo de que nuestra obra sobreviva, en definitiva ya no estaré a pesar de todo y no puedo comprender que ese sea un fin en sí para alguien, lo importante viene siendo el propio acto de la escritura, la alarma que me ocurre mientras no escribo y a veces creo que no escribiré más a pesar de ser el mismo Guillermo Vidal de siempre", había dicho a la esposa de un amigo, pocos días antes de fallecer: "Nadie se imagina lo difícil que es el tránsito hacia la muerte".
Esas dos frases puede ser que resuman la ética del escritor consigo mismo, frente a su destino y a la hoja en blanco. Así moría, abandonándonos en un silencio del que empezaría a vengarse dejándose sobrevivir por su obra y regalándonos su ejemplo.
En su corta vida de 52 años publicó 12 libros, de ellos siete eran novelas. Póstumamente se han publicado dos nuevos títulos: un libro de cuentos y otra novela. Y en sus archivos dejó listas para publicar cuatro novelas más, seguramente de indudable calidad.
Quienes lo conocimos supimos que era uno de esos grandes que nunca nos abandonarán. Un hombre de inmensas virtudes. Un intelectual de una ética descomunal, límpida. Y un escritor que para no andarse creyendo cosas, nos decía: "allá el que se crea ese cuentecito de que los escritores somos tipos importantes. Los escritores somos unos grandes comemierdas", así, dicho en buen cubano.
A ese hombre y escritor grande dedicamos nuestro primer dossier de Unos escriben, aunque estemos convencidos de que él no se creerá ninguno de los elogios que aquí hemos colocado.
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"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005