

Viví esos años en una horrible cuartería. Veía a varias personas por las tardes y noches fumar marihuana. Se apartaban de todos, pero se sabía. En una casa varias gentes lo hacían y reían por cualquier motivo. El pasillo de la entrada hedía a rayos. Muchas veces había un niño gateando desnudo sobre el piso. Había un loco que intentaba mirar por los baños colectivos. Yo comía una sola vez y siempre lo mismo. Arroz con frijoles (congrí), los frijoles eran de los que se les llama por aquí "levanta pobres", me bañaba con un jabón casero y me quemaba la potasa. Muchas veces ni siquiera comí, me moría de hambre. Por las noches no había luz y el calor y los mosquitos me enloquecían. Me habían expulsado del trabajo en el Pedagógico por presuntos problemas ideológicos, me llevaron a juicio .Gané el dichoso juicio y me largué a otro sitio. Fue humillante. Mi mujer y yo soñábamos con que aquella pesadilla acabara. Escribí a pesar de todo, a pesar de mí mismo. La gente se veía muy desmejorada y me hacía sentir peor. Hacía poco había ganado el Premio UNEAC de cuento. Creí que me ayudarían a conseguir un cuarto mejor, a salir de aquello. No me ayudaron. Mis colegas no podían creerlo. Yo tampoco. Odio hasta el nombre de Período Especial, de repente comenzaron las tiendas por dólares. Bañarse con jabón de rosas era un lujo, pero fue lo primero que hicimos. Muchas veces me las he visto negras, pero no creo que logre vivir algo peor. Si estás enfermo, hambriento y acosado, entonces vales menos que un perro. Fui un perro. Dormíamos en una cama sin colchón. Apenas una frazada y unos periódicos pero así y todo por las mañanas teníamos las marcas del alambre en la espalda.
Pude ser mejor hombre, mejor escritor. No creo que la miseria sirva para algo como no sea para odiar. Lo he perdonado todo, pero no puedo olvidar lo que ocurrió. Fue peor que una guerra. Una guerra sin héroes, más bien éramos esos perros de la guerra y es muy triste ver a la gente inventando platos mentirosos. Hubo colas para comer una hamburguesa con sabor a plástico. Había que llevar la libreta de racionamiento. No me jodas. Gente peleando por la comida en un restaurante de mala clase. Frente al parque hay uno de pescados y mariscos. Hice la cola dos días seguidos y no alcancé. Me estaba desmayando cuando me dieron un plato de comida que no pude comer apenas, le pedí a esa hada madrina que me lo guardara para el día siguiente. Ya murió esa señora. Dios la guarde.
No habrá una perspectiva sensata de evaluación de nosotros mismos hasta que no pase la primera mitad del próximo siglo, pero estoy seguro de que ciertos hechos históricos marcaron la sociedad cubana y seguramente hay una literatura cubana, pero no en abstracto, sino en libros de cierto número de autores que seguramente no se creyeron los más importantes ni falta que les hizo. Escritores que viven o vivieron en Cuba, con las más disímiles concepciones de la vida, pero "escritores". Admiro lo que hicieron y lo que harán todavía algunos: si uno piensa en Carpentier, Virgilio, Lezama, Soler Puig, Cabrera Infante, Sarduy, Cardoso, Félix Pita, Reinaldo Arenas, Heras León, Senel Paz, Abilio, Sacha, Ezequiel Vieta, por mencionar algunos, ahí tienes para sentir orgullo de poderlos leer.
Morirme. Pues si no me ocurre antes no voy a durar ciento cuarentisiete años o algo así y lo importante es que este es el siglo en el que va a morir todo el que me está leyendo y ya eso es algo. Pero antes podemos aspirar a que la gente sea un poco mejor, esto es, que uno pueda ir por la calle sin tropezar con tanto oportunista, que los desvergonzados sean cada vez menos y más los puros de corazón si esto fuera posible, ya tuvimos en el mundo demasiados crímenes, ya hemos sido vejados, maltratados, desclasificados, nos han tenido a menos y todavía nos queda la ilusión de que puede haber una vida mejor. Al menos en Los Evangelios, Jesucristo dijo "Vengo pronto" y yo creo que esta es la mejor cosa que nos puede ocurrir.
La literatura seguirá como siempre y habrá tipos tan obstinados como yo que escribirán porque ya eso es algo, esos tipos podrían no haber nacido o ser unos bebés actualmente y en la segunda mitad del próximo siglo quizás se pregunten por qué fuimos así.
Y es que vivimos completamente tensionados y yo espero que haya un poco de paz, eso, un poco de paz.
Siempre he sido un lector voraz, de muy joven leía novelas de vaqueros (Silver Kane, A. Rolcest, Marcial de La Fuente Estefanía y también las de Corín Tellado y seguí en las lecturas hasta que en el preuniversitario me las agenciaba para no ir a clases y leer a Tolstoi, Dostoievski, Balzac, Kafka, los leía por placer porque sabía que era importante aunque no supiera por qué. Un día vi a unos que se reunían para leerse trabajos. Inventé una historia. No les gustó y llevaban razón. Después empecé a escribir desaforadamente. No sabía que sería escritor, me interesaban las historias. Ya te dije que a mi hermano le había gustado un cuento. Se llamaba "La puerta del sótano", seguí haciéndolo en condiciones muy difíciles, en un sitio donde no había biblioteca, ni escritores, ni mucha gente interesada. Seguí. Un día le pedí a Dios que quería publicar un libro. No creo que hubiera muchos que le dijeran eso a Dios. En 1979, regresé a Las Tunas después de siete años de ausencia. Había escrito el cuento "El pozo", que luego apareció en mi segundo libro: Se permuta esta casa que obtuvo el Premio David del 86. Fue en el 79 que conocí por primera vez a un escritor de verdad. Era Imeldo Álvarez. Me invitó a una sesión del taller literario. Me escribió unas cartas animándome. Me sentía eufórico, pero no me creí escritor. A principio de los ochenta me invitaron a un encuentro a Santiago. Me hospedé en una habitación con David Lobera, un escritor de Puerto Padre. Me dijo "¿No crees que nos han engañado diciéndonos que somos escritores?". Me quedé frío. Aún lo estoy. Creo que me han engañado, que la gente es demasiado buena o algo así. No me atrevo a leer mis libros publicados. Cuando lo hago, por obligación, veo enseguida las meteduras de pata. Pero cómo pude hacer eso, Dios.
A José Soler Puig lo he querido como a un padre. Me ayudó con su ejemplo, pero también me dedicó horas, tantas que ya no sé si parte de mis métodos de trabajo eran los de él.
A muchos otros les debo tanto que no podría pagarles jamás. Eduardo Heras León, trabajó mucho conmigo, me indicó lecturas, me dijo cosas que debía saber. Onelio, Noel Navarro, Alberto Rocasolano, Waldo González publicó mis primeros textos en revistas. Asistí a varios entrenamientos con mi querido amigo Salvador Redonet. Nunca estuve sólo.
Nunca sé que escribiré al día siguiente y hasta me parece que ya no sabré escribir, me aterra mucho eso, aunque hay veces en que logro algún apunte, pero aún así no me confío, la novela se va haciendo sola, con toda mi incoherencia por medio, me dejo llevar, sin miedo, sin preocuparme por si a alguien no le puede gustar o me puedan censurar. Yo no me censuro. En realidad mi primera novela fue El quinto sol que fue finalista de un Premio Casa. Lo supe porque ese año el jurado de Cuba era Jesús Díaz. Lo encontré en un ómnibus y estaba muy contento con mi libro. Lo había leído muy bien. Los cubanos finalistas fuimos ese año Zoé Valdés y yo. No sabía entonces que Zoé escribiera novelas.
La segunda fue Matarile y tenía tantos libros inéditos que creía volverme loco y no había manera de salir de aquello. Escribí 200 cuartillas y no sirvieron: las rompí porque mi amigo el escritor Ramiro Duarte me dijo que eran una porquería. Tenía razón. Escribí cien más. Las rompí. Después sentí que ese era el tono y escribí muy rápido en medio del monte y a mano.
Sacha me pidió la novela. No se la di. Me envió un segundo aviso y fui a la editorial y le dejé un horrible manuscrito. La novela salió y hablaron de ella. Me gusta lo que se dijo. Las cartas de mis amigos y el miedo de algunos y la indignación de otros.
Ya he dicho que no soy un escritor complaciente. No lo soy.
Escribo sobre temas que no me dejan en paz. No me importa lo que otros piensen. Hago lo que se me antoja.
Disfruté la docencia y padecí el burocratismo y la mala fe de algunos que me hicieron ir de las aulas. Ya pagarán por ello. Aprendí algo de literatura mientras enseñaba, conocí a buenas personas e hice amigos. También enemigos. Allá ellos.
Estoy trabajando con un grupo de autores que se atrevieron a escribir novelas por primera vez. Impartí un ciclo de conferencias y los mandé a trabajar. Especialmente me ocupé de que hubiera un buen comienzo y mucho cuidado con el punto de arranque. Suelen enviarme sus trabajos por e-mail todas las semanas y yo les doy mis opiniones. Evito tensionarlos y no quiero que se parezcan a lo que hago (sería un desastre, claro) les oriento lecturas de acuerdo a cómo escriben. Es una experiencia muy gratificante porque en un año habrá unas cuantas novelas en el aire. Ya uno ha terminado y estoy complacido. Cuatro o cinco novelas habrá de buena calidad. No tengo dudas de ello. Da un trabajo tremendo. Algunos comienzan a quejarse y dicen que no era tan fácil escribir novelas. Claro que lo sé.
Hoy escribo con ordenador y muy rápidamente después de un trabajo previo que es más o menos: orar a Dios, leer algo de Biblia, leer fragmentos de novelas que me interesan y que nunca son las mismas, acariciar algunos libros que me agradan. El ordenador es muy bueno para el novelista si se tiene talento (esa palabra tan confusa). No suelo escuchar música mientras escribo, sólo cuando reviso y depende mi estado de ánimo para seleccionarla.
Escribo una novela, casi dos. Tengo una terminada: La mugre (sobre un doble adulterio y un crimen). Entregué a mi editorial (Oriente) una novela El mendigo bajo el ciprés.
Hay una broma entre algunos de mis amigos acerca de la cantidad de trabajo que realizo. Sin embargo reviso y doy a algunos para que lean y me descuarticen. Soy muy trabajador. Casi un esclavo de la literatura.
Me habría gustado trabajar con Walt Disney, me deleitan los "muñes", también la pasaría de lo mejor narrando deportes, en especial béisbol o atletismo, debe ser delicioso aunque escribir también lo sea.
Empecé a escribir cuando era un estudiante de preuniversitario. Un grupo de condiscípulos se reunía y yo les inventaba historias. Desde entonces no he parado de escribir y lo he hecho al tiempo que trabajo con los más jóvenes, toda mi vida he trabajado con ellos. Osmany Oduardo era el vicepresidente de la AHS en Las Tunas y yo me ocupaba de sus lecturas y de su trabajo y ahora está ganando premios (recientemente obtuvo una mención en el Casa de las Américas y me he alegrado como si lo hubiera ganado yo). A Osmany lo tengo por un hijo más, también Frank Castell se está destacando mucho, es muy grato trabajar con los más jóvenes, no puede uno olvidarse de que los grandes están a la vuelta de la esquina, los he ayudado con satisfacción.
Acaba de salir una entrevista en La Gaceta donde hablo de algunas personas que me han ayudado a mí: Soler, Imeldo, Onelio, Heras, Noel Navarro, Waldo González, Redonet, debí mencionar a Sacha, Curbelo, Carlos Tamayo, Senel Paz, Amir, Róger Avila, Cofiño, a mi familia, y aún a los que me hicieron daño, pues así también se aprende, sin embargo, no me influyen. Mis influencias aparecen por etapas y ojalá que lo sean de cierto, me influyen Faulkner, Onetti, los textos bíblicos, me influyen otros autores que a la vez estarán influidos por otros y es el cuento de nunca acabar.
Escribo para mi vicio, no puedo dejar de hacerlo, puede parecer una pose, pero sé, muy dentro de mí, que no voy a parar, escribo para indignar, para que no hayan demasiados olvidos, para provocar, quizás para protegerme de la locura. Sobre los temas que toco no me he puesto a pensar, pero me interesa el olvido, la muerte, lo desdichado que es el hombre, lo pervertidos que somos.
No hay cosa más discutible que el término realidad, así que doy por sentado que escribo puras mentiras que tienen una base real o pueden ser creídas o al menos probables, escribo más bien de lo probable, de lo que no es y pudo ser y ocurre de algún modo.
Eso que llaman la inspiración la siento mientras escribo a toda mecha y luego me ha quedado tan bien que me pregunto si fui yo realmente quien lo escribió, pero dura muy poco, mi trabajo es casi siempre a pulmón, no se escriben novelas todo el tiempo en éxtasis, aunque ojalá lo lograra. Escribo ahora desde un ordenador, antes lo hice a máquina y también a mano. Casi siempre muy temprano, cuatro o cinco de la madrugada porque a otras horas es impensable con lo que la gente suele molestar. De esta manera he logrado publicar ya, contaré con los dedos... doce o trece libros entre cuentos y novelas y parece que voy a seguir a pesar de que soy, ante todo, un tipo que lee y aprecia y siente una envidia rosa por quien va a leer un libro bueno que ya he leído. No estoy pensando en mis libros, sería demasiado vanidoso creer que los propios libros sirvan demasiado, aunque quizás sí sirvan, sin embargo, mi lector ideal es un joven tímido, como fui leyendo a ocultas de los otros, mientras comprende que el mundo está podrido y nosotros también.
En la literatura cubana actual, aunque no hay que exagerar, hay muy buenos libros y autores en medio de la morralla. Odio los libros pedantes de tipos que quieren decirme "mira cuánto sé. Cuán culto soy". Siguen apareciendo muy buenos libros y hay autores muy distinguibles. Estoy pensando en media docena de ellos, pero no suelto prendas, no es bueno clasificar y crear malos entendidos.
En caso de un desastre espero dar gracias a Dios por salvarme y sentiría tanto dolor por los otros que no podría leer, ni escuchar música, sería el más perdido de los seres humanos, pero la pregunta va por otro lado, así que salvaría la Biblia, unos libros de Javier Marías y Muñoz Molina, Faulkner, un filme como El padrino y canciones de Marcos Witt .
La cualidad que más aprecias: la honestidad
Tu idea de la felicidad: el encuentro del hombre con Dios
Tu idea de la amistad: darlo todo a cambio de nada
El defecto que más fácil perdonas: el olvido
El defecto que más desprecias: el de chivato
Tu ocupación preferida: leer
Tu color: verde
Tu recuerdo más alegre: el nacimiento de mis hijos
Tu recuerdo más triste: prefiero callar
Tu experiencia más insólita: un tipo que me amenaza con una pistola y es él quien se acobarda
Tu experiencia más cotidiana: estoy lleno de amigos y de amor.
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Imagen de portada:
"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005