

Al tipo que iban a fusilar le dijeron que aquel día recibiría visitas de sus familiares, para qué dijo el tipo y no aceptó aquello, ni siquiera solicitó una comida mejor, los pocos familiares estaban muy llorosos e indignados, pero él no quiso salir de su celda hasta que le avisaran, no durmió seguramente, no hizo más que moverse un poco en el camastro, no le importaban los otros solo el tiempo que aún le quedaba en que no estaba muerto, sin embargo yo en mi casa no lo supe sino mucho después, no supe que tuvo una tarde así ni el resto de las tardes solo lo había conocido antes, y uno se olvida, no le sigue la pista a alguien que ha cometido un horrendo crimen, un espanto, yo al menos le había tomado aprecio, era un gaycito blanco y algo grueso y tenía el pelo rizo y corto y su pareja era un indio con bata de médico o algo así, me saludaba cuando pasaban por la casa o me preguntaban por mi nuevo libro o lo que escribía, muy correctos los dos aunque la gente murmuraba de esos, se habían conocido años atrás en otro sitio y habían venido a parar aquí para evitar la comidilla de la gente de su pueblo, a veces recibían visitas y todas las mañanas se les veía marchar a sus trabajos respectivos y no solían estar mucho en casa hasta bien entrada la noche, muy correctos, acaso viendo la tele como un matrimonio feliz, acaso entretenidos con un filme o un libro o un trabajo que hacer, siempre atareados y hacendosos, la gente en los pueblos pequeños no acepta que fueran parejas y ellos me preguntaban con mucho respeto y seguían con sus vidas, después ocurrió toda aquella carnicería con el doctorcito, lo había cortado en tajos mientras le cantaba o cosa por el estilo, era lo que se decía o decían unos polis horrorizados de que alguien tan blando como aquel joven hiciera trizas a su compañero por celos, escribí de aquello para liberarme, leí aquel cuento a varios amigos que hacían ascos y me decían tu morbo anda a cien, no era mi morbo, sino el de aquel joven que mataba a su único amor, hay muchos en la cárcel así, pero a él lo habían condenado a muerte, no le habían perdonado y en el pueblo por mucho tiempo se habló de aquello, la casa quedó deshabitada, hasta que la entregaron a un matrimonio al que no le importaba lo que había ocurrido, no escuchaban los lamentos de la víctima ni el canto de su pareja, la gente vivió horrorizada de haberlo conocido o haberse cruzado unas palabras, como si el hecho de hablarle los contaminara, aún así sentí un poco de lástima por aquel joven al que dejé de verlo, seguí escribiendo sin saber cómo le iba, ni supe que lo habían condenado a muerte por fusilamiento, no creí que fuese para tanto o habrían encontrado otras culpas o no habían sospechado que se habría vuelto loco, para la justicia no contaban más que los hechos y al parecer ese día le dijeron que le permitirían ver a la familia, supuso que sería peor y dijo ya estoy muerto, díganle que ya estoy muerto y siguió en su camastro, esa noche vinieron por él y dio un salto, aunque parecía esperarlo, imagino que muchos estaban informados, al menos lo que ellos llaman el pelotón de ceremonias, tipos con muy pocos escrúpulos y corto de luces que ejecutan a los condenados, les habrían dicho que se trataba de un peligroso recluso que había cortado en pedazos a alguien, les habrían dado un informe sobre el caso y les dirían que los llevarían directamente al sitio de las ejecuciones, supongo que era un día cualquiera para el resto de los habitantes del pueblo, pudo incluso ser un día festivo aunque en general se evita que alguien merodeé por el sitio de las ejecuciones, así que en la noche en que a él lo conducen por el pasillo de la muerte, solo algunos reclusos se despiden, le dicen su nombre o algo para que tenga valor o no le dicen nada con el terror de que serán los próximos, la gente en el pueblo ha comido y ha visto los partidos del béisbol y las novelas o los filmes de la noche o se ha dado unos tragos y los antiguos vecinos ni siquiera hacemos comentarios, porque ha pasado más de un año de aquellos sucesos, aunque hay personas afectadas por la noticia, gente que no puede dormir de lo que ha visto o que necesitó de asistencia médica por un tiempo, también pude estar durmiendo una de mis borracheras o haciendo el amor con dos chicas a la vez en la misma noche en que lo llevaban, supongo que habrá visto el pueblo y todo lo que viera le diera indignación o nostalgia de lo que no verá y sabe que en breve estará muerto y estará aterrorizado o no, nunca lo dicen, no hay uno de esos tarados que diga cómo ha sido la vida del recluso tal la noche de su ejecución, así que uno sólo supone que aquel pobre tipo viaja de pie en una camioneta cerrada y gris y al llegar al descampado donde suelen fusilar, alguien le propone vendarle los ojos y no acepta, solo les llama la atención que aún canturrea un poco para sí y no los mira ni les suplica a los del pelotón, lo amarran en un tronco y las luces de los autos se cierran en semicírculo para alumbrar al joven que ya está muerto, que ya no siente las descargas ni las voces, que se ha muerto en el instante previo de las ráfagas, mucho antes de que trasladen su cadáver hacia el carro fúnebre y lo conduzcan sin mucho miramiento a una tumba del cementerio.
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