Otro lunes. Revista Hispanoamericana de Cultura. Mayo 2007. Antilde;o uno. Número uno

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Datos de la revista, mayo 2007, año 1, número 01
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Salsa Paradise

Guillermo Vidal
Novela inédita (fragmento)

Y ella sonriente descorrió cortinas y estaba toda hembrísima chorreando agua bajo la ducha con cara de te llevo bajo mi piel amor: la mulatísima olvidada de toda vergüenza ahora quiere que la miren. Frente a él se aparta un poco la peluquera del sexo. Amplia y riza, muslos grandes, pechos enhiestos tamaño standard de pezones prietos. Las caderas una locura. La mirada hacia ti pipo un poco descocada. Perro cráneo sulfatándose. Mano de ella que acaricia pendejera con suavidad ah ah ah.

Goza espectáculo unipersonal, pipo, que me la hago. Dedo cosquilleante en clítoris que supones tumescente ah ah pipo. Dedo ahí ahí y rostro contorsionándose lentamente cambiando fase meseta fase excitación. Locura en la mano y el rostro. Locura en caderamem perrísimo que incontrolablemente se mueve a compás de la vida que pareciera morir. Más y más rápido. Manigueta. Palante y patrás manigueta cantan negros en famoso teatro Heredia en Santiago de Cuba. Los negros aún con sombrero y a lo macho redoblan con quintos y tumbadoras un cojón. Escenario pequeño para esos grandes de la música maldita. Manigueta. Manigueta. Palante y patrás manigueta. Estribillo in crescendo en todo el Heredia. El público encantado como uno solo. Enardecido enardecido enardecido. ESCOLOPENDRA ESCOLOPENDRA ESCOLOPENDRA. Que hay un caracol en el fondo del mar canta la voz grave del negrazo con tambor mirando al público, que cogido en falta pasmo. Nada hay más preciado ahora que lo dicho. Que hay un caracol en el fondo del mar. La mulatísima juego y juego papote cada vez más caliente. Y también jugo y jugo que salta de su dedo consolador ah ah mi pipo que el cosquilleo de mi chocho no me deja tranquila. Que el cosquilleo arrasante de mi sangre. ¿No querías ver a tu mami así, loquísima?. ¿No querías verla en función una dos y tres qué paso más chévere? .Porque hay un caracol en el fondo del mar vuelven y vuelven en letanía los negrazos. Con los ojos fijos en el público que extasiado ni siquiera hace por aplaudir. No te das cuenta que lo dicen como un descubrimiento y esto es grave, Maestro. O no captas la idea del caracol. O qué. ¿No lo captas? Negros sudones en pleno apogeo en el Heredia. No iban a poner espectáculo menor en ese teatro, eh. Aún se puede describir sutil vaho negrísimo y ácido mientras las voces graves, la mirada del negrón del quinto ante nosotros con sombrero de yarey mirando al público como si fuera uno y mostrando la sorpresa del hallazgo, que nadie invente ni experimente porque hay un caracol en el fondo del mar.

Y la tipa, la muy caliente, la reputísima, le había alzado la verga con aquel espectáculo. Más rápido la mano en el chocho y con la otra se levanta una teta y los ojos vidriosos la mirada perdida allí donde estabas pipo pipo y el caderamen palante y patrás manigueta pipo que me vengo pipo que no hago más que venirme y venirme pipo que soy la sabrosura la ricura pipo ahora que me vengo lo grito que me vengo ahí ahí sin más consuelo que la perra venida que viene al jugo la mano acelerada el corazón al quimbe la transpiración ayayay, los negrazos hacían sonar los tambores a matarse y el público tomado por sorpresa no aplaudía, no hacía comentarios. Se aferraba a la butaca nueva del Heredia afelpada, riquísima, cuando el negrazo de la voz grave mirando a todos los ojos del mundo vuelve con el coño de descubrimiento y es que captes la onda de que hay un caracol en el fondo del mar y de pronto la mulatísima aumentando a mil revoluciones por segundo su paso y su griterío rico que a él lo desborda sí pero déjame no te acerques papote y víveme y no me toques ayayayay ahora ya me vengo ayayay tómala que es tuya ayayay se encorva de placer los ojos bizquean en el trino del gozo en las vísperas del gozo se encorva alante y atrás contorsionista de primera mueve el chocho ahora porque todo no es más que ese gran chocho y esa mano ardiente y el rictus de su boca tentadora ayayayay. Cierran los negros con aquello de que hay un caracol en el fondo del mar y los tambores que resuenan enan pum pum pum pum pum prestos para el cierre caballo a una última señal y entonces ahahahahahah del público encantado aún sin proponérselo orgasmo municipal.

Electrizados agradecen el cierre. Agradecidos se electriza todo su cuerpo uy uy uy. Ahora aplauden. Ahora ella lanza un sonoro ah ah ah ah ah como si con ello entregara la vida.

Como si en el instante del orgasmo algo dentro de sí se esparciera, explotara en estrellas de colores, se sintiera flotar. Como en una nube muestra su prodigiosa mano de jugos.Y feliz sonríe porque se ha venido papi papi. Y pregunta dime si te gustó te gustó sabiendo que la respuesta es bravo bravo bravísimo perro perro perrísimo. Locura estremecedora de aplausos capaces de emulsionar teatro Heredia. Y después el público se dispersa, se abre en la entrada y unos se saludan, otros como si nunca se hubieran visto y cierto. Ni se vieron a derechas ni se verán en el resto de sus condenadas vidas. Condenadas y todo marchan con calentura, cachondeo arrechura, ruinera, gozadera, a ver qué pescan, Maestro, se lanzan en estampida Heredia afuera sin saber que un día el poeta escribiera sus versos encendidos a la patria desde la imagen terrible de las cataratas. Regio espectáculo de las cataratas que se quedan en la memoria del poeta y en unos pocos y se pierde entre aquellos que jamás presenciaron ni presenciarán tamaño espectáculo donde hay un caracol en el fondo del mar. Y dale con el joder cuando los santiagueros arracimados se miran unos a otros sin conocerse o conociéndose pero con caras de ah me da igual y ahora que pasó el espectáculo nos íbamos ah pa' la trocha ah pa' la trocha donde arrecia la Original cántandole al enorme público que pareciera que ya estuvo y estaba esperando que mi amigo, el cabrón sonidista de la orquesta deje el vacile del jeverío y venga a atender lo suyo, camaján pichidulce acariciando su hembrita mujercita queridita amiguita del alma vamos a pirabar o qué. Y ellos, ese público impaciente que ha bebido su laguer que ha perdido el color. Y cómo hay negros en Santiago. O mejor negras sandungueras que están por encima del nivel. ¿Tú eres de Santiago, princesa? Niega sonriente pequeño mohín, me encantó esa palabra fuera de serie y medio zoqueta envilecida por los hideputas de las noveluchas rosas pero qué. Y para probarme repito mohín mohín mohín mohín mohín mohín mohín y un sonido de campanas locas pueblan el aire. Mi amigo el sonidista de la Original tipo duro temba caballo de experiencia con niñas que se acercan incautas, pirujas color de chocolate que en las camas moveríanse rico, se le acercan porque el sonidista se les acerca o ellas vienen solas ti ti ti ti a comer de su mano. El las engatusa, les propone, les enciende la imaginación provinciana con viajes que para ellas nunca se harán con estampidas musicales y bailables de cuatro y cinco días de fiesta en puebluchos donde ellas por supuesto serían la madama del sonidista ellas las reinas del sonidista. Y en el pugilateo estas niñas de dieciseis pura inocencia se sienten atraídas por el bandido que entrega las golosinas de date un traguito mi nena.¿O eran ellas las bandidas disfrazadas de quinceañeras? O quizás las bandidas disfrazadas de quinceañeras se colaran no sólo en la música de la Original que ahora al fin cantan a lo lejos cantan los originales de la Original para alguien que todos olvidan pero ellos como si se hubieran dicho ah deja eso caballo.¿Y el tipo que a las dos de la madrugada barre las calles del pueblo? ¿Y el tipo y la tipa que a esa hora en que la gente está en las fiestas o como la bella durmiente forrado de hembrísima que es una exageración? Me encantaba ese pobre hombre con la ropa raída barriendo un polvo mierderísimo de pueblo que parece ciudad que se cree ciudad sin saber que le han hecho trampas. Que las ciudades son esas que alucinas por filmes baratos o por aquellos que vinieron una vez disfrazados de otros. Olían perro los tipos venidos de ultramar y no eran medio verdosos como nosotros ni estaban desesperados como nosostros ni hacían colas como nosotros ni los perseguían como a nosotros ni se estaban cagando en la hora como nosotros ni miraban el mar que ellos decían la mar como nosotros ni se cagaban en el calor que ellos decían la calor como nosotros ni estaban sin biyuya sin pasta sin boleros sin guano sin un quilo asere como nosotros más pelados que plátanos resisitiendo la resistencia pugilateando el medio el peso como nosotros ni mirando que nos dan y donde las dan las toman los cabrones que te pasaban por el lado como diciéndote que no eres como nosotros, aunque todos en cualquier parte peyorrera , aunque dondequiera te levantas pésimo, legañoso, boquisucio, lleno de humores y a veces triste a veces acongojado y dondequiera y quizás por el frío o la desolación, el deseo de ser como ellos aunque sea una vez y oler este país del guasabeo ven para que lo goces todo que el platanal de Bartolo tiene fama nacional.

Y era cierto que no eran como nosotros, no miraban como nosotros y como no eran como nosotros se ufanaban de que no eran como nosotros platicando en la tele que andaba a la caza de gentes que no eran como nosotros porque ahí estaba la noticia: en el temba de mascual lugar que no era un temba atristado de piel correosa, enflaquecido en un dominó de esquina, sino tipos lozanos, rosaditos, cogedores, cachondos que declaran que Cuba es un país wonderful sonrisa y mojito en mano en medio de nuestras playas nuestras mujeres nuestro aire nuestro sol que se diluían en tipos que no eran como nosotros. Algo teníamos de distintos: no la cara de si me pides el pescao te lo doy, no la cara de buena gente, dicharachero del guasabeo y la rumba o el merengue apalmichao. No las palmas deliciosas que se encuentran en ceremil de lugares. Ni el sol que nace para todos.

Allí estaba el barrendero en el polvo mierdero de la ciudad. En horas en que la mayoría duerme ellos se atragantan y barren colillas latas de laguer y trapos viejos cajitas hojas rastrojos muñequitas sin ojos papeluchos echados a volar y alguien se atrevía con estos seres indefensos alguien que descubría que los barrenderos eran tipos especialísimos durísimos habilísimos que encontraban la mar de cosas, respiraban el aire fresco de las madrugadas, soñaban sin que nadie molestara, a no ser borrachos cautivos en sus miserias y ladrones y sodomitas y esa pléyade de noctámbulos pero en general silencio un silencio hermoso en la madrugadas que el vulgo desprecia, un silencio como para escuchar la misma voz de Dios.

Y mientras ellos barrían alguien escribía canciones sobre ellos, alguien echaba una mirada cálida a sus vidas, alguien quería decirles no desesperes, que los sueños del hombre son siempre sueños del hombre, burradas, vanidades que al final nada cuentan ¿acaso eran ellos distintos? Y cantaron. Cantaron los originales y el mundo se movió a sus pies; cantaron e hicieron sonar trompetas, pailas, cueros claves, güiros que rompían el alma. Más allá del mero estribillo barrendero gánate honradamente tu dinero, más allá estaría el barrendero que nadie entrevista en la tele, la radio, el documental premio caracol, que las mujeres no miran, que los hombres tampoco miran, que pareciera que lo han olvidado. Demagogias rompen discursos sobre las masas populares y el pueblo enardecido.

Y el sonidista acaricia niña feliz quizás diecisiete que palmea a su lado y él mira niña cromo que me la como. Imagina sus manos de huevón tras la ninfa y propone cuando termine el espéctaculo. Sobajeándole las teticas en el costado de la tarima.

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"José Martí"

Damaris Betancourt. 2005

Sumario

Este Lunes

Política y religión en Cuba en los siglos XIX y XX

Leonel A. de la Cuesta

Discurso en defensa de Pavón

Pío E. Serrano

Notas (para una conversación) sobre la diáspora cubana

Jorge Luis Arcos

La isla numerosa

Luis Manuel García

Desventuras de la "conciencia crítica" en la Cuba del "sí"

Duanel Díaz

La Rebelión de los Enfermos

Carlos A. Aguilera

Lunes de Revolución y la Revolución de Lunes

William Luis

Noticias sobre el día después. Primera parte: La isla

Ladislao Aguado

Gastón Baquero, conciliador y discrepante

León de la Hoz

Otro lunes Conversa

Con José Lorenzo Fuentes

El hombre tranquilo

No hay última vez

Cuento inédito de J. L. Fuentes

Punto de mira

Exilio: ¿ruptura o continuidad?

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Cuarto de visita

"La humanidad tiene un contrato de fe"

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La serpiente de la casa

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Unos escriben

Guillermo Vidal

Otros miran

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En la misma orilla

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Félix Luis Viera

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Escrito sobre el hielo

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Poemas

Libre-mente

Cuba: la escritura carcelaria

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Los impedimentos de la literatura

George Orwell

De lunes a lunes

Carta abierta de Enmanuel Tornés

Carta de Santo Domingo

Librario

Pallá y Pacá

Mario G. de Mendoza

Fantasía roja

Iván de la Nuez

Todos los buitres y el tigre

José Luis Arzola

Palabras de mujer

Olga Connor

Otro lunes. Revista Digital. Tlf: +34 686 111 523. info@otrolunes.com
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