Una aventura propia

Sobre el poemario Que concierne, de Julieta Valero

Jorge de Arco

 

Que concierne
Julieta Valero
Vaso Roto. Madrid, 2015. 

 

julieta-valero-librario-poesia-OtroLunes40Cinco años después de la publicación de Autoría, Julieta Valero da a la luz Que concierne, un volumen renovador y personal, del que emanan tintes vanguardistas, ovillado en torno a una estructura heterogénea y valiente.

La poetisa madrileña suma así su cuarto poemario (el primero vio la luz en 2003, Altar de los días parados, al que seguiría dos años después Los Heridos Graves) y en él, ha querido verter una fórmula que coincida con su concepto más íntimo de discurso lírico. En una entrevista concedida meses atrás, Julieta Valero afirmaba: “No se acude al poema en demanda de un significado cerrado, sino para tener una experiencia abierta del lenguaje donde no hay un sitio único, un significado unívoco; sino un espacio donde se me dan claves para entrar… El poema es un artefacto que se trabaja con mucha conciencia del lenguaje y con muchos procedimientos que conoce y maneja el poeta, pero no hay una finalidad, es una aventura propia para quien lo hace y debería de serlo para quien lo lee”.

A sabiendas, pues, de sus intenciones, el conjunto puede leerse desde una perspectiva multiforme y desde una semántica polisémica, que abren las posibilidades del mensaje emisor y el impacto que asuma el receptor. En esa dualidad, el lenguaje parece ser lo único susceptible de definirse de manera autónoma y resulta ser, en suma, lo que da un punto de apoyo satisfactorio al espíritu.

Sabe Julieta Valero, que su decir es una sustancia conocedora -o no- de su propio orden, la cual adquiere conciencia al introducir en ella una voluntaria alternancia en un mapa que no debe ni tiene que prestarse a clasificación alguna.

De ahí, que puedan hallarse textos como el titulado “Compromiso”, donde se lee: “De camino se nos une la embarazada de alto riesgo. Lleva confeti de abdicaciones y lejía receta del Bierzo: produce unas ganas beatíficas de dimitir. Entre Atocha y Colón todo son trigales verdes; el viento, que llega en cuatro columnas cardinales, unifica nuestra negativa a la austerocracia. Donde la abstracción pierde pie, pisa marcial la estulticia. Camisetas jubiladas rezan: `Respirar también es testimonial´”.

María Salgado afirma en su epílogo que este libro, “va sobre al menos una gestación y al menos un nacimiento por venir y al menos un casamiento y al menos una revuelta. Es decir, que quizás es un libro sobre la reproducción de la vida en unas condiciones materiales muy localizadas”.

Y desde esos enunciados, crecen, sí, las notas fundamentales de este himno que en ocasiones se interrumpe, se esconde, se muta, se despliega, se encorajina, se disuelve, se alienta y se satisface desde sí mismo, como ocurre en el poema que da título al volumen, “Que concierne”: “Como si yo pudiera penetrar con la punta de algo que de verdad me duele,/ atañe, así ponte tú en el sitio enfurecido de otro,/ su abismo dulzón, su falta de plata, perdón, papeles./ Llevamos siglos considerando si un bebé, tú y yo/ y contra todo pronóstico pactar con el futuro, tener peso, partir las últimas./ Calificaciones primaverales./ ¿Aceptaríamos desbiografiarnos con ese peine duro?/ Preludio todo encofrado de estos años preludio de ella, de él…”.

Al hilo de estas páginas, donde subsisten elementos verosímiles, necesarios, invisibles, imaginativos, simultáneos…, asoman sólidas intuiciones que conforman un universo donde espacio y tiempo no son impresiones sensibles, sino el resultado de una abstracción solidaria, mas exenta de empirismo. El presente pareciera tornarse niebla, áspera realidad, manifiesta yuxtaposición. Y el entendimiento, tal vez, ya no puede percibir. Y quizá los sentidos no puedan llegar a pensar. Dicotomías, al cabo, que se hacen claves ontológicas, axiomas que perseveran, movimientos curvilíneos que refieren la Naturaleza, secretos extrínsecos que divinizan la materia, alteración de contarios que revelan lo etéreo, dominios que acceden al reino de lo inmutable: “A menudo el techo del deseo es una bolsa./ Se adhiere al pensamiento, a la verosimilitud/ de la sonrisa, al útero./ Genética y talla vienen con la motivación./ Nada que ver pluma, colorido, por mucha/ ducha de gen que”.