, según la crítica cubana especializada, es uno de los creadores más originales en el escenario de las actuales artes plástcas de la isla:
El macrouniverso de la obra de Salvó es la historia. Desde ella, desde el presente, establece un diálogo con el pasado que no es otra cosa que la búsqueda de sentidos para la existencia. Conocedor profundo de la historia del arte, construye con sus recetas un arte de indagación social y de introspección personal. Imágenes de corte realista, factura gestual y tonalidades oscuras, aliadas a textos grandilocuentes que las identifican, ellas son el testimonio dramático de un hombre marcado por la lucidez.
Opinión que justifica la crítica de arte cubana Suset Sánchez cuando asegura que:
Salvó sabe bien como enredarnos en una madeja de referencias que trasciende el prístino espacio de lo visual para adentrarse en los cauces de la reflexión y la teoría sobre el arte mismo. Y es que este artista es un obseso de la historia del arte, un caníbal de los discursos que sobre la misma se han cernido cual criterios normativos, sobre todo de aquellos relacionados con las funciones y los valores de la praxis artística. No por gusto en sus lienzos deambulan incesantemente las apariencias del expresionismo, del realismo socialista, del muralismo mexicano, lenguajes donde el debate en ese sentido se ha tornado una álgida contienda.
Mas no nos dejamos engañar por el empaque pictórico de sus obras, los referentes son sólo eso, instancias para la apertura del diálogo con la historia del arte y la historia misma, pero no camisas de fuerza para el despliegue del sentido. De hecho, Salvó parece utilizarlos como máscaras, como un medio para travestir sus propias nociones sobre el arte que contínuamente se debaten entre la opción autónoma y el compromiso social. Residiendo ahí el cisma ético que le imprime el sabor de la duda y de la relatividad a su poética, el tufillo a pacto, concesión y rebeldía.
Sus estudios preliminares van recorriendo hitos de la historia occidental, mitos y paradigmas que han dejado una impronta del compromiso social del arte, del devenir utópico de tantos momentos y procesos artísticos e históricos: Ícaro, Eva, Fouché, desvelan trayectos donde el mito y la historia se funden en el diapasón de la transgresión y la subversión, del anhelo utópico de la libertad. Mientras que otros estudios revelan la vocación constante del arte, los estudios de Miguel Ángel Salvó nos acercan a un proceso en el que el creador se ha acercado a la historia para tomar después distancia de ésta. Los estudios son la antesala del mural donde se combinan las notas disonantes que han creado la sinfonía del arte. Entre tanta nebulosa y fragmento historicista transfigurado en veladuras y pinceladas, en figuraciones expresionistas y potencias de color, emerge la certeza de una poética que encuentra su única verdad en la duda.
OtroLunes agradece a Miguel Ángel Salvó que nos haya permitido mostrar aquí a nuestros lectores una mirada sobre su extensa obra y aplaudimos al crítico español Gregorio Vigil-Escalera, que ha preparado este dossier para este, el número 40 de nuestra revista..
Amir Valle
Director General
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