Categoría: OtroLunes conversa

Yo, cuando escribo, intento reflejar esos momentos desterrados

Siempre hay un comienzo: si echaras la mente al pasado, ¿podrías contar alguna anécdota que explique a los lectores tus orígenes como artista? Y, aún más referido a lo que nos atañe, ¿cuándo comenzaste a escribir?

Mis inicios como escritor llegan con un sueño. Un sueño que tuve en la niñez, aunque la actividad real empezó más tarde. Llevo siempre en la mente aquella imagen de mi padre hablándome sobre sus lecturas y sobre la poesía en las novelas de García Márquez, que siempre ha sido su preferido. Él repetía aquella escena en la que unos personajes de la novela El amor en los tiempos del cólera hablan sobre un té que tenía sabor a ventana. Yo apenas sabía leer en ese tiempo, pero la pasión con que mi padre me contaba esas historias increíbles y los efusivos gestos que hacía para magnificar el contenido, se grabaron en mí como un sentimiento heredado que después se volvería un vicio propio. Eso me llevaría a desear descubrir por mí mismo los maravillosos tesoros y secretos que se escondían detrás de las palabras y que, evidentemente, me había estado perdiendo desde que nací. Es una pasión que agradezco cada día como el mejor de los regalos y que no he dejado de cultivar, aunque en mi caso se trata más de disfrutar de esa riqueza de todas las formas posibles y no de acumular información. Es por eso que, al igual que hago con las películas, cuando un libro me gusta mucho puedo llegar a leerlo hasta cuatro veces sin aburrirme. Y muchos de ellos se quedan para siempre a mi lado como material de estudio. Leer más…

Un tipo que empezó a escribir, sin saber que le gustaba escribir

Conocí a Luis González en uno de los talleres de escritura creativa que ofrezco en el Instituto Cervantes de Berlín. Era uno de los talleristas más aplicados, más atentos. Ya escribía ya cuentos de una solidez asombrosa cuando le propuse reunir algunos de sus textos en un libro. Es algo que aprendí desde muy joven, casi una enfermedad, o un vicio: cuando encuentro a alguien con ese talento, hago hasta lo imposible por ayudarlo a publicar, por promoverlo, y por ello uno de mis orgullos mayores es que muchos de los que hoy son considerados escritores de primer nivel en las letras cubanas, alguna vez me entregaron sus primeros escritos, temerosos del crítico ácido que suelo ser. Me confesó que, además de la alegría que significara que un editor se fijara en un desconocido como él, había sido un reto enorme. Había escuchado, y pudo comprobarlo, que escribir no era sentarse ante una hoja en blanco o ante la pantalla del ordenador, y soltar alguna historia, creo que tienen muchos de esos improvisados que se aprovechan de lo fácil que es publicar en estos tiempos de autoediciones y complacientes redes sociales. Supo en carne propia que armar un libro de cuentos no es sólo agrupar lo escrito, hay que buscarle ese condón umbilical del cual siempre necesita alimentarse toda criatura. Estoy convencido de que lo logró. Leer más…

Es triste que las editoriales ya no se arriesguen por ningún autor joven y desconocido.

La maravilla de hacerse preguntas, de ir a la caza de las respuestas, de lanzarse a fondo en aventuras de final desconocido superando los miedos que la sociedad y la familia nos han inculcado es una de las virtudes de este libro. Para cada pregunta existe una respuesta, ya se sabe, pero la verdad siempre está afuera, en todas partes, e incluso eso que se conoce como “verdad” puede ser la suma de confluencias históricas, sociales, culturales, espirituales y de otra índole, ambientadas dichas confluencias en ese teatro eterno y humanísimo que es la lucha del bien contra el mal, de la luz contra las sombras, de la inteligencia en todas sus manifestaciones contra la brutalidad en cualquiera de sus formas. Ese entorno tan amplio, que va desde la cultura maya, la posibilidad de la existencia de la mítica Atlántida, la saga alucinante de desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, hasta un gélido frío que sorprende a los protagonistas en una siempre calurosa Habana, confiere a esta novela una aureola mágica de imantación irresistible. La intención, como la de muchas grandes obras de la literatura universal, es clara: atrapar las verdades que definen a la humanidad como una de las más grandes y perfectas creaciones de alguna fuerza superior, algún Dios o de la naturaleza ─”pienso, luego existo”, diría Descartes; “ser o no ser: esa es la cuestión”, diría Shakespeare─; preguntas que han sido y parecen seguirán siendo eternas, pero que, sobre todas las cosas, pertenecen a ese ámbito seductor que llamamos “misterio”. ¿Cómo asombrarse entonces de que el propio autor resuma en una entrevista la tesis de su novela asegurando que es “Un viaje hacia lo incierto, hacia el lugar donde los más profundos secretos de la humanidad se esconden agazapados en cada rincón”?

Tomado del prólogo de Amir Valle a la novela El secreto de los milenios.

A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Glauber Adrián Senarega? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Glauber A. Senarega, el ser humano y Glauber A. Senarega, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.

El Glauber humano y el Glauber escritor son como dos gemelos. Lucen idénticos, pueden incluso hablar y tener pensamientos muy similares, pero en esencia no son iguales. El Glauber humano es más sociable, más inmaduro, más inseguro y, sin embargo, tal vez más profundo que el Glauber escritor. Este, a su vez, se caracteriza por su seriedad, su constancia, su pincelada nostálgica y sus sueños. Los gemelos comparten un único cuerpo. Ello hace que se complementen y se contradigan en todo momento, especialmente a la hora de escribir.

 

Hoy, en buena parte gracias a las tecnologías, cualquiera cree que puede ser escritor. Tu caso, pese a tu juventud, demuestra una verdad irrefutable: escribir es siempre un reto para el cual hay que prepararse muy bien y con la consagración del sacerdocio. Me gustaría qué explicaras a los lectores cómo fue ese proceso de preparación en las artes de escribir, una vez que te dijiste que querías ser escritor.

Creo que, inconscientemente, empecé a prepararme toda la vida. De pequeño me gustaba imaginar historias, leer todo lo que me cayera en las manos, pero, con el tiempo, entendí que para ser escritor se necesita muchísimo más que el mero “talento” o las ganas de crear. Al principio no veía que, si de verdad anhelaba que mis historias alcanzasen calidad, iba a necesitar incontables horas de preparación previa y múltiples herramientas que mejorasen mis técnicas narrativas y moldeasen mi estilo. Cuando lo entendí, empecé a dedicar mucho tiempo a estudiar y a tratar de nutrirme de lo que han hecho tantos maestros de la literatura antes, no solo en el género fantástico. Como ya dijiste, cualquiera piensa que puede ser escritor. La verdad es que cualquiera puede abrir un documento en blanco de Word y teclear palabras y párrafos hasta llenar 300 páginas. Sin embargo, eso no es escribir, ni de lejos. Lo importante, de todos modos, es tener algo propio que decir y saber cómo decirlo.

 

Por experiencia sé que en esos primeros momentos hay personas que resultan vitales para alcanzar lo que te propones, y que conste, no lo digo por el apoyo que te he brindado; me refiero a esas otras personas, familia, amigos o escritores, sin quienes no habrías alcanzado la calidad que muestras en tu novela. Porque resulta muy curioso que te hayas decantado hacia la literatura creciendo en un entorno de profesionales de alto nivel periodístico y audiovisual. 
Con su madre, la periodista Natasha Vázquez.

Con su madre, la periodista Natasha Vázquez.

Yo no veo contradicción. El hecho de que mis padres sean cineastas y periodistas fue fundamental para mi formación. Crecí en un ambiente donde se hablaba de cine, arte, literatura, y todo eso hizo que yo también quisiera entrar en aquel mundo desde pequeño. Cuando estaba en quinto grado decidí filmar mi primera “película” y con ayuda de mis padres, amigos y demás, logré realizar un corto que titulé En busca de Flavia y donde no solo escribí el guion, sino que actué junto a un grupo de compañeros de la escuela.

Ahora, dejemos una cosa bien clara: si no hubiera sido por ti y por tus consejos, la novela no habría dado el salto de calidad que necesitaba y probablemente estaría inédita en estos momentos. Otros, por supuesto, también contribuyeron para que El secreto de los milenios fuese algo más que el manuscrito inicial de un chico de catorce años. Me refiero a mi madre, Natasha Vázquez, quien no solo leyó y revisó la novela mil veces, sino que aportó ideas que yo incorporé y desarrollé en la trama. También debo mencionar a mi abuela, que siempre me inculcó el amor por la lectura y la escritura. Y un lugar muy especial en esta lista lo ocupa el Centro de formación literaria Onelio Jorge Cardoso, dirigido por el maestro Eduardo Heras León, institución que ha ayudado al desarrollo artístico y de los jóvenes escritores cubanos durante décadas y a la cuál tú también perteneciste.

 

Aunque ello corresponde a los editores y promotores, si te vieras en la necesidad de recomendar tu novela a los lectores, ¿qué les dirías?

Les diría que es una novela de género fantástico con originalidad y buenas dosis de misterio, emoción y humor. Es, además, un libro que logra mezclar con efectividad los enigmas reales de nuestro mundo con la ficción imaginada, y que consigue darle a cada uno de ellos una explicación creíble y, a la vez, espectacular.

 

En otras entrevistas ya has contado la génesis de la novela. Partiendo de esa pregunta: ¿cómo surgió la idea de escribir El secreto de los milenios?, que deberás responder aquí brevemente, te propongo zambullirnos en un eterno dilema literario: la literatura para Glauber A. Senarega debe… ¿divertir?, ¿hacer pensar?, ¿criticar lo que somos? o, como diría recientemente uno de los autores más vendidos y más controvertidos por su calidad: Paulo Coelho, ¿“pasar de puntillas para que la realidad real no despierte y corrompa la realidad ficcionada”?

La idea de empezar a escribir El secreto de los milenios se originó a partir de un suceso fortuito, una tarde calurosa en el reparto Fontanar, en La Habana. Regresaba del colegio con mis dos mejores amigos cuando, de pronto, sentí una ráfaga de aire frío que salía de un callejón. Me pareció tan raro que apenas llegué a mi casa escribí sobre ello y, a partir de ese momento, comenzó la historia de mi novela. Pero más allá, fue mi manera de viajar a otros mundos sin salir de mi barrio. Recuerdo que por aquella época mi imaginación estaba activada a todas horas. Si iba a la tienda a comprar aceite para la comida, en mi cabeza estaba escalando una montaña nevada. Si me estaba bañando en una piscina, imaginaba que me encontraba a merced de la corriente de un río torrentoso y descomunal.

Creo que hay muchos tipos de literatura, que se complementan y son todos válidos y necesarios. La buena literatura debería tener un poco de todo eso: hacernos reflexionar, soñar y a la vez entretener, porque, si no nos atrapa, tampoco será capaz de trasmitir ningún mensaje, y ese debería ser el objetivo fundamental de cualquier novela, cuento o relato.

 

La fantasía desbordada de tu novela muestra una singular capacidad para crear esos mundos que magnificaron figuras como Michael Ende, J.R.Tolkien o, más recientemente, la Rowlings. Pero tu historia va más allá de la aventura fantástica, lanza preguntas existenciales que anuncian que también podrías lanzarte a otros terrenos de la narrativa. ¿Lo has pensado o continuarás en este terreno donde ya has demostrado moverte tan bien?

Cuando escribí la novela no era consciente de esas preguntas existenciales. Ahora, con más madurez, creo que lo intentaría algún día. De momento sigo escribiendo literatura fantástica, que es la que me permite reflejar mejor mis sueños y pensamientos, pero trato que mis tramas y personajes a la vez se cuestionen a sí mismos y a lo que les rodea.

 

Apenas empiezas tu andadura en este mundo de las letras, pero creo que ya has tenido que enfrentarte a realidades muy duras que echan por tierra esa mirada idílica con la cual muchos iniciados observan desde lejos lo que vivimos los escritores. Eso, sin dudas, es un aprendizaje forzado. ¿En qué sentido este mundo real ha cambiado la idea que te hacías cuando decidiste ser escritor?
Presentación en Galicia. Foto: El Correo Gallego.

Presentación en Galicia. Foto: El Correo Gallego.

Mi idea respecto al mundo de los escritores ha cambiado en varios aspectos. Por un lado está el propio proceso de creación literaria. Nunca fui consciente de lo ardua y prolongada que sería la labor de escribir un libro hasta que intenté hacerlo. Además, antes creía que los escritores terminaban sus novelas, las enviaban a cualquier editorial, y ¡bum! Exitazo total, miles de copias vendidas, traducciones a otros idiomas, viajes, entrevistas, adaptaciones cinematográficas… en fin, pensamientos tan optimistas que podrían considerarse necios. La realidad es diferente. Sobre todo si eres un escritor novel, terminas tu novela, la envías a una editorial y recibes de respuesta un correo donde te dicen que no reciben manuscritos no solicitados. La envías a un concurso donde supuestamente los materiales tienen que ser inéditos, y después de meses de espera se anuncia que los tres ganadores son libros con millones de lecturas en Wattpad. Entonces descubres por Internet que hay cientos de editoriales dispuestas a publicar tu libro, pero garantizando sus “inversiones” con la condición de que tú mismo compres gran parte de los ejemplares. Al final el cerco se cierra hasta dejar dos opciones: autopublicarte o aceptar ese contrato. Es triste que las editoriales ya no se arriesguen por ningún autor joven y desconocido. Sin embargo, así funcionan los negocios, y resulta comprensible que velen por sus propios intereses, pero sin dudas eso va en detrimento de la literatura.

 

 Lo más llamativo de tus personajes es la nobleza, la capacidad de sacrificarse por el prójimo, la valentía de enfrentarse a los retos, cosas que (es posible que esto suene a opinión de viejo recalcitrante) hoy no caracterizan a  buena parte de la juventud universal, maniatada por un individualismo feroz, más centrada en sus propios mundos, en conseguir a cualquier costo sus deseos sin que le importe mucho que el planeta se esté cayendo a pedazos. ¿Por qué elegir como modelos seres que hoy serían de muchos modos seres “anómalos”?

Porque es fundamental que sigan existiendo seres así. Es lo que aprendí de niño; a ser una persona empática, capaz de poner a un lado mis propias ambiciones, objetivos o deseos si la situación lo requiere. A saber distinguir entre lo que es correcto y lo que no lo es, y a buscar siempre soluciones a los problemas, en vez de crearlos. Quería que mis tres personajes principales poseyeran esas cualidades. No las adquieren de golpe. Son chicos con muchos defectos, como todo el mundo, pero me las arreglé para que a lo largo de la historia evolucionaran y se convirtieran en mejores personas. De este modo, quizás, el lector que sigue las andanzas de Daniel, Evelyn y Miguel también evolucione junto a ellos. Si eso ocurre, la novela habrá alcanzado su logro fundamental; el de transmitir esos valores y producir un cambio positivo en los lectores.

 

Charles Chaplin, respondiendo a la pregunta de por qué creía que su arte había hecho reír a todas las culturas entonces existentes, dijo: “la humanidad es una sola y está en el corazón del hombre: el deseo de vivir, recibir y hacer el bien; lo demás es pura diferenciación etnológica”. Esa idea parece ser una tesis de tu novela. ¿Me equivoco?

De algún modo sí, aunque cuando la escribí ni siquiera era consciente de ello. Mis personajes se dan cuenta que los dos mundos están interconectados y que, por tanto, lo que hagan en uno repercutirá en el otro, de la misma manera que deberíamos darnos cuenta en la Tierra… Ellos buscan el bien mayor, buscan salvar a todas y cada una de las civilizaciones que existen, sin detenerse a pensar en la raza, el continente o la religión a la que estas pertenezcan, porque, al fin y al cabo, en esencia todos compartimos la misma historia y las mismas raíces; en esencia somos uno, somos humanos.

 

Pero también en la novela se asiste a otro dilema: el mayor valor de realización humanista de nuestra especie, y el mayor peligro que se opone a ese humanismo, radica en nuestro poder de elección entre el bien y el mal. Quizás por eso sea esa una pregunta importante a responder en todas las filosofías que hasta hoy han existido. Esa lucha entre el bien y el mal, ¿cómo llega a la novela? ¿Casualidad, moda del género, o inclusión consciente?

Desde pequeños aprendemos que hay “buenos” y “malos” en los cuentos, más tarde los descubrimos en la vida real y luego empezamos a notar sus matices y que nada es blanco o negro… Quizás me encontraba yo mismo descubriendo esto cuando escribía la novela, por lo que mis personajes también lo distinguen y lo llevan implícito. Mis personajes por lo general no son “buenos” o “malos” por definición, funcionan según sus propios principios y circunstancias, de una u otra manera. Creo que la propia vida es un eterno discernir entre el “bien” y el “mal”, y de cuánto lo logremos y seamos capaces de actuar consecuentemente, dependerá el tipo de persona que seamos.

 

La literatura fantástica y la ciencia ficción no han sido nunca géneros muy difundidos en Cuba, aunque en los últimos años hay un mayor desarrollo. Pero llama la atención que tu novela siga la vereda fantástica que abrió Daína Chaviano, quien conforma junto a la española Elia Barceló y la argentina Angélica Gorodischer lo que se conoce como la “trinidad de la ciencia ficción en Hispanoamérica”. Esto impone una pregunta: ¿qué modelos te influyeron? Pero quiero que pienses en todos los modelos: los de Cuba, si es que existieron, y los extranjeros o universales.

Para ser completamente honesto, cuando comencé a escribir mi novela solo tenía influencias de la literatura universal: CS. Lewis, J.R.R. Tolkien, J.K. Rowling, Gabriel García Márquez, Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Julio Verne, Ken Follet, Dan Brown, etc. Un tiempo después, durante mis días en el centro Onelio, conocí la obra de varios autores cubanos de fantasía y ciencia ficción, y comencé a leerlos: la propia Daína Chaviano, Yoss, Ángel Arango, F. Mond…Aunque para entonces la novela estaba prácticamente terminada, por lo que no fue una influencia directa, sí me alegró mucho descubrir que coincidíamos en muchos aspectos y que de algún modo siento que “pertenezco”.

 

Con su hermano, Abel, y su madre, Natasha, en Moscú.

Con su hermano, Abel, y su madre, Natasha, en Moscú.

Ahora vives en Rusia, el segundo país con más poderosa literatura fantástica y de ciencia ficción en la historia del género. El fenómeno más conocido en los últimos años es Dmitry Glukhovsky con su ya mítica Metro 2033. ¿Has pensado que esa cercanía y esas otras  circunstancias pueden influir en tus obras futuras como escritor del género?

Estoy empezando a descubrir la riquísima literatura fantástica rusa, desde los clásicos como Alexéi Tolstoi o Alexánder Beliáiev a otros más recientes, pero más allá, el hecho de vivir aquí ha significado una experiencia vital que sin dudas se reflejará en mis próximas novelas. Rusia es un país lleno de magia, historia, enigmas, lugares fascinantes… tiene todos los ingredientes que necesita un buen libro de género fantástico. No me extraña que estas tierras hayan producido tantos y tan geniales escritores de dicho género. En Rusia he aprendido y visto muchísimas cosas que rozan los límites de lo sobrenatural. He descubierto otro mundo dentro del mismo mundo en el que vivía y creía conocer tan bien. Rusia ha logrado alimentar mi imaginación a un ritmo acelerado durante los últimos tres años.

 

Y se impone, llegado a este punto, una pregunta final: ¿puedes ya hablar de la que podría ser tu próxima obra?   

Actualmente estoy inmerso en la escritura de la segunda parte de El secreto de los milenios, cuya historia comienza, por cierto, en Rusia. Además, estoy trabajando paralelamente en lo que podría ser otra saga, pero, por el momento, solo he escrito unos cuantos capítulos.

 

Creo que en alguna reencarnación anterior ya debí ser escritor

Foto: Cortesía de "El Puntal de Guardamar".

Foto: Cortesía de «El Puntal de Guardamar».

Un juglar moderno, eso es Juan Calderón Matador. Y, desde esa asunción del alma de un juglar, canta, reflexiona, cuenta, hace pensar, concentrando su acuciosa mirada en esos elementos de la cotidianidad que suelen pasar por alto quienes no tienen el don de los juglares: revivir la realidad ante los ojos de un lector que asiste, asombrado, cautivado, al milagro del renacimiento de situaciones, anécdotas, historias, que sólo se produce cuando se escucha o se lee buena literatura.

Del prólogo escrito por Amir Valle. Leer más…