13 poemas

Poesía

Felipe Lázaro

Felipe Lázaro, escritor y editor cubano. Foto: León de la Hoz.

Felipe Lázaro, escritor y editor cubano. Foto: León de la Hoz.

Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta y editor cubano. Desde hace 33 años dirige la  casa editorial Betania en España. Obtuvo la Beca Cintas en 1987-88. Sus últimos títulos publicados son: Tiempo de exilio. Antología poética, 1974-2016  (2017), el libro de relatos Invisibles triángulos de muerte. Con Cuba en la memoria (2018) y  la 5ª edición de Conversaciones con Gastón Baquero (2019), que se puede adquirir en AMAZON.

 

–***–

Estaba muerto detrás de los ojos

Déjame ser tu puta”, son palabras de Eloísa,
más él cedió a las leyes, la tomó como esposa
y como premio lo castraron después«.

OCTAVIO PAZ

Todo comenzó con un estremecimiento del sudor

allí donde la piel se arruga
ocupando suntuosa boca verdades de hombre
trepidando cadenciosos cuerpos electrizados

Un día preguntó y la nada por respuesta fue su primera sorpresa

El que los poros soñaran bañarse pasó desapercibido
Los abrazos idos    a los días    ya eran distintos
La frialdad convirtió en témpano lo inapreciable
cubriendo una escarcha que mentalmente oxidaba

Repeticiones   zozobras   angustia acumulada
y no saber qué hacer cada noche

ni las tardes
o las mañanas
ningún día
jamás los minutos

cuando los meses fueron poseyendo el desequilibrio
apenas un segundo   una mal mirada puede destruir un ser

descomponer el cadáver de una convivencia

Estáticamente muda

-como vieja fotografía del primer apartamento
con su copa de coñac junto a la cama
desnuda

con sus ojos reclamando piel-

inauguró los reproches
con una furia inusitada

-como al principio le encantaba hacer el amor-

golpeándose los ridículos cabellos por una culpa inexistente

La algarabía era extrañamente lejana
procedía de lo más egoísta de los seres
Sólo unas paredes disconformes mostraban cierta bondad

De noche todo deseo de venganza es poco

Las sombras ya languidecen y se marchan afanosas
El contrato prosigue en unos papeles desafiantes e incoloros

Éstas son las verdadera actas judiciales

 

–***–

El beso del ídolo

Nacería de nuevo donde la nieve es una reliquia
los grandes humos son tan reales como las palabras
y una langosta coronada de piña hacen el deleite cotidiano.

Mejor la frente irascible
como tormenta de veloces potros salvajes

que besar tu costado apagado por la desidia
murmurando un lamento quedo pero orgulloso:

Masticaría tu nombre hasta sangrar roda duda
Saciando una sed indescifrablemente seca
que transforma el sueño engañoso e iracundo
de dormir cuando quiero estar despìerto.

 

–***–

Tratado matemático

Para Carlos Contramaestre

Es tan difícil amar lo fácilmente logrado
que lo erótico ya no está en la lejanía
sino en lo inconcluso de un espacio eterno
que nos proyecte a distancias inalcanzables.

Amar es dejar de ser
sin excusas pasajeras.

Imposible es dividirse
y mejor sería multiplicarse.

Sumar poros es lo que cuenta.
Restar es la impotencia de un gran desafío.

Más vale toda álgebra amorosa
y caso la trigonometría
que pensar en axiomas existenciales.

Al final, somos como líneas paralelas,
La nada más matemática y plural:
Intentar siempre un idilio que nunca termine.

 

–***–

Repensando en cubano un poema de Nicanor Parra

Para Louis Bourne

Todas las mujeres en un definitivo poema:
las calladas, las patidifusas o acomplejadas,
las tímidas –nerviosas del  colchón-,
las inconclusas,
También las secretarias.

Todas las féminas en desfile amoroso:
la bizca y la atormentada,
la miope o la cuerda.

Todas las damas lascivas
como miel de vida,
sensibles:
la señora o la ramera,
la matrona y la madama
(con perdón de Madonna).

La fiel esposa que después deviene loba,
la media naranja y la cara mitad,
el ángel del hogar o la dulce enemiga.

La mujer pública, mundana, perdida.
La costilla de Adán
y las hembras.
Esas son algunas de las inquietas musas.
Faltan las que nunca deben olvidarse:
las amantes,
las imposibles,
las soñolientas
hasta las perfectas
que en interminable orgasmo consumen todo su ser.
¡Esas son las magníficas!

Finalmente quedan las irreparables,
Las que cuestan lágrimas.
¡Esas son las perdibles!

 

–***–

Poeta errante de todo bando

Para Carlos  Julio. Báez Evertsz

…hasta escribir una carta es cosa penosa.
LUIS CERNUDA , una carta a J. L. L., 1953.

 

–***–

Desterrado de sí mismo
como una provocación más en su vida
siempre le acompañó el poder subversivo de un poema.

Lacerado hasta el infinito
-poeta errante de todo bando-
sufrió la censura de los sectarios
y el olvido impuesto en textos
ya superados por la Historia.

Como una de sus destartaladas maletas
-siempre prestas tras la puerta-
jamás logró el regreso ansiado.

Su vida trascendió rota
-perpetuándose como un dandy-
poetizando a diestra y siniestra.

No obstante, comprendió a tiempo
Lo frágil que son las fronteras,
Incluido su mejor sueño o su mayor anhelo.

Este hombre masticó el exilio
y toda desesperanza le fue ajena.

 

–***–

Memoria compartida
(Poema a Gastón Baquero)

Para José Olivio Jiménez, Alfredo Pérez Alencart,
Pío E. Serrano y León de la Hoz.

En lo inseguro encuentra el goce
su cualidad más firme

EMILY DICKINSON

La incertidumbre de toda ausencia
se transforma en memoria compartida
con la firmeza de nuestros deseos,
último resquicio de la amistad.

Más visible que nunca antes
divagas alegre en silente viaje,
repiensas versos como recuerdos
ante el asombro de las estrellas
con tu corazón elegante convertido en Isla.

Cuán extraño el misterio de esta suerte,
si el vivir o el morir es un mismo instante
que a las vez nos separa y acaricia,
si todos hemos muerto con tu muerte:
rutinario anverso y reverso
de ese espejo casi imaginario
que murmura quedo su reclamo,
nos tienta y espera impaciente
en la alucinante inocencia del universo.

 

–***–

Díptico del eterno exiliado

Para José Mario, in memoriam

Soy un exiliado total
GUILLERMO ROSALES

I

Nos quedamos con tantas dudas e interrogantes
que faltó más de una conversación
con la frecuencia del abrazo que todo lo sella.

No obstante, ahora revives en la cercanía de nuestra memoria,
justo cuando has iniciado un viaje sin retorno
con tus ciudades amadas como equipaje:
esas interminables calles neoyorquinas.
tus sueños en un tranvía lisboeta,
taciturno quizá en Café de Flore
o la presencia en Praga del verdadero rostro humano
sesenta y ocho veces congelado.
Hasta tu cotidiano caminar por los madriles
-de Lavapiés a Sol y viceversa-
donde repites con la ebriedad de tus versos
la travesía de los deseos.

Pero aún falta regodearte en otras latitudes
que reclaman tu regreso,
en este preciso instante
cuando deambulas en la nada.
Ahora que no necesitas ningún trámite
para volver a tu Isla,
porque llevas su mapa incrustado en tus neuronas.

Y así trasnochas como fantasma en tu Habana,
Ansioso de recuperar todo aquello que te sostuvo en vida:
El Gato Tuerto, La Roca, el puerto;
El Pastores o la Rampa,
hasta la escalinata que libertino frecuentabas
con la lucidez de tus poemas más subversivos,
irremediablemente proféticos de tu posterior destino:
¡Un Rimbaud que ardía en el trópico
mientras toda querencia se convertía en cenizas!

Volver a ese espacio vital
de tu primer bautizo amoroso.
como el alegre y travieso adolescente
que asombraba a su entorno familiar leyendo a Proust.
Sentar tu precocidad en la lujuria del Malecón
y ver escapar los abrazos idos
que retornan con la incertidumbre del oleaje,
donde el susurro de otras voces
danzan en la intimidad de un caracol
y repiten con la sonoridad de la nostalgia
el ceremonial de esas canciones
-preferiblemente de Bola de Nieve o de Vicentino Valdés-
grabadas en lluvia de tus recuerdos
en un bar sin nombre
de una esquina cualquiera…

 

II

Tan caro precio pagaste por el amor de ese paisaje
que tan solo se escucha el triste eco solitario de u voz.
Con tu poesía rodeas la esencia del verdor insular,
vitral ausente de todo tipo de emblemas patrios.
Sin datos inscritos en tu pasaporte
deshaces la telaraña de tus ensueños
y confirmas la más trágica verdad:
los hombres don más libres después de muertos.

Al final, quemaste tu vida a grandes sorbos:
rebelde, iconoclasta, irreverente,
doblemente exiliado,
poeta madito en tierra y en el destierro.

Precursor de tantos enfrentamientos,
rechazas la fugacidad de las vanidades
-incluido los transitorios ismos-
y nos dejas tu paso por este mundo
como un enigma injustamente inacabado.

Portador de la más cínica sonrisa,
ya saltas y brincas a tu libre albedrío,
a carcajadas te retuerces
de toda pequeñez humana.
Repiensas tu vida como un misterio
al borde del más inusual abismo.
Rehaces tus huellas
como testigo de una época
teñida de sangre a borbotones:
¡Ay Cuba!
La historia se equivoca tantas veces. *

————–
*José Mario.

 

–***–

Espejo de impaciencia

Mi memoria prepara su sorpresa.
JOSÉ LEZAMA LIMA

Para Manuel Díaz Martínez

 

I

No traigan al vidente Orlando a la gran fiesta.
Jamás a Silvia en cuyas piernas baila un colibrí.

Tampoco a Sergio, el tartamudo,
porque para palabras bastan las nuestras
y los oradores ya no son de esta época.

No digamos a la exquisita Matilde o al titiritero Osiris.
Aquí no necesitamos a los aguafiestas.

En este torbellino sucesorio ya somos jefes inmutables.
¡Eso nos basta!

Dictaremos las directrices maestras para el novísimo ismo
perfeccionando nuestro más caprichoso ghetto.

Nosotros juzgamos según nuestro más íntimo pasado.
Algunos conversos agazapados
-el disfraz siempre ha sido muy útil en tiempos convulsos-
otros esperando
-siempre esperando-
el cambio de piel o la mejor marea,
soñando con propiedades, aunque –por ahora-
sólo sean ficticias.
Y esas palabras disparatadas que suenan a ensoñación:
¡Jamás serán admitidas en nuestro nuevo Club social!

Queremos construir una nación casi perfecta
donde quizá exista toda arbitrariedad ,
pero con mercado cautivamente atractivo.

Aspiramos a reunir a los más inútiles
para que nos sea más fácil toda posible permuta encubierta.

Y así poder vender la dichosa Isla por la levedad del peso
evitando la imparable tragedia
de una inmensa oleada tardía de futuros desterrados.

Los amantes amados de la patria
queremos construir un vergel dogmáticamente exclusivo
y ordenamos que en la nueva República sobrarán:

los colores ácrata del arcoíris,
todos los librepensadores,
algún que otro sospechoso por s caminar cadencioso,
las ninfas con su flor en la más íntima entrepierna
o los escribanos, los más temibles de todos.
Hasta los mudos, porque no podrán repetir consignas
y, sobre tofo, los payasos,
capaces de escenificar nuestros horrores más sublimes.

No hablemos de los idealistas, esos son traidores de raíz.
Y de las musas, todo es opinable.

¡Ah, amor mío! Y de los poetas:
¡Di todo, di más!, si te atreves.
Esos son pequeños tiranos
y, a veces, hasta libertadores.
Son románticos de profesión,
taciturnos y rebeldes, siempre opositores,
y los inocentes jamás podrán reinar
pues de su canto sólo debe creerse
lo estrictamente necesario.

 

II

De la tartamudez de un pueblo
cuídense todos los caudillos,
las máscaras perdurarán hasta el instante oportuno.

Esas simples marionetas del capricho vitalicio
de un solo hombre,
se hundirán en el abismo absurdo
de un destino geopolítico.

Definitivamente, las revoluciones interminables han caducado.

Ha llegado la hora de la ciudadanía activa:
Ansias de ser algo más que un puñetero país
en un estercolero repleto de alacranes.

 

–***–

A Bloody Mary, please

La única certeza que encierra Maniatan es su atardecer.

Posponer el desayuno habitual por algo más tonificante
se impone tras una musical juerga nocturna por el Village.

Es llegar al primer bar visible
y pedir solemnemente un rotundo Bloody Mary,
como única contraseña de todo verdadero visitante neoyorquino.

Después, en un improvisado, brunch,
comprarse –al peso-
un kilo de un humeante arroz amarillo
-con camarones gigantes-
y tener que degustarlo con algún refresco
porque las bebidas alcohólicas están prohibidas
en esta exquisita tienda coreana del antiguo barrio judío.

Satisfecho camino hasta el Soho,
donde entro en otro barucho que me atrae.
Unos pocos parroquianos ven, al unísono, varios televisiones.
¡Los Yankees juegan hoy!
Y es una ceremonias asistir al silencio contemplativo
que rompo al pedir mi segundo trago del día:
A Bloody Mary, please.

 

–***–

Jack Daniel’s galopa de nuevo

El dolor en la nuca es extenuante,
los poros destilan un sudor ebrio de felicidad
par saciar la sed intempestiva de cada mañana.

Es como un amanecer azucarado
con unos brillantes ojos achinados
que reclaman amor a destajo
en la impaciencia de toda memoria.

Es la vida misma, como carrusel cotidiano,
dictando vaciar el cáliz de un solo trago
cuando los hielos no llegan a consumir
su inevitable tiempo de desgaste,
pues el calor verbal consume todo líquido
y el mejor espejo es el fondo de cualquier vaso.

 

–***–

Ella, la escurridiza

Para Alfredo, en su reino salmantino.

Ella presidía el desayuno de poetas.
Era la más animosa,
la más concreta presencia de nuestros versos.
Gozaba, saltaba de una loncha de salmón ahumado
a las copas del cava casi congelado,
que cómplice libaba a hurtadillas;
despejadas las reales dudas de esa mañana.

En pandilla caminamos juntos hacia la Plaza Mayor
-a donde siempre se vuelve
y pasea toda la juventud del Universo-.
Recordábamos poemas y anécdotas de bardos,
buscando la complicidad del mediodía,
de la tarde o de la noche salmantina
hasta ese amanecer único de piedras rojizas
que nos incrusta la Historia en cada poro de nuestra aturdida piel.

Ella, la escurridiza, nos seguía a todas partes.
La recuerdo tomando tragos a mansalva hasta la madrugada,
rastreando nuestras huellas:
de bar en bar,
de taberna en taberna.

Sí, ella ha bebido a nuestro lado.
Doy fe de ello.
Sentada en una alta butaca,
como una silente señorita aristócrata,
nos platicaba a susurros, de amores y desamores
hasta desvanecerse en la niebla de la ebriedad
y volver sigilosamente –como cada mañanita-
a su perfecto estado pétreo
para que los incesantes visitantes la busquen en la piedra.

Ella, socarrona y divertida,
duerme, ya eterna, su resaca milenaria.

 

–***–

Memoria de mandarín

En la Isla Entera.

Sigiloso cabecea con un largo suspiro,
como si hiciese un gesto afirmativo.

En su sueño, un gato deslumbrado
degusta
el contenido de la neverita del hotel.

A sorbos acompasados,
el felino bebe lo etílicamente posible:
botellines de cerveza,
botellitas de whisky, vodka o ginebra
-según su más estricto estado de ánimo-.

Rituales engulle, glotonamente,
bombones de varios sabores,
casca maníes en abundancia.
Adereza el condumio con diminutas bolsas de patatas fritas
que le encanta rasgar con sus finas uñas bien cuidadas.

Ya en el protocolario acto,
ante el tedioso turno de lectura
-entre aturdido y soñoliento.
el poeta rememora con sabiduría de mandarín
su propia afición de catador
y todos sus recuerdos bebibles
se mezclan como el más eficaz somnífero.

De repente, todo el auditorio se percata de su dormidera.
El salón se estremece con una estruendosa ovación.

Todavía se escucha el bullicioso lenguaje de aprobación
de un público entregado a la poesía

Mientras, el soñador ausente,
silente y taciturno,
solo deja escapar una lágrima..

 

–***–

Tiempo de exilio

Haber heredado el silencio por costumbre.

La nada acumulándose a pasos agigantados
estériles segundos que apenas se suceden
cuando el calendario pesa más que la vida
y es incierto el respirar constante.

Ya nada asombra a no ser la bondad.
Y el equilibrio necesario de los días
aturdido
experimenta con la lejanía.