"Cuba es oscura a pesar del sol que destella en nuestros ojos, tanta luz que enceguece"

Entrevista con el escritor cubano Armando de Armas

Por Amir Valle

En la reseña que escribí sobre la novela La tabla, en su primera edición de 2008 en la Editorial Hispano Cubana, rememoré lo siguiente: «Allá en Cienfuegos, en los inicios del 90, Armando de Armas y Raúl Antonio Capote me hablaron, una vez tras otra, de sus locuras narrativas. Ya por entonces yo, apegado a un realismo del que sólo me libraría años después, consideraba sus proyectos como perfectas locuras: Capote construía un país donde luchaban por el poder lagartos, enanos, buitres y otras animalias fabuladas a partir de los seres humanos que nos rodeaban, en un largo camino que terminó en su excelente novela El caballero ilustrado; Armando de Armas contaba unas historias de tintes oscuros, siempre desesperanzadores, con personajes condenados que, rara vez, encontraban un destello de luz al final del túnel. He recordado esas historias mientras leía La Tabla. La memoria se activaba. Y ante mis ojos pasaban señales que creía olvidadas, momentos que la propia memoria había cubierto de máscaras y pieles, como si quisiera ocultar todo aquel desasosiego, aquel estar sin estar, aquel creer sin creer, aquella desilusión convertida en aire a respirar que vivimos en la Cuba de los años 90″.

Nuestras vidas (las de estos, digamos, «tres protagonistas» del párrafo anterior) han cambiado mucho desde entonces: Armando de Armas tuvo que huir de la isla de un modo que serviría a un guionista de Hollywood para un thriller de tema cubano; Amir Valle (es decir, quien escribe estas palabras) tuvo que quedarse en el exilio cuando le impidieron regresar a la isla mientras realizaba una gira de presentación por España de una de sus novelas negras; y Raúl Antonio Capote fue vencido por los oscuros emisarios del miedo (ese del que hablaba en su novela El caballero ilustrado) y apostó por dejar de ser escritor para «defender la Revolución» encarnando el «heroico» papel de agente secreto al servicio de una dictadura que vigilaba desde adentro, y denunciaba, a sus colegas escritores e intelectuales. La mención a estas «caminos de vida» tan distintos se hace aquí porque, curiosamente, la novela por la cual se hace esta entrevista, escrita por Armando de Armas en aquellos años, refleja de un modo asombrosamente fiel el espíritu que removió el destino de nuestras vidas, con la misma fuerza con la que destrozó o frustró los sueños de otros amigos y colegas de aquella época (el rumbo gris y mayormente colaboracionista con el régimen de quienes decidieron quedarse o no pudieron escapar…, el escritor Arturo González Dorado exiliado en Inglaterra, Marcial Gala residiendo en Argentina…, podrían ser ejemplos memorables).

Ya en el exilio, más por esfuerzo personal que por la tan mencionada «suerte», Armando de Armas se ha convertido en un intelectual de referencia, tanto por sus lúcidos y polémicos acercamientos ensayísticos al tema Cuba, como por sus libros de narrativa.

Nacido en Santa Clara, Cuba, en 1958, Armando de Armas se ha movido en el terreno de la creación literaria en los géneros de novela, cuento y ensayo. También ha ejercido como periodista. Se licenció en Filología por la Universidad Central de Las Villas. Desde muy joven, en la década del 90, formó parte del movimiento opositor y de la cultura independiente que intentaba ofrecer alternativas a la cultura nacional amordazada. Desde su salida de la isla, además de una incansable labor por la libertad de Cuba en diversos foros internacionales, en 1997 fundó, junto a los escritores Angel Cuadra, Indaniro Restano, Octavio Costa y Reinaldo Bragado Bretaña, el capítulo del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, con sede en la ciudad de Miami. Ha publicado las novelas La tabla (Fundación Hispano Cubana, Madrid, 2008) y Caballeros en el Tiempo (Atmósfera Literaria, Madrid, 2013); los libros de ensayo Mitos del antiexilio (Miami, 2007) y Los naipes en el espejo (Nueva York, 2011) y las colecciones de relatos  Mala jugada (Miami, 1996 y The WriteDeal, 2012) y Carga de la Caballería (Miami, 2006). Su éxito literario más reciente fue el Premio Reinaldo Arenas de novela 2017 por la obra El guardián en la batalla. En 2019, la escritora cubana Yoaxis Marcheco publicó el libro Armado hasta en el nombre y el apellido (Neo Club Ediciones, 2019), una larga entrevista al escritor y periodista sobre su vida, su obra y diversos temas de la actualidad nacional e internacional. Ediciones Exodus, proyecto editorial del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora acaba de reeditar su novela La tabla. Sobre esa obra conversamos.

–***–

Lo primero es explicar a los lectores de OtroLunes el origen y las circunstancias en las que escribiste La Tabla allá por 1990 y, obviamente, a qué se debe su publicación tan tardía en 2008.

Eran unas circunstancias ideales para un escritor -no para un escritor que va a publicar lo que escribe por supuesto-: circunstancias de acoso, de allanamientos de morada por la policía política, de peligro, de vida y sobrevida, al límite y sin límite, sólo cuidarme de no recibir una puñalada o no verme en la necesidad de darla, y del peligro de no caer en manos de la injusticia revolucionaria y, si por desgracia sucedía, evadirme, como hice en 1989 en pleno juicio contra Ochoa de una cárcel en Camagüey, acusado de desacato contra la figura del máximo mandamás de la isla, tras un enfrentamiento con los muchachos de Tropas Especiales. De allí escapé con una herida en una pierna y, como ya conté a nuestra común amiga la poeta María Elena Cruz Varela en una entrevista  reciente, con lo que creí una alardosa –alardosa por sangrante- herida a causa de un culatazo de pistola Makarov en la cabeza y sin haber recibido atención médica alguna. Lo raro de esto que te cuento es que hace unos días, acá en Miami, más de 30 años después, durante un chequeo de rutina, resulta que sale a relucir que tengo un vacío en el cráneo de más de una pulgada debida a una fractura que, obviamente, soldó sola y sin saberlo yo. Según el médico, me salvé de aquel lance porque sangré. Mis amigos, los místicos, dirán que ese vacío explicaría muchas cosas; mas, mis enemigos, los mamertos, dirán también otro tanto, cada cual arrimando la brasa a su sardina.

Por otro lado, no tenía vínculo laboral alguno por esa fecha; primero, porque no me daban trabajo y, segundo, porque la verdad era que tampoco quería trabajar: no creo en la sonsera esa de los marxistas de que el trabajo formó al hombre (en noveno o décimo grado la maestra de una asignatura nombrada Moral Comunista me vino con la monserga de que el trabajo, el trabajo como sucedáneo de Dios, convirtió el mono en hombre, y le dije que si eso fuese cierto prefería haberme quedado como mono comiendo platanos en las matas a tener que trabajar). Tampoco creo en la otra sonsera de los banqueros de que el trabajo dignifica al hombre; no a ellos, que ya son dignos, sino a la masa. Así tenía todo el tiempo para vivir con intensidad y escribir como un endemoniado. Escribía en un bar, en una cervecera, en un calabozo -mentalmente, claro-, y después cuando salía del calabozo corría a escribir lo que había ideado no se me fuera a olvidar, en un cabaret, en un restaurante y hasta en la espalda de una amante si en medio de una sesión de sexo se me ocurría una idea que consideraba crucial.

No se publicó hasta 2008 por la censura. Primero, la censura pura y dura del comunismo y, después, la censura espuria y suave del capitalismo dominado por el marxismo cultural al uso. La tabla estuvo entre los finalistas del Premio Alfaguara (lo supe por mi agente literario de aquel tiempo, Guillermo Schavelzon, porque Alfaguara no publicita a sus finalistas), creo que en el 2000 y si no recuerdo mal el ganador de ese año fue Bryce Echenique. Recuerdo que Schavelzon me llamó por teléfono y me dijo: estas entre los cinco finalistas, aunque no te embulles porque el premio no te lo van a dar, pero al seguro te la van a publicar, y yo, bueno, emocionadísimo, hasta que a los pocos días me llama apesadumbrado y me dice, mira, no sólo no te la van a publicar, porque quieren entrar en la isla y tu novela no les conviene, sino que yo no voy a poder seguir representándote porque las trabas contra ti vienen de todas partes. En 2011 estuve entre los finalistas del Herralde de Anagrama, con una novela aún inédita que se titula Érase una vez en el invierno, Anagrama, a diferencia de Alfaguara, sí da a conocer los finalistas y, obviamente, los publica en su sello, y bueno, ese año extrañamente no se dieron a conocer los finalistas ni se publicaron, así de simple. Acá adjunto un vínculo como prueba de lo que digo, ya sabes, porque lo más fácil para el vulgo ante lo que se sale de lo normal o trillado es decir que uno miente: https://lamula.pe/2011/10/28/la-shortlist-del-herralde/prueba2009/

Mira, yo, que he sido neoliberal, te puedo decir ahora que neoliberal es no libertad que, por ejemplo, las mismas mentalidades psíquico-espirituales que crearon el capitalismo, crearon el comunismo, que capitalismo y comunismo serían, al final, las dos alas de un mismo pajarraco materialista, antitrascendentalista. El capitalismo es un modo eficaz para crear dinero y el comunismo un modo eficaz para gastarlo. El capitalismo es la puta que mantiene a su chulo, el comunismo. Yo ya no creo en el cuento de la Caperucita y el Lobo. Yo me cago en la Caperucita y, de paso, en el Lobo. Por cierto, en La tabla hay un personaje, amigo de Amadís, que se nombra el Lobo, pero este es un lobo estepario, como el de Hesse, un buen lobo.

A tono con eso puedo decir que el mundo editorial está dominado por factores no ya extraliterarios sino extraeconómicos, lo cual es más raro aún (tampoco hay que ser absolutos: se publican muy buenos libros al margen de todo eso, como incluso se han publicado en la misma Cuba, porque las grietas en el sistema existen y están para penetrarlas). Como el mundo de los medios de comunicación está dominado por factores no ya extrainformativos sino extraeconómicos. Creo que es un sistema creado para desaparecer al díscolo y diferenciado. Mis libros, gracias a Dios, aunque en ediciones limitadas, se venden rápido; de hecho, la mayoría de los ocho libros que he publicado ya no se encuentran. La primera edición de La tabla de 2008 se agotó enseguida. Por eso Exodus me propuso esta segunda edición, y está segunda edición se va vendiendo muy bien. Pero, en fin, lo de las ventas está bien, pero tampoco es indicativo de nada. De cierto os digo que vender churros o caramelos, o cosas peores, da más dinero que vender libros.

 

Novelas de Armando de Armas.

Novelas de Armando de Armas.

Se impone también preguntar si existen diferencias entre aquella edición de la Fundación Hispano Cubana en 2008 y esta edición de ahora, en Ediciones Exodus.
Libro-Entrevista a Armando de Armas, por Yoaxis Marcheco.

Libro-Entrevista a Armando de Armas, por Yoaxis Marcheco.

Al final de la novela escribí esta nota a la segunda edición, la cual transcribo a tus lectores, que creo contesta a cabalidad tu pregunta:

Firmada en la ciudad de Cienfuegos, Cuba, a los 4 días del mes de mayo de 1990 y revisada por antepenúltima vez en la ciudad de Miami, Estados Unidos, a los 8 días del mes de marzo de 2008 para su primera edición, 18 años después de haber sido escrita, y revisada por última vez en la misma ciudad de Miami, Estados Unidos, el 27 de octubre de 2019 para su segunda edición, 11 años después de haber sido publicada originalmente. A partir de ser firmada en 1990 cada una de las revisiones llevadas a cabo se ha limitado a suprimir erratas o a suprimir algún adjetivo, o añadirlo, acorde con alcanzar la mayor claridad del texto, así el único cambio notable que podemos señalar acá es el realizado para su segunda edición de modo que fueron suprimidas unas cien cuartillas que el autor consideró que alargaban demasiado la novela sin un aporte sustancial, cosa que además agradecería el editor.

 

¿Una novela sobre la Revolución? Aunque es cuestionable ese criterio de que existen temas gastados, muchos podrán pensar que ya basta con novelas sobre la Revolución, pues existen unas cuantas en todos los espectros de la política nacional. Imagino que te hayas impuesto, desde la ficción, recorrer nuevas aristas… ¿cuáles?

A ver, no sé si, como se ha dicho, es una novela sobre la revolución; o si, como también se ha dicho, es la novela de la revolución; o si, como otros han dicho, es la novela de la contrarrevolución…, no sé si alguna cosa así es posible. Tiendo más bien a creer en lo que ha escrito Orlando Gutiérrez Boronat –sagaz estudioso de la filosofía en general y de la literatura norteamericana y cubana- y es que La Tabla es “una novela posrevolucionaria, pero no posmoderna.  Es posrevolucionaria porque el sujeto de la novela no le ha reconocido al estado totalitario esa clasificación como observador invisible, como rector de lo moral y lo inmoral, o como conciencia de la cubanidad, que el estado totalitario y su fundador se abrogaron”.

Pero creo también que es una novela difícil de clasificar por las múltiples aristas que muestra, no ya de la misma realidad sino de la metarrealidad; de ella emana un terror que es no solo el terror que impone la dictadura comunista sino, como me ha dicho un amigo cercano, un terror metafísico, mefistofélico, y es que la novela no se contenta con narrar el advenimiento y permanencia de la revolución castrista sino el origen mismo de la nacionalidad cubana con escenas precolombinas, en la isla y el continente, la conquista del imperio azteca por el audaz Hernán Cortés quien, como dijera Gertrudis Gómez de Avellaneda, acometiera hazañas a la altura de pocos generales en la historia y en condiciones desfavorables como ningún otro, quien partiera a la conquista de México del sureño puerto cubano de Casilda huyendo de la justicia del gobernador Diego Velázquez; cerca de donde yo escapé de la isla huyendo de la injusticia de Castro, para arribar a Cozumel; cerca de donde yo arribé, ambos en abril, solo que él en 1519 y yo en 1994; él, para conquistar un imperio, y yo, para pasar a EE.UU por el río Bravo como un espalda mojada: de balsero a espalda mojada, y conquistar, eso sí, la libertad, si es que algo así es posible con solo cruzar una frontera y no es algo, como creo, que se conquista antes en el alma.

Curiosamente este es el exergo que puse a la novela, terminada de escribir cuatro años antes de escapar de Cuba, por cierto, de la misma manera en que el personaje Amadís pretendía hacer: apoderándome de un barco con un grupo de leales amigos:

¡Oh, qué cosa de ver era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo andábamos pie con pie, y con qué furia los perros peleaban, y qué herir y matar hacían en nosotros con sus lanzas y macanas y espadas de dos manos!

Bernal Díaz del Castillo
Historia verdadera de la conquista de la Nueva España.

Escribía la novela como en un estado de posesión mediúmnica, con vaticinios que se cumplen después en lo personal o en lo público. Así, en la novela hay una fuga de la cárcel que termina cumpliéndose después en la vida real con la fuga que te mencioné al comienzo. El otro día me preguntaban para una entrevista que si en ese momento yo estaba optimista, persuadido de que con la caída del comunismo en Europa cayera a su vez en Cuba, y la respuesta que di es que sí, yo juraba que eso era coser y cantar, pero sucede que en la novela se narra una escena en una hipotética Asamblea de la ONU donde se baraja la posibilidad de que Cuba quede como Museo del Comunismo en el Mundo. Pero más, se insinúa el peligro comunista en EE.UU (te puedo jurar que yo en ese momento no sabía de la existencia de un senador nombrado Sanders, quien muy bien pudiera hacerse con la candidatura por el partido Demócrata). Y es que el Consciente se cree en control, pero el Inconsciente sabe mucho más o ve mucho más. Dios mora en el Inconsciente y se proyecta en el Consciente.

La tabla es, en algunos aspectos, un libro religioso -quizá por ello el titulo tan poco comercial que intenté sustituir por al menos otros 30 títulos, y no tuve otra opción que dejarlo, porque era ese y no otro, y cuando toca, toca-; o metafísico, que ve la realidad pero también la metarrealidad: lo físico como reflejo, consecuencia última de causas espirituales. Por eso a veces se narra en futuro, como hace William Faulkner en Las palmeras salvajes, y así Amadís puede estar en medio de una pelea y salirse del cuerpo -como una vez me ocurrió a mí mismo- y verse desde afuera y no sentir apego alguno por sí mismo ni por su enemigo, dándole lo mismo matar o que lo maten, como ocurre en el fragmento clave del Bhagavad Gita en el cual Krishna explica al héroe Arjuna la inmortalidad del Ser, lo absurdo de temer al morir o al matar porque simplemente algo así no es posible, no podemos en verdad matar a nadie ni nadie en verdad nos puede matar; si acaso transmutar.

Así, el otro día, durante la sesión de preguntas y respuestas en la presentación, alguien, un hombre de acción y pensamiento, preguntó que si yo como autor me sentía afín al realismo. Le dije que no si realismo es narrar lo que se ve en la superficie y no narrar lo que se ve tras la superficie, que es al final lo que cuenta, eso que no varía porque es esencial; que yo me consideraba si acaso afín al realismo metafísico, término que me vino como un fogonazo, que nada tiene que ver con lo real maravilloso de mi admirado Carpentier ni con el realismo mágico de mi no admirado García Márquez, historicista el uno, milagrista el otro; en la superficie, ambos, ajenos a las causas profundas de los fenómenos. Nada nuevo bajo el sol. Eso que se me ocurrió bautizar como realismo metafísico ya se aprecia en Homero, en Empédocles, Parménides y los presocráticos, en Dante, en los poetas provenzales del amor cortés –no adoraban a una dama como el vulgo cree, aunque también, sino a una diosa-, en Goethe, en Cervantes, en Martí, en Jung, en Nietzsche, en Heidegger, en Hesse, en Jünger, en Spengler, en Blake, en Yeats, en Evola, en Huxley, en Bulgakov, en Nabokov, en Musil, en Serrano, en Lezama, y en tantos otros que se remiten, consciente o inconscientemente, a los orígenes mismos de la poesía y el arte como un acto religioso y fundacional, y no asumen el acto creador como meros malabares de metáforas atrevidas o paisajismos pedestres, pues poeta, ya sabemos, no es más que vate, vidente, visionario; así Vaticano no sería más que lugar de los vaticinios, de los vates; así cuando Empédocles ve a la diosa Cypris no se lo ha inventado como una ocurrencia literaria más para epatar a su público sino que  la ve realmente, ya sea sueños, ya sea en trance, en el mundo real de los milagros, del más allá, más real que el mundo mondo y lirondo nuestro de cada día.

Esos vates antiguos fueron a la vez los grandes inventores y legisladores, los grandes militares y maestros. ¿Cómo lo lograban? Pues incubando sueños, se iban a dormir en las cuevas sacras, algunas de ellas bajo el templo de Apolo, el dios de las profecías, y salían de allí con sus hallazgos en mano, en mente, por lo que me atrevería a aventurar que la gran civilización occidental, esa que tantos ahora se empeñan en denostar, para desaparecerla, es la hija predilecta de los sueños, por tanto es de origen divino, pues los sueños, los desapegados del estómago y la entrepierna, divinos son.

La novela es, además, una obra cosmogónica porque narra la creación divina de la región cienfueguera -Cienfuegos es de las pocas regiones de Cuba que cuenta con su propia historia de la creación, comparable, más bella creo yo, al Popol Vuh de los mayas, y de la isla misma, con escenas que recrean el accionar del dios Huracán de los taínos. Un libro que recrea los mitos fundacionales de la nación, contrarios a los mitos disfuncionales de los que se han apoderado de la nación.

Es además una novela que, como el nombre de sus personajes y los giros de su hablan indican, remeda la novela de caballería y la novela de la picaresca: las dos más largas tendencias de la historia de la literatura hispanoamericana.  Pero es también, como ha señalado el filósofo Emilio Ichikawa, una novela de aventuras a la manera de aquellos guiones del alto Hollywood.

Libros de ensayo de Armando de Armas.

Libros de ensayo de Armando de Armas.

La oscuridad es atmósfera en tu novela, el desencanto huele mucho a desesperación y hay una tristeza que parece flotar sobre todo y todos…, pero hay también la rabia y la rebeldía de quien quiere salvar algo a toda costa. ¿Qué Cuba es la que quiere salvar Amadís? ¿Por qué tanta oscuridad?

Bueno, Amadís no es tan ambicioso. Quiere salvarse a sí mismo y, de paso, salvar en Cuba al que entienda que la libertad no sería otra cosa que la defensa de la personalidad frente a la mortal amenaza de la avalancha de lo colectivo, feo, deforme y masificador, del caos en suma, de modo que uno pueda someterse a un orden superior, sostenido en la exaltación de los valores jerárquicos, aristocráticos y cualitativos. Que la libertad, como el amor, es asunto de seres superiores, del hombre diferenciado. Que sólo atarnos al Espíritu y a los ordenamientos que de él emanan nos hará libres.

¿Por qué tanta oscuridad? Cuba es oscura a pesar del sol que destella en nuestros ojos, tanta luz que enceguece. Ya Heredia lo vio en su Himno del desterrado cuando describe Cuba como la belleza del físico mundo, los horrores del mundo moral. Está la oscuridad del comunismo que adviene con el alejamiento de lo divino. Esta también la oscuridad propia de los ambientes en que me movía, la violencia de esos ambientes. En mi familia y entre mis amigos muchos han ido a parar a la prisión, por motivos políticos, religiosos, comunes y policomunes; yo, en cambio, sólo he pasado por la cárcel brevemente, porque me he evadido o porque he tenido suerte –o porque la Virgen ha tenido piedad de mí. Así, un día, en el cabaret Guanaroca, del hotel Jagua en Cienfuegos, ante el abuso policial, unos amigos  y yo nos rebelamos como pudimos y, cuento corto, nos acusaron de desacato por gritar abajo el comunismo y de resistencia al arresto, y en consecuencia, de lesiones. Recuerdo que estaba mi hermano, y un amigo nombrado Oscar el Jabao. Bueno, Oscar era un militar, un reenganche, y el padre, el jefe del Comité Militar de Cienfuegos: Ortelio se  nombraba, coronel creo, y habiendo un militar en el grupo, su hijo, logró Ortelio que pasaran el juicio a lo militar, lo cual podía ser muy peligroso, pero una vez en lo militar logró usar su influencia y que saliéramos solo con una modesta multa. Otras veces ni siquiera pudieron atraparme. En fin, cada cual vive lo que le toca y punto, como me decía un amigo mío -ya muerto- Mokongo (jefe de guerra) de la Sociedad Abakuá. He sobrevivido de mucho, he sido salvo de mucho, de cosas tremendas, terribles, inenarrables, no sólo por tremendas y terribles sino porque parecieran ficción, pero la realidad, ya sabes, supera cualquier ficción, además porque harían interminable la entrevista y esto es una entrevista, no una autobiografía; que jamás pienso escribir por cierto.

Esa oscuridad peligrosa ha de estar obviamente en mi obra. No puedo ver la vida como la viera un obrero ejemplar, en Cuba, o como la ve un buen burgués en EE.UU. Aunque déjame decir que también hay luz en la oscuridad; sin esa oscuridad nunca hubiese llegado a ser escritor. Ya he contado otras veces que lo que me obligó a escribir fue un enorme tajo en el hombro derecho que me mandó al hospital y al piadoso reposo por largo tiempo, pero aún así, con brazo entablillado y todo, hube de defenderme como fiera del ataque de un enemigo poco caballeroso, sobrevivir al accidente de un auto que se volcó a las tres de la mañana en la carretera de Rancho Luna y a la caída cuneta abajo desde un banco en una parada de guagua mientras hacia el amor con una novia.

Luego, estudiaba la Biblia desde niño, como parte de la secta de los Testigo de Jehová, reclutado por mis tíos maternos, y en la Biblia, en el Antiguo Testamento que es el que más me gustaba, hay mucha oscuridad, holocaustos, sacrificios de sangre, masacres contantes de pueblos enteros, una conducta sexual cuando menos poca ortodoxa, como cuando las hijas de Lot, viendo que su inevitable destino va a ser la soledad, deciden emborrachar a su padre y tener relaciones sexuales con él, para quedarse embarazadas las muy picardas. Esa es la oscuridad metafísica que emana de La tabla, más allá de la oscuridad del materialismo histórico, historicista, impuesto en la isla por más de sesenta años. Asi, asegura C. G. Jung que el libro de Job marca un hito en el largo camino del desarrollo de un drama divino. Cuando este libro fue escrito, preexistían ya muchos testimonios que habían trazado una imagen contradictoria de Yahvé: la imagen de un Dios sin mesura en sus emociones, y que sufría precisamente a causa de esta desmesura. Este Dios se confesaba así mismo que la cólera y los celos le desgarraban, y que el darse cuenta de esto era para él algo doloroso. La inteligencia coexistía junto a la falta de ella; la bondad estaba al lado de la crueldad, y la fuerza creadora, al lado de la voluntad de destrucción. Todas estas cosas existían juntas, y ninguna era obstáculo para las demás. Para nosotros, este estado sólo es imaginable cuando no existe conciencia reflexiva, o cuando la reflexión representa simplemente una realidad dada y configurada, impotente, sin sentido. Una situación tal sólo puede calificarse de amoral, según el psiquiatra suizo.

De modo que en su muy misterioso libro Respuesta a Job, Jung apunta, acerca de la prevalencia del mal en este plano, que también “la espera del Anticristo parece ser una revelación o descubrimiento anticipador, lo mismo que la notable confirmación de que el demonio, a pesar de su caída y de estar desterrado, sigue siendo «el señor de este mundo» y está alojado en el aire que todo lo envuelve. A pesar de todas sus fechorías y de la acción divina de salvación en favor de la humanidad, el demonio conserva todavía un poder considerable, que se extiende a todo el mundo sublunar. Esta situación ha de ser calificada de crítica, y en todo caso no corresponde a lo que, según el contenido de la buena nueva, podría haberse esperado razonablemente. El Malo no está encadenado, aun cuando los días de su dominio están contados”.

Algo de eso se entrevería en Reyes 8, cuando leemos: “Entonces dijo Salomón: Jehová ha dicho que él habitaría en la oscuridad”. En Samuel 22 se dice: “Puso tinieblas por su escondedero alrededor de sí; oscuridad de aguas y densas nubes”. El Salmo 18:11 asevera: “Puso tinieblas por su escondedero”. Así que Dios vive en luz. Así que Dios vive en oscuridad. Dios es Misterio. Dios es lo inescrutable. Lo ininteligible. Luz de tinieblas. Dios es lo que hay que temer aunque digan que es Amor. Dios es Creador. El escritor es creador, un pálido reflejo del Dios creador. Luego toda obra que se respete ha de tener algo de la oscuridad de Dios,  algo de divino o demoniaco.

Libros de cuentos de Armando de Armas.

Libros de cuentos de Armando de Armas.

Lo dije una vez y lo dije ahora: se trata de una novela de tesis que persigue, mediante el accionar siempre inquisitivo del personaje, desnudar duras realidades que todos conocen y casi todos callan así que Amadís lanza una diatriba coral contra todo eso que le (nos) oprime intentando liberarse (nos) de esas ataduras. Si algo así no se ha logrado aún en la realidad real, ¿qué sentido tiene que Amadís lo intente en ese mundo que novelaste? Eres de los que creen que la literatura puede cambiar las cosas…
Durante la presentación de "La Tabla" en Miami.

Durante la presentación de «La Tabla» en Miami, 2020.

Excelente esa reseña tuya, que agradezco mucho porque ha calado como pocas en la esencia de La tabla. No sé si pueda cambiar las cosas en general, cosas como provocar una revolución o algo así. Pero creo por otro lado que sí, que algo cambia en uno, para bien o mal, cuando lee ciertos libros; sobre todo ocurre con aquellos que conectan con el Inconsciente. También creo, o no creo, tengo la experiencia, de que lo que se escribe puede manifestarse después en el devenir; luego quizá haya que cuidar más lo que se escribe. A mí la literatura me ha salvado de mí mismo. Ha sido un puente para conectarme con lo divino en mí, para alejarme de lo pedestre demoniaco allá afuera y en mí.

 

Cuba…, entonces… esa que parece hundirse cada día más en el mar como si se la estuviera tragando un pantano y no las hermosas aguas que tú y yo bien conocemos, ¿tiene alguna salida?

Creo que la tendrá y es una salida que pasa por la Cultura; la Cultura como algo anterior a la Política, y a la acción política, esa que parió a Occidente por la vía de la oscuridad en las cavernas, luz de oscuridad; una salida que pasa por el religamento, de ahí viene religión por cierto, de Cuba con Occidente, lo cual se concretará de la mano de los grandes cambios geoestratégicos que tendrán lugar en el mundo, más pronto que tarde, como una consecuencia de un cambio radical en el Espíritu, que traerá consigo una Nueva Era, una que no dejara piedra sobre piedra de los paradigmas en que hemos creído, o que nos han inducido a creer, desde la revolución francesa para acá. A tono con esos cambios  es absurdo que EE.UU ande librando guerras en el Oriente Medio mientras permite que el enemigo ande a sus anchas en su propio traspatio. Volverán el Arte y la Literatura a  reconectarse con la fuente, no más metáforas sin asidero sacro, no más paisajes meramente decorativos o musarañas degradantes. La Cultura volverá a ser lo que siempre fue: un mandato del Espíritu. Esa será la salida de Cuba.

 

Un reto: ¿podrán los escritores, los intelectuales, isla y exilio incluidos por supuesto, hacer algo para encontrar esa puerta de salida hacia la luz?

Sumarse sin reservas a las demandas del Espíritu de la Nueva  Época, oponerse al Espíritu Epocal es peligroso y te hace pagar un precio inombrable. Mi consejo es que no se opongan. Yo sé de lo que hablo: me he opuesto con denuedo y desespero al Espíritu que ahora muere y que se manifiesta desde 1789, y como ves he pagado un alto precio por ello. Espero, pues, disfrutar ahora de los dones del Nuevo Espíritu, y auguro que aquellos que se le opongan pasarán por lo mismo que yo he pasado -si son consecuentes en su empeño como lo fui yo y no se suman, como ya veo venir, al Nuevo Numen Epocal.

 

¿Algo más que decir?

Quiero darte las gracias públicamente por esta entrevista.