Geografía interior

Sobre Zonas de incertidumbre, de Alba Sabina Pérez

Jorge de Arco

Zonas de incertidumbre
Alba Sabina Pérez

Pre-Textos. Valencia, 2019

 

En su poemario Los países que me nombran, Hans Grapp dejó escrito: “Detrás de cada/ país, de cada/ ciudad, hay un pedazo/ de ti que desconoces”. Tras la lectura de Zonas de incertidumbre, de Alba Sabina Pérez (1984), he recordado los versos del escritor suizo pues parecieran ser la brújula que da sentido a este segundo poemario de la autora tinerfeña. Porque en él y desde él, va revelándose el sentir de un yo lírico que aspira a reordenar su humana condición. Al hilo de cada región, de cada frontera que hollaron sus pasos, hay un instante para detener la mirada, para contemplarse “en la estación de un tiempo/ de luces sepia”. Una mirada al ayer que comporta, a su vez, un recuento de cuanto queda por descubrir, de cuanto queda por hacer en el bordón del futuro.

Con un verso muy bien ritmado, unitario en su dicción, los poemas contienen el espíritu de un cálido refugio, la magia de una sólida simbología nacida desde un alma sensible. Retazos de amor, jirones de misterio, trozos de nostalgia…, se suceden en este himno lírico que late acompasado y certero en busca de una identidad unívoca: “Me siento sola a veces/ entre sílabas incontables,/ sedientas de encontrarme”.

Una playa de México, el cielo de Nueva York, una mansión en Jamaica, una barca en Ámsterdam, una piscina de Londres, una tarde en Oporto…, surgen y se asientan como territorios de reflexión personal sobre todo aquello que la propia conciencia desvela.

Alba Sabina Pérez alinea y recuenta, en suma, cuanto la memoria va recuperando y, consecuentemente, afianzando frente al mañana de quien se siente reconciliado con buena parte de lo vivido: “Llegó el verano y no sobra nada/ porque ahora ya sólo/ cada mirada es la misma y la mía”.