Casi veintitrés años después logro recordar, vagamente, la imagen del general Arnaldo Ochoa durante aquel juicio televisado por todo un mes en la televisión cubana. Claro, el tiempo ha disipado la nitidez del recuerdo. El tiempo y la memoria se han ocupado de desvencijar aquel hecho de cuando estudiaba en el preuniversitario, un tiempo en que no creo haber podido comprender la legitimidad de aquellas acusaciones ni de aquellas escenas.
Muchos, quizás, han olvidado aquel verano en que se acusaba a Ochoa públicamente para que aquello sirviera de escarmiento. Muchos, o algunos, quizás ya no quieran acordarse de lo que pasó para que aquel general fuera burdamente despojado de sus medallas y muriera ante el pelotón de fusilamiento. Leer más…




