Elecciones y candidatos

Jorge Chavarro

 

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Los deslices liberales aniquilan imperios, Roma es el ejemplo fácil, la Pax Romana nunca pretendió suprimir las religiones de los pueblos conquistados, antes más bien las absorbió  y ese se convirtió en su talón de Aquiles, el cristianismo llegó y destruyó el imperio por antonomasia. Los Estados Unidos de América lo entienden, somos hijos de la Europa cristiana, por eso para la elección del Cesar se aplica un cuidadoso sistema de escogencia que permita al americano medio sentir que se está preservando el imperio.

Para Obama convertirse en la testa coronada tuvo que hacerse de los votos de la clase media blanca educada y de los de su grupo racial, nos dicen sin embargo que fuimos los hispanos quienes le sostuvimos el cetro, falacia de contentillo, en primer lugar porque la mayoría no vota, y segundo porque entre los que si lo hacen una porción significativa odia a los negros y a los indios (perdón a los afroamericanos y a los nativos americanos, olvidaba lo del lenguaje políticamente correcto o de la cultura del eufemismo), como secuela de la vergüenza que sienten por el mestizaje que nos caracteriza. Pero sí, es creciente el peso relativo de la hispanidad, especialmente por el crecimiento demográfico de los que somos ciudadanos y nos incluimos en las ideologías partidistas.

Y ahora estamos en la búsqueda del sucesor. Hasta algo así como junio del 2015 las cosas pintaban en la línea de la normalidad. En una orilla un extremista de derecha, amado por el alto mando de GOP y del Tea Party, nacido en Canadá pero Texano, quien usando el lenguaje políticamente correcto propone extraditar a los 11 millones de inmigrantes ilegales sin darles posibilidad alguna de regresar y adhiriendo a todo lo demás que el catecismo republicano exige, incluyendo la adustez del rostro que viste el senador Ted Cruz.  Desde el inicio recibió más bendiciones que Jeff Bush, el hijo y hermano de expresidentes, y muchas más que Marco Rubio, el otro senador.

Y en la otra orilla la exsecretaria de estado del primer gobierno de Obama, amada de Wall Street y de los líderes demócratas, conservadora de centro, lo que aquí quiere decir liberal, desde siempre primera en la línea de favoritismo para ser la ungida y con sonrisa de presidente en el día de su posesión, Hillary Clinton.

Las apuestas apenas comenzaban cuando apareció el desorden. El 16 de junio Donald Trump anunció que por segunda vez sería candidato a la presidencia y arrancó lanzando dardos venenosos contra los inmigrantes mexicanos que calificó de “narcotraficantes”, “violadores” y “criminales”, razón de más para extraditarlos a todos y luego readmitir (a diferencia de Cruz que no los quiere volver a ver ni en pintura), a los que aprobaran las exigencias de la ley que se expida para ello. Con este brillante lanzamiento, brillante por lo mediático, comenzaron también los errores de cálculo en torno suyo; los medios y el Comité Nacional Republicano se le fueron encima, pero en vez de desaparecer de las encuestas asumió su liderato calificando para participar en el primer debate republicano del 6 de agosto.

El debate se convirtió en el show mediático del mes y sus respuestas levantaron ampolla en FOX, la cadena organizadora, por sus groseras referencias a Megan Kelly, su presentadora estrella.  Después no olvidó regalarnos la perla nuestra de cada día y en las encuestas comenzó a crecer como la espuma.

En la otra orilla también estaban ocurriendo cosas aunque de tinte diferente, la candidatura de Bernie Sanders. Sanders, senador de Vermont reelegido en el 2012 con el 71% de los votos, con un discurso y una hoja de vida que explican su definición de “socialista demócrata”, clamando por sacar a 27 millones de norteamericanos de la pobreza, duplicar el salario mínimo y reformar el “corrupto” sistema de financiamiento electoral.  Con eso está arrastrando tras de sí a la nueva generación demócrata que comparte su sueño, ideal construido desde su compromiso con el movimiento por los derechos civiles que lo llevó a participar en 1963 en la marcha en Washington donde escuchó a Martin Luther King pronunciar su discurso “Tengo un Sueño”.

Dos actores nuevos fuera del libreto del establishment en extremos diferentes del espectro populista, conscientes de las fortalezas que otorga el alejarse de lo políticamente correcto cuando un amplio sector de las bases de los dos partidos agotó su paciencia por esperar un cambio y ven la política norteamericana toda como desleal y corrupta. De eso no se dieron cuenta los partidos ni la prensa, el periodismo siempre está al servicio del poder así de cuando en cuando sea el catalizador necesario para algunos cambios, que aunque mesurados sin ella nunca hubieran ocurrido.

Las metidas de pata de Silvio Berlusconi habrían sacado del ruedo a muchos políticos formales, a él lo llevaron y mantuvieron en el poder hasta que se agotó por sí mismo, a lo mejor ese fue el espejo de Trump o al menos es su antecedente más visible. Hablar sobre “una prohibición total y completa de ingreso de musulmanes”, expulsar violentamente al periodista hispano Jorge Ramos de una rueda de prensa, declarar su admiración por Vladimir Putin y decir que Kim Jong-un es una gran dirigente, apoyar (porque no es idea original suya) la eliminación de la ciudadanía estadounidense a los bebes ancla, discutir con Vicente Fox sobre cómo va a pagar México el muro fronterizo que será esto de largo y alto, lo que tampoco es creación de Trump porque lleva décadas construyéndose bajo gobiernos de ambos partidos, pero levanta ampolla por la forma frentera de decirlo haciéndolo visible mientras Cruz y el partido en general, para quienes el muro es un propósito, pasaban de agache.

Estas y más cosas solo sirvieron para cosechar los aplausos de la galería y subir en las encuestas; tampoco importó la amenaza de ser declarado persona no grata para el Reino Unido ni haber dicho que podría salir disparando en la Quinta Avenida de Nueva York sin perder votos, ni que Isis haya tomado las frases de Trump contra el Islam para mostrar que occidente quiere acabar con su fe.

En las primarias ha arrasado y se consolidó en el súper martes, es hombre en sintonía con el estado de ánimo de las bases inconformes de su partido y dice lo que ellas piensan pero nadie más se atreve a decir, o si, también Cruz dice mucho de lo suyo, pero en esas mismas bases es visto como marioneta del establishment que quieren acabar. Rubio tampoco avanza por vacío e inmaduro, está seguro que Obama quiere destruir América como parte de un plan deliberado. Los demás dejaron de existir, John Kasich porque solo es conocido en Ohio de donde es gobernador y un poco en los estados colindantes, Bush porque el país no aguantaba un tercero de la dinastía a pesar de ser con Kasich lo mejorcito que tenían; los demás, ¿los demás quiénes eran?

Y lentamente han ido llegándole adhesiones de importantes figuras republicanas. Jan Brewer, ex gobernadora de Arizona admite que “Trump está diciéndolo como realmente es”, el pueblo de Arizona paga los costos de la violencia generada por los carteles de las drogas. Cuatro días antes del Supermartes, Chris Christie, miembro relevante del establishment, adhirió al magnate, sumándose al besamanos que en enero recibió de Sara Palin.  No es entonces todo el GOP el que salió a vociferar desde ayer (escribo esto el jueves 3) el asustado con la aplanadora en que promete convertirse el neoyorkino, pero si es mayoritario y es entendible el pánico que sienten.  El populismo de Trump está en el extremo más peligroso del espectro, simplista en el análisis y ausente de soluciones.

Sanders por su parte ha hecho una tarea formidable pero insuficiente, su modelo socialista inspirado en los países del norte de Europa, es para los Estados Unidos comunismo. Es demasiado honrado y eso tampoco gusta más allá de los jóvenes y una franja mayoritariamente abstencionista, su populismo de centro izquierda propone devolver el poder a los ciudadanos, otra propuesta a la europea, y en el debate demócrata de noviembre pidió, visiblemente molesto, acabar con los ataques a Clinton “por la malditos emails”.  Su populismo no llega más allá de lo necesario para ganar audiencia, pero no ha explicado cómo va a financiar el incremento del gasto público para alcanzar sus metas, aumentar los impuestos a los ricos puede ser muy popular, pero no alcanza.

Así las cosas Marco Rubio y Ted Cruz tratan de ofrecer su propia versión de la propuesta del incendiario billonario pero están en desventaja franca, tratan de remedar un juego ausente de estrategias que no conocen, y como si fuera poco, los dirigentes republicanos no olvidan que fue Trump el único que en el primer debate levantó la mano cuando se les preguntó a los 10 quien abandonaría el partido de no ser el escogido en la convención.  Trump llama “movimiento” a su electorado. No hay duda que daría el zarpazo enterrando las aspiraciones republicanas de sentirse víctima de una convención amañada en su contra.

En cuanto a Hillary Clinton, el trabajo está reduciéndosele a incorporar en su discurso las quejas más sensibles del discurso de Sanders, agregando que la gente está también necesitando soluciones con lo que sugiere que Sanders no las tiene y ella sí. De enfrentar a Trump en los debates para las presidenciales el magnate estará fuera de lugar, el formato de ellos difiere de los de partido, no hay barras que vociferen o aplaudan lo que hará sentir incómodo al número 400 y algo de la lista de Forbes, estará solo un público silencioso y en la confrontación de ideas va en franca desventaja. Hillary Clinton se perfila como la primera mujer presidente de los Estados Unidos de América.

 

 

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. Espera comenzar su doctorado en las mismas áreas el próximo otoño.