Cómo les inoculan el miedo a los cubanos

Rafael Vilches Proenza

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Era Bayamo; casi salíamos de los años duros, los noventa; arrastrábamos la inocencia y la desdicha de un Periodo Especial que no iba a terminar nunca, ningún cubano pidió vivirlo, y solo lo padeció, y aun lo padece el pueblo cubano, el de a pie, ese que se acuesta y se levanta en qué dar de comer y cómo vestir a sus hijos, no así sus dirigentes.

Sé que no vivimos: sufrimos las mismas experiencias; esas mismas terribles experiencias que sufrieron muchos de nuestros amigos, como Guillermo Vidal, Rafael Alcides, Luis Felipe Rojas, Ángel Santiesteban, Amir Valle, Jorge Olivera, Rafael Almanza, Francis Sánchez, Arturo González Dorado, Orlando Luis Pardo Lazo, Antonio José Ponte, María Elena Cruz Varela, Raúl Rivero, y tantos otros.

El grupo Literario Espiral fundaba su revista A contraluz, donde solo intentamos primara la calidad; la censura partía de ahí.

La líder del grupo literario, Zoelia del Carmen Frómeta Machado, había decidido en un viaje que hiciera a México quedarse a vivir allá con quien sería por unos años su esposo, el escritor y editor mexicano Jaime Pasquel, extraordinario amigo. En uno de los números de la revista publicamos un poema de Zoelia, nuestra Zoe, y por ello fui casi agredido una mañana en el Boulevard bayamés por el entonces Director de Cultura provincial, persona que no veía más allá de sus fuertes orejeras políticas.

Meses después, Zoelia a solicitud mía, vía correo electrónico, nos envió obras y entrevistas de los escritores, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, y otros prohibidos en Cuba. El correo al que lo había enviado era del poeta Miguel Ramírez, que trabajaba como mecacopista en Ediciones Bayamo, y la agente Ofelia, de la Seguridad del Estado que trabajaba en dicha Editorial (era la responsable de revisar todos los correos que entraban a la institución) dio el chivatazo.

Migue fue echado como un perro de su trabajo, y yo paré en una oficina del PCC para ser entrevistado por el Jefe Ideológico de ese agrupación política. Para el encuentro con este personajillo me hice acompañar de un numero de la revista La Gaceta en la que se había publicado una entrevistas al peruano Mario Vargas Llosa por Ronaldo Menéndez; revista que, por cierto, aquel funcionario político jamás me devolvió, pero aun así no pude salvar a Migue de su desempleo, que duró largos años, hasta que uno de sus amigos lo sacó a Canadá.

Recuerdo estar una tarde en una Feria Internacional del Libro de La Habana, conversando más de 20 escritores cubanos, cuando vi venir a otro escritor, solo. Parecía un Lord Ingles. Días antes lo había conocido en su casa, donde lo visité con mi amiga, la escritora Iyannis Gómez, que hace años vive en México. Dije con alegría: “miren quién viene por ahí, Ponte”. Nadie a mi alrededor se movió; todos se pusieron más blancos que el papel de aluminio. Salí del grupo y fui directo a saludarlo, conversamos unos minutos. Había ido a La Cabaña por la presentación de un libro de su amiga, la escritora Reina María Rodríguez. Cuando retorné al grupo, solo me dijeron: “Vilches, tú sí que estás loco”.

Si estar loco por acompañar a los amigos en las buenas y las malas, yo estoy más loco que El Caballero de París. Y de mi locura estoy muy orgulloso. Que esa dicha nunca me abandone. Sé que no soy el único, ya lo dijo John Lennon.

Viviendo en Holguín, desempeñándome como Metodólogo de Literatura en el Centro Provincial de Casa de Cultura, el escritor y promotor cultural Julio Lore especialista literario en el municipio Moa, me pidió encarecidamente que invitara a mi amigo, el escritor Amir Valle -que ya estaba prohibido en Cuba-, al evento Onelio Jorge Cardoso. Cuando le pasé la invitación éste me dijo que sí.

Unos días antes de que Amir llegara a la ciudad de Holguín para continuar viaje hacia un evento literario en Moa al que lo habíamos invitado, fui intersectado en una calle de la ciudad por un auto donde venían Alexis Triana, Director Provincial de Cultura, y el Director de la empresa donde entonces yo trabajaba, Orlando Arzuaga, y me hicieron llamar a Amir Valle a su casa en La Habana para que le pidiera disculpas porque no se le había podido sacar pasaje de retorno, y que no viniera. Una mentira. En cuanto salí de la oficina de donde me hicieron mentirle, lo llame de un teléfono público, le conté la verdad, y le dije que usara mi nombre si quería a hacer cualquier reclamación de sus derechos, porque a través de una resolución del entonces Ministro de Cultura Abel Prieto, los directores provinciales de cultura tenían prohibido invitar al escritor Amir Valle.

Meses después en la ciudad de Holguín, Michael Miranda, Luis Felipe Rojas, el Padre Olbier, y yo, fundamos la revista literaria Bifronte, que tanta roncha levantara en el ámbito cultural, literario, policial y político. Todos fuimos perseguidos, llevados a los recintos de la policía política.

Michael se quedó sin trabajo, Luis Felipe continuó siendo `perseguido y arrestado, Olvier terminó exiliado, primero en Gibara, luego en España, donde permanece; a mí me citaron un día al departamento de la Seguridad del Estado, y el oficial vestido de civil, mientras me hablaba, puso su pistola sobre su buró. Aun hoy sigo vigilado de cerca; de cuando en cuando me desaparecen en tenebrosas oficinas para ser “interrogado”, amenazado de muerte, solo por decir y escribir lo que pienso y siento, por vivir en un régimen totalitario.

Otro día -por ser amigo de Luis Felipe Rojas, y pasearme con él por las calles de Holguín- fui echado de mi trabajo como especialista en la sede de la UNEAC en Holguín, y vetado como miembro de esta “ONG”, que dice reunir lo mejor del arte y la literatura de Cuba. Ahí mismo se cerraron todas las puertas. En casa solo recibí la visita de Luis Felipe. El escritor José Poveda escribió una carta abierta como protesta, pero ningún escritor la quiso firmar. Francis Sánchez me llamó para entregar su carnet de la UNEAC. Fueron las muestras de solidaridad que recibí por esos días, pero no las únicas de cariño, y apoyo sentimental, nunca me sentí solo.

Las muestras de amedrentar a un ser humano en Cuba son muchas.

Hace unos meses comencé a escribir una novela. El tema rozaba la novela de Félix Luis Viera Un ciervo herido. Donde único la encontré fue en el Obispado de Santa Clara, la pude sacar y apenas leí el primer capítulo tuve miedo de algún tipo de influencia, decidí devolverla y leérmela al terminar de escribir mi historia. Cuando así fue, retorné por el libro del villaclareño, y cuál no sería mi sorpresa al enterarme que no podía sacarlo, que la consulta debía ser en la sala, era ejemplar único. A pesar de que en la biblioteca me conocían, decidí sacar tiempo para podérmela leer sentado en una de sus mesas, disfrutar del aire acondicionado y el silencia del local, donde además había escrito muchas cuartillas de mi novela. Mi sorpresa fue mayor al retornar, decidido a leerme por fin la citada novela, cuando la solicité no apareció: manos enemigas la desaparecieron, no sé si por mí, por Félix Luis Viera, o por la vergüenza de la UMAP.

Vivir y escribir en Cuba, es un misterio, un horror, un sacrificio.

Del Autor

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Rafael Vilches Proenza
(Vado del Yeso, Granma, Cuba, 1965) es licenciado en Educación Artística en la especialidad de Artes Plásticas y egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Es asiduo colaborador de publicaciones independientes críticas con el régimen, como Pensamiento Plural y Voces. Vilches ha obtenido varios reconocimientos, como el Premio Nacional de Poesía Manuel Navarro Luna en 2004 y 2010, por los libros El único hombre (Ediciones Orto, 2005) y País de fondo (Ediciones Orto, 2011); así como el Premio Nacional de Poesía de la Ciudad, en 2005, por Trazado en el polvo (Ediciones Holguín, 2006). También ha sido Premio Nacional de Poesía La Enorme Hoguera (2006); Premio Nacional de Poesía Centenario de Emilio Ballagas (UNEAC, 2008); Mención Nósside Caribe (Italia, 2005) y Mención Poesía UNEAC Julián del Casal (2007). Tiene publicada la novela Ángeles desamparados (El Barco Ebrio, España, 2011). Su libro más reciente es el poemario Café amargo (NeoClub Press, Estados Unidos, 2014).