Con Zenobia Camprubí

Sobre el libro Diario de juventud. Escritos. Traducciones, de Zenobia Camprubí

Jorge de Arco

Diario de juventud. Escritos. Traducciones
Zenobia Camprubí
Edición e introducción de Emilia Cortés Ibáñez.
Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2015

 

Zenobia-camprubi-librario-poesia-OtroLunes40El 25 de mayo de 1904, Zenobia Camprubí llegaba a Nueva York. De la mano de su madre -que había dejado Valencia para poner un punto y aparte a las acentuadas diferencias matrimoniales-, y junto a su hermano Epi, optaban por un cambio radical y esperanzador.  Zenobia contaba entonces 17 años, y al referirse a su anterior vida en España, anota: “No conocía a una sola niña de mi edad. Una vida hacia adentro (…). Parecía que la vida se había secado”. Permaneció en tierras americanas hasta la primavera de 1909, y no cabe duda de que, desde allí, sus días comenzaron a florecer y madurar hasta convertirla en una mujer adulta y de vasta cultura.

En septiembre de 1905, inicia su Diario, en el que confiesa: “Este diario no es un registro de mis pensamientos y sentimientos, no es para ordenar lo que hay en sus páginas (…) Mi único deseo es que mi madre me dé una referencia de qué cosas útiles contar de mi vida”.

Aquel deseo y aquella obediencia filial, es hoy una espléndida joya que nos brinda la Fundación José Manuel Lara, al dar a la luz estos Diarios de juventud, inéditos hasta la fecha. -De Zenobia teníamos sólo su trío de diarios del exilio, junto al de 1916-.

De la introducción, selección, edición, traducción y transcripción, se ha encargado Elena Cortés Ibáñez, en un derroche de empeño, devoción y rigor. El material aquí recogido, está tomado de la sala Zenobia-Juan Ramón de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras y del fondo depositado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid; además, el fondo de la Fundación Zenobia, ha sido primordial a la hora de comprender más y mejor los instantes esenciales de su acontecer.

En su prefacio, Elena Cortés incide en la importancia de que Zenobia fuera una empedernida lectora. A su vez, su implicación con los más necesitados y con el ámbito de la infancia, su capacidad para adaptarse rápidamente a cualquier atmósfera, su excelente conocimiento del inglés y de otras lenguas, su incesante inquietud para ampliar conocimientos… y, al cabo, su saber estar y su saber vivir, la convirtieron en una mujer excepcional -aún más, al considerar los años en los que desarrolló sus distintas actividades-.

Junto al valioso testimonio que supone su Diario, el volumen es una sucesión de gratísimas sorpresas. Su segundo apartado, reúne sus artículos publicados, el primero de ellos, “A narrow scape”, en 1904, cuando tenía tan solo 14 años.

La sección de “Relatos publicados” y “Relatos inéditos”, demuestra su capacidad creadora y los deseos de compartir con el público sus iniciales devaneos literarios. Junto a los “Trabajos de clase” -donde sobresale el dedicado a Santa Teresa-, se acompañan las conferencias que dictó.

Pero uno de los capítulos más destacados es el dedicado a su poesía. Si bien ya se sabía de algunos de sus textos, se insertan aquí veinte poemas -originalmente en inglés-, escritos en su mayor parte durante su primera estancia en América. Dentro de la sencillez y del tono narrativo que atesoran, su decir esconde un verso delicado, anhelante e íntimo: “¡Qué cosa hermosa hubiera sido tener un hijo (…) Tenderle un puente cuando vacilara al borde del abismo./ Llevar su alma en pos de un alto anhelo/ Seguirle con los ojos hasta verle lejos/ Espiarle ansiosa espiando su regreso./ Apartar de su lado la acechanza./ Reír, llorar, vivir con él todo/ Gozar de la vida en más puro gozo/ ¡No conocer jamás esta desesperanza!/ Tener un hijo”.

Bien sabida es la ingente tarea como traductora que realizó Zenobia, y de ello hay testimonio en otros volúmenes ya editados. Mas lo más novedoso de lo que aquí se ofrece, son las versiones en castellano de algunos cuentos, así como de los borradores de la traducción de la obra juanramoniana: doce capítulos de `Platero y yo´,  y nueve poemas.

El libro se completa con el Apéndice, “Un soñado viaje a España”, escrito por Francisco Hernández-Pinzón a partir de fragmentos de cartas de Zenobia y el artículo “Juan Ramón y yo”, y “Cómo es Juan Ramón”, escrito por la misma Zenobia, y del que extraigo este  fragmento: “Juan Ramón cuando está cerca, es todo ojos. Lo demás es un contorno armonioso que lo acompaña, excepto la sonrisa que casi puede igualarse con los ojos (…) Nunca es más feliz que cuando está escribiendo, corrigiendo, perfeccionando (…) Su carácter es con todo diferente en temporadas fecundas de lo que es en las áridas”.

Al cabo, un volumen valioso y sugerente, que retrata en buena medida la personalidad y el carácter de una mujer activa, generosa y llena de bondades.