Descripción del vencido y otros poemas

Poesía

Sonia Díaz Corrales

sonia-diaz-corrales-poesia-OtroLunes40Sonia Díaz Corrales nació en Cabaiguán, Cuba, en 1964 y reside en Santa Cruz de Tenerife. Es poeta y narradora. Ha publicado los libros de poesía: Diario del Grumete (1996 y 1997) y Minotauro (1997). Sus poemas aparecen en las antologías: Retrato de grupo (1989), Poesía infiel. Antología de jóvenes poetas cubanas (1989), Poetas del Seminario (1992), Un grupo avanza silencioso (1990), Mujer adentro (2000), Poesía cubana de los años 80 (1993), Poesía espirituana (1994), Anuario de poesía (1994), Mis barcos nuevamente (1996), Antología de décimas Canarias-Cuba (2000), Todo el amor en décimas (2000) y Puntos cardinales. Puente colgante. Antología de poetisas cabaiguanenses (2000), La madera sagrada (2005), Como el fuego que está siempre (2009), Paisajes interiores (2010), Antología de la poesía cubana del exilio (2011), La catedral sumergida (2012).También tiene publicadas las novelas El hombre del vitral (2010) y El puente de los elefantes (2012). Ha obtenido los premios de poesía: América Bobia 1982, Matanzas; Bustarviejo 1993, Madrid; y el Abel Santamaría 1997, de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara; así como las menciones: Caimán Barbudo, David de la UNEAC y 13 de marzo de la Universidad de La Habana.

 

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Descripción del vencido

¿Has visto al vencido?
¿Has visto cómo llena su particular espacio de silencio?
¿Has visto cómo deja caer los brazos
resignado
y se entrega?
¿Cómo dice a todo que sí
o que no
según se espera?
¿Has visto cómo no tiene sentido del bien
ni del mal
ni sentido del humor
ni del ridículo
ni siquiera es consciente de que conserva sus cinco sentidos?
¿Has visto cómo rechaza
fanático
la existencia de un sexto sentido?
¿Has visto cómo nada en él tiene sentido?
¿Has visto cómo no llora
ni ríe
y mira sin mirar?
¿Cómo no se conmueve
sino que se queda detenido en la derrota que se repite
se repite
se repite?
¿Le has visto junto a la fuente
igualmente detenida y seca?
¿Has visto su inmovilidad
cómo lo sabe y no hace nada
no grita
no se rebela
no pregunta por qué
no patea la fuente que no mana
ni una podrida gota?
¿Has visto que no espera
solo está
porque ni siquiera sabe cómo dejar de estar?
¿Lo has visto?
Entonces me has visto
y no hay nada que agregar.

 

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Melancolía

Los abismos siempre van hacia otros abismos
a rarezas
a una parte adentro a la que todo le deslumbra.
Dicen que me columpio en la mente del suicida
que me enterrarán bajo ásperos girasoles.
Dicen que voy a salir mañana en las noticias
con unos ojos ajenos
que no saben que son míos.
Teníamos
dos abismos por ojos
esa mujer de las noticias y yo.
Teníamos
carteles de advertencia:
la melancolía es un abismo
sin fondo.
Los abismos
me llaman por mi nombre,
escribirán mi epitafio:
Esta mujer
cayó en todos los abismos
y eso
parecía hacerle feliz.

 

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Love making jazz machine. Sin remasterizado ni estribillo

Divertimento para Ella Fitzgerald

(Piano y percusión)
No lo digas
ella es una romántica
máquina de hacer el amor.
No digas nada
ya sé qué es el amor.
Ella es perfecta
y yo solo soy una mujer común
de las que estornudan
y moquean.(Trompeta)
Puedo entender que es perfecta
perfecta y romántica. (Coros y voces)
No digas nada
odiaría escucharte decir
que soy una buena persona.
Si vas a volver a enamorarte
ella es perfecta
como una flor de invernadero
es una maquina dulce y perfecta.
Yo siempre te he amado
pero reconozco que en ella está todo
y a mí se me empieza a caer también el corazón. (Contrabajo y bajo y luego trompeta)
Amo que estés amando lo perfecto.
Esa que ya no soy
tiene este algo desfasado
y no piensa demasiado en los espejos.
Entiendo que quieras bailar con ella
ella es una máquina perfecta
una dulzura
cuando hace el amor.
He amado
que creas en lo perfecto.(Piano)
Suavemente.
Serenamente. (Trompeta y voces)
Ya sabes que voy a extrañarte
pero no voy a pedir disculpas
por no ser ella. (Trompeta)
Por no ser perfecta
en el amor
ni en lo que resta
no he tenido suficiente dinero para tomar lecciones.
Ya ves
puedo llorar
no soy una máquina
de hacer el amor.(Percusión y trompeta)
Ya puede que no sea
ni romántica
pero igual soy yo
¿recuerdas?
Antes yo también era una máquina
romántica
perfecta
de hacer
el amor. (Piano y voces)
El cielo está abierto aún
así que ve
no sea que cierren. (Percusión y trompeta)
(Platillos)

 

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Espacioso es el mundo donde todos cabemos

Homenaje al poeta reconocido. Y a sus acólitos, imitadores y envidiosos

Filantropía
canevás
y dos huevos
de cigüeña
escribió el poeta reconocido
y hace seis semanas que encabeza las listas de superventas.
El poeta reconocido es la pesadilla
de los otros poetas menos reconocidos
que se vuelven su continuo.
La filantropía
y el canevás
con algo de suerte
y madurez
puede que no dejen al poeta
sino que lo motiven a repetirse.
Pero lo que en realidad consigue mi atención
—no voy a disimular—
son los huevos de cigüeña.
Esto:
el amor enorme como huevos de cigüeña
es definitivo
digan lo que digan sus fans
sus detractores
los críticos
la postmodernidad
incluso la progresiva implosión del universo
que comenzará —dicen—
cuando acabe de expandirse
en sus muchos infinitos.
Entonces
cuando el mundo empiece a hacerse infinitamente pequeño
y empecemos a estar tan apretados
todos los poetas y nuestros egos,
qué será del poeta superventas
si de pronto se descubre
sobrescrito en su originalidad
y teme no distinguir sus versos
de las poéticas de sus admiradores,
y entra en pánico
porque en unos pocos siglos nadie sabrá
quién ha copiado a quién.
Que será del poeta
—este es el punto—,
abocado a sufrir la exaltación de sus acólitos
la persecución de los amadores de poetas reconocidos
todo ese esfuerzo solo para ser lo que es
y de pronto
quisiera ser como nosotros
un poeta común.
Cómo va a sobrevivir
—repito: este es el punto—,
si no se dedica al canevás
y pasea por ahí haciendo su bordado
haciendo de filántropo,
o se cuelga del cuello
con un par de huevos
de cigüeña.

 

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Tiranía

Vino como un fantasma
y me acompañó por días
revolvió mis gavetas
y objetó la increíble,
patética falta de sexapil de mi ropa interior.
Se llevó mis libros
y dejó clarísimo que todos estos poetas cubanos
—a los que venero y releo—
no son más que pifias
palabrotas     palabrería
cursilería patriótica y pseudointelectual
discurso cursi cursi cursi.
Y las cosas que guardo entre los libros
esos necesarios papelitos
esas servilletas manchadas
esas direcciones
esos ticket de autobuses y compras
esas notas balbucientes
ese mapa de mi vida mientras leo,
eran una obsesión innecesaria
interrupciones incordiosas a la sana lectura,
a la fluidez del texto.
Vino como un fantasma
a remover mis costras
a dejar claro que
si no te depilas las cejas
las ingles
las axilas
no existes.
Anduvo por los barcos hundidos
de mis versos
y dijo pretenciosa
desinformada y carente
—que en realidad significaba inculta—.
Y luego dijo: el tiempo
qué serás en el tiempo
pasto
flor de un día
mujer avejentada.
Qué quedará
de todo esto
si no traspasas la pared desfigurada de tu vida
hacia la vida de los otros,
serás polvo
serás pérdida
serás lo que eres ahora:
nada.
Vino como un fantasma
y parecía amarme a pesar de mí.
Traté de sobrevivir a su tiranía
a su perfección
y a sus críticas
pero no pude
y le maté.

 

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Of para la melancolía en tres movimientos

Apagar la luz
toda la luz.
Apagar el espejismo de la lámpara
de los candelabros
apagar la chimenea
su luz rota y trepidante.
Apagar las nubes
el cielo
el hilo de luz
la congregación de la luz
apagar el verano
su laxitud de artificio.
Apagar el ruido de las avenidas
y el murmullo del agua
la humedad
las piedras.
Apagar el deseo
y esa rama de apio en la mano del santo.
Apagar el terciopelo rancio del abrigo equivocado
la elegancia del conjunto.
Apagar el girasol cansino
de la soledad
su perseverancia
su sepia
su quietud reticente.
Apagar los trenes
las playas
el camino que ofrece el gurú
las cartas
las de amor
las del juego
las de los bancos.
Apagar el dinero
su doblez siniestro.
Apagar todas las puertas tapiadas
todas las veces que el amor se hizo sal
y agua
apagar ambas.
Apagar la luz del rostro.
Apagar los ojos
casi nulos
apagar el cuerpo
las flores
que se mustian
en el cuerpo.
Apagar los brazos redundantes
su caída contra el cuerpo apagado
los brazos
que eran la luz para juntar los cuerpos.
Apagar esta mano que escribe.
Apagar el verso castrado
la censura que castra
apagar la torpe pretensión del libro
apagar la resistencia
apagar la tarde
mansamente
con Bach.
Apagar toda la luz
y después la oscuridad
alternando.
Apagar de vez en cuando
incluso
lo que viene después de la oscuridad.
Apagarlo todo.