Bojeo por el valioso teatro colombiano

Waldo González López

Festival de Teatro Alternativo, una de las ideas de la Corporación Colombiana de Teatro.

Festival de Teatro Alternativo, una de las ideas de la Corporación Colombiana de Teatro.

 

Colombia es uno de los países con mayor tradición escénica y con mejor teatro en Latinoamérica (los otros son Argentina, Chile, Brasil, México y Cuba), y Bogotá, una de las ciudades mejor dotadas escénicamente del país por sus artistas y compañías.   

En consecuencia, el prestigioso Festival Internacional de Teatro Hispano (FITH) —dirigido por el actor y realizador Mario Ernesto Sánchez y celebrado en Miami desde 2008— en su segunda convocatoria, se dedicaría a la escena colombiana.

Este comentarista tuvo la suerte de constatarlo a lo largo de su intensa y extensa praxis, primero como alumno del prestigioso historiador del teatro y crítico Rine Leal, en la habanera Escuela Nacional de Teatro (de la ENA), más  tarde y en el propio centro, como profesor de Historia del Teatro Mundial, Latinoamericano y Cubano y, finalmente, como estudioso y crítico de la escena cubana, latinoamericana y europea durante décadas en La Habana (donde colaboré con las revistas especializadas tablas y Conjunto) y continuada, desde mi llegada a Miami hace un lustro, en la web teatroenmiami.com y, desde tiempo atrás, en la revista digital de Alemania OtroLunes, en las que mantengo sendas columnas sobre la escena miamense e internacional presentada en importantes coliseos de esta ciudad, como el Miami Dade County Auditorium.

Santiago García, director de teatro colombiano.

Santiago García, director de teatro colombiano.

A propósito, anoto que entre las numerosas compañías colombianas invitadas a La Habana durante décadas, por Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura al Festival Internacional de Teatro, pude disfrutar puestas de algunas significativas, como las presentadas por La Candelaria (fundada por Santiago García), Matacandelas (creada en la Medellín de 1966 por artistas e intelectuales provenientes de la estatal Universidad Nacional de Colombia) y Teatro Experimental de Cali (TEC), entre otras.

Con el fin de entrar a fondo en esta atrayente temática, respaldada por un especialista como Carlos José Reyes, me valgo de dos de sus decisivos ensayos y, a un tiempo, amenos recorridos por la escena de su país: «El teatro en Colombia en el siglo XX» (publicado en la Revista Credencial Historia, Bogotá, en su Colección: El siglo XX colombiano) y «El teatro: las últimas décadas en la producción teatral colombiana».

Sobre tal punto, subrayo que tuve la suerte de conocer al importante dramaturgo, ensayista y escritor colombiano en La Habana de 1973, cuando llegara invitado por la institución como jurado del Premio Casa de las Américas, merecido por el relevante creador un año antes por sus valiosas obras para niños Globito manual y El hombre que escondió el Sol y la Luna. En esa ocasión, lo entrevisté para la revista Bohemia.

En consecuencia, escogeré algunos momentos y tópicos esenciales de la vasta y magnífica escena de ese país, reconocida mundialmente por la alta calidad de sus intérpretes, directores y técnicos, apoyados en una vasta tradición, el incansable estudio y la continua praxis que hacen de este teatro uno de los mejores del mundo. Veamos:

  • La construcción del célebre Teatro Colón sobre las ruinas de otros coliseos, durante la última década del siglo XIX.

  • La inauguración, del Teatro Municipal, edificado al estilo del Colón, «a la italiana», en el propio decenio, cuando igualmente comienzan a construirse diferentes escenarios en Cali, Medellín, Cartagena, Popayán y otras capitales departamentales, en un meritorio proceso que contribuye al surgimiento de autores y compañías, así como a la formación de un público escénico.

  • Entre los primeros dramaturgos colombianos aparecidos en el tránsito del XIX al XX, figura Lorenzo Marroquín, quien escribiera el drama Lo Irremediable, estrenado en la compañía de Rivas Groot.

  • Pasada la Guerra de los Mil Días, se pondrá, en única función de estreno, la aplaudida pieza El Soldado, del abogado y comediógrafo Adolfo León Gómez, censurada por criticar el reclutamiento de campesinos, en ocasión de las guerras civiles que asolarían al país durante toda esa centuria.

  • Como acontecería en otras capitales de Latinoamérica, serían los escritores, poetas y novelistas quienes realizarían sus primeros intentos como autores dramáticos. En consecuencia, asumen tal tarea tres figuras esenciales de las letras colombianas: José Eustasio Rivera —el recordado autor de la novela La vorágine (1924), una de las más importantes de la narrativa de su país, de la literatura hispanoamericana e, incluso, la por algunos críticos considerada la gran novela de la selva latinoamericana—; Porfirio Barba-Jacob (seudónimo del polémico poeta y narrador Miguel Ángel Osorio Benítez) y el asimismo controvertible narrador José María Vargas Vila (autor de la novela Aura o Las Violetas que, prohibida por la Iglesia, le valdría a su autor ser excomulgado por la curia, por hallar en la obra una defensa del pecado; sin embargo, el narrador sería recordado en Cuba entre no pocos lectores por su admiración hacia el mayor cubano, sobre el que publicara su volumen José Martí: apóstol-libertador, 1938).

  • Se instauran los premios creados por la Sociedad de Autores de la época, obtenidos por Adolfo León Gómez (El Soldado), Felipe Lleras Camargo, Emilio Franco y Alejandro Mesa Nichols.

  • El odontólogo bogotano Antonio Álvarez Lleras, diplomático y académico, fue más conocido por su esforzada labor en la escena, para la que fundara la compañía Renacimiento, uno de los primeros elencos estables de la escena colombiana en el siglo pasado. Con su grupo de aficionados, estrenaría sainetes, pero sus creaciones dramatúrgicas más importantes son sus piezas influidas por los hispanos José Echegaray o Jacinto Benavente: los dramas históricos El Virrey Solís, La toma de Granada y Los traidores de Puerto Cabello, o las que considera el ya mencionado colegamigo Carlos José Reyes sus obras más importantes: Fuego extraño, Víboras sociales y Como los muertos, esta última llevada al cine en los primeros tiempos del surgimiento del séptimo arte en Colombia.

Luis Enrique Osorio (Colombia, 1896 - 1966).

Luis Enrique Osorio (Colombia, 1896 – 1966).

Uno de los autores más prolíficos y populares de la historia del teatro de ese país fue el bogotano Luis Enrique Osorio (1896-1966), creador de dos importantes compañías: la Dramática Nacional y la Bogotana de Comedias, con las que luchó por consolidar la actividad escénica de un equipo de actores, luego vinculados a la radio y la televisión.

Periodista y animador de la escena, laboró durante casi medio siglo por desarrollar la dramaturgia nacional, con su propia obra y apoyando la de otros autores con temas y personajes nacionales, Osorio entregaría más de cuarenta piezas, con las que crearía un público, primero en el Teatro Municipal y luego en su Teatro de la Comedia. Entre sus obras más reconocidas, resaltan: La familia política, El Zar de precios, Toque de queda, El loco de moda, Pájaros grises, El rancho ardiendo, Bombas a domicilio y Nube de abril. Su validez y celebridad como autor le llevaría a estrenar con éxito en 1926 su comedia Los Creadores en el parisino Teatro Michel, dirigida por Fernand-Bastide.

Su dramaturgia fue signada por su lenguaje sencillo, de carácter coloquial, con algunos elementos costumbristas y otros de un realismo urbano, muy ligados a la cotidiana vida de personajes de la clase media capitalina, así como otras rurales. Sus obras —tal señala Carlos José Reyes— son de carácter amable y pintoresco, pero adquirieron matices sombríos y una atmósfera dramática, sobre todo a partir de los sucesos del 9 de abril de 1948, tras el asesinato del caudillo popular Jorge Eliécer Gaitán.

Obras como Nube de Abril, Toque de Queda o Los Pájaros Grises, son un amargo testimonio de los conflictos de la época, y aunque conserven elementos de comedia, con el fin de atraer al gran público, no dejan de mostrar un subtexto amargo y escéptico.

  • Con el surgimiento de la radio y más tarde de la televisión, se posibilitaron nuevas fuentes laborales para los trabajadores de la escena. De tal suerte, actores, directores, dramaturgos, escenógrafos, ambientadores y demás técnicos, hallaban divertimento y una actividad profesional con el consecuente sustento, gracias a la fusión de la actuación en teatro con los dramatizados de radio y televisión. Estos medios, en su primera época, después de los ‘30 y hasta el arribo de la comercialización de la programación, ofrecían valiosos espacios de radio teatro o tele teatro, en los que participaron dramaturgos, realizadores y actores que, asimismo, conformaban los elencos escénicos.
  • Jorge Zalamea (Colombia, 1905 - 1969).

    Jorge Zalamea (Colombia, 1905 – 1969).

  • En este teatro de transición también participarían los poetas del movimiento Piedra y Cielo y los del grupo Los Nuevos, tales José Umaña Bernal (cuya comedia El buen amor fue laureada en el concurso nacional de 1927), Jorge Zalamea Borda (autor de El rapto de las Sabinas y El regreso de Eva, como también reconocido poeta y notable ensayista en La poesía ignorada y olvidada, con el que mereciera el Premio Casa de las Américas en 1965, luego reditado en la Bogotá de 1988, por Procultura); Arturo Camacho Ramírez (creador del drama lírico Luna de arena) y Jorge Rojas (La doncella del agua). En este punto, subraya Carlos José Reyes —en su ensayo «El teatro: las últimas décadas en la producción teatral colombianas»— que hubo una influencia del lirismo dramático de grandes poetas/dramaturgos, como Federico García Lorca y Rafael Alberti, en autores que asumirían el género dramático como literatura poética, y ejemplifica con los casos de Jorge Zalamea (El regreso de Eva y El rapto de las Sabinas) y Arturo Camacho Ramírez (Luna de arena y Doncel de amor).
  • Las inquietudes sociales aparecen, en los ‘50s, con el teatro del también narrador Manuel Zapata Olivella y sus piezas: El retorno de Caín, Caronte liberado, Mangalonga el Liberto o Los pasos del indio, críticas de la situación de marginalidad de las negritudes y los indígenas, cuya temática entronca con la de su novela igualmente de corte social (que este comentarista leyera en la Cuba de los ‘60s): He visto la noche (merecedora de Mención en el Premio Casa de las Américas, en La Habana de 1963).
  • Durante los ‘50s, surge otra manifestación escénica de amplia acogida popular: las revistas musicales y de caricatura política creadas por Emilio Campos (Campitos), poseedor de un don especial: la imitación en sus espectáculos de las voces de destacados políticos del momento, en puestas con muñecos y máscaras caricaturescas de estos personajes.
  • La recién creada televisión, con el propósito de formar un personal más calificado para los dramatizados, lleva a Colombia al maestro japonés Seki-Sano, formado en la escuela del Maestro ruso Stanislavski.   Aunque se mantendría poco tiempo en el país, debido a la censura por sus ideas políticas de izquierda, dejaría un importante legado en el oficio del actor, al echar abajo los vetustos esquemas interpretativos (como la voz impostada y la ampulosidad), proponiendo, en cambio, formas de actuación más realistas, orgánicas, a partir de los recuerdos personales de los actores, con actitudes más convincentes y justificadas.

De tan válida praxis, saldría toda una promoción que se ubica en una primera etapa en la Escuela de Teatro del Distrito, para luego pasar al Teatro El Búho que, fundado por Fausto Cabrera, lo integraran actores y directores de las nuevas tendencias, gracias al conocimiento de los dramaturgos vanguardistas de Europa y los Estados Unidos, cuya influencia se extendería a otros colectivos formados desde la década de los ‘60s hasta los comienzos de los ‘70s, la mayoría de los cuales aún continúan trabajando, con salas propias y un amplio repertorio.

  • Igualmente a mediados de los ‘50s se crean las Escuelas de Arte Dramático de Bogotá y Cali, que influirán en la consolidación de los primeros grupos estables del país. En Bogotá, la Escuela Nacional de Arte Dramático, tuvo como primer director al español Juan de Mena, y más tarde al actor, director y declamador Víctor Mallarino. De las muestras de fin de año de esta escuela nacieron los primeros festivales de teatro, en 1956 y 1957.

En Cali, por su parte, se formó la Escuela Departamental de Teatro, dirigida inicialmente por el maestro español Cayetano Luca de Tena y, más tarde, por el futuro maestro de la escena colombiana Enrique Buenaventura, conocido en Cuba (donde participó como jurado de Teatro del Premio Casa de las Américas). Con el tiempo, de este centro surgiría una generación de actores, así como el Festival de Arte de Cali, dirigido en su primera etapa por la actriz y gestora Fanny Mikey, directora del Teatro Nacional, también conocida en nuestra Isla.

Asimismo, desempeñaría un importante papel en los ‘60s la Escuela de Teatro del Distrito, más tarde llamada Luis Enrique Osorio, que tras la creación del Instituto Distrital de Cultura se convirtió en la Escuela de Artes de Bogotá, que cuenta con carreras de Teatro, Danza y Bellas Artes, avaladas profesionalmente por la Universidad Distrital. A ellas se sumarían la Universidad del Valle y la Universidad de Antioquia, y, más recientemente, la Pedagógica y la Universidad del Bosque de Bogotá, que poseen las carreras de teatro en sus departamentos de estudios profesionales.

  • Los festivales contribuirán al desarrollo de la actividad escénica en Colombia, pues permitirán confrontar los trabajos de los grupos en un ámbito nacional e internacional. Entre los primeros, cabe destacar el Festival Nacional de Teatro, realizado en el teatro Colón desde 1957, gracias a la energía y constante actividad de figuras como el profesor húngaro Ferenc Vajta; el director teatral, de radio y televisión Bernardo Romero Lozano, maestro notable de muchos actores colombianos, y el apoyo de un comité directivo, entre quienes se hallaban figuras de la cultura, la política y la vida social, tales Pedro Gómez Valderrama, Gloria Zea y Andrés Holguín, entre muchos otros.

A partir de 1965 igualmente comienzan a celebrarse los Festivales Nacionales de Teatro Universitario, con un carácter competitivo en una primera etapa, con el objetivo de seleccionar grupos para participar en el evento final. En 1968 se crea el Festival Internacional de Manizales, primero, para grupos de teatro universitario de América Latina y, más tarde, para grupos experimentales y de nuevas tendencias, en especial de las tablas latinoamericanas, con la presencia de grupos españoles independientes.

El más ambicioso e importante festival vino a consolidarse a finales del siglo, como el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, dirigido por Fanny Mikey y codirigido en sus primeras ediciones por Ramiro Osorio, quien más tarde sería el primer Ministro de Cultura del país. Este evento, de una amplia concurrencia de grupos de todos los continentes, ha logrado adquirir el prestigio de ser uno de los más importantes del mundo en los últimos tiempos. En él han participado las compañías, tendencias y directores de mayor renombre en la escena internacional.

Enrique Buenaventura (Colombia 1925 - 2003).

Enrique Buenaventura (Colombia 1925 – 2003).

  • A mediados del siglo XX Enrique Buenaventura (quien integrará, con Santiago García, la Generación de la Violencia), regresa de una gira por América del Sur y se integra a la Escuela Departamental de Teatro del Valle. De allí surgirá el TEC, devenido independiente. A esta prestigiosa agrupación dedicará Buenaventura su actividad escénica durante toda su vida.

La figura de Buenaventura se destaca como el artífice más completo del teatro colombiano en el siglo XX. Autor, director, ensayista, poeta, promotor teatral, pintor y teórico del teatro, conseguiría desarrollar una dramaturgia propia, y concentrar importantes influencias, como la del esperpento de Valle Inclán, el teatro épico de Bertolt Brecht y una asidua búsqueda de temas y personajes colombianos, latinoamericanos y del Caribe. Su amplia obra comprende piezas como El Monumento, A la diestra de Dios Padre, basada en un cuento de Tomás Carrasquilla, de la que realizara más de cinco versiones diferentes, Los papeles del infierno, un grupo de obras breves sobre la violencia en Colombia, La Orgía, El Menú, La Trampa, El Convertible rojo, Historia de una bala de plata, La tragedia del rey Christophe y muchas otras. Sobre el teatro y las teorías de Enrique Buenaventura se han realizado estudios e investigaciones en toda América Latina, España o los Estados Unidos, por ser considerado una de las figuras más destacadas del teatro latinoamericano del siglo XX.

  • En 1966, la otra figura canónica de la escena colombiana, Santiago García —junto a otros directores, actores y artistas— fundó la Casa de la Cultura, cuya obra de estreno fue Soldados, a partir de la novela La Casa Grande, de Álvaro Cepeda Samudio, en versión y dirección de Carlos José Reyes.

El maestro Santiago lleva a escena obras de teatro contemporáneo, entre ellas el Marat Sade, de Peter Weiss. La Casa de la Cultura más tarde devendría Teatro La Candelaria, al adquirir sede propia en el tradicional barrio bogotano. La compañía inició sus actividades con piezas de autores del repertorio universal, como Bertolt Brecht, Esquilo, Ramón María del Valle Inclán, Peter Weiss y muchos otros, para dedicarse más tarde a la investigación de la dramaturgia nacional y la creación de sus propias obras, mediante el sistema de Creación Colectiva empleado con un peculiar estilo por García y sus compañeros de trabajo. Con este último método, La Candelaria llevaría a escena algunas de las obras más destacadas del teatro colombiano de fines del siglo XX, como Guadalupe Años Sin Cuenta, La ciudad Dorada, Golpe de Suerte o El Paso. También el grupo ha trabajado la dramaturgia de autor, con piezas del propio Santiago García, como El Diálogo del Rebusque, inspirada en Quevedo, Maravilla estar y otras de distintos miembros del grupo, como La Tras Escena, de Fernando Peñuela y El viento y la ceniza, de Patricia Ariza.

  • Tras el surgimiento de este primer grupo con sede propia, comenzaron a formarse otros, a fines de los ‘60s y comienzos de los ‘70s, que continúan desarrollando sus actividades artísticas, como el Teatro La Mama, creado en un principio por Kepa Amuchastegui, en afinidad con el teatro experimental homónimo, de Nueva York. Entre sus montajes más destacados se encuentra su obra Los tiempos del ruido.

  • En 1970 inicia sus funciones el Teatro El Local, del que fungiría como director desde su creación Miguel Torres, actor, director, dramaturgo y escritor de notables calidades. Entre sus primeros montajes marcados por su personal estilo, destaca El deseo atrapado por la cola y en su sede del barrio La Candelaria, la obra La Siempreviva, inspirada en el tema de los desaparecidos en el Palacio de Justicia, a finales de 1985.

  • Jorge Alí Triana, actor, director y guionista (Colombia, 1942).

    Jorge Alí Triana, actor, director y guionista (Colombia, 1942).

  • En 1968, el Teatro Popular de Bogotá (TPB) es creado por el grupo de directores formados en la Escuela de Teatro de Praga: Jaime Santos, Rosario Montaña y Jorge Alí Triana, quien dirigió el grupo hasta su desintegración, durante la última década del siglo. El TPB realizó una importante labor en giras por todo el territorio nacional, hasta adquirir su propia sede: el antiguo Teatro Odeón, antes a cargo del El Búho. El TPB trabajó durante poco más de un cuarto de siglo, con un variado repertorio de obras de autores clásicos y modernos. Entre sus creaciones nacionales cabe destacar la pieza: I Took Panamá, sobre la separación de Panamá de Colombia en 1903, una creación del grupo con dramaturgia de Luis Alberto García y dirección de Jorge Alí Triana.

  • Otro colectivo de amplia trayectoria y gran importancia ha sido el Teatro Libre de Bogotá que, dirigido por Ricardo Camacho, surgiría del Teatro Experimental de la Universidad de los Andes. Ha consolidado su trabajo en sus dos sedes: la primera en la Candelaria y la segunda en Chapinero, ubicada en el antiguo Teatro de la Comedia, ha recibido, además, la cooperación de otros directores, como Jorge Plata y Germán Moure y así como de destacados dramaturgos, (entre estos resalta Jairo Aníbal Niño, autor, entre otras obras, de El Monte Calvo, El Sol Subterráneo o Los inquilinos de la ira, estas dos últimas llevadas a escena por el Teatro Libre). También sobresale el montaje de la obra La agonía del difunto, original de Esteban Navajas, concebida como una crítica social con una fuerte dosis de humor negro. El Teatro Libre contaría, además, con una Escuela de Teatro que ha logrado importantes resultados en la formación de actores y directores a finales del siglo XX.

  • En Bogotá, asimismo, se destaca la actividad del Teatro Nacional, fundado y dirigido por la eficaz gestión de Fanny Mikey, quien ha logrado formar un público estable para sus temporadas permanentes en las tres sedes con las que cuenta. Además del impulso a muchos grupos, que se presentan en la Casa del Teatro, el Nacional es responsable de la creación y continuidad del Festival Iberoamericano de Teatro, que en sus cerca de veinte ediciones ha batido los records de público por la calidad de los participantes.

  • En 1969 fue creada la Corporación Colombiana de Teatro, que tuvo a su cargo la organización de festivales y muestras de teatro nacional y aún desarrolla importantes actividades del sector, al contar con su propia sede, ubicada al lado del Teatro La Candelaria.

  • Otros muchos colectivos han surgido en Bogotá, Medellín y Cali. En Medellín la tarea de Gilberto Martínez, Mario Yepes y otros gestores y directores escénicos, impulsan tanto la creación de compañías, como el surgimiento de una nueva dramaturgia. Aparte de los nombrados, cabe mencionar la alta calidad estética aportada por Matacandelas, bajo la conducción de Cristóbal Peláez, o la nueva dramaturgia del grupo Ex Fanfarria, con obras de José Manuel Freydel, asesinado en extrañas circunstancias en Medellín. Con una trayectoria semejante se encuentran el Pequeño Teatro, de Rodrigo Saldarriaga y el Taller de Artes de Medellín, dirigido por Samuel Vásquez. También ha sido importante la tarea desarrollada por Águila Descalza, cuya obra País paisa se convirtió en un gran éxito de taquilla, y durante los últimos tiempos se ha presentado en diversas ocasiones en el Teatro Trail, de Miami.

  • En Bogotá han surgido otros importantes, cuya sola mención resulta tan extensa, que impide incluirlos a todos en estas líneas, y solo nombro a algunos destacados, entre ellos: Mapa Teatro, a cargo de los hermanos Rolf y Heidi Abderhalden; Acto Latino, con una amplia trayectoria, bajo la dirección de Sergio González; Teatro Ensamblaje, de Misael Torres, quien tiene en su haber montajes de alta calidad, tanto para obras de sala como para teatro callejero, en especial Las tres preguntas del Diablo, de Misael Torres, o las piezas inspiradas en Cien años de soledad, de García Márquez, la primera de las cuales fue Memoria y olvido de Úrsula Iguarán, realizada en colaboración con Juan Carlos Moyano.

También han dado continuidad en sus significativas obras para sala   para teatro de calle el grupo El Tecal (Teatro Estudio Calarcá), de Críspulo Torres, así como el Teatro Taller de Colombia, el decano de los colectivos de teatro de calle, a cargo de Jorge Vargas y Mario Matallana, y La Casa del Silencio, de teatro gestual y mimo, conducido por Juan Carlos Agudelo.

Por otra parte, la danza-teatro ha tenido un importante desarrollo, con la obra de Álvaro Restrepo y su Colegio del Cuerpo, y el grupo L’ Explose, conducido por Tino Fernández con la participación dramatúrgica de Juliana Reyes. 30. No puede faltar en este bojeo por la rica escena colombiana —ganada por su diversidad de propuestas y su importante desarrollo en toda clase de técnicas y modalidades— las obras de teatro de títeres, con grupos consolidados de gran calidad como La Libélula Dorada, regido por los hermanos Iván Darío y César Álvarez, e Hilos Mágicos, conducido por Ciro Gómez, que cuentan con sede propia y desarrollan una permanente actividad.

Los titiriteros se han agrupado en la asociación ÁTICO, con la que han desarrollado importantes muestras y jornadas para amplios públicos infantiles y juveniles, logrando resultados en la consolidación de esta particular y gustada manifestación.

 

También la televisión y el cine

waldo-glez-lopez-teatro-7-OtroLunes40La TV colombiana, en varios de sus canales, ha sido y es espejo fiel de la calidad de los actores (muchos provenientes de escuelas de actuación) y directores, virtud comprobable en telenovelas, como Café con aroma de mujer —por cuya exitosa difusión nacional e internacional sería publicada como novela, con prólogo del ex Presidente de Colombia entre 1974 y1978 Alfonso López Michelsen) y Aguas mansas; y, entre las series más recientes, figuran: El Patrón del Mal, Metástasis, La Viuda Negra, Fugitivos y La Prepago, por citar algunas, que brillan no solo por la excelencia interpretativa del elenco, sino también por la factura general.

La cinematografía del país, en continuo ascenso, puede mostrar con satisfacción diversos filmes que dimensionan el séptimo arte colombiano por sus intérpretes y directores. Así, entre muchos otros, menciono los siguientes: La estrategia del caracol (1993), La vendedora de rosas (1998), La virgen de los sicarios (2000), Los niños invisibles (2001), María llena eres de gracia (2004), Rosario Tijeras (2005), Soñar no cuesta nada (2006), Paraíso Travel (2008), Perro no come perro (2008), Pecados de mi padre (2009), El cartel de los sapos (2012), Amores peligrosos (2013) y La Rectora (2015).

 

Apoyo al teatro en colecciones de libros

Añado una noticia del 11 de octubre de 2015, recibida del periodista bogotano Jaime Acuña, quien da cuenta que 3 346 libros de las colecciones Grandes Creadores del Teatro Colombiano y Pensar el Teatro, del Área de Teatro y Circo del Ministerio de Cultura, se distribuyeron en bibliotecas públicas, salas concertadas y agrupaciones artísticas del país, entre otros.

Así, a través de publicaciones editoriales que reconocen la labor de los teatros y artistas colombianos, el Área de Teatro y Circo de la Dirección de Artes del Ministerio de Cultura rinde homenaje a la memoria del movimiento teatral. Entre 2012 y 2015 se publicaron 25 libros, con una inversión superior a los $630 millones.

waldo-glez-lopez-teatro-8-OtroLunes40Con estas publicaciones el Ministerio de Cultura apoya la difusión del conocimiento del área, visibilizando la labor de los artistas y sistematizando la memoria de la práctica teatral en el país, pero sobre todo reconociendo estas manifestaciones y empoderándolas como factores de desarrollo, diversidad y principios de cultura ciudadana. «Son fuente de oportunidades estratégicas para la discusión y el encuentro de agentes alrededor del teatro colombiano, que motiva la circulación de obras icónicas y referentes en el sector», afirmó Linna Paola Duque, coordinadora del Área de Teatro y Circo del Ministerio de Cultura.

A la fecha se han distribuido 3 346 ejemplares de las recientes publicaciones que hacen parte de las colecciones Grandes Creadores del Teatro Colombiano y Pensar el Teatro. Con la colección Grandes Creadores del Teatro Colombiano, el Ministerio de Cultura recoge la memoria de las más destacadas agrupaciones teatrales y hace visible su historia, su dramaturgia, sus puestas en escena y sus diversas miradas del oficio teatral. Estas publicaciones exaltan la labor de aquellas agrupaciones que cuentan con una trayectoria artística superior a 30 años y que gracias a su valiosa labor creativa se constituyen en referentes estéticos de la producción escénica nacional. En 2015 se le rindió homenaje a los teatros Libre, Petra e Hilos Mágicos, de Bogotá, y Esquina Latina, de Cali.

Por su parte, la colección Pensar el Teatro publica las creaciones dramatúrgicas y las investigaciones del campo teatral que han sido ganadoras de las becas del Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura.

 

Final

Creo que por lo aquí apuntado, el ciberlector y fan de las tablas, tendrá  un panorama si no total, bastante completo del teatro colombiano, cuya tradición y calidad —tal dije al inicio de estas líneas— lo emparientan con los de Argentina, Chile, Brasil, México y Cuba, para constituir el sexteto ejemplar de la escena latinoamericana.

 

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador.