En estos casi 60 años de castrismo, el común de los cubanos se ha convertido en un ejemplo de doble moral, de mendacidad, aun de cobardía de altos quilates.
Desde la enseñanza primaria, cada mañana se ven forzados a jurar que de adultos serán asesinos: “¡Seremos como el Che!”, deben ratificar en la reuniones matutinas antes de entrar a clases.
Luego, quienes de infantes estuvieron durante años afirmando que serían como aquel argentino, ya mayores buscan las vías más inimaginables para abandonar la tierra, hace tanto inhóspita, que los viera nacer.
Así las cosas, no es de asombrarse cuando hoy constatamos la carencia de ética, de sentimiento de lealtad, de orgullo patrio de no pocos hijos de Martí.
Tomemos el ejemplo de esos artistas y escritores residentes en la Isla que allá se babean prosternados ante el poder del castrismo, o se suman a este como en verbena pública para, en cuanto se les dé una oportunidad, viajar adonde las “entrañas del monstruo” para recolectar unos o muchos dólares a cambio de un servicio de oferta y demanda típico del malhadado capitalismo.
Escritores, trovadores, artistas de la plástica, entre otros, suelen viajar a Estados Unidos para, con singular tesón, inaugurar exposiciones, ofrecer lecturas, impartir conferencias o llevar a cabo conciertos en asociación con las más diversas instituciones previstas por un régimen democrático.
Son los mismos que allá en la Isla no mueven una pestaña para que les sea retirada la censura a sus compatriotas exiliados o para que liberen del “insilio” a quienes en Cuba lo padecen.
Allá son capaces de desgañitarse en un desfile del 1 de Mayo dando vivas a la dictadura, pero en sus viajes a Estados Unidos se valen de los mecanismos de una sociedad libre para inocular su veneno o al menos establecer sus alcances artísticos en todo aquel que desee escucharlos o verlos o admirarlos de alguna forma, según.
En Cuba, con total naturalidad participan en mesas redondas o dictan conferencias de contenido castro-comunista o redactan artículos en los cuales dan fe del porvenir luminoso de la patria bajo las doctrinas dictatoriales o afirman con toda certeza que llegado el año 2030, nadie debe dudarlo, “nuestra sociedad arribará al socialismo próspero y sustentable”.
¿Cómo será posible que alguien viaje hacia la tierra que dice aborrecer, hacia el sistema político que asegura destetar, con el propósito, entre otros, de hacerse de unos o muchos dólares o de otras ganancias materiales?
Quien ama una causa, si tiene vergüenza vive y aun muere por ella; de ningún modo llamará a la puerta del adversario procurando pan.
No hace mucho anduvo paseando por Miami un presentador del Noticiero de la Televisión Cubana que tiene rojo hasta el aliento. Ahora no encuentro su nombre, mas puedo informar que es medio mulatón y luce un bigote tan portentoso que tal parece cubrirle por completo su cara alargada. Fue sorprendido por la lente cuando, pletórico, abandonaba el territorio enemigo; el territorio que allá en la Isla tanto escupe en sus monsergas dizque informativas.
Más recientemente asistieron a un programa de entrevistas de un canal televisivo internacional y “neutralista”, con una de sus sedes en Miami, una trovadora y un trovador cubanos residentes en su tierra. La carencia de mordacidad o tal vez la complicidad del entrevistador, permitió que estos artistas “revolucionarios” se dieran banquete contestando lo que quisieron siempre a favor del castrismo, al que tantos bienes deben, y aun manipulando las respuestas como les dio la gana.
Aquellos creadores e intelectuales “revolucionarios”, puesto que se proclaman martianos y enemigos del “imperialismo” y detestan la “mafia de Miami”, deberían considerar aquella máxima que, si bien en otro sentido, nos dejó dicha el Maestro: “Visitar la casa del opresor es sancionar la opresión”.
Bueno … lo cierto es que también en el ciudadano de a pie, allá en Cuba, florece el ventajismo, la abyección con variados tonos. Pero eso sería tema para otro texto.
Por el momento, aquí lo dejamos.
