Añejo Bacardí y otros poemas

Poesía

Norge Sánchez

Norge Sánchez, poeta y narrador (Cuba, 1958), ha publicado  La estrella de mar medioquemada (editado y distribuido clandestinamente en Cuba en 1986 ); El Cacique Turquino, 1995; Calendario de la espuma 2003; Gabriela en el espejo, Azul desierto y Gabriela, 2012; y  El libro de la guerra y Memorias de una vieja bota, 2013; entre otros.  Próximamente la miamense Neo Club Ediciones dará a conocer Pa’ Cuba ni muerto. Tiene inéditos el poemario Malas palabras, la novela Las caras del miedo y el libro para niños La gallina golondrinaActualmente reside en Venezuela.

–***–

La vitrina

 

La jarra
reposa en permanente autismo,
deja acumular sobre sus hombros
trocitos de tiempo
que forman costras en la porcelana.
Las tazas,
que un día nos dieron de beber tanto néctar,
ni siquiera nos miran,
en su abandonado desorden
detrás de los cristales.
El cedro,
que ya no muestra el esfuerzo del carpintero,
ni la fibra bruñida de leñosa huella,
se mantiene indiferente;
disperso en la bruma de algún puerto,
donde un día fue semilla su más lejano antepasado.
Los vasos,
que reposaban su limpieza los domingos,
junto a la música en la radio,
aunque el eufemismo estuviera dispuesto
a sorprendernos y asustarnos
para que tantos camaradas se aprovechen.
Los platos,
con la mínima ración de carne rusa, col y ciruelas;
cuando pensamos que nunca más sería el hambre
porque todo tiempo futuro tendría que ser
con todos nosotros dentro.
Ahora ni siquiera les inmuta todo el peso de la casa
cayendo en trozos de soledad
desde que su dueña,
sombra que arrastra las chancletas por el piso,
transcurre por el río de la muerte
y nos observa.

 

Camisa

¿Cuántas camisas tiene el hombre?
¿Cómo es posible olvidar tantas camisas?
A lo largo de la vida y en todo el ancho del tiempo
vienen y van cuervos y camisas
acompañándonos en este caminar con los infieles,
dueños del alma y los muertos
saciados con tu carne, escupen botones,
y tragan la huella del carmín
en su exquisita entrega al borde de la noche.
¿Dónde están los puños de mi madre
pegados a la piel de mi camisa?
Ya para entonces me daba lecciones de política,
sin tener leída una línea a Bertolt Brecht.
Madre, te voy a ayudar con la camisa
pegada a la memoria, más allá de la espuma,
desde donde un día he de ver tus dientes blancos,
de madre, blancos y de luz.

 

Añejo Bacardí

                                            A los que fundaron Elia, mi pueblo,
                                                   especialmente Vity Sanz y Lelo.

Cualquiera de estos hombres encorvados
tiene una historia con una muchacha.
Entrar a un bar, pedir un trago de ron
con la muchacha colgada del brazo
y el sombrero en la mano,
saludando como un torero
en medio de la plaza.
Pedir un trago de ron, encender un tabaco
y escupir fuerte hacia cualquier rincón del mundo.
Beber su trago y limpiarse la boca
con la manga de su camisa a cuadros,
echar una moneda a la victrola, marcar un bolero,
a fin de cuentas la música nunca tuvo
tanta connotación ideológica, y era sencillo
tener una muchacha colgada del brazo,
poner un bolero en la victrola y pedir,
en un bar, un trago de ron.
Cualquiera de estos hombres encorvados entró,
alguna vez, a un bar con una muchacha,
pidió un trago y pasará la muerte
sosteniendo la copa de ese trago de ron
que le han servido
como si fuera un gesto extraordinario.

 

Por esa calle va mi padre

Por esa calle va mi padre
que todavía no es gordo
con el pie hinchado, ni barbero.
Conquista una muchacha que no es mi madre,
ni lo será, sino otra
que hace las escobas y muele el maíz
para la harina
allá donde La Faja le da nombre
a soledades, asmas y nostalgias.
Se apropia de su virginidad
detrás de algún serón o en una esquina
casi en público, sin aplausos
bajo la seriedad de los que un día
serán abuela y abuelo sin cariño,
para los hijos de Eliodora
tan negra y tan de pelo largo.
Mi padre, que todavía no es mi padre
y es delgado y bien parecido como su nieto;
rasga una guitarra en este banco.
Ahí están los que serán mis tíos
con una botella, tambores y maracas,
y huelen a Bacardí a Tres Toneles,
a cerveza barata y hembra gaya.
Hoy Don Miguel Bardón inaugura su hotel.
Este hombre alguna vez será mi padre
y el padre de todos mis hermanos;
denle paso por favor a esa guitarra.
Yo soy –estoy seguro– uno de los sueños
que sus manos le arrancarán a las cuerdas
en esta madrugada y esta tierra.
 

Donde explico a Loida sobre la lluvia

Este año las lluvias van a llegar temprano. En el suelo, las grietas dejan asomar una que otra hormiga y los árboles contemplan el montón de hojarasca, tejida el año pasado, cubriendo sus raíces, donde guardan la limosna de humedad que les regala la noche.

Pero yo sé que este año las lluvias van a llegar temprano. Lo presiento, Loida, en ese viento que se desliza entre tu pelo y contamina al prado con el perfume de todo tu cuerpo. Y en su afán de poseerte se retuerce cariñoso en un ballet bajo las nubes, donde la música brota de tu garganta, mientras me hablas poniendo en el futuro, como tiro al blanco, toda tu puntería y tu concentración.

Y claro, presiento que las lluvias van a llegar temprano este año, me lo dice el canto de tus ojos, la humedad perenne de tus labios, tu lengua maravillosa donde liban las abejas el bálsamo de la fuente, la eterna juventud. Desde que he visto tus manos puedo explicar la vida y la muerte; explico desde entonces el origen del Sol y los planetas. Tengo guardadas en el corazón las preguntas de un niño, que soñó contigo en un tiempo lejano del origen y que supo que existía cuando se descubrió sereno en el espejo de la fuente que anheló a Narciso.

¡Ah! Que infelices los que se mueven como fantasmas a tu alrededor sin percatarse de que tú puedes detener el tiempo, los trenes quejándose en medio de la noche, rompiendo el oscuro cristal de la pradera, los trenes inmensos dando el pecho al constante frío entre la niebla. ¡Pobres!, los que no han sabido oler tu cáliz, los que no ven en tus curvas más que el laberinto construido por Dédalo para el Minotauro e ignoran los pasadizos de tu vientre, tus trillos con honduras donde el agua hará charquitos para que beban mariposas, zunzunes y jazmines antes de las diez de la mañana.

Pronto llegarán las lluvias, lo estoy presintiendo y tú lo estás presintiendo. Si te toco sabrás que soy un rayo, que dura menos que una primavera y sólo deja en la piel su despedida. Llegarán las lluvias y habremos conquistado América, haremos el amor en una danza de tres siglos, con nuestros pies descalzos apagando las hogueras, el tambor marcará el ritmo mientras los Andes muevan sus patas, los volcanes acaricien a las muchachas, mientras tú y yo desnudos en algún lugar del mundo, esperaremos el inicio de la primavera.