La Habana está suspendida en el espacio, en el tiempo. Mientras los diarios aseguran que “el presente es de lucha” y que “el futuro está garantizado”, la ciudad —atrapada por el mar y carteles con consignas descoloridas— es exportada como una postal o souvenir para turistas quela consumen y la explotan como una puta tropical pos socialista. Cargada y desprovista de sentido, se erige al mismo tiempo —como significado y significante— de una nación y un sujeto social que agonizan diariamente entre sus derrumbes y portales. La ciudad existe de maneras diferentes porque cada quien tiene la suya propia. El escritor Jorge Ángel Pérez también tiene su Habana. En su más reciente producción literaria,
En La Habana no son tan elegantes, el autor nos sitúa en un solar capitalino para hablar de la crisis social, las relaciones de poder, la marginalidad, los nuevos valores en la cultura popular y sobre el ser humano en situaciones límites. El libro desmiente ala ciudad letrada y a la postal turística; porque el escritor va allí donde más duele, a los lugares comunes de los desposeídos y los humildes quela habitan y la sufren. Mientras los medios nos atiborran de espejismos informacionales y se obsesionan con el glaciar que se derretirá en la Antártida producto del calentamiento global, la literatura se posiciona en las zonas más dolorosas de nuestra realidad y es, hoy día, la vanguardia fundamental de la teoría yla crítica social cubana contemporánea, colonizando, de este modo, otros espacios tradicionales de producción de conocimiento y de debate público. En ese sentido, resulta interesante la historia de los últimos 20 años que subyace en las “escrituras de la ciudad”, entre las que se encuentra la obra de Jorge Ángel Pérez. Los cuentos de Jorge Ángel están escritos desde los bordes de la literatura y coquetean con la antropología urbana al establecer, desde lo literario, una teorización sobre la otredad, la subalternidad, la descapitalización social, la desmovilización y la doble moneda que conduce a la doble moral. Las búsquedas estético/literarias de este escritor lo llevan en el libro a la conjugación de la prosa poética, la intertextualidad, el simbolismo, al diálogo con el costumbrismo decimonónico cubano y con la literatura hispánica del Siglo de Oro. El texto presenta diversidad de tonos y de técnicas narrativas, y está contada a través de conflictos individuales que se entrelazan para darle organicidad y unicidad. Habitan este texto diversos personajes articulados por la pobreza y las mutilaciones físicas y simbólicas: un deportista paralítico que estafa a turistas para poder sobrevivir; aguadores, los pingueros provincianos del Payret, las putas baratas de Monte y Cienfuegos; un veterano de la guerra de Angola —Ovidio, que bien pudiera ser Ofidio— inmerso en relaciones incestuosas, adúlteras y homoeróticas, y nos recuerda al poeta romano cuyas obras, al ser consideradas inmorales, fueron quemadas en público. Con el personaje de Jorge Ángel, “el maricón del solar”, el libro trabaja con los estereotipos y juega con los códigos tradicionales en los que descansa la masculinidad popular y la pone a prueba hasta lograr quebrantarla y subyugarla.
A otros protagonistas da vida el texto: una madre que empuja a la hija abrazos extranjeros que la pongan a salvo de la penuria y el calor. Dice la señora “que un país que sude tanto no puede prosperar (…) ‘Los pingüinos piensan mejor que los cubanos’. “Si Gloria supiera de geopolítica y economía —acota el narrador— se pondría a hacer correspondencia entre temperatura y desarrollo, lo malo es que no sabe y tiene que conformarse con el calor y las miserias que conoce.” En esta parte, el texto está escrito con inquietudes metanarrativas; aquí, la literatura desde la literatura conduce al lector al juego de lo reescribible ya las infinitas posibilidades de contar. “¿Esto no es un cuento?”, se cuestiona el narrador desde el inicio. El diálogo con lo urbano, las mentalidades populares y el desencanto son algunas de laspreocupaciones intelectuales de Jorge Ángel Pérez en el tratamiento y configuración de esta mujer. En un momento del texto, el escritor pone enboca de ella lo siguiente: “A Gloria le gusta una vieja canción de los Van Van, esa que dice que La Habana no aguanta más. Asegura que cuando la canta se siente acompañada en sus angustias, que ve a una ciudad que la sigue en sus desdichas.” Otro de los personajes es Esteban, un joven obsesionado con los peces y el agua. Su historia, narrada desde lo poético, está cargada de simbolismos e intertextualidades que me llevaron al cuento “El ahogado más hermoso del mundo”, de García Márquez, y al cantautor Carlos Varela, que en su disco
Como los peces describe las fracturas y la desmovilización del sujeto social cubano, desde que cayera el muro de Berlín a inicios de los años 90. El libro activa ciertos resortes simbólicos en los nombres de algunos personajes y en el fuego. El fuego aparece en la historia como un elemento purificador que arrasa y reconstruye al mismo tiempo. Resulta interesante el autorreciclaje o endogamia socio/espacial que reduce a los individuos al ámbito del solar y los priva de movilidad social, lo que conlleva a la muerte física y simbólica. A diferencia de otros autores que saturan la literatura de excesivos y personales inventarios de consumo cultural, Jorge Ángel Pérez deja a lo largo del texto, marcas para el “lector cómplice” que enriquecen y universalizan el libro. Así, dialogan en el texto The Beatles, Cecilia Valdés, el grupo alternativo Habana Abierta y El Quijote. El diálogo con El Quijote provee al argumento de un ambiente rocambolesco y de farsa que identificamos de inmediato, y que nos lleva a la introspección y a pensaren la miseria material que conduce a la miseria humana.
La ciudad, resentida hoy de los nuevos procesos de ruralización y marginalidad, de políticas culturales homogenizantes que le extirpan el glamour y el espíritu cosmopolita, es algo más que una vitrina colonial que se reduce a unos pocos kilómetros cuadrados. Múltiples lecturas sugiere En La Habana no son tan elegantes.
Con este texto, Jorge Ángel Pérez nos muestra una ciudad al límite, un campo de lucha urbano desde un solar que es la ciudad misma, al tiempo que interpela directamente al lector y lo provee de algunas herramientas para pensarse a sí mismo. Los pretextos literarios y narrativos de este escritor, en plena madurez intelectual, nos llevan a un diálogo descarnado con lo “real”, lo social, lo nacional y al cuestionamiento de la pobreza y la miseria como hechos naturales e irremediables, como destino.
La Jiribilla 445, Año VIII, 14 al 20 de noviembre de 2009.