Categoría: Unos escriben

La verdad no se ensaya. Revolución, ideología y política en Cuba

(Fragmento)

Premio UNEAC de novela, 2000.

Jorge Ángel Pérez – Dossier – 5

El paseante Cándido, novela de Jorge Ángel Pérez,24 enuncia una primera versión del individualismo. El texto formula una disidencia conceptual hacia la norma colectivista establecida. El Cándido habanero es un moderno buscón, cínico y hedonista. La tradición axiológica que colocó en algún otro la instancia verificadora de lo justo — fuese Dios o el resto de los hombres—, para no dejar solo al ser humano como juez de sí mismo, sucumbe ante la ética de Cándido. «La ética soy yo», parece remedar este nuevo ser que se ha hecho a sí mismo. No importa cuánta gravedad encierre el ámbito que lo circunda: todos sus caminos conducen al impulso infinito de la carne. Luis XVIII decía «amigos, he perdido el día», para calificar una jornada transcurrida sin otorgar prebendas a sus favoritos. El Cándido ha perdido el día cuando no disfruta. Respecto a la moral oficial, la subversión del Cándido es múltiple: su apuesta esencial por sí mismo, pero también por la lujuria, por la impúdica afirmación del deseo. El culto al cuerpo, la osadía del sexo, la sublimación del comer y el beber, el desconocimiento de alguna entidad transindividual, la «inconciencia» y la «despreocupación», la ausencia de valores como la «corrección», la «buena educación» y el «altruismo» colocan al Cándido en las antípodas de la moral colectivista. Leer más…

El poder de la representación: la identidad cultural en la narrativa del Caribe (Siglos XX y XXI)

(Fragmento)

Las dos novelas de Jorge Ángel Pérez, Cándido habanero (2001) y Fumando espero (2003), apelan a los juegos intertextuales de las citas. Estas se imbrican en el tejido narrativo y le otorgan una densidad semántica particular, aquella en la que las citas, al entrar en una nueva realidad semiótica, cambian su sentido, se refuncionalizan. El humor y el sarcasmo carnavalizan a la alta cultura al tiempo que se sirven de ella para resemantizarla. La vecindad (rabelaisiana) de la filosofía y/o la religión con la escatología, con las zonas últimas del aparato digestivo, producen un efecto degradante y humorístico. En la primera novela, Cándido, el protagonista (narrador en primera persona), está desprovisto de los instrumentos para reconocer a los referentes culturales y esta ignorancia cándida desacraliza la “alta” cultura. En la segunda, el protagonista (también un narrador en primera), es el escritor cubano Virgilio Piñera, y el punto de vista asumido es el del auto-escarnio, desde la realidad degradada de un cuerpo y rostro faltos de atractivo y los padecimientos fisiológicos, estomacales. La importancia del cuerpo en ambas novelas, la fuerte carga erótica (heterosexual y homosexual en la primera y homo en la segunda), constituyen una exaltación de destinos individuales que se definen por su sexualidad. La apología de las vidas privadas, del hombre público (Virgilio Piñera) convertido en hombre privado, la tematización del cuerpo, a partir de una visión anatómica, médica, (que remite a Rabelais y va más allá de él), participa de esa zona de la narrativa de la posmodernidad que cancela los discursos épicos, sociologizantes, buscadores de proyectos identitarios nacionales o totalizadores, y que se detiene más bien en las historias particulares, privadas, de lo local y lo cotidiano: el petit récit sustituye al grand récit. El curso rocambolesco de las anécdotas en estas novelas, la hipérbole y el grotesco, la parodia y el sarcasmo, son visiones lúdicas en que la Historia es telón de fondo y prevalece la historia con la intensa narratividad de episodios desopilantes, excepcionales, en que las consignas son “domar lo horrible” y “convertir lo trágico en cómico”, como le recomienda el jefe de la galera en la cárcel al Cándido habanero de los años 90. Como en las novelas de Ena Lucía Portela, los sujetos en las novelas de Jorge Ángel Pérez tienen identidades escindidas, polimorfas y sus historias se resuelven en la búsqueda de una sexualidad definitoria pero sin fronteras. Incluso en algunas de las prácticas homosexuales de sus personajes, gay o lésbicas, se atraviesan los roles de lo masculino y lo femenino, o estos roles se confunden, se alternan, se traslapan, yendo más allá de las esencialidades definitorias. El cuerpo es un lugar de enunciación y su singularidad se construye a partir de la presencia, al interior de ese lugar, de todo aquello que es exterior, de las interrelaciones de ese lugar con otros lugares. El sujeto ex/céntrico es el resultado de más de un proceso y ocupa más de un lugar simultáneamente en un incesante movimiento a través de las fronteras de su identidad. Esa traslación a nivel del sujeto es metonimia de la traslación en los discursos definitorios de identidades nacionales o regionales, que se construyen en ese movimiento rizomático.

Revista Brasileira do Caribe, Goiânia, vol. VI, nº 11, p. 145-168, 2005

Fumando espero

Virgilio Piñera fue un poeta y dramaturgo cubano cuya obra le valió un gran prestigio (pasa por ser el primer representante del teatro del absurdo) pero cuya nunca negada homosexualidad le costó ser condenado al ostracismo por las autoridades castristas. Fumando espero narra el inicio del exilio bonaerense de Virgilio Piñera, donde convivirá con personajes públicos tan variados como Perón y Evita, Jorge Luis Borges, las Ocampo, Josephine Baker o un Witold Gombrowicz realmente insólito y casi irreconocible para el lector normal. Leer más…

De su vida y obra – Instantes

El paseante Cándido

Jorge Ángel Pérez es uno de los escritores cubanos contemporáneos perteneciente a una generación joven  que entró con pie derecho en la literatura, a pesar de la crisis económica.

Con su novela El Paseante Cándido, obtuvo a finales del 2002 el prestigioso premio italiano Grinzane Cavour  -instituido desde 1982-  para libros publicados y en el que Cuba participaba por primera vez. Un certamen con una tradición lograda en creadores de mucha valía: Gunther Grass, José Saramago, Alfredo Bioy Casares, René Depestre, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, entre otros, quienes ganaron  por toda una obra.

Jorge Ángel admite que esto lo halaga. “De todas formas no creo que mi obra esté a ese nivel, aunque es cierto que a los clásicos les fue otorgado este  premio mucho antes de conseguir el Nobel.

El Paseante Cándido había ganado el premio de novela UNEAC en el 2000, fue publicado al año siguiente y  en México salió también, pero con el título de Cándido Habanero para hacer más evidente la relación del Cándido Volteriano con un personaje que transcurre en La Habana.

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Aquí no hay ningún tema tabú

Desde la isla y desde el exilio, 15 escritores trazan un panorama de la literatura cubana. Todos responden a tres preguntas: 1. ¿La situación de Cuba en las últimas cuatro décadas ha favorecido o perjudicado la creación literaria? 2. ¿Cuál sería la principal diferencia o característica entre los autores que viven en la isla y los que no? Y una tercera, individual.

Desde la misma isla, Jorge Ángel Pérez es uno de los escritores homosexuales que dice continuar la tradición de literatura gay de autores como José Lezama Lima.

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Jorge Ángel Pérez y su Habana no tan elegante

De amar y sufrir, porque parece que sin uno no hay lo otro, en una cuartería de la calle Aguiar, trata En La Habana no son tan elegantes, el más reciente libro de Jorge Ángel Pérez (Encrucijada, Villa Clara, 1963) que acaba de obtener el Premio de Cuento Alejo Carpentier.

Son las vidas desbordadas de tristezas, y en ese orden, de Esteban, Ramón, Gloria, Victoria, Ovidio y del propio autor que se presenta a sí mismo como uno de los protagonistas de este texto que, de seguro, hará época, como antes lo hicieron sus dos novelas hasta el presente: El paseante Cándido, Premio Nacional Cirilo Villaverde 2000 —con ediciones en México, Italia, Cuba—, que también recibió el importante premio italiano Grinzane Cavour, y Fumando espero, primera finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, cinco años más tarde.

Todo transcurre hoy, ahora mismo, y el autor ha aceptado el reto de penar con los suyos al presentar estos testimonios, digamos que de ficción.

Antes que este volumen, Jorge Ángel escribió Lapsus calami, que en 1995 ganó el Premio David de Cuento convocado por la UNEAC y que también recibiera el Premio Dador, en su primera edición, que entrega el Instituto Cubano del Libro. Luego…

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El paseante Cándido

Reconozco que mi mirada es mínima, pobre, superficial, porque tengo imaginación para adornar,
pero no para penetrar, para descender al interior de los sentimientos y de las sensaciones.

Gastón Baquero

 

Una de las primeras reglas del escritor moderno y presente en las páginas sociales dice: “nunca comenzar con un adverbio de modo que sugiera una redundancia desfachatada e incoherente, que deje al lector en el espacio anfibio de seguir adelante o no con la lectura”. Y está claro que comenzar de esta manera un texto, sería nefasto si solo nos ocupáramos de ofrecer claridades en la manera de comunicar el contenido de tal o más cuál obra. Pero no hay que negar que algunos libros —sobre todo las novelas— necesiten de arriesgarse en el modo de iniciar esa cara oración que signará al resto de las palabras que a continuación estarán en la disposición de lograr que el lector se acerque al libro. Leer más…

La Habana entre elegante y obscena

“¿Acaso no pueden suceder una y mil cosas increíbles en La Habana?”. Si creyera alguien divisar en la Plaza de Armas a Teresa y Sab, a Quijote y Sancho, a la mismísima Cecilia Valdés o al negro Caniquí con uniforme azul de policía llegado de la región oriental, ¿se asombraría? ¿No retozarían, todos juntos, en torno a la comparsa de alegres zanquilargos? ¿No se confundirían sus rostros en medio del jolgorio? ¿Qué de inusual habría en que arremetiera Don Alonso contra los monstruos de trajes coloridos, cuando lo acosa un Mambrino que vende cacahuetes o se abalanza un extraño sobre el caballero por si “guta el Paltagá”? Mientras el escudero obeso sucumbe a las audaces caderas de la mulata, al éxtasis del cáñamo, y los danzantes vislumbran en lontananza el fuego que reclama el hidalgo; el incendio en la calle Aguiar donde perecen Jorge Ángel y el salterio, librados ya por fin del escrutinio. Leer más…