Fumando espero

Sobre la novela homónima

Adonis Sánchez

Con la letra de un clásico tango argentino, el joven escritor Jorge Ángel Pérez (Encrucijada, Las Villas, Cuba, 1963) nombró una de sus más recientes novelas, Fumando espero; uno de los tantos textos atrevidos publicados en Cuba sobre temática homosexual. 

La publicación, que corrió a cargo de la prestigiosa editorial Letras Cubanas, es un homenaje al gran dramaturgo cubano Virgilio Piñera, autor de obras como “La ratonera”, “Vida y muerte de Pierre Paolo Passolini”, entre otras, y uno de los íconos que revolucionó el teatro cubano.

De Jorge Ángel Pérez se tenía referencias de su Premio David de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) con el libro de cuentos Lapsus calami. Por El paseante cándido recibió el Premio de Novela Cirilo Villaverde de la UNEAC, y el premio italiano Grinzane Cavour. Este libro cuenta con ediciones en Cuba y México, y fue publicado en Italia por la editorial Rizzoli.

En las manos de los lectores, Fumando espero es una suerte de juego constante entre ellos y el autor, entre el mítico encanto de la ficción y la realidad. Su lanzamiento ocurrió hace algún tiempo, ya no es un acontecimiento para el mundo del libro cubano ni universal, pero no ha pasado desapercibido entre las manos de quienes lo descubren. Bendecido o injuriado por comentarios favorables o adversos, Fumando espero ha dejado mucho que decir entre la fanaticada literaria.

La trama…

Buenos Aires. Finales de la década de los cuarenta y principios de los cincuenta. Una legión de personajes quebrantan los códigos del tiempo (Lezama Lima, Tristán e Isolda, Luis XV, Madame de Pompadour, Brunilda, Atila) o la fecunda imaginación del autor (Fécula, Mácula, Flora la manicura, Abelina Melovich la pantera rusa, Pedro el de Jesús) para encontrarse en la vida de Virgilio, escritor maricón y elitista que sueña, más que con la inmortalidad de su literatura, momificar sus manos – símbolos de la concreción de los anhelos.

La fotografía de un mendigo momificado y un taxidermista será el pretexto de una búsqueda exhaustiva, que a veces parece naufragar en otras historias que circundan los impostergables propósitos del personaje protagónico, o exaltan sus virtudes, en una continua especulación sobre su intelectualidad.

En esta novela, Jorge Ángel Pérez aborda la vida homosexual (esencialmente gay y con algunas referencias lésbicas) desde disímiles atmósferas: a veces más íntimas, sensibles o mórbidas. La homofobia, la pasión sentimental, el acto sexual; sin reparar en la brusquedad del lenguaje: desde admirar la imponente verticalidad de una pinga parada hasta detallar la jugosa circunferencia de un culo en pleno movimiento.

Ridiculiza, denuncia, rememora, sufre,… es rebelde, se impone al destino, lo somete y llega a ser su más dócil presa.

Es osado por el tratamiento del tema, la época y el país en que se desenvuelve la novela, pero hubiera sido más audaz aún si su odisea rosa se desarrollara en Cuba. No obstante, la capital bonaerense le otorga cierta libertad al autor, oportunidad que aprovecha muy bien para alimentar las tramas y subtramas con tonos detectivescos, graciosos y políticos, ocurridos en un momento histórico importante para la entonces revolución argentina.

¿El final?
Después de la última fumarada de ilusión y un hombre atractivo penetrando en los sueños frustrados de Virgilio, que se apropian de su realidad; Jorge Ángel Pérez nos hace despertar a todos en La Habana de 2002.