El hueco
Ana Rosa Díaz Naranjo baila sobre el abismo
Ilíada Ediciones, 2019
Los críticos dividen, nombran, acuñan generaciones literarias o de otra índole, etiquetan, ubican a un lado lo escrito por hombres y al otro lo que escriben las mujeres, ¿acaso para mal llamarla literatura femenina o minimizar a las féminas?, ¿será que hacen un distingo que las pone por encima de la “literatura masculina”?, deberían.
Me interesa el rigor, la técnica depurada, el brío, la vitalidad de los escritores insulares. No importa si escriben desde, o fuera de la Isla, o a qué sexo pertenecen. Existe una sola literatura cubana que se extiende más allá de las costas, única, rica y diversa.
Sí, hay grandes novelistas que giran alrededor de un país llamado Cuba: Gertrudis Gómez, Cirilo Villaverde, Ramón Meza, Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier, Lino Novás, Ana María Simo, Enrrique Labrador, Carlos Montenegro, Virgilio Piñera, Cabrera Infante, José Lezama, Juan Arcocha, Severo Sarduy, Edmundo Desnoes, José Soler, Reinaldo Arenas, José Lorenzo Fuentes, Carlos Victoria, Oscar Hijuelos, Guillermo Rosales, Rafael Alcides, Achy Obejas, Jesús Díaz, Zoé Valdés, Daína Chaviano, Mayra Montero, Antonio Benítez Rojo, Guillermo Vidal, Abilio Estévez, José Manuel Prieto, Amir Valle, Rodolfo Pérez Valero, José Hugo Fernández, Armando Añel, Leonardo Padura, Alberto Garrido, Ángel Santiesteban, Lucy Araújo, Neltón Pérez, Wendy Guerra, Atilio Caballero, Marcial Gala, Otilio Carvajal, Mariela Varona, Ronaldo Menéndez, Ana Luz García, Gumersindo Pacheco, Lichi Diego, Antonio Orlando Rodríguez, Pedro Juan Gutiérrez, Antonio José Ponte, Armando de Armas, Norberto Fuentes, Ena Lucía Portela, Anna Lidia Vega Serova, Karla Suárez, Antonio Rodríguez Salvador, Mylene Fernández, Reinaldo Montero, María Liliana Celorrio, Alberto Garrandés, Eduardo del Llano, Ernesto Santana, David Mitrani, Delis Gamboa, Mildre Hernández, Carmen Hernández, Marvely Marrero, Lourdes González, Evelio Traba. Nutrido grupo que sus libros seguirán siendo del interés de críticos y lectores, quizás no sean todos, pero sí los más representativos de esta Isla.
Ana Rosa con su novela El hueco por Ilíada Ediciones, se sitúa en la vanguardia literaria de su país de origen para abrirse camino en Iberoamérica y el Caribe.
Conocida, hasta el momento de publicar El hueco, como poeta, actriz y artista de la plástica, se aparece con una novela que desnuda la realidad cubana de estos tiempos. Una historia con bisos tragicómicos que a ratos hace reír y de igual forma logra que afloren las lágrimas del desconsuelo.
La autora pertenece a una generación literaria que se entrecruza con autores de generaciones anteriores convirtiendo esto en un fenómeno mixto, donde se destaca la obra de: Guillermo Vidal, María Liliana Celorrio, Antonio Borrego, Alberto Garrido, Lucy Araújo, Andrés Casanova, Carlos Esquivel, Argel Fernández, Eduard Encina, Iyannis Gómez, Carmen Morales, Mayda Anias Martínez, Xiomara Maura Rodríguez, Martha Rosa Fernández, Nuvia Estévez, Jorge Luis Peña, Frank Castell, José Alberto Velázquez, Osmany Oduardo, Odalys Leyva, Lucy Maestre, Lourdes Jacobo, Viviana Consentino, Samuel Perdomo, y Ray Faxas, narradores y poetas con un nombre en las letras cubanas en la isla y el exilio.
No sé si esta ópera prima hace su debut por la puerta ancha, si va a convertir en un best-seller, si los lectores se apropiarán de ella, si las madres se la prohibirán a sus hijos, pero puedo asegurarles que quien se atreva a leer este libro duro, cínico y hermoso, no podrá quedar ajeno al horror, a la exquisita manera de adentrarnos en la sala oscura del cinematógrafo.
Novela que los críticos, atentos a las novedades literarias, tendrán que atender.
Una novela que a Reinaldo Arenas, Severo Sarduy, Virgilio Piñera, Charles Bukoski, y Guillermo Vidal, les hubiera encantado leer y se hubieran sentido orgullosos de tenerla junto a sus libros de cabecera.
Gustavo, el protagonista, es un adolescente que intenta, con la fe puesta en la Virgen de la Caridad, encontrar a su madre. Escapar de los maltratos impuestos por su tío alcohólico, morboso y abusivo. Para lograr su propósito se apoyará en Luisa, un amor que le traerá de lleno la esperanza. Novela que desde el campo se mueve en tiempos de Internet: las máscaras, las interrelaciones en el ciberespacio y los amores ficticios son apenas algunos de los ingredientes que sumergen al lector en el desarrollo de la trama.
Novela dura, hermosa, cruda sobre la soledad, el abandono, las miserias humanas y la lucha del ser humano por conseguir sus más íntimos sueños.
La autora ha sabido llevar al duro y sin guantes una amalgama de historias desgarradoras y absorbentes que enganchan de inmediato al lector obligándolo (desde la primera línea) de sobresalto en sobresalto, a llegar al final donde, después de esto, ya no será el mismo.
El hueco inicia un nuevo tratamiento literario sobre la realidad del campo cubano, donde lo burdo y miserable es abordado con eficacia y maestría. En ocasiones sus escenas vertiginosas, que transcurren a velocidad supersónica, se suceden como la corriente de un río bajo la violencia de un ciclón. Están descritas con fina delicadeza, y el efecto del golpe causa mucho más dolor.
Este es un libro que ya tiene ganado el éxito y el cariño de quienes se han ido sumando poco a poco a la ya larga lista de lectores que lo admiran.
Ana Rosa, con esta novela demuestra las extraordinarias dotes de narradora que posee. Es esta una novela inteligente y entretenida. Su narración es ágil, con múltiples giros que hacen aumentar el interés por la tensión que toma la trama. Los sucesos explotan ante los ojos como granadas de mano.
Siempre me han llamado la atención las óperas primas en la novelística, ahí están La ciudad y los perros, Matarile, y Cañón de retrocarga, por solo citar tres maneras diferentes de narrar, tres autores que me estremecieron, Mario Vargas Llosa, Guillermo Vidal, y Alejandro Álvarez. A los que sumo: Pedro Paramo, No se lo digas a nadie, y Tengo miedo torero, Rulfo, Jaime Bayly, y Pedro Lemebel. Como estas seis novelas de América, la de Ana Rosa ha venido a ocupar un lugar para hacernos transitar por un camino poco frecuentado dentro de la actual la narrativa escrita por sus compatriotas.
La historia transcurre en el campo cubano en pleno siglo XXI. Novela necesaria. Como: El reino de este mundo, Carpentier, Tres tristes tigres, Cabrera Infante, El pan dormido, Soler Puig, Celestino antes del alba, Reinaldo Arenas, Paradiso, Lezama, La nada cotidiana, Zoé Valdés, La travesía secreta, Carlos Victoria, Boarding home, Guillermo Rosales, Un siervo herido, Félix Luis Viera, Habana Babilonia, Amir Valle, El hombre que amaba los perros, Padura.
Esta novela del campo, como algo inusual, comienza con un epílogo, escena que se desarrolla en plena Habana. La autora va desgranando la vida de sus personajes ubicados en un pequeño pueblo de campo, dejándonos ver las pequeñas o grandes desdichas de cada uno.
El lector es un asistente anónimo sentado en la luneta oscura de un cinematógrafo.
Gustavo, en el supermercado, cree haber reconocido a su madre y va tras ella: “pero la mujer se ha hecho ojo de hormiga en lo que atravesaba el balaustre y vuelve a descubrirla, ya lejos, en la puerta de salida con una gran cesta atestada de verduras.” El joven cree haber sido iluminado por la Virgen y su divina providencia. ¿Daría con el paradero de su progenitora? Con esa incertidumbre comienza El hueco.
Este es el libro más importante de los que la autora ha publicado hasta ahora. Con gracia y maestría nos muestra el infortunio en un sitio donde antes pudo reinar la bondad y la inocencia, donde los tiempos que corren lo han contaminado todo, incluyendo el respeto y el amor de la familia. Todo gira alrededor de la Santa Patrona de Cuba y los habitantes de un pueblo perdido en la Isla. Ya puede irse considerando el prestigio que va alcanzando la escritora cubano-española con la puesta en circulación de su novela en Amazon.
El hueco viene a ser una de esas novelas que resultan inolvidables después de leídas, como: Hijos y amantes, Lawrence, Ulises, Retrato del artista adolescente, Joyce, El gran Gatsby, Fitzgerald, El ruido y la furia, Faulkner, Un mundo feliz, Huxley, La viña de la ira, Steinbeck, El cero y el infinito, Koestler, El extranjero, Camus, Lolita, Nabokov, Trampa 22, Heller. La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Junot Díaz, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, J.K. Rowling, 2666, Bolaño, Danza de Dragones, George R. R. Martin, Archipiélago Gulag, Solzhenitsyn, El alquimista, Coelho, Tokio blues, Murakami, Cien años de soledad. García Márquez, por solo citar unas pocas.
El hueco es más que un agujero: es un abismo, una burbuja, una espiral por donde un conjunto de personajes baja al infierno llevándose al lector consigo. Una historia implacable, escrita con fuerza llena de sucesos cortantes, vivencias ríspidas, donde lo cómico, lo trágico, el horror y la inocencia se hermanan en un mismo hundimiento.
Conocerás el odio en todas sus variantes, la compasión visceral de la melancolía.
La calidad de la autora no le permite titubeos, por eso su estilo es cortante, no le tiembla el pulso, aquí los personajes sufren como en la vida real, su escritura nos golpea fuerte en el estómago, luego en el mentón, para derribarnos por nocaut.
Al fin nace la novela sobre las vicisitudes, las miserias espirituales, materiales y humanas, en el campo cubano, en pleno siglo XXI.