Los ensayos recogidos en Banalidad posmoderna (escritos en un lapsus de diez años) son cada uno de ellos –como bien dice su autor, Fernando Valerio-Holguín en el prefacio— fruto de una “amplia investigación”. Y yo añado: y de un arduo y meticuloso aprendizaje de escritor. Porque lo primero que salta a la vista al acercarse a ellos es el rigor y la profesionalidad con la que han sido escritos. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las ideas que el prolífico escritor vegano vierte en los mismos, pero desde luego, de ningún modo puede poner en duda la honestidad y el rigor intelectuales con que han sido elaborados y la maestría en el uso y manejo del lenguaje de que dan muestra.
Valerio-Holguín organiza el contenido de su libro en cuatro grandes áreas o apartados: música, cine, literatura y cultura. La temática dominante en el mismo (siete de los quince ensayos tratan sobre ello) es clara: las agresiones a la otredad desde el poder hegemónico occidental; y las agresiones a la otredad y a la diferencia en el seno mismo de la República Dominicana por la elites nacionales europeizantes. (Si bien se toma como pretexto para trabajar estos temas el cine, la literatura, la música o un fenómeno o manifestación cultural específicos).
En los ensayos recogidos en Banalidad posmoderna se establece siempre de entrada el adecuado marco teórico para que se comprenda a fondo desde dónde se hace el análisis y con cuáles herramientas metodológicas y conceptuales. Así, a lo largo de las páginas del libro Valerio-Holguín se auxilia de las ideas y conceptualizaciones teóricas de autores tan centrales y significativos del pensamiento crítico occidental como: Theodor W. Adorno, Louis Althuser, Roland Barthes, George Bataille, Walter Benjamín, Jacques Derrida, Mircea Eliade, Frantz Fanon, Antonio Gramsci, Sigmund Freud, Gerard Genett, entre los europeos; y Antonio Benítez Rojo, Juan Bosch, Roberto Cassá, entre los latinoamericanos.
La bibliografía manejada por el escritor y académico vegano es amplia y variada, y siempre perfectamente actualizada. Además, Fernando Valerio-Holguín la usa con absoluto y total dominio, mostrando claramente que ha asimilado y digerido a fondo sus lecturas. Es por ello (y esto conviene subrayarlo) por lo que las numerosas citas se incorporan al tejido textual no solo con absoluta naturalidad, armonía y elegancia, sino también y además con absoluta y total pertinencia: las citas de Banalidad posmoderna no son un mero exorno erudito, un citar por citar, de relumbrón o de bulto, buscando mostrar al lector cuanto se sabe, cuanto se ha leído. No, es un citar metódico y riguroso que viene a esclarecer (como ya decía), el punto de vista desde el que parte el autor y el marco teórico dentro del cual se inscribe su argumentación: las citas esclarecen (refuerzan, enfatizan o subrayan) tal o cual razonamiento concreto o a hacen más explícito el sentido de un complejo proceso cultural, social o histórico.
En los ensayos de Banalidad posmoderna el autor hace gala asimismo de un magistral dominio de la forma. Fernando Valerio-Holguín muestra en esta obra que conoce a fondo los intrincados secretos del género ensayístico, más exactamente del metódico y sistemático ensayo académico, más codificado y sujeto a reglas, más estandarizado que el ensayo literario. Muestra, además, estar en posesión de un riguroso dominio del lenguaje, siempre preciso este y al servicio del pensamiento del autor. Es el suyo un lenguaje sin adornos ni elementos superfluos y con una extraordinaria capacidad sintética, lo que le permite al autor atrapar (describir, mostrar, dar cuenta, explicitar) complejísimas realidades humanas en unas cuantas frases o en unos pocos párrafos, con un despliegue siempre claro, armonioso y preciso de ideas y conceptos.
Todo ello hace que los diecisiete ensayos de Banalidad posmoderna se lean no solo entendiéndolos (¡dios, entendiéndolos!: ¡que maravilloso bien, qué regocijante don cuasi milagroso por estas tierras!), sino además con sumo placer y gusto, con verdadero deleite y fruición: uno puede seguir paso a paso el limpio desarrollo del pensamiento del autor, el desenvolvimiento de su lúcido razonar, la rigurosa y coherente concatenación de las siempre brillantes ideas a lo largo de cada uno de los párrafos de los diferentes ensayos. Hay en todos ellos una tan trabada y lograda coherencia lógico-argumental, que no puede uno menos que admirar y aplaudir.
Los hasta aquí señalados son valores indiscutibles del libro de Fernando Valerio Holguín que comentamos. Pero hay todavía algo más que a mi modo de ver hace de Banalida posmoderna un trabajo excepcionalmente admirable y valioso. Ese “algo” es el coraje, la valentía intelectual, la independencia de juicio y de criterio del autor. Estas invaluables virtudes intelectuales se ponen de manifiesto en la totalidad de los ensayos de Banalidad posmoderna. Pero a mi modo de ver sobresalen en aquellos en los que el autor aborda (en este sentido son para mí los mejores trabajos del libro) el tema que predomina en la recopilación ensayística: el de la otredad y sus avatares. Es aquí, en estos ensayos, más comprometidos y “arriesgados” si se quiere, donde hay una mayor aportación al debate de las ideas y asimismo al esclarecimiento de problemas trascendentales que nos afectaron en el pasado y nos siguen afectando dramáticamente en el presente como país y como pueblo. A mi modo de ver estos ensayos no pueden tener mayor vigencia ni ser más oportunos y pertinentes en nuestro aquí y ahora nacional. Permítaseme enumerarlos todos y comentar de forma muy breve los dos últimos.
Los ensayos en cuestión son los siguientes: 1. “Santo Domingo, Nueba Yol, Madrid: migración e identidad cultural” (pp.47-57); 2. “Buena Vista Social Club: Canibalismo cultural y nostalgia imperialista” (pp.59-71); 3. “En el tiempo de las mariposas de Julia Álvarez: una reinterpretación de la historia” (pp.127-147); 4. “La fiesta del (ar)Chivo: Mario Vargas Llosa, narrador, político y moralista” (pp.161-173); 5. “Encuentros poscoloniales y diáspora caribeña: Encaranublado de Ana Lydia Vega” (pp.175-189) y 6. “El olivorismo: cultura popular/resistencia cultural en la República Dominicana” (pp. 205-221) y 7. “Nuestros vecinos, los primitivos: identidad cultural dominicana” (pp.221-243).
Los dos últimos ensayos son magistrales ejemplos de la ensayística dominicana actual y de todos los tiempos. Paso a comentarlos muy brevemente:
En “El olivorismo: cultura popular/resistencia cultural en la República Dominicana” (pp. 205-221) el autor analiza, en rápida y apretada síntesis, los avatares del olivorismo y sus sucesivos “brotes rizomáticos”. Nos habla del cómo y por qué del movimiento (enmarcándolo dentro de los movimientos milenaristas y mesiánicos), en qué contexto histórico surge el mismo, sus características y evolución (desde la resistencia cultural y la resistencia semiótica a la resistencia armada). Por otra parte, dedica espacio al análisis de la reacción de la elites nacionales europeizantes ante el fenómeno, explicándola (plausiblemente) a través del discurso primitivista. La reacción de la elites dominicanas desembocará en la matanza de Palma Sola de 1962, ordenada por el Consejo de Estado y ejecutada por el Ejército Nacional. El hecho es calificado por el ensayista con absoluta contundencia, sin paráfrasis ni eufemismos: “La masacre de Palma Sola contra los olivoristas fue de una saña increíble. Las Fuerzas Armadas utilizaron armas de guerra, helicópteros y aviones que bombardearon con napalm.” (p. 216).
¿Napalm? ¿Será un error el horror del napalm, una burda exageración del autor? Valerio-Holguín nos saca de dudas con esta oportuna cita del periódico La Nación del 30 de diciembre de 1962:
En pocas horas todo el potencial especializado, con sus armas modernas cayó sobre aquel lugar, sembrando una espantosa carnicería entre aldeanos que no tenían con qué defenderse. Tres aviones de combate aparecieron en el cielo y en seguida iniciaron el bombardeo con gasolina gelatinosa.
El segundo ensayo –muy íntimamente ligado al anterior– cierra con broche de oro el libro. Es el titulado: “Nuestros vecinos, los primitivos: identidad cultural dominicana” (pp.221-243). Aquí Valerio-Holguín analiza otro suceso terrible de la historia dominicana: la matanza de haitianos a manos del Ejercito Dominicano en 1937. De nuevo, sin ambages ni medias tintas, el autor y académico vegano califica el acontecimiento como: “…uno de los hechos más abominables e incomprensibles de la historia dominicana y latinoamericana”… Y nos describe la matanza sin escamotear los aspectos más duros y descarnados:
Durante la masacre de 1937, fueron separadas familias enteras, fueron asesinados esposos/as, hermanos/as e hijos/as de nacionalidad haitiana, dominicana y dominico-haitiana. La frontera se convirtió literalmente en un río de sangre, en el río Masacre, cuyo nombre alude a otra masacre, como si desde entonces hubiera prefigurado el genocidio trujillista (…) (p.229).
En los dos trabajos comentados confluyen de forma amplia, clara y profusa las numerosas inequívocas habilidades de maestro del ensayo que es Fernando Valerio-Holguín, habilidades de las que ya hablé más arriba: dominio de la forma y del género ensayo académico, dominio del lenguaje, extraordinaria capacidad de síntesis; adecuado manejo de la bibliografía, uso de citas siempre oportunas y pertinentes, honestidad y rigor intelectuales y, desde luego, independencia de juicio, coraje y valentía intelectuales.
Fernando Valerio-Holguín nos regala pues una gran obra. Una obra que nos enfrenta a nosotros mismos, nos devuelve nuestra memoria histórica tan dormida y aletargada en los últimos tiempos, y nos hace indagar en nuestro pasado, en los errores y horrores de nuestro ayer con mirada crítica y analítica, sin anteojeras, absolutamente liberados de prejuicios, con coraje y valentía. Banalidad posmoderna: ensayos sobre identidad cultural latinoamericana del autor vegano Fernando Valerio-Holguín, es sin duda una obra de imprescindible y obligada lectura en la República Dominicana de hoy.
Nota bibliográfica: Fernando Valerio-Holguín, Banalidad posmoderna: ensayos sobre identidad cultural latinoamericana, Santo Domingo, Editora Universitaria-UASD, 2006, 262 págs.
