El río de la vida

Sobre Niños al hombro, de Jesús Cotta

Jorge de Arco

Niños al hombro
Jesús Cotta

Poesía al Albur, 2019

 

“Yo lo que quiero es irme al campo, donde/ la lluvia huele a aún a Adán y Eva”, escribía Jesús Cotta (1967) en su anterior poemario, Menos la luna y yo (2013). Seis años después, Niños al hombro reúne un gratísimo puñado de poemas donde se mantiene ese ímpetu y ese pasión por la vida que remite al origen de la mítica manzana. Porque en su decir, el autor malagueño se vale del asombro para avivar cuanto gira en su derredor. Los elementos cotidianos, los protagonistas familiares y las amarras que aún sostienen su infancia, le sirven como materia temática para vertebrar un territorio propio y cómplice: “Ese soy yo chapoteando/ niño y feliz en los brazos/ del agua recién llovida/ que venía de la cima./ También soy ese, casi hombre/ en la alberca cierta noche/ cuando la luna llamó/ a mi pecho y le abrí yo”.

Hay en estos textos un aroma gozoso, un aire de optimismo del cual nace una gramática fértil que mira hacia un mañana y esconde tras sus enigmas una lumbre renovada. Y nada mejor, como elemento unificador de los anhelos, que un amor  interpretado esencialmente desde la conceptualización empírica. Así pues, el corazón venturoso justifica la existencia terrenal y parece rememorar el gozo saliniano cuando afirmaba “el tiempo junto a ti no tiene horas/ es un tiempo que ilumina y llena la memoria”. También para Jesús Cotta, sus horas, sus mares y sus soles parecen redescubrir la analogía secreta que guarda frente a la amada: “Eres la arbórea copa de la lluvia,/ ruedo lunas abajo hasta tu seno./ El río de la vida es mar contigo/ y el mar un río sin final ni lecho”.

Un bello cuaderno, en suma, que sabe a augurio y a ulterior conjuro y donde cabe el claro misterio de la poesía dicha con suma honestidad.