Fuga de nieve
Raúl González García
Editorial Verbum, Madrid, 2019
Dos años después de su primer poemario Los fuegos del agua, Raúl González García (1966) da a la luz Fuga de nieve, “un largo poema visionario, un relato alucinado y salvaje que nos arrastra consigo desde el primer verso (…) y que narra el viaje iniciático de sus protagonistas, un viaje de la memoria, de la imaginación y los sentidos por un paisaje simbólico”. Son estas palabras insertas en el prefacio de Jordi Doce que sirve como pórtico al volumen.
En verdad, Raúl González García recupera con su decir un acto casi ritual, que va al encuentro de la magia, de los poderes enigmáticos que concede la palabra. La fuerza encantatoria de su verso determina el origen y transparenta esta alegoría común en la cual prima lo solidario: “Los vientos y los días iban y venían/ extraviados repartiendo semillas/ Marchábamos/ hacia la casa del alba/ bajo la vigilancia atroz de las golondrinas/ con pestañas de aguanieve/ Frío Dolor/ Nuestra infancia era un lecho de espinas”.
El poeta bilbaíno no nombra tan sólo lo conocido, sino que denomina la esencialidad de una palabra renovada, instaurada desde un advenimiento sustancial, mediador en la celebración y en la aflicción de su discurso. La niñez disuelta en el acontecer de los días, en el intento de conjurarse como un plural mayestático, abarca en cierta medida la construcción de un cobijo que soporte la desmesura de la edad, la fugacidad que disuelve lo instaurado: “Ya no hay este ese aquel/ aquí allí/ Todo pasa nada pasa/ Nada queda todo queda/ Qué grita la/ luna el río/ Qué dice el hombre el sabio/ fuego sombra guerra contradicción”.
En el continuo afán por alcanzar la nieve inocente radica la metáfora evidente de la blancura, de la pureza, del reino del presente y de los sentidos. Porque el ahora se vuelve llama, lumbre con la cual hallar el camino que fije un resplandor perenne. Al cabo, guiados por su brillor, su himno será destino, perpetuo y níveo renacer: “Pasó el pájaro/ y no vimos más/ Luz/ La nieve”.