Banalidad posmoderna:
la obra nada banal de un ensayística claro y de coraje

Carlos Enrique Cabrera

Los ensayos recogidos en Banalidad posmoderna (escritos en un lapsus de diez años) son cada uno de ellos –como bien  dice su autor, Fernando Valerio-Holguín  en el prefacio— fruto de una “amplia investigación”. Y yo añado: y de un arduo y meticuloso aprendizaje de escritor. Porque lo primero que salta a la vista al acercarse a ellos es el rigor y la profesionalidad con la que han sido escritos. Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las ideas que el prolífico escritor vegano vierte en los mismos, pero desde luego, de ningún modo  puede poner en duda la honestidad y el rigor intelectuales con que han sido elaborados y la maestría en el uso y manejo del lenguaje de que dan muestra.

Valerio-Holguín organiza el contenido de su libro en cuatro grandes áreas o apartados: música,  cine,  literatura y  cultura. La temática dominante en  el mismo (siete de los quince ensayos tratan sobre ello) es clara: las agresiones a la otredad desde el poder hegemónico occidental; y las agresiones a la otredad y a la diferencia en el seno mismo de la República Dominicana por la elites nacionales europeizantes. (Si bien se toma como pretexto para trabajar estos temas  el cine,  la literatura,  la música o un fenómeno o manifestación cultural específicos).

En  los ensayos  recogidos en Banalidad posmoderna se establece siempre de entrada el adecuado marco teórico para que se comprenda a fondo desde dónde se hace el análisis y con cuáles herramientas metodológicas y conceptuales. Así, a lo largo de las páginas del libro Valerio-Holguín se auxilia de las ideas y conceptualizaciones teóricas de autores tan centrales y significativos del pensamiento crítico occidental como: Theodor W. Adorno, Louis Althuser, Roland Barthes, George Bataille, Walter Benjamín,  Jacques Derrida, Mircea Eliade, Frantz Fanon, Antonio Gramsci, Sigmund Freud, Gerard Genett, entre los europeos; y Antonio Benítez Rojo,  Juan Bosch, Roberto Cassá, entre los latinoamericanos.

La bibliografía manejada por el escritor y académico vegano es amplia y variada, y siempre perfectamente actualizada. Además, Fernando Valerio-Holguín la usa con absoluto y total dominio, mostrando claramente que ha asimilado  y digerido a fondo sus lecturas. Es por ello (y esto conviene subrayarlo) por lo que las numerosas citas  se incorporan al tejido textual no solo con absoluta naturalidad, armonía y elegancia, sino también y además con absoluta y total  pertinencia: las citas de Banalidad posmoderna  no son un mero exorno erudito, un citar por citar, de relumbrón o de bulto, buscando mostrar al lector cuanto se sabe, cuanto se ha leído. No, es un citar metódico y riguroso que viene a esclarecer (como ya decía), el punto de vista desde el que parte el autor y el marco teórico dentro del cual se inscribe su argumentación: las citas  esclarecen (refuerzan, enfatizan o subrayan) tal o cual razonamiento concreto o a hacen más explícito el sentido  de un complejo proceso cultural, social o histórico.

En los ensayos de Banalidad posmoderna el autor  hace gala   asimismo de un magistral dominio de la forma. Fernando Valerio-Holguín  muestra en esta obra que conoce a fondo los intrincados secretos del género ensayístico, más exactamente del metódico y sistemático ensayo académico, más codificado y  sujeto a reglas, más estandarizado que el ensayo literario. Muestra,  además, estar en posesión de un riguroso dominio del lenguaje, siempre preciso este y al servicio del pensamiento del autor. Es el suyo un lenguaje sin adornos ni elementos superfluos y con  una extraordinaria capacidad  sintética, lo que le permite al autor atrapar (describir, mostrar, dar cuenta, explicitar)  complejísimas realidades humanas en unas cuantas frases o en unos pocos  párrafos, con un  despliegue siempre claro, armonioso y preciso de  ideas y  conceptos.

Todo ello hace que los diecisiete ensayos de Banalidad posmoderna se lean no solo entendiéndolos (¡dios, entendiéndolos!: ¡que maravilloso bien, qué regocijante don cuasi milagroso por estas tierras!), sino además con sumo placer y gusto, con verdadero deleite y fruición: uno puede seguir paso a paso el limpio desarrollo del pensamiento del autor, el desenvolvimiento de su lúcido razonar, la rigurosa y coherente concatenación de las siempre brillantes ideas a lo largo de cada uno de los párrafos de los diferentes ensayos. Hay en todos ellos una tan trabada y lograda coherencia lógico-argumental, que no puede uno menos que admirar y aplaudir.

Los hasta aquí señalados son valores indiscutibles del libro de Fernando Valerio Holguín que comentamos. Pero hay todavía algo más que a mi modo de ver  hace de Banalida posmoderna un trabajo  excepcionalmente admirable y valioso.  Ese “algo” es el coraje, la valentía intelectual, la independencia de juicio y de criterio del autor. Estas invaluables virtudes intelectuales se ponen  de manifiesto  en la totalidad de  los ensayos de Banalidad posmoderna. Pero a mi modo de ver sobresalen  en aquellos en los que el autor aborda (en este sentido son para mí los mejores trabajos del libro) el tema que predomina en la recopilación ensayística: el de la otredad y sus avatares. Es aquí, en estos ensayos,  más comprometidos y “arriesgados” si se quiere, donde hay una mayor aportación al debate de las ideas y asimismo al esclarecimiento de problemas trascendentales que nos afectaron en el pasado y nos siguen afectando dramáticamente en el presente como país y como pueblo. A mi modo de ver estos ensayos no pueden tener mayor vigencia ni ser más oportunos y pertinentes en nuestro aquí y ahora nacional. Permítaseme enumerarlos todos y comentar de forma muy breve los dos últimos.

Los ensayos en cuestión son los siguientes: 1. “Santo Domingo, Nueba Yol, Madrid: migración e identidad cultural” (pp.47-57); 2. “Buena Vista Social Club: Canibalismo cultural y nostalgia imperialista” (pp.59-71); 3. “En el tiempo de las mariposas de Julia Álvarez: una reinterpretación de la historia” (pp.127-147); 4. “La fiesta del (ar)Chivo: Mario Vargas Llosa, narrador, político y moralista” (pp.161-173); 5. “Encuentros poscoloniales y diáspora caribeña: Encaranublado de Ana Lydia Vega” (pp.175-189) y 6. “El olivorismo: cultura popular/resistencia cultural en la República Dominicana” (pp. 205-221) y 7. “Nuestros vecinos, los primitivos: identidad cultural dominicana” (pp.221-243).

Los dos  últimos ensayos son magistrales ejemplos de la ensayística dominicana actual y de todos los tiempos. Paso a comentarlos muy  brevemente:

En “El olivorismo: cultura popular/resistencia cultural en la República Dominicana” (pp. 205-221) el autor analiza, en rápida y apretada síntesis, los avatares del olivorismo y sus sucesivos “brotes rizomáticos”. Nos habla del cómo y por qué del movimiento (enmarcándolo dentro de los movimientos milenaristas y mesiánicos), en qué contexto histórico surge el mismo, sus características y evolución (desde la resistencia cultural y la resistencia semiótica a la resistencia armada). Por otra parte, dedica espacio al análisis de la reacción de la elites nacionales europeizantes ante el fenómeno, explicándola (plausiblemente) a través del discurso primitivista. La reacción de la elites dominicanas desembocará en la matanza de Palma Sola de 1962, ordenada por el Consejo de Estado y ejecutada por el Ejército Nacional. El hecho es calificado por el ensayista con absoluta contundencia, sin paráfrasis ni eufemismos: “La masacre de Palma Sola contra los olivoristas fue de una saña increíble. Las Fuerzas Armadas utilizaron armas de guerra, helicópteros y aviones que bombardearon con napalm.” (p. 216).

¿Napalm? ¿Será un error el horror del napalm, una burda exageración del autor? Valerio-Holguín  nos saca de dudas con esta oportuna cita del periódico La Nación del 30 de diciembre de 1962:

En pocas horas todo el potencial especializado, con sus armas modernas cayó sobre aquel lugar, sembrando una espantosa carnicería entre aldeanos que no tenían con qué defenderse. Tres aviones de combate aparecieron en el cielo y en seguida iniciaron el bombardeo con gasolina gelatinosa.

 

El segundo ensayo –muy íntimamente ligado al anterior– cierra con broche de oro el libro. Es el titulado: “Nuestros vecinos, los primitivos: identidad cultural dominicana” (pp.221-243). Aquí Valerio-Holguín  analiza otro suceso terrible de la historia dominicana: la matanza de haitianos a manos del Ejercito Dominicano en 1937. De nuevo, sin ambages ni medias tintas, el autor  y académico vegano califica el acontecimiento como: “…uno de los hechos más abominables e incomprensibles de la historia dominicana y latinoamericana”… Y nos describe la matanza sin escamotear los aspectos más duros y descarnados:

Durante la masacre de 1937, fueron separadas familias enteras, fueron asesinados esposos/as, hermanos/as e hijos/as de nacionalidad haitiana, dominicana y dominico-haitiana. La frontera se convirtió literalmente en un río de sangre, en el río Masacre, cuyo nombre alude a otra masacre, como si desde entonces hubiera prefigurado el genocidio trujillista (…) (p.229).

 

En los dos trabajos comentados confluyen de forma amplia, clara y profusa las numerosas inequívocas habilidades de maestro del ensayo que es  Fernando Valerio-Holguín, habilidades   de las que ya hablé más arriba: dominio de la forma y del género ensayo académico, dominio del lenguaje,  extraordinaria capacidad de síntesis;  adecuado manejo de la bibliografía, uso de citas  siempre oportunas y pertinentes,  honestidad y  rigor intelectuales y, desde luego,   independencia de juicio, coraje y valentía intelectuales.

Fernando Valerio-Holguín  nos regala pues una gran obra.  Una obra que nos enfrenta a nosotros mismos, nos devuelve nuestra memoria histórica tan dormida y aletargada en los últimos tiempos, y nos hace indagar en nuestro pasado, en los errores y horrores de nuestro ayer con mirada crítica y analítica, sin anteojeras, absolutamente liberados de prejuicios, con coraje y valentía. Banalidad posmoderna: ensayos sobre identidad cultural latinoamericana del autor vegano  Fernando Valerio-Holguín, es sin duda una obra de imprescindible y obligada lectura en la República Dominicana de hoy.

 

Nota bibliográfica: Fernando Valerio-Holguín, Banalidad posmoderna: ensayos sobre identidad cultural latinoamericana, Santo Domingo, Editora Universitaria-UASD, 2006, 262 págs.

 

Del Autor

carlos-enrique-cabrera

Carlos Enrique Cabrera
(La Vega, República Dominicana). Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como funcionario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección dio a la luz, de forma ininterrumpida, 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (2002), Tiempos difíciles (2010) –recopilación de ensayos– y el conjunto de microrrelatos: Conjuros y otros microcuentos (INTEC, 2013). Es también coautor de la obra didáctica Español Universitario (Santillana Universitaria, 2006) y el de información turística Ciudad Colonial Santo Domingo (Tando Editora, 2011). Asimismo, mantiene en la Red varios blogs: Conjuros en “La Comunidad” del diario madrileño El País, y en Blogger el personal Carlos Enrique Cabrera (CEC) y el promocional de la revista Caudal, así como el educativo: Español CEC. Desde 1994 es profesor a tiempo completo del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).