De policías y ladrones

Jorge Chavarro

Desde el momento en que Edgar Alan Poe publica Los crímenes de la calle Morgue (1841), da el pistoletazo de partida o firma el acta de nacimiento al relato que el mismo llamó “cuento de raciocinio”, desde ese momento comenzó su difusión hasta crear la narrativa de policías y ladrones.

El hoy pluri denominacional género hijo reconocido de Poe, comenzó como cuento de detectives con su Auguste Dupin en la tarea del sabueso; en opinión de sus contemporáneos Dupin trabajaba con las armas de un abogado que a la vez tiene con el criminal una relación de interdependencia. Si dejamos a un lado El cuervo su poema más famoso, es con un relato detectivesco El escarabajo de oro, la obra con la que logra en vida su mayor éxito literario; con ella alcanza no solo la mayor difusión de una obra suya sino la mayor cantidad de dinero que recibió por un trabajo literario, cien dólares de entonces, el premio obtenido en un concurso.

De Dupin viene la inspiración para que Arthur Conan Doyle creara a Sherlock Holmes; de manera concomitante se le reconoce que alumbra también el camino de la ciencia ficción, en un comienzo con Julio Verne, luego, en el siglo XX es reconocida por H P Lovecraft y Ray Bradbury; antes de ellos también lo hizo sobre los caminos de lo grotesco en el gótico sureño.

El género ya constituido como tal, llega a América Latina por los puntos que dieron acceso a la modernidad en el continente: Buenos Aires y México; al comienzo siguiendo el paradigma del relato corto, el cuento; luego, tal como universalmente ocurrió, transformándose en novela inscrita en múltiples vertientes que obedecieron a las tendencias locales que generaron sociedad, autores y lectores. El movimiento inicial bonaerense y mejicano se convierte en refugio para escritores del relato policial porque crean modos de circulación con revistas especializadas como: “Selecciones policiacas y de misterio”, hecha en México y dirigida por Antonio Helú (1946); y la colección de novelas policiales “El séptimo circulo” editada en Buenos Aires por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (1945).

Cuatro décadas más tarde la difusión ha sido total, estudiosos del tema comienzan a resaltar las particularidades de la producción Latinoamericana, y en 1982 Alejo Carpentier en su “Apología a la novela policíaca” destaca lo que denomina la fascinación por el crimen en la por entonces reciente producción de lo que ya se denomina también género negro, que percibe al criminal como un creador y al detective como el intérprete de su creación. En palabras de Carpentier “el criminal es un artista y el detective un crítico de arte”.

A finales del siglo XX y en lo que va del presente, se destacan dos fenómenos confluyentes, la total difusión del paradigma universal de la imagen con la televisión y el cine, y la aparición de la nueva constelación de escritores continentales que incursionan en el relato policiaco corto o novelado con autores como: Rubén Fonseca (Brasil), Santiago Roncagliolo (Perú), Ricardo Piglia (Argentina), Mempo Giardinelli (Argentina), Paco Ignacio Taibo II (México-España), Ramírez Heredia (México), Ramón Díaz Eterovic (Chile), Roberto Ampuero (Chile), Dante Liano (Guatemala), Leonardo Padura Fuentes y Lorenzo Lunar (Cuba), Mario Mendoza y Nahum Montt (Colombia) y una ya larga lista de etc.

Hay que aclarar que antes de las colecciones de los años cuarenta ya mencionadas hubo en América Latina una producción literaria que es antecedente de la categoría, en este mismo contexto es importante resaltar que Operación Masacre de Rodolfo Walsh es de 1957, por tanto precede en 9 años el clásico de Truman Capote A sangre fría, sin haber tenido entonces el reconocimiento ni del público ni de la crítica.

La conciencia adquirida sobre la problemática local particulariza y hace independiente el relato policial, negro o criminal latinoamericano; nuestra problemática nace del narcotráfico, la criminalidad rampante secundaria al mismo, la corrupción estatal y los regímenes dictatoriales y populistas de todos los pelambres; a partir de esa singularidad es necesario armar argumentos que contienen una mescla explícita de miseria, violencia y sexo también violento, eso sí con respeto y preservación de la familia que se representa en formas extremas de violencia vengativa; todo ello se refleja en la producción latinoamericana y es llevado a la televisión y el cine con gran éxito.

El lenguaje se particularizó según los escenarios, Medellín y el idioma narco sicario que luego se toma la televisión local y de allí se extiende a México y la televisión hispana de Norteamérica y al resto del continente. El paradigma de la mujer hermosa – hermoseada, que en un comienzo era esclavizada a partir de su compra como producto de belleza y de embellecimiento quirúrgico, pero que ahora comparte identidad y liderazgo sin abandonar el arquetipo inicial. Y el criminal: político, empresario, funcionario, policía, narco o simplemente sicario que actúa de manera accesoria y simbiótica con los anteriores, haciendo de estos caminos las actividades relevantes para lograr la estabilidad económica y el reconocimiento social; sin importarles, que entre más debajo del esquema se inicie, el precio a pagar es el de vidas que no logran superar el umbral de los años juveniles.

Ahí estamos. Los nuevos autores siguen surgiendo y alimentando tanto el campo de la literatura como lo paraliterario, porque este último es también una necesidad que se impone por la velocidad requerida para la producción de la próxima novela capaz de competir con la del canal vecino. De todas maneras hay mucho y muy bueno por leer; de Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, o de Rubem Fonseca, Feliz año nuevo, por ejemplo.

Del Autor

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Jorge Chavarro
Medico colombiano residente en Houston, Texas. En diciembre de 2014 se graduó en la maestría de español y literatura hispanoamerica en la Universidad de Sam Houston de Huntsville, Texas. En la actualidad es estudiante del programa de doctorado en literatura del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Texas A&M en College Station, también en Texas.