Azul de las tinieblas

Sobre Razón de espera, de Rafael Lobarte Fontecha

Jorge de Arco


Razón de espera
Rafael Lobarte Fontecha
Pregunta Ediciones. Zaragoza, 2021

 

Escribe Rafael Lobarte Fontecha en este su sexto poemario que “Después de todo estamos al final de un camino”. Y desde esa irremediable verdad, desde esa penumbra que él quisiera teñir de otro color, su decir se despliega sólido para salvaguardar los escollos de la vida. Porque el autor zaragozano (1959) se sabe y se hace más humano cuanto más cerca siente el pálpito del amor, al cabo, el bálsamo mejor para no herirse con los cristales del tiempo: “Todavía hoy/ por ti daría/ el canto de los pájaros/ el mecerse azul/ del mar; del lento/ amanecer/ las notas grises./ Y en la noche,/ los puntos amarillos/ con árboles gigantes”.

El corazón anhelante, el fuego de la esperanza, los territorios conocidos, la resina del desolvido…, van alumbrando todo aquello que cobijan estas páginas es las que rezuma un aroma a dolor antiguo, pero también a deseo. La dimensión de estos poemas nace de una realidad que remite a acontecimientos instalados en la íntima conciencia. Desde ella, se reflexiona y se invoca a sostener un proceso de constante liberación; y es, ese mismo propósito, el que vertebra la solidaria personalidad de estos textos plenos de natural materialidad: “Noche vigorosa junto al río./ Azul de las tinieblas:/ la brisa es movimiento de miradas./ En peregrinación./ No existen ni pájaros ni peces,/ palabras contenidas./ vapor oculto busca puerto”.

Dividido en dos apartados, “Las noches y los días” y “Luz primera”, el volumen busca una palabra unívoca, esenciada en la inmediatez de un día a día que no sea lamento sino ambición futura, que no sea quietud sino espacio enardecido. Al cabo, la palabra se hace aquí y ahora puente por donde atravesar hasta el otro lado de ese otro “camino” citado, pero dejando una honda huella cincelada por el alma: “Y así, cuando las lluvias olvidadas/ de su oscura violencia/ se van quedando atrás, cuando la luna/ primera plenitud/ alcanza en el estío,/ he vuelto aquí otra vez para esperarte”.