Andrzej Wajda, el gran director de cine y teatro polacos

Waldo González López


Andrzej Wajda (1926 – 2016)

Nacido en Suwalki (1926) y fallecido en Varsovia (2016), Andrzej Wajda no fue, sino es uno de los grandes creadores de su país y Occidente, pues su aporte a la cinematografía y la escena de su patria, como al resto de Europa, configuran su magnitud de aliento universal, por la calidad de su cuantiosa cinematografía.

Así, la entrega de los Premios de la Academia Norteamericana del 2000, se honraría confiriéndole al gran creador un Óscar Honorífico, por sus numerosas contribuciones al cine polaco, sin olvidar, por supuesto, su remarcado aporte a la valiosa escena de su patria.

Y es que Wajda simultaneó la realización de cine con la dirección de teatro a lo largo de su provechosa existencia: dirigió teatro por primera vez en 1959 y, desde entonces, realizaría piezas en Polonia, la URSS, Suiza, EEUU e, incluso, España.

Autoexiliado entre 1982 y 1983 en Europa occidental, dirigiría puestas de importantes piezas teatrales. Por poner un ejemplo de su rigor, del Hamlet, de Shakespeare, realizaría cuatro versiones y la cuarta la estrenó en el Festival de Teatro de Madrid de 1990.

 

Ethos y patros de un gran artista

Otro aspecto de valía es la fusión de sus decisivos ethos y pathos que configuran su vida y obra en su invariable rechazo a los invasores y ocupantes rusos: primero el zarismo y luego el comunismo, razones que enaltecen su invaluable cinematografía, por la que es considerado un prominente integrante de la Escuela Polaca de Cine.

En tal sentido, su definido anticomunismo, desde décadas atrás activo en el país, le conduciría a integrarse al sindicato Solidaridad, cuando afiliado al mismo, evidenciaría la admiración por su líder, Lech Wałęsa, al que llevaría a dos de sus cintas: El hombre de mármol (1976) y El hombre de hierro (1981), que narra la historia del gremio y de su líder, con la que ganara la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 1981, y sería candidato al Oscar en 1982, a la Mejor Película Extranjera en 1982, y en la que, además, el propio Wałęsa se interpretara a sí mismo.

Sobre este valioso filme, Wajda definió que el líder es uno de los grandes héroes del siglo XX y uno de los personajes, junto al papa Juan Pablo II, clave de la caída del comunismo en la Europa del Este. Y adjuntó: «Pensé que no se podía admitir que circularan sólo informaciones falsas sobre Lech [con informaciones falsas, por ejemplo] que había traído la desgracia y disgustos al país», afirmó en una entrevista con motivo del estreno de la película que el director de 87 años señaló como «la más difícil de mi vida». Por supuesto, la vertical militancia del realizador en Solidaridad llevaría al desgobierno polaco, satélite del soviético, a ilegalizar la productora de Wajda.

 

Mi Wajda personal

Casi desde la adolescencia, disfruto el goce que me causa el arte en general y, en particular, el descubrimiento de notables creaciones cinematograficas, teatrales y, por supuesto, literarias. De ahí, que, la Cinemateca de Cuba de los ‘60s y ‘70s, me proporcionó el visionaje y consiguiente  disfrute de muchas de sus impresionantes cintas: en particular, la tercera, clásica, desde su estreno: Cenizas y diamantes (1958) —a partir de la novela homónima de Jerzy Andrzejewski—, si bien, a mi admiracion se aliaría su segunda cinta, asimismo subrayable que me había regocijado: Kanal  (1956). Y no era para menos, pues, allí, rodeado de la magia del mejor cine, descubrí la que, desde entonces y hasta hoy, sería «Mi Pentarquía» de cintas y realizadores preferidos, integrada, sin orden de preferencia, por cinco inmortales: el sueco Ingmar Bergman, los italianos Federico Fellini y Luchino Visconti, el hispano Luis Buñuel, y, justamente, el polaco Andrzej Wajda.

 

Un aparte en Polonia

En 2007, tuve la suerte de viajar a Polonia, durante quince días que, por fortuna, se extenderían a tres semanas, gracias a que merecí el Premio «La Edad de Oro». Y tuve otra suerte: ir en compañía del relevante compositor, entrañable amigo y excondiscípulo de la Escuela Nacional de Arte, Danilo Avilés (integrante de la prestigiosa dinastía musical holguinera Avilés), quien, con el fin de musicarlo, me había solicitado uno de mis poemas para niños, incluido en mi libro Poemas y canciones, que, asimismo, obtendría poco después otro Premio nacional: el «13 de Marzo».

Del viaje, me ilusionaba, en particular, rastrear la huella wajdiana en su admirada patria, donde ansiaba visionar algunas de sus puestas en escena o varios de sus filmes, ya  que muy pronto se dejarían de exhibir en la Cinemateca, pues el polémico artista era temido en su país por el desgobierno polaco y, claro, por el del aun peor régimen prosoviético de los Castro, a causa de su directa filiación con el Movimiento Solidaridad que, liderado por el valiente Lech Walesa, tendría en Wajda su total apoyo, con el rechazo y desaprobación de la jerarquía de turno.

Sin duda, la reputación internacional de Wajda como artista —aparte de la máxima calidad de sus creaciones— se sustenta en su carácter de cronista sensible y comprometido con la evolución político-social de su país. De tal suerte, considerado el símbolo de su antes ocupada patria, como tantos, yo admiraba y admiro su facultad narrativa y su peculiar lenguaje cinematográfico, pleno de poesía y verdad —sic. Goethe: su autobiografía—, con los que ofrece la historia de Polonia, tamizada por su sensibilidad trágica, disfrutada en sus mejores cintas: obras de genuino arte que, además de conmover, informan.

 

De su vida y su cinematografía

Hijo de un oficial de caballería polaco, asesinado a inicios de la Segunda Guerra Mundial por tropas soviéticas en la Masacre de Katyn (que, varias décadas más tarde, 2007, llevaría al cine), Wajda combatiría en el ejército polaco contra los nazis en plena adolescencia. Concluida la guerra, antes de entrar en la Escuela Nacional de Cine, estudia pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia. No poco influirían en su creación cinematográfica los estudios de pintura en la inolvidable ciudad —la más bella del país, con su centenario Museo Czartoryski, fundado en 1796, por la princesa Izabela Czartoryska para preservar el patrimonio polaco, acorde con el axioma de la princesa: «El pasado para el futuro». Por ello, en este fabuloso Museo, se atesora «La Dama de Armiño», de Leonardo da Vinci, tal constaté en mi visita—.

Y no gratuitamente menciono sus estudios de pintura, porque estoy seguro que, justo en ellos, radica el quid de su poética, plasmada en lirismo, plasticidad y paisajística, virtudes de su cine, evidentes en la fotografía y ambientación de sus hermosos filmes, en algunos de cuyos títulos sugiere los inolvidables paisajes del admirado país, como Paisaje después de la batalla, por poner un ejemplo.

Acorde con la estética de su admirado maestro Aleksander Ford, graduado de la Escuela de Cine de Łódź, labora como su ayudante, lo que le influiría a consagrarse como figura clave del nuevo cine polaco ya con su primera cinta: Pokolenie (Generación, 1954), profundo estudio de los efectos de la guerra en la juventud que contaría en el reparto con otro futuro e importante cineasta polaco: Roman Polanski.

Debo adjuntar que, casi dos décadas después, en 1973, Ford realizaría  la adaptación cinematográfica de El primer círculo, del célebre autor de otras dos decisivas novelas: Un día en la vida de Iván Denísovich y Archipiélago Gulag, en las que el gran narrador e historiador ruso Aleksandr Solzhenitsyn —a quien se le otorgara, en 1970, el Premio Nobel, «por la fuerza etica con la que ha continuado las tradiciones indispensables de la literatura rusa»—, revelara el cruel sistema de esclavitud, impuesto en los campos de trabajos forzados de la Unión Soviética, en uno de los que estaría preso durante once años: desde 1945 hasta 1956.

Los dos siguientes filmes de Wajda asumirían también el tema antibélico y la praxis del novel y talentoso realizador: A Generation: Kanal (1956) y Cenizas y diamantes (1958). Ésta, más elaborada, sería también encarnada por el gran actor Zbigniew Cybulsky (quien moriría a los 40 años, tras dejar dos decenas de filmes, como apunté en mi anterior entrega En Primera Persona). Y fue tal su apego por el icónico intérprete, que en 1967, al morir Cybulski en un absurdo accidente ferroviario, el gran realizador daría vida a su amigo y colaborador en su cinta más personala: Todo para vender (1969), interpretada por el que fuera el segundo e icónico intérprete de Wajda: Daniel Olbrychski, quien bajo la dirección de Wajda, encarnaría a Cibulsky. Mas, sus estilos diferían: Cybulski era visceral y expansivo; Olbrychski, austero y enigmático. Otras actuaciones recordables de Olbrychski bajo la tutela de Wajda son Caza de moscasLas señoritas de WilkoEl bosque de los abedulesLa boda.

Desde entonces, Wajda se interesará aun más por el contenido alegórico y simbólico que, tal el fuego encendido en copas de licor, presente en varios de sus filmes, sugieren la llama del idealismo juvenil, extinguido por la guerra. Mas el tema le apasionaría, así, varias  décadas después, realizará otros dos filmes centrados en la Segunda Guerra Mundial: The Crowned-Eagle Ring (1993) y Holy Week (1996).

 

El impuesto socialismo en Polonia

Con el presidente francés Jacques Chirac - Fotografía de PHILIPPE WOJAZER/AFP.

Con el presidente francés Jacques Chirac – Fotografía de PHILIPPE WOJAZER/AFP.

Impuesto el destructivo socialismo en la sociedad polaca, tan católica y desde la centuria decimonónica, en abierto rechazo al poder ruso (en el xix, zarista, y en el xx, soviético) que yo constatara durante mi mencionada estancia en Polonia, cuando experimenté lo caldeado del ambiente en medio de huelgas.

Por tan grave situación, Wajda se vería obligado a exiliarse en la patria de Descartes, donde, siempre feraz creador, rodaría un valioso filme sobre la Revolución Francesa: Danton (1982), en el que el gran intérprete galo Gérard Depardieu encarnó al revolucionario Georges-Jacques Danton.

Por fin, en 1989, tras la distensión política de su país, pudo regresar a su patria, pero ese año se apartó del cine para dedicarse a la política. Fue elegido senador de Solidaridad por su región natal en las primeras elecciones democráticas de Polonia tras la caída del comunismo, como director artístico del Teatro Powszchny de Varsovia, donde continuaría su nunca olvidada creación escénica

 

Más de su cine y su vida

Ya en 1997, Wajda había tomado una nueva dirección con Miss Nobody, drama  sobre los aspectos oscuros y espirituales del vínculo entre tres adolescentes. Un trienio después, en el 2000, era galardonado en los Premios de la Academia Norteamericana con un Óscar Honorífico por sus numerosas contribuciones de valía al cine; Wajda donó el premio a la Universidad Jaguelónica de Cracovia. Y solo seis años más tarde, febrero del 2006, recibiría un Oso de Oro honorífico por toda su carrera en el Festival Internacional de Cine de Berlín. Wajda se casaría en tres ocasiones. Su segunda esposa fue la popular y bella actriz polaca Beata Tyszkiewicz, quien protagonizaría tres filmes suyos: Samson, Popioły y Wszystko na sprzedaż, pero también de otros realizadores: Dvoryánskoe gnezdó, del ruso Mijail Konchalowsky, Kontrakt, del polaco Krzysztof Zanussi, como dos franceses: Édith et Marcel, de Claude Lelouch y Bernadette, de Jean Delannoy, entre otros de no menor prestigio. Krystyna Zachwatowicz, su tercera esposa, es la actriz y diseñadora de vestuario.

 

Filmografía

Con la actriz Jane Fonda.

La generación (Pokolenie, 1954)

Idę do słońca, documental sobre Xawery Dunikowski (1955)

Kanal (1956)

Cenizas y diamantes (Popiół i diament, 1958)

Lotna (1959)

Magos inocentes (Los hechiceros inocentes, Niewinni czarodzieje, 1960)

Lady Macbeth de Mtsensk (Powiatowa lady Makbet) (1961)

Samson (1961)

El amor a los veinte años, segmento «Varsovia» del filme colectivo (L’amour à vingt ans, El amor a los veinte años, 1962)

Cenizas (Popioły, 1965)

Todo a la venta (Todo para vender, Wszystko na sprzedaż, 1968)

Roly Poly (1965)

Przekładaniec (película para TV, 1968)

Las puertas del Paraíso (Bramy Raju, 1968)

Caza de moscas (Polowanie na muchy, 1969)

El bosque de los abedules (Los abedules, Brzezina, 1970)

(Los abedules, Brzezina, 1970)

Paisaje después de la batalla (Krajobraz po bitwie, 1970)

Pilatos y los demás (Pilatus und andere, 1971)

La boda (Wesele, 1973)

La Tierra Prometida (Ziemia obiecana, 1974)

La línea de sombras (Smuga cienia, 1976)

El hombre de mármol (Człowiek z marmuru, 1977)

Sin anestesia (Bez znieczulenia, 1979)

Las señoritas de Wilko (Panny z Wilka, 1979)

El director de orquesta (Dyrygent, 1980)

El hombre de hierro (Człowiek z żelaza, 1981)

Danton (1983)

Crónica de incidentes amorosos o Un amor en Alemania (Eine Liebe in Deutschland, 1985)

Proust contra la confiscación… (Proust contre la déchéance, 1988)

Los poseídos (Les possédes, 1988)

Korczak (1990)

El anillo del águila coronada (Pierścionek z orłem w koronie, 1992)

Nastasja (1994)

The Holy Week (Wielki Tydzień, 1995)

Miss Nobody (Panna Nikt, 1996)

Pan Tadeusz (1999)

Wyrok na Franciszka Kłosa (2000)

Przerwane milczenie (2002)

La venganza (2002)

Katyn (2007)

El junco (Tatarak), 2009.

Walesa. El hombre de la esperanza (Wałęsa, a Man of Hope, 2013)

Los últimos años del artista Afterimage (Powidoki Afterimage), 2016)

 

Premios internacionales

Con el oso de oro, de la Berlinale, en Berlín, Alemania, 2009.

En 1973 fue galardonado en el Festival de Cine de San Sebastián y tres años después en el de Valladolid. En 1990 presentó en el Festival de Cine de Barcelona su película Korczak, acerca de un médico que trabajó en un orfanato del gueto de Varsovia, galardonada con el I Premio de la Muestra de Cinematografía del Atlántico en Cádiz. Ganó el Arturo 1995, a la Figura más destacada del cine polaco, por el Museo Nacional de la Cinematografía, como asimismo el Oso de Plata honorífico 1996, en el Festival de Berlín, e ingresó en la Academia de Bellas Artes de Francia en 1997. La última cinta de Andrzej Wajda es Powidoki sobre Wladyslaw Strzeminski, pintor y teórico del constructivismo, presentada en el Festival de Toronto.

En suma, Andrzej Wajda es, sin lugar a dudas, uno de los líderes de la llamada Escuela de cine polaca —fundada en los ‘50— que él prestigia con su excelente cinematografía, como enriquece la occidental.

 

Lauros:

OSCAR

  • La Tierra Prometida, Mejor cinta de habla no inglesa. 1979.
  • Las señoritas de Wilko, Mejor cinta de habla no inglesa. 1981.
  • El Hombre de Hierro. Mejor cinta de habla no inglesa. 2000.
  • Oscar Honorífico. 2008.
  • Katyn. Mejor cinta de habla no inglesa.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE CANNES.

  • Kanal, Premio del Jurado, 1957.
  • El Hombre de Mármol, Premio FIPRESCI, 1978.
  • Las senoritas de Wilko, Premio del Jurado Ecumenico, 1979.
  • El Hombre de Hierro, PremioS Palma de Oro y el del Jurado Ecuménico, 1981.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE VENECIA

  • León de Oro Especial, 1998.
  • Premio Visionary de talento, 2013.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

  • La boda, Premio Concha de Plata a la Mejor Dirección, 1981.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE HUESCA

  • Premio Una Vida de Cine, 1991.

AMPAS

  • Premio Honorífico, 2000.

Del Autor

Waldo González López

Waldo González López
(Puerto Padre, Las Tunas, Cuba. 1946) Poeta cubano, ensayista, crítico literario y teatral, antólogo y periodista cultural. Graduado de Teatro en la Escuela Nacional de Arte (1971) y Licenciado en Literatura Hispanoamericana, Universidad de La Habana (1979). Hasta el 2011, cuando abandonó la Isla para venir a residir a Miami, integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en sus Asociaciones de Poesía, Literatura para Niños y Teatro.

Laboró en la Escuela Nacional de Arte (donde impartió clases de Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, en la Cátedra de Teatro para niños fundada por él y la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, y de Historia del Teatro Universal y del Teatro Cubano, también creó el Archivo de Dramaturgia).

Entre 1990 y 2010, fue periodista cultural de las revistas Bohemia, Mujeres y Muchacha y colaboró con las especializadas Casa de las Américas, Unión, La Gaceta de Cuba, Universidad de La Habana y Biblioteca Nacional José Martí. Recibió importantes reconocimientos por su labor escrituraria y periodística, como, entre otros: Mención del Concurso Plural (México, 1990) por su poemario Salvaje nostalgia; Premio “13 de Marzo” (1976), de la Universidad de La Habana, por su poemario para niños Poemas y canciones y varias Menciones en los Concursos «Ismaelillo», de la UNEAC y «La Edad de Oro», de la Editorial Gente Nueva. En la Isla, publicó una quincena de poemarios, un volumen de ensayo, dos de crítica literaria y otro de crónicas, así como diversas antologías de poesía y poesía para niños, décima y décima para niños, cuento y teatro. Colaboró con publicaciones extranjeras con ensayos, artículos, crónicas y poemas. Sus versos han sido traducidos al inglés y francés y publicados en revistas de EUA y Francia, así como ha publicado poemarios en México y Colombia, y un volumen de ensayos sobre lectura y literatura en Ecuador. Su obra más reciente es el libro de ensayos La poesía, esa voz que llega a nosotros, publicado en 2021 por Ilíada Ediciones.