Del arte y sus circunstancias

Gregorio Vigil-Escalera
Asociaciones Española y Madrileña de Críticos de Arte (AECA/AMCA)


SIN UN OJO TODAVÍA PINTO MEJOR

Óscar Domínguez (España, 1906 – Francia, 1957)

Era una tarde de 1938 en el taller del canario Oscar Domínguez en París, cuando éste, borracho y muy furioso, le lanzó en plena discusión al catalán Esteban Francés un vaso que impactó en el ojo de Víctor Brauner (1903-1966), el artista surrealista rumano, que en ese instante se había interpuesto para protegerlo. Uno de los vidrios arrancó de cuajo su órbita, que quedó colgando de la cuenca vacía.

Sin embargo, esta tragedia no fue más que la culminación de un presagio, pues antes del malhadado accidente las obras de este autor se decantaban por reflejar hombres tuertos, cuernos en lugar de ojos, cavidades oculares vacías, etc. Pero lo más significativo y surrealista lo constituyó el autorretrato que este creador ejecutó en 1931 con el mismo ojo derramándose como si se hubiese quedado licuado, derretido, destrozado. Esa fue la premonición absoluta.

Pierre Mabille, un médico amigo suyo y que formaba parte del grupo, contó que el hombre que había conocido antes de la mutilación era inseguro, tímido, pesimista y estaba desmoralizado. Mas a partir de entonces se había liberado y expresaba sus sentimientos con claridad y autoridad, fue más vigoroso y original, más seguro, además de trabajar con una fuerza renovada.

Produjo entonces unas series mágicas de objetos y pinturas que rebasaban los límites del movimiento al que estaba adscrito, envolviendo sus cuadros de sugerentes neblinas entre las que se articulaban seres quiméricos. Algunos especialistas consideraban que era la búsqueda de sí mismo como arquetipo que sobrevive a la metamorfosis del primitivismo y de las ciencias ocultas.

Lo cierto y verdad es que su muerte es más que una tumba en un cementerio de París, cuyo epitafio es todo un poema al descubierto: “pintar en la vida, la verdadera vida, mi vida”. Así debería ser la de todos.

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¿UN MUNDO EXTERIOR? NO LO NECESITO

Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier (Suiza, 1887 -Francia, 1965)

Como artista –que conste que no estoy en el confesionario-, cuando ejecuto mi obra, me voy separando del mundo, aunque es verdad que él me ha proporcionado la ocasión para emprender la aventura en la que poco a poco me voy abismando. Sí, incluso puedo llegar a embriagarme y considerar que no sólo me satisfago a mí mismo sino a la esencia y autonomía del arte.

¿Ese es el valor supremo del arte? o ¿es un esteticismo que se agota en sí mismo? Reiteramos estos argumentos y damos por sabidas sus respuestas, si bien no despejan incógnitas algunas, pues volvemos siempre a la rueda de la melancolía, el fracaso, el desencuentro, la desolación y hasta la desesperación.

No entendemos, de llegar a producirse, las razones de que el arte no pueda llegar a adentrarse con inteligencia y capacidad de penetración en una realidad, que es cierto que precisa unas claves de descodificación que nos la muestren como ese conjuro de vida y forma, de génesis y creatividad. De lo que se trata no es de alcanzar ese afán de pureza que no deje títere con cabeza, sino, al contrario, de un proceso consecuente que nunca pierda el hilo conductor de las preocupaciones del hombre, desde el pasado hasta el fantasma de un futuro que debería ser lo que ya, seguramente, no será.

Le Corbusier decía que el hombre en libertad tendía a la geometría pura. Disiento completamente, maestro. La libertad artística rebasa lo que la dogmatiza, es un espíritu en rebeldía constante en consonancia con lo que confluye en su época, porque, no olvidemos, insisto, es que es esta última la que ofrece las múltiples visiones que el artista aprovecha. Que sea después lo esperado puede dar júbilo al día o lamer el culo a la noche.

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DIÁLOGO CON EL ARTE Y LA PINTURA A PESAR DE ESTAR SIN FONDOS

El arte nos plantea siempre un diálogo y un soliloquio porque sus señas de identidad son tan viejas como nuestra historia. Es el símbolo de haber alcanzado un grado de civilización y de seguir una evolución que vaya en beneficio de un mayor adelanto y progreso. Quizás porque el arte es un buen recurso para la conjuración y exorcización de nuestros peores fantasmas y pesadillas, motivo por el que hemos de dejar que los canalice, que nos libere de ellos y después nos deje contemplarlos en todo su esplendor, belleza y realidad.

En el caso de la pintura, ésta se convierte en esa magia que nos revela, nos transparenta hasta con nuestros más hondos enigmas, pone la humanidad ante sus propios ojos y permite ese vibrante momento en que nuestro interior se ve alcanzado por la crudeza de algo que no habíamos visto antes porque le faltaba una conjugación de la mirada.

Y la pintura también es el trasfondo de nuestra historia ya que también la va escribiendo a través de su propio lenguaje, de su innovación constante, de un desarrollado poblado de rupturas, avances y nuevas metas. Y asimismo es el fruto del sufrimiento y dudas, de temores y abandonos.

Con la pintura, en definitiva, nos vincula todo a pesar de que nuestro desagradecimiento no ha sabido apreciarla como uno de los factores básicos de nuestra vida.

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¿QUÉ HAN DICHO QUÉ?

Marc Chagall (Rusia, 1887 – Francia, 1985)

Nos pasamos la vida triturando la mirada pensando en las grandes obras de arte del siglo XX y principios del actual, y sus propios autores no dudan en despacharlas –incluso refiriéndose a las suyas- con cierto o total descaro e ironía o aún peor.

Francis Bacon contaba que Picasso era el colosal genio del siglo pasado a pesar de que consideraba que el noventa por ciento de su producción no tenía ningún interés. Respecto a los surrealistas, ni verlos. No le gustaba ni Dalí ni Max Ernst. Por su parte, René Magritte la tenía tomada con Joan Miró, pues después de haberlo conocido y coincidido en 1926 en algunas ocasiones, decía de él que asistía a clases de boxeo por si alguna vez tenía que proteger su vacío intelectual.

Lo de que Pablo Picasso tampoco se andaba con rodeos a la hora de soltar la lengua, queda de manifiesto con sus comentarios sobre Rubens (la única excepción anterior a las épocas citadas), en el sentido de que tenía un monumental don que utilizaba únicamente para hacer cosas sin ningún valor. Le parecía que sus obras no decían absolutamente nada. Y de Van Gogh opinaba que era un granuja sentimental.

En cambio Edouard Manet se preguntaba perversamente: ¿quién es ese Monet, que hace como si se llamara Manet para aprovecharse del prestigio que tiene mi nombre? Y en lo que se refiere a Courbet y su cuadro “Entierro en Ornans”, declaró que había conseguido enterrar a todo el mundo: al cura, al enterrador, a los miembros de la familia………hasta el horizonte está a diez pies bajo tierra.

Y, por último, la crueldad de Marcel Duchamp al acusar a Chagall de ser capaz de cubrir a su madre de pintura azul si con ello pudiera ganar un puñado de dólares.

Menos mal que en ese momento me quedé sordo, me amenazaron con una querella criminal, pagué el café y salí pitando. Ya en la calle me dijeron de todo para ser una nada, pero dejé de preocuparme cuando me di cuenta de que eran unos espectros (¿suyos o míos?, ¡qué más da!)

Del Autor

Gregorio Vigil-Escalera
Oviedo, Asturias, 1950. Reside en Madrid y es Licenciado en Derecho. Colabora en la sección de cultura de noticias digital y en la revista de arte Latin American Art.Autor de un pintor habanero conjugador de la luz y la penumbra (dedicado a Humberto Viñas) y la Universalidad del rapsoda sobre Felipe Alarcón Echenique. También es el creador de los blogs Goyo-Vigil Blogspot y Goyo-Vigil Wordpress, así como de la presentación de Catálogos de diversos artistas. También es miembro de la Asociación Española de Críticos de Arte (AECA). En 2013 publicó la obra El camino es el arte y en 2014 No hagan preguntas de arte en la España de hoy.