Yankilé Hidalgo (La Habana, Cuba, 1973) Poeta, narradora y compositora. Ha publicado la novela juvenil Nostalgias de un rey sin corona (Santillana, 2009 y Prolipa, 2019) y el poemario Para nada inocente (El ángel editor, 2017). Poemas suyos han sido incluidos en importantes antologías como Versos desde afuera (Éxodus de Ego de Kaska Foundation, Miami, 2019), Diez navíos para la memoria (El Ángel Editor, Quito, 2020). Además de profesora de Lengua y Literatura y Consultora del Ministerio de Educación del Ecuador, se desempeña como Gestora cultural a través de su canal de poesía: Oráculo del poeta. Desde hace 20 años reside en Ecuador.
Puede adquirir el libro a través de este link: La ira de Circe, Yankilé Hidalgo, Colección Marejadas de poesía, Ilíada Ediciones 2021
–***–
De astuto han tachado mi nombre,
y aún así
han saqueado mi isla, la han volteado
para que escapen de ella
a los que han destinado a vivir ,
en el espanto más vil y sumiso.
Los he visto partir en las noches
y a sus madres
meter en saco sus miserias, repartirlas
a los viajeros que desperdigan sus andrajos
por el bote hecho añicos, con maderas torcidas
o llantas de camiones.
Los que se van, acomodan sus cinturas
para salir a flote en caso de un naufragio
naufragio ya no el primero, ni siquiera el segundo,
tampoco el último que tengamos que presenciar.
Los que han quedado,
sueñan con escabullirse como felinos
por los tejados para lamerse las llagas
e implorar amor o cualquier alimento
que sostenga su existencia.
No es por Circe que huyen, no es por Circe
que se lanzan al mar, no es por Circe que desperdician
muchos de ellos sus jóvenes fuerzas,
No es porque Circe los haya llevado al desespero
ni al fracaso de sentirse inútiles en esta tierra desatendida
y desamparada.
Huyen por el destino que se apropia
de sus juventudes y encantos.
Huyen del estómago que hierve en su vacío que parece infinito,
Huyen de la palabra no dicha y que se vuelve nudo
al clamar clemencia y desamarrar las sogas
y derribar los muros
y desandar pantanos.
Huyen de la histérica muchedumbre que grita
y los desvela en el nombre de ideologías
preservadas con el carácter simulador
y la experticia en los siniestros.
Huyen y en la retirada
caemos todos,
los que marcharon,
los que hemos quedado,
y yo, la bruja,
Aurora, hija del sol,
Circe,
no me queda otra
que negar la prisa
y soltar amarras.
–***–
Divina entre las diosas,
con mi gracia
adormezco a las fieras,
hundo mi mano en el barro
para organizar los huesos
mutilados por el alma,
Disfruto la transición
desde la vida hasta lo onírico,
la realidad perturbadora y siniestra
atrae a los hombres a la condena,
a su final, a su decadencia.
Echo al fuego los adioses
de los hombres que llegaron
de otras tierras
y me convierto en la benefactora
de los que escondieron sus flaquezas.
Sabía que el impostor había llegado para partir, para de vez en cuando
olvidar la tierra, la patria, la razón,
el equilibrio, el amor propio y el divino
para escapar de una vez por todas
de mí, de ti, de la miseria y el dolor
causa y respuesta de lo mismo.
Divina entre la diosas,
sigo estando sola,
sabía que vendría algún día
quien traería el desconcierto
con su partida,
él también se iría y volveria
pero ya nunca más a mí,
Regresaría a ella, a Ítaca,
a Penélope que aguarda
lejos,
porque muy lejos ella espera,
y espera
–***–
Podría ahuyentar los trinos de las aves si quisiera,
impedir el viaje de los peces hacia otros mares,
frenar el paso del universo sobre mi cabeza.
Encerraré en mi guarida
a quien de rodillas comparta mi espacio con la sombra.
Podría hasta olvidarte,
desistir del pensamiento de ti,
reinventar tu nombre
enmarañado con otros nombres,
sacudir tu presencia de cada esquina,
construir cadáveres de los recuerdos,
destruir memorias de nuestras risas y convertirlas en aullidos.
Podría hablarte con altanería
y rechazar con furia
todo lo que tocas.
Podría empecinarme en pisotear «ayeres»
aunque me lleve toda una vida,
sepultarlos.
Pudiera ausentarme de ti,
si quisiera,
solo si quisiera.
