11J Cuba. Crónicas de un estallido social tras 62 años de dictadura
Arsenio Rodríguez Quintana
Ediciones Muntaner, 2021
Para los cubanos que han despertado del largo letargo; para todos los que sienten desafección a la dictadura; para los que aún están padeciendo dentro de una cárcel cubana por haber tenido el coraje de reclamar sus derechos en las calles; para los que son sistemáticamente acosados por denunciar en las redes sociales, las injusticias y arbitrariedades del régimen; para las madres y familiares de los encarcelados y de los desaparecidos, este libro resultará una experiencia de identificación instantánea, lo tomarán como suyo, como salido de su conciencia; de cierta manera, lo sentirán como un acto de justicia, porque está escrito, precisamente, para no dejar que se borren las memorias de tanto valor y dolor al mismo tiempo.
Cuando recordamos una gesta de libertad, la estamos reivindicando. Arsenio, como el historiador que es, nos inicia con un recordatorio martiano que resume la estrategia principal de la lucha que Hoy continúa: «Lo que importa es que todos los cubanos buenos, activos, se junten con libertad y sinceridad.» Y nos va exponiendo todas las circunstancias que llevaron a la catarsis generalizada del 11 de Julio del 2021, el estallido social más significativo, por masivo y espontáneo, después de 62 años de adoctrinamiento sistemático y de ser coartadas todas las libertades.
El libro abunda en testimonios gráficos, cada imagen va dando fe de la magnitud del estallido social, incluyendo la sobrecogedora imagen de la portada, síntesis de la rebelión ciudadana, de un pueblo que llegó al hartazgo. El agravamiento de la crisis económica que ha llevado a un estado de depauperación la vida del cubano de a pie, la crisis sanitaria con su detonante máximo, la pandemia del Covid-19, la visibilidad cada vez mayor de las injusticias del gobierno expuestas a través de las redes sociales, la lucha firme de la disidencia artística y de los activistas políticos, todo se sumó para que la toma de conciencia, la indignación y la desesperación de amplios sectores de la sociedad cubana, los impulsara a salir a las calles, a reclamar un cambio, gritando las nuevas consignas contra el régimen con las que visceralmente se identifica la mayor parte de la población cubana, marcando el 11 de Julio un antes y un después en la gesta contemporánea por la libertad.
Las protestas masivas por toda Cuba del 11 de julio, y aún en días posteriores, sacudieron uno de los pilares en los que se ha sostenido la dictadura: el miedo, y la creencia de la inutilidad de enfrentarse al totalitarismo del poder que parecía inmutable: ya todos saben que no lo es: oprimidos y opresores. Cuando la gente pierde el miedo, las carencias acosan y la represión no cesa, la continuidad de los estallidos sociales es lo que está garantizado. Solo la soberbia y las mentes obsoletas de los dirigentes cubanos no los deja reconocer el fracaso de su política. La ceguera de los opresores es proporcional a su incapacidad de ejercer el poder con justicia.
Gandhi, paradigma de la lucha no violenta, dijo: «Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer.» De ahí, la necesidad de cuestionar cada decreto arbitrario puesto al servicio de coartar libertades; cuando la ley es usada para reprimir a lo más vulnerables, a los que en realidad debe proteger, lo único que puede restablecer la justicia, es oponerse al poder con una irreverencia ética que ponga en jake a ese poder. Si no nos indignamos, si no protestamos, si no denunciamos, estaremos condenados a morir en vida, a morir como nación. Por el contrario, si se siguen sumando las voces y los gritos de libertad, esta irreverencia generalizada, nos salvará de que se nos hunda la Isla por el peso de todas sus agonías acumuladas.
El 11 de julio el pueblo puso en el foco todas las evidencias del deterioro y la destrucción que subyace en la sociedad cubana, pero la mayor evidencia ha sido hasta dónde es capaz de llegar la dictadura, con tal de perpetuarse. El 11J fue el comienzo del fin de la dictadura, un cambio de giro vaticinando la transición inevitable hacia las reformas económicas, la apertura hacia la democracia y el futuro ejercicio de las libertades plenas, que se seguirán luchando por materializarlas finalmente. El 11J cristalizó de manera memorable, la lucha sostenida por la disidencia histórica, y por la disidencia artística y de opositores políticos que se reactivó con los Acuartelados de San Isidro, y el Movimiento creado a partir de este suceso, que no obstante le había tocado batallar más en solitario; sin embargo, en el presente, la disidencia es masiva, la disidencia somos todos los que gritamos «!Patria y Vida!» y «!Diaz-Canel, Singao!!!»; el pueblo dentro y fuera de Cuba.
Tomarle el pulso a estos tiempos vertiginosos, convulsos, y hacerlo con la minuciosidad, la profundidad, la transparencia reveladora, y la inmediatez con que lo hace Arsenio Rodriguez Quintana en este libro y en cada uno de sus libros anteriores, es una ardua labor digna de admirar, y por supuesto, de agradecer infinitamente. Es, sin dudas, un acto de justicia.
Estados Unidos el 2 de septiembre de 2021
Texto de Suanet Alfonso Curbelo. 1970 La Habana.
Hizo danza y fue coreógrafa en los Festivales Provinciales de Danza y Ballet de la Habana. Como actriz mimo trabajó en el grupo Mimo Clan durante 5 años. Posteriormente trabajó con Abelardo Estorino en Compañía Hubert de Blanck. Luego fue profesora de teatro y pantomima. Lorquiana, fanática de Borges, reescribió Aire Frío de Virgilio Piñera motivada para una audición como actriz que me dio la entrada a la Compañía Hubert de Blanck. Reside en Miami desde el 2013.